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My angel - Capítulo XV


CAPÍTULO XV – Errores

Robert


Cuando la vi marchase de mi habitación no pude evitar sentir un vació inmenso en mi cuerpo. Acostado en la cama, después de una buena ducha de agua fría, recordaba cada uno de los besos que nos dimos, cada una de las caricias que nos regalamos, sus gemidos, su respiración desacompasada, la forma en la que salía mi nombre de su boca, esa boca que tanto me gustaba, que tanto deseaba.

Pero el día de hoy había sido demasiado bonito para que fuera verdad, o más bien, para que durara siempre. Algo en mi interior me decía que lo que acababa de pasar no marcaba la diferencia de nada, que no iba a ser suficiente para que se deshiciera de su novio, para que lo dejara por mí.

Y como no, mis temores se confirmaron al día siguiente cuando baje para ir al aeropuerto.

-¡Hey Cath! ¿Y los demás? –pregunte, buscándola con la mirada. No estaba.

-Si preguntas por Michael y Kristen se quedan un día más, van a visitar la ciudad, ya que no han tenido tiempo de hacerlo –ahí estaba mi sueño hecho pedazos. Eso mismo era lo que tenía pensado pedirle cuando fuera a mi habitación, pero las cosas se truncaron y ahora…

-Ah, vale. Que bien ¿no? –dije intentando ocultar mi desilusión o mi enfado, que se yo.

-Bueno, mejor, así tú y yo aprovechamos para ir a Nueva York.

-¿A Nueva York? –pregunte confuso.

-Si, hay un evento y me gustaría que me acompañaras –por unos minutos dude en decir que sí, pero que iba a hacer sino, ¿irme a los Ángeles, encerrarme en mi piso y no poder dejar de pensar en ella?

-Vale Cath, me vendrá bien un cambio de aires y ya puestos –conteste sonriéndola.

De camino a Nueva York en el avión, no deje de pensar en Kristen y en lo que estaría haciendo. Quizás aquello que no hizo conmigo por culpa de él, o quizás aquello que quería hacer con ella pero que tampoco pude pedirle porque él se adelanto. Él, siempre era él.

Tenía que resignarme porque ahora no iba a tirar la toalla, por mucha rabia que me diera que estuviera con él. No cuando todo estaba claro. Yo le había abierto mi corazón, le había explicado mis sentimientos, quizás no tan bien con palabras pero sin con hechos. Y ella me correspondió, en ningún momento se echo para atrás, y si no hubiera sido por él, ahora ella sería mía también.

No puedo decir que me aburriese en Nueva York, al contrario, durante dos días desconecte de todo y solo me centre en promocionar lo que mejor que pude la película junto a Catherine. El primer día fuimos a un evento en la tienda Apple del Soho, allí nos hicieron una entrevista conjunta ante la atenta mirada de las fans. Durante toda la entrevista no podía parar de reírme, cada día me alucinaba más la euforia que causaba a cada paso que daba, y así lo hacía entender cada vez que me lo preguntaban.

El día no acabo ahí, después de eso vinieron más entrevistas, algo que no me dio mucho tiempo para pensar en ella. Pero cuando llegue al hotel, no pude evitar cavilar en que era lo que estaría haciendo en ese momento, en si seguiría en Roma, o ya habría vuelto a los Ángeles con él.

El segundo día fue más movidito que el anterior, primero estuve en la radio de Nueva York, contestando más preguntas locas de las fans, y por la noche, después de otro largo día de entrevistas, estuve en el evento que hicieron para la película en el Planet Hollywood, donde me pidieron dejar mis huellas marcadas en el cemento. Como no, todo esto paso con anécdota incluida, algo que me precedía a mi mismo, ya que cuando fui a marcar mis manos el cemento estaba a punto de secarse lo que hizo que una muchacha tuviera que ayudarme a sellarlas,  dejándome completamente colorado ante la atenta mirada de las muchas curiosas.

Cuando llegue al hotel estaba completamente abatido, ya eran muchos los días que no dormía bien o apenas lo hacía, y encima llevaba acumuladas las horas del jet lack, tanto de Roma como de Nueva York. Pero aún así volví  a pensar en ella, llevaba tres días sin saber nada de Kristen y necesitaba oírla, así que sin importarme lo más mínimo donde estuviera, con quién, o la hora que fuera, saque mi móvil y comencé a llamarla.

Después de dos llamadas sin contestar me di por enterado y deje de insistir. Pensé en mandarle un mensaje pero no sabía que decir, por lo que me senté a buscar las palabras adecuadas cuando tocaron a la puerta de mi habitación.

-¿Cath? ¿Que haces aquí?, pensaba que estabas en la fiesta –pregunte asombrado, dándole paso para que entrara.

-Si y eso debería estar haciendo, pero preferí venir a hablar contigo –dijo, mirándome sería.

-Habla, soy todo oídos –dije acomodándome en la cama.

-¿Robert que esta pasando?

-Nada, ¿por que lo preguntas? –respondí desconcertado.

-¿Crees que no me doy cuenta de que algo esta pasando? –inquirió- Robert por dios, tienes amigos aquí en Nueva York y ni siquiera los has llamado, te traje conmigo para distraerte y te encierras en el hotel, ¿te parece poco eso? –siguió encarándome.

-Estoy cansado Cath, eso es todo. Llevo ya no se ni los días sin dormir bien, y encima de Roma me has traído aquí, cosa que te agradezco, pero no me pidas que este al cien por cien.

-Ya claro y… ¿porque no duermes bien? –pregunto sarcástica.

-Pues no se Catherine, supongo que será por todo esto que me esta pasando, que por cierto no es nada fácil pasar de ser un completo desconocido a que todo el mundo conozca mi vida quizás mejor que yo –ironice, creando la duda en Cath.

-Ay Robert, lo siento, no te he preguntado como lo estas llevando, supongo que primero lo de Roma y ahora esto… no tiene que ser muy fácil –contesto un poco apenada.

-Pues no, no lo es –sentencie- ¿Que creías tú que era?

-¿Yo? –susurró, a la par que en sus labios se formaba una mueca cómica-. Pues… no se, pensaba que tenia que ver un poco Kristen.

-Amm… pues no –otra que me había pillado.

-¿No Robert?

-¡No Catherine!

-Entonces… ¿a que vienen todas esas entrevistas que has dado? Y lo de Roma que, ¿a que vino? –preguntó, volviéndome a encarar.

-No se Catherine, yo que se… somos amigos, son bromas no se -dije levantándome de la cama, nervioso.

-¿Sabes que su pobre novio, él cuál la ama con locura, esta desesperado? –insistió, siguiéndome con la mirada mientras yo cogía un cigarrillo.

-¡Arg!, señor… Ahora que, ¿va llorando por los rincones? –frustrado, exasperado, así me sentía-. Mira… me importa tres mierdas lo que diga o piense ese, a mi solo me importa ella –solté sin más, en un intento por tranquilizarme, a la vez que calada a calada iba consumiendo el cigarrillo.

-Mira Rob, quizás creas que no soy nadie para decirte lo que voy a decirte, quizás hasta te moleste, pero por el bien tuyo, suyo, mió y de la película, aléjate de ella –dijo acercándose a mi y cogiendome del hombro.

-¿Por el bien de quién? –pregunte con cara de asco–. Que yo sepa, aquí la que tiene que decidir si me alejo o no es ella no tu, ¡eso lo primero! – dije elevando un poco la voz, ya que vi su intención de interrumpirme–. Segundo, no hagas de abogada del diablo Cath, no te queda bien –ironicé–. Y tercero, hasta donde se, le vendría bien un poco de romance a la película, así que no me vengas con tus intereses.

-Robert no te pongas así, no te estoy amenazando, es un consejo nada más –tus consejos me los paso yo… cálmate Robert.

-Vale pues ya me doy por enterado. Ahora si eres tan amable tengo sueño, me gustaría descansar –dije abriéndole la puerta e invitándola a salir de mi habitación con la mano.

-Si, ya veo que te hace falta descansar. Ya hablamos Robert –dicho eso, cerré la puerta de un portazo y me acosté a dormir.

¿Descansar? Si, eso y salir de juerga también era lo que me hacia falta y eso mismo es lo que hice.

Después de la conversación con Cath, y de pasar la noche en vela pensando en sus palabras y en Kristen, decidí quedarme un par de días más en Nueva York con la excusa de necesitar desconectar de todo un poco, antes del estreno mundial y la exhaustiva promoción que aún nos esperaba.

Esos dos días los dedique a intentar no pensar en ella, o más bien en reflexionar lo que haría cuando la volviera a ver, algo que no estaba muy lejano, además de intentar llamarla, pero claro, mis llamadas no eran contestadas ni devueltas, lo que me hizo consumirme más en mi miseria.

Harto de tanta mierda, aproveche para salir con algunos amigos, entre ellos Camila, y así divertirme un rato. Aunque en el fondo estaba como amargado, aunque intentara disimular, me estaba torturando que Kristen no devolviera mis llamadas, y más después de lo que paso en Roma.

Los pocos días pasaron rápido, ya faltaba menos para el estreno oficial de la película, pero antes estaban los días previos de fuerte promoción. El primero de ellos fue a principios de Noviembre, fecha en la que parte del elenco de la película, teníamos que asistir como invitados al programa Spoilers de la MTV, en donde, como su propio nombre indica, se mostrarían spoilers de la película.

Nada más entrar al backstage la vi sentada en una silla mientras la maquillaban. Ahí estaba Kristen, la mujer que hacía unos días estuvo más que dispuesta a entregarse a mí y que ahora, hacía como si  yo no existiera.

-¿Por que las mujeres son tan extrañas? –pregunte a Taylor, una vez subimos al escenario.

-Hombre, yo no tengo tanta experiencia como tu, pero según dicen se dejan llevar mucho por las hormonas.

-Hormonas, yo si que le daba hormonas a una que se me –¿eso lo he dicho en voz alta?

-¿Perdona? –pregunto un poco alucinado Tay.

-Nada Taylor, cosas mías –dije apretándole el hombro.

El súper evento fue igual que los otros. Gritos por todas partes, no poder ni hablar, risas por aquí, risas por allá, miradas serias de Cath hacia a mí por lo ocurrido en Nueva York, miradas de Nikki, con la cuál no había vuelto hablar desde aquella noche en el bar… pero de Kristen ni eso. Nada, yo estaba en una punta y ella en otra, y cuando intentaba acercarme se las ingeniaba para alejarse de mí.

Y entonces llegó el turno de las fotos, algo también muy habitual y que por cierto, odiaba con todo mí ser, aunque hoy estaba agradecido con los periodistas. ¿Por que?, porque las fotos solo significaban una cosa, y era que los protagonistas teníamos que posar, osease Kristen y yo.

-¿Me estas evitando o me lo parece? –pregunte, mirando fijamente hacía las cámaras.

-No Robert, te salude cuando entraste –¡Ah, sí!, esa sonrisilla de indiferencia que me dedicaste en el backstage, o si Kris eso fue todo un saludo.

-Si, pero luego me has estado evitando, además te he estado llamando y no me has contestado.

-Eh… si. Es que –susurro nerviosa-, no he podido, he estado muy ocupada –ocupada ¿no?, déjame pensar con quién. ¡Ah! no, no hacía falta pensarlo mucho.

-¿En Roma? – realmente mi pregunta debía haber sido, ¿con él?, pero prefería hacerla en un sitio más….privado, no delante de cincuenta cámaras.

-¿Perdón? –inquirió, mirándome por encima de su hombro. Vamos Kris, no te hagas la tonta que no lo eres.

-Si, dices que has estado muy ocupada y te pregunto si en Roma –dije sarcásticamente.

-Pues con muchas cosas Robert, al igual que tu he estado dando entrevistas –respondió tranquila y secamente.

-Am… vale, yo solo quería saber si estabas bien, perdona si te interrumpí –espete, antes de darme media vuelta y marcharme.  

Para mi la fiesta había acabado, ya no quería seguir estando allí y menos si tenia que seguir viéndola, por que verla a ella, era imaginármela con él, y eso se estaba convirtiendo en algo insoportable para mi, sobre todo hoy.

Salí disparado del recinto en dirección a los coches de la productora, cuando una voz me hizo girarme sobre mis talones.

-¡Espera! –gritó Kristen, corriendo hacía mí.  

-¿Que? –inquirí ante ella.

-¿Donde… vas? –masculló, un poco sofocada por la carrera.

-Me voy, no quiero estar más aquí –conteste, mirando hacía todos los lados menos a ella.

-Por favor no te vayas, no quiero estar enfadada contigo, no puedo soportarlo –susurro mirándome.

-¿Que es lo que buscas de mi Kristen? –pregunte sin más rodeos.

-Robert… yo quiero ser tu amiga –¿mi amiga?, ¿ahora quieres ser mi amiga?

-¿Y lo de Roma que? ¡¿Ya se te ha olvidado?! –reproche, elevando la voz más de lo habitual.

-¡No!, claro que no –reiteró. Pero…-. Lo siento, siento mucho lo que paso allí, me deje llevar porque estaba muy mal, pero fue un error.

-¿Fue un error Kristen? –Ah… ósea, el hecho de que estuviéramos a punto de hacerlo fue un error… Vaya tipo de errores.

-Si… quiero a Michael, y voy a seguir con él –¿que?

-¿Y que Kristen? ¿Hasta cuando?, ¡hasta que te vuelvas a pelear con él! entonces ¿que? ¡¿Volverás a venir a mi habitación y me dirás que te has cansado de huir otra vez?!

-Robert tienes todo el derecho del mundo de reprocharme lo que quieras, pero por favor… entiéndeme –pidió con lágrimas en los ojos.

-Si yo te entiendo Kris… El problema esta en que tú no me entiendes a mí –sentencié, antes de darme la vuelta y sin mirar a nada más, montarme en la parte trasera del vehículo. 

Y de lo único que fui consciente, fue de cómo ella me siguió, e imitándome, se sentó a mi lado en aquel vehículo, cerrando de un portazo la puerta a su paso.

-¿Y ahora que quieres Kristen? –demandé-. Lo has dejado todo muy claro, lo de Roma no fue nada mas que una confusión para ti, pues ya esta. Ahora por favor vete, quiero irme –no podía seguir mirándola a la cara, hoy no tenia fuerzas.

-Robert por favor –suplico de nuevo-. No te pido que me comprendas pero… por favor, haz el esfuerzo de entenderme, yo le quiero –susurro, partiéndome el alma con aquellas palabras.

-¿A donde quieren que les lleve? –pregunto el chofer sin bajar el cristal negro que nos separaba.

-Un momento por favor –pedí, antes de volver a centrarme en sus sollozos-. Kristen ya te lo he dicho te entiendo perfectamente –me estaba partiendo con cada una de sus palabras.

-Robert por favor, no quiero que lo que pasó estropee nada –pidió de nuevo, cogiéndome de la mano y acercándose más a mí.

-¿A que te refieres? –pregunte, ahora si mirándola.

-Yo te necesito Robert, no puedo alejarme de ti.

-¿Y no te preguntas porque me necesitas? –inquirí, mientras le acariciaba la mejilla con la mano que me quedaba libre.

-Porque eres mi amigo Robert –contesto con ojos vidriosos.

-Kristen –susurre-, yo… yo quiero ser más que eso y me duele verte con él –respondí, mientras seguí acariciándola.

-Robert… -sollozo-. Tengo que darle otra oportunidad, tengo hacerlo, aún le quiero.

-¿Lo haces por ti, o por él? –dije tajante, cogiendo su rostro con ambas manos.

-Se lo debo Robert –eso fue lo único que consiguió decir, tras varios segundos de silencio mirándome a los ojos.

-¿Tu eres feliz? –pregunte. Al momento supe que aquella pregunta la hizo sentirse incomoda-. Contéstame, ¿eres feliz? –volví a indagar, haciendo que se soltara del agarre de mis manos.

-Robert… -y en ese momento me lance a su boca.

Ella no podía mentirme, ya no, la conocía lo suficientemente bien para saberlo, y el como su boca siguió a la mía no hacía más que confirmármelo.

Lo que empezó siendo un beso dulce y pausado, acabo con ella encima de mí mientras nos sumergíamos en nuestra propia pasión. Con mis manos en sus caderas, la aprisionaba más a mi cuerpo, mientras ella me agarraba del pelo intentando profundizar, si cabía, más el beso. Una vez nos separemos por la falta de aire, mi boca busco su cuello bajo su agitada respiración, a la vez que sus manos comenzaron a bajar desde mi pelo hasta mi torso.

-Vámonos de aquí Kristen –le repetía una y otra vez, entretanto besaba toda la extensión de su cuello.

-No puedo… Robert no… puedo –jadeaba entrecortada, a la vez que alzaba su cuello invitándome a seguir con mis besos.

Entonces comencé a besar su escote mientras mis manos se fueron introduciendo por su vestido hasta llegar al borde de su ropa interior.

–Robert para… por favor – susurraba suplicante, mientras comenzaba a mordisquear el lóbulo de mi oído.

–¿Es lo que quieres? – musite contra su pecho, a la vez que una de mis manos comenzaron a tocar su intimidad por encima de su ropa interior, y la otra jugaba con la goma de esta.

-No –susurró, mirándome con ojos excitados, a la vez que se mordía el labio inferior para después morder el mío para besarlo con desesperación.

Pero por lo visto lo nuestro no era concluir nuestros encuentros, ya que de pronto sentimos como abrían la puerta y la cerraban de golpe, seguido de un…

–¡UPS! Perdón…

De los diez coches que había en la puerta, a Taylor no se le ocurrió otro que escoger.

-Mierda, mierda, mierda –repetía una y otra vez Kristen, levantándose de encima mío y pasando sus manos nerviosa por su cara y su pelo.

-Tranquila, ha sido Taylor –dije cogiendo su mano para intentar calmarla.

-¿Tranquila? ¡Robert por dios!, tengo novio, ¿y si le dice algo que…? ¿Y si…?

-Hey, tranquila. Taylor no dirá nada, lo sabes Kristen –le interrumpí, en otro nuevo intento por calmarla.  

-Si pero…  ¿Y si en su lugar hubiera entrado otra persona? ¿Y si hubiera sido un periodista?...  ¿tienes idea de lo que eso significa? –estaba nerviosa, cada vez elevaba más la voz.

-Pero eso no ha pasado, y baja la voz, el chofer esta ahí delante –dije intentando acariciar su mejilla, pero de un manotazo me lo impidió, para volver a empezar con sus reclamos.

-¡¿Ahora me dices que me calme, cuando hace unos instantes me pedías seguir?!  ¿Y si en esas intermedias?… ¡Dios!, no quiero ni pensarlo. Tengo que salir de aquí –sus gritos se incrementaban, a medida que lo hacían sus ansias por salir de allí.

-Espera Kristen, tienes que tranquilizarte primero –pedí, agarrando su cintura.

-Robert, esto ha sido un error. Y lo de Roma también –añadió-. Tengo novio, esa es la única verdad. Si lo aceptas bien, sino no podremos ser amigos –terminó diciendo para después salir del coche, dejándome sin la oportunidad de hablar, siquiera de opinar.

Pero estaba claro que esto de error tenia poco. Una vez quizás pero dos… Kristen me deseaba igual que yo a ella, y no pararía hasta que no fuera mía.


Siguiente - Capítulo XVI

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Chicas gracias por todos vuestros comentarios y por vuestro apoyo, y gracias también a Patri y a mi Mayka con la que llevaba un montón de tiempo si hablar, que por cierto actualizo todos los días jejejej….

Hablando de actualizaciones tengo un problemilla, mañana no voy a estar, y domingo seguramente tampoco, así que por lo menos mañana, no habrá actualización, aunque domingo prometo hacerlo aunque llegue tarde (hora española) lo siento mucho de verdad pero en cuanto termine los exámenes os recompenso ok….

Saludos a todas las chicas del blog Rodward&Krisella, os quiero un montón…….

Ya sabéis, críticas, comentarios, “guerras”, lo que sea…besos….

My angel - Capítulo XIV (3ª parte)

CAPÍTULO XIV – Roma (3ª parte)

Kristen


Seguí con los ojos cerrados, hasta que sentí como la puerta se abría dejándonos a escasos dos metros el uno del otro.

-Hola –fue la única palabra que conseguí decir tras unos cuantos segundos de silencio.

-Pasa –fue lo único que dijo él.

Con mi vista fijada en el suelo y mis nervios en el estómago, entre a la habitación. Ya no había vuelta atrás pasara lo que pasara.

-Bonita habitación –Kristen… eres idiota de verdad. No pude decir otra cosa, estaba muy nerviosa y necesitaba romper el hielo.

-Eh…si, si que lo es –comentario estúpido, respuesta mas estúpida aún, vaya par.

-Parece que les ha gustado la película -dije dándome la vuelta y mirándolo de frente, esto ya era un adelanto.

-Si… eso parece –era yo o, ¿sus respuestas no eran mayores a tres palabras? A ver Kristen, has venido aquí para algo ¿no?, pues al toro.

-Robert… ¿Qué está pasando? –inquirí, pasando saliva a mis labios, alguien tenia que sacar el tema, ya era mucho el tiempo dejándolo pasar.

-¿Con todo o con nosotros? –contestó en pregunta, aún inmóvil sobre la puerta.

-No se, tu me dirás -dije ladeando la cabeza.

-¿Con todo?, ya lo hemos hablado, se esta volviendo una locura. ¿Con nosotros?... Nada, nada de lo que verdaderamente me gustaría.

-¿Y que te gustaría? –pregunte temerosa.

-¿A mí? ¿Que te gustaría a ti que pasara Kristen? –no, no, no… ¿Por que hacía esto? ¿Por que rebotaba la pregunta hacía mí?

-No lo se –susurre, volviendo a mirar al suelo, que por cierto era de un blanco roto, ves eso si lo sabía bien.

-Te voy a decir lo que me gustaría a mí –susurro ahora él-. Me gustaría que confiaras en mí, que me creyeras cuando te digo que estoy sintiendo algo por ti, que me dejaras demostrártelo.
-Creo que estas pidiendo demasiado ¿no?

-Eso es solo el principio de lo que realmente quiero –dijo acercándose a mi, consiguiendo con ello que dejara de pensar.

-Ya. ¿Y como puedes tenerlo tan claro Robert?

-Kristen tan claro no lo tengo, pero es lo que siento –contesto parado frente a mí.

-¿Y como se yo que lo que sientes es por mi? ¿Como se yo que no te estas confundiendo?...

-Shusss Kristen… -dijo silenciándome y alzándome la cara con sus manos para que lo mirase-. Yo no estoy confundiendo nada.

Con su dedo índice, comenzó a dibujar la línea de mis labios provocando que cerrara los ojos ante ese contacto, así estuvieron hasta que sentí como apoyaba su frente en la mía. Mirándonos fijamente a los ojos, fui notando su aliento cada vez más próximo a mi boca, lo que fue acelerando  mi pulso, y con suma sutileza y sensualidad, mordió mi labio inferior haciéndome jadear débilmente, lo que incitó a que mis manos se hundieran en su pelo, mientras yo ahora era la que buscaba con deseo su boca.

Entonces nuestros labios se rozaron, apoderándose el uno del otro, primero despacio, para después dar paso a la pasión una vez nuestras lenguas se encontraron. Sentía como un fuego me iba quemando por dentro, fuego que cada vez se avivaba más, no solo por el juego de nuestras lenguas, sino también por la posesión de sus manos sobre mi cuerpo.

Conforme empecé a notar la falta de aire, el beso aminoró su intensidad hasta acabar rompiéndolo, pero sin  llegar a separarnos.

-Es la primera vez que no huyes después de besarte –dijo manteniendo su frente apoyada en la mía y sus manos a ambos lados de mi cara.

-Quizás sea porque me este cansando de huir –susurre, ganándome con ello una sonrisa ladeada, de esas que tan loca me volvían. 

Dicho eso, volvimos a retomar lo que paramos para respirar. Los minutos iban pasando sin darnos casi cuenta. Ahí estaba yo, besándome con el hombre que una vez jure no volver a besar, aquel por él que me prometí no caer, no dejarme embaucar. Apenas me era posible pensar, solo quería sentir, sentir su boca en la mía, su legua jugando con mi lengua, sus manos paseándose por mi cuerpo. Quería sentirlo a él por completo.

Arrastrados por la pasión del momento, nos dejemos caer sobre la cama, estaba absorta en su aroma y sus caricias. Empezó a besar a mi cuello dejando libre mi boca para así poder respirar. Beso a beso mi cuerpo se iba estremeciendo cada vez más, sentía su respiración agitada sobre mi cuerpo, mientras que de mi boca solo salían pequeños jadeos. En ese momento, él aprovecho para incorporarse un poco, alejándose unos centímetros de mí, centímetros que me hicieron sentir un vació tremendo, centímetros que no me dejaban sentirlo como lo estaba sintiendo.

Con suma delicadeza, Robert empezó a bajar la cremallera de mi chaqueta, provocando el movimiento acelerado de mi pecho, debido al aumento de mi respiración. Ayudada por sus manos, ambos nos deshicimos de la molesta prenda mientras nos volvíamos a fundir en un beso pasional, beso que paramos cuando volví a sentir las sabanas de la cama en mi espalda. Ahora su boca ya no estaba en la mía, ésta comenzó a vagar por mi cuello y mi garganta, llegando así hasta mi estómago, haciéndome vibrar con cada uno de sus besos.

Del contacto de su piel con la mía nos separaban nuestras ropas. Desesperada por lo que me estaba haciendo sentir, mis manos agarraron sus cabellos y con deseo, pero sin hacerle daño, lo alce buscando sus labios. Comenzamos a besarnos más pasionalmente mientras mis manos buscaban deshacerse de su camiseta. Una vez lo conseguí, y sin dejar de besarnos, fui paseando mis manos por su torso, por su espalda, por sus brazos… Me fui perdiendo en su cuerpo como él en el mío.

Con sus ágiles manos, comenzó a acariciarme desde las rodillas hasta mis muslos, subiendo y bajando por la tela del vestido, hasta que finalmente las introdujo dentro de éste, llevando sus caricias hasta mis ingles.

Dejando de besarme se ciño a la altura de mi ombligo. Con ambas manos comenzó a subirme el vestido mientras que con su boca besaba lentamente cada parte que iba quedando desnuda de mi cuerpo, así hasta llegar a volver a besarme en los labios, una vez se deshizo de aquella prenda.

Vestida solo en ropa interior, volvimos a fundirnos en otro de esos besos pasionales a la vez que con mis manos le apretaba de las nalgas para sentir su sexo contra el mió. La excitación corría por cada poro de mi cuerpo, con cada beso o caricia que me daba. Apenas controlaba mi respiración cuando comenzó a besar la piel de mis senos no cubierta por el sujetador, haciéndome jadear hasta su nombre, a la vez que sus manos se paseaban desde mis nalgas hasta mi espalda.

Estamos inmersos en uno de nuestros fogosos besos a la vez que nos movíamos para frotar nuestros sexos, cuando mi móvil empezó a sonar.

La primera vez que sonó lo ignoremos, la segunda también, pero la tercera hizo que Robert se separara de mi, después de maldecirlo por sonar.  

-Cógelo, si insisten es porque es importante –susurro en mi oído, después de separarse de mi boca.

-Esto es más importante –dije incorporándome para buscar para atraer de nuevo su cuerpo a mi.
-No hay prisa, tenemos todo el tiempo del mundo –sonrió, mientras se sentaba en la cama.

-Eso espero –conteste sin mirarlo, mientras sacaba el móvil del bolsillo de la chaqueta–. Mierda –susurre cuando vi quién me llamaba.

Podía ver por el rabillo del ojo como Robert me miraba mientras yo me debatía si contestar o no, entonces decidí hacerlo ya que comprendí que si no lo hacia volvería a sonar y apagarlo tampoco era correcto, no cuando aún le debía una explicación.

-Dime –conteste seca, mirando a Robert que seguía sentado al borde de la cama mirándome.

-Solo te llamaba para decirte que ya estoy en la habitación –respondió Michael.

-Am…, vale. Yo voy a ahora mismo, estoy por aquí dando un paseo –conteste tranquila, aunque nerviosa por dentro.

-Vale, tomate el tiempo que necesites. Te quiero –y tras aquellas palabras colgó, haciéndome sentir la persona más miserable del mundo.

Ahí estaba yo, una chica que siempre se las había dado de tener las cosas súper claras en la vida, dejándose consolar por un hombre que hacía apenas cinco minutos me estaba a punto de volver loca de placer, mientras mi novio estaba una planta más arriba, esperando que volviera de refrescar más ideas. La cosa no podía ir mejor.

-Tranquila peque, tranquila -me repetía una y otra vez Robert, mientras me acunaba en sus brazos y me besaba la frente.

-Lo siento, lo siento… –era lo único capaz de decir entre sollozos.

-A mi no me tienes que pedir perdón.

-Si, si tengo que hacerlo, no esta bien Robert, esto no esta bien, yo tengo novio y…

- Shusss… a mi no me tienes que dar explicaciones –dijo acallándome.

-No se que hacer Robert –susurre, mirándole por primera vez desde aquella llamada.

-¿Que sientes? –pregunto, respondiendo a aquella mirada.

-¿Que siento? –repetí, comiéndomelo con los ojos.

¿Que siento?... Pues siento que te deseo, pero eso no podía decírselo, no cuando mi novio me esta esperando. No podía hacer eso.

-Estoy confusa, muy confusa –termine contestando.
-Yo no quiero confundirte, no quiero que hagas nada que no tengas claro. Ya sabes lo que siento, no lo vuelvas a poner en duda –dijo, limpiándome las lágrimas.

-Tengo que hablar con él.

-Yo te esperare, tenemos todo el tiempo del mundo –susurro dedicándome una de sus sonrisas, para después besarme con dulzura.

De camino a mi habitación fui recordando cada momento de los que pase con Robert, no solo los de su habitación sino los de todo el día. Como baje ansiosa por estar con él, como me perdía en su mirada cuando me hablaba, como me agarraba a él como si fuera un ángel protector para mí, como me sumergía entre sus besos y caricias… En lo que hubiera pasado si Michael no me hubiera llamado.

Michael… ¿Que le decía ahora a él? ¿Como le explicaba que ya no sentía lo mismo que hacía unos meses? Y encima, para colmo de males, no se debía a una falta de amor, sino por  uno se sus mayores miedos, ese que tanto me negué a aceptar, ese por el cual tanto peleamos.

Robert.

Cuando entre a la habitación ahí estaba él, sentado a los pies de la cama con la cabeza entre las piernas. Una vez me vio, corrió hacia a mí abrazándome, lo que me hizo sentirme más ruin de lo que ya de por si me estaba sintiendo.

Mientras me abrazaba, a mi cabeza solo venían sus palabras… “Te Quiero”. Ese recuerdo me hizo volver a llorar.

-Perdóname, perdóname… –decía entre lágrimas él también.

¿Que le tenía que perdonar?, ¿que tuviera razón?, ¿que me gustara otro?, ¿que me diera asco tocarlo?, ¿mi revolcón con Robert?... ¿Que?

No se el tiempo que pasamos abrazados llorando, pero cuando nos calmemos cogió mi cara con ambas manos, me beso la frente y… mi mundo simplemente se partió en dos.

-Perdóname por todo, por lo de hoy, por lo de la semana pasada, el mes pasado, todo Kristen. Perdóname. Te quiero, te quiero más que a mi vida y tengo miedo a perderte, no se lo haría sin ti –susurraba, aún con lágrimas en los ojos.

-Michael, me has hecho mucho daño y… -dilo Kristen, dilo.

-Lo se mi amor, lo se. Por eso quiero que me perdones, que me des otra oportunidad –suplico. No, no podía estar pidiendo esto, no ahora.

-Michael… -dilo Kristen, no seas cobarde y dilo.
-Escucha Kristen, he estado pensando y voy a dejar mis celos de lado, voy a luchar por ti, quiero hacerte feliz –me interrumpió.

-Ya Michael pero… es que han pasado tantas cosas…

-Nada importa Kristen, ya nada importa. Solo tú y yo. ¿Me perdonas por todo? – preguntó, volviendo a cortarme. Pero Michael por dios, ¡déjame hablar! yo no soy la que te tiene que perdonar ahora.

-Michael yo te perdono pero es que…

-Kristen no, no me digas nada, no importa –suplico de nuevo-. Por favor, solos tú y yo, dame otra oportunidad por favor, déjame remediar el daño que te haya podido hacer –estaba claro, si lo sabía, no quería escucharme, y si lo intuía… tampoco.

-Michael… -y yo no sabía que decirle.

-Por favor Kristen. Por favor. ¿Empezamos de nuevo?

¿Que respondía? ¿Que sí? ¿Que no? No… ¿por que?, ¿porque era a otro hombre al que tenía en la cabeza?, ¿a otro que quizás se aprovecharía de mi y me dejaría?

-Vale –respondí a punto de llorar, para después abrazarnos con fuerza.

Se lo debía, le debía una oportunidad, además aún lo quería y estaba segura de que volvería a amarlo.

Si, eso era lo que tenía que hacer, olvidarlo todo como Michael iba a hacer, centrarme en nosotros, lo demás ya no importaba. Tenía que darle una oportunidad, tenía que hacerlo.

Siguiente - Capítulo XV

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Bueno chicas, espero que os haya gustado, nervisssssss, se que a lo mejor esperabais que la cosa fuera más para adelante, pero os aseguro que falta poquito ya….

Tania Cullen, gracias por tu comentario, hasta me has emocionado, jejeje, y a todas las demás que os quiero un montón también.

Paz, me paso el día escribiendo y estudiando, por eso no entro casi al Chat pero mañana juro que me paso la tarde allí, espero encontrarte un besazo….
A todas las chicas del blog Rodward&Krisella, os quiero un montón…….
Ya sabéis, críticas, comentarios, “guerras”, lo que sea…besos….