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¿Quieres? - Capítulo 18

El blog no me quiere… dos horas llevo intentando colgar el capítulo ¡DOS!... menos mal que aquí una es persistente que si no:-S.

Airam, Nuri, Karla, May, Marianna, Erin, Maria, Lau, Miluska, Dana, Muñ3, Al, Virgy, Adry, Ayyys y anónima.... Gracias, gracias y más gracias…

Dudas…

Alice, Alice, Alice… ¿Qué esconderá Alice?... todo a su debido momento, yo mientras, os voy soltando perlitas en cada capítulo, pues nada de lo que ocurre en este fic es al azar. Jessica, un castigo de dios que apenas esta asomando la patita, pues todos los personajes son claves en la historia, no hay ninguno de relleno, ¿y su relación con Rose?... Bella ya lo ha mencionado en varios capítulos, su hermana formaba parte de otra elite de amistades, elite, que daño mucho la relación entre hermanas, sino, recordar lo que Bella piensa de Rose… Por cierto, Dana, Jasper fue quien presento a Emmett a Rose…, de ahí que este sea el padrino de bodas.

El resto de dudas contestables por el momento, son resueltas durante el capítulo ;-).

Otra cosilla, este capítulo es más largo de lo que yo quería en principio, pero como mañana parto hacía tierras catalanas, es más que seguro que este fin de no estaré por aquí, por tanto, compenso el capítulo hasta el de la semana próxima.

Disfrutadlo, quizás no os guste pero una… pues ha hecho lo que puede…

Capítulo 18 – La más pura de las tentaciones

“Aún seis días antes de la boda…”

Pero justo cuando uno de mis pies subió el primer escalón, la pequeña luz filtrada tras la rendija de la puerta de la cocina, me alerto de que estaba tomando el camino equivocado…

La magnética risa de Edward, me alerto de su presencia tras la puerta justo antes de abrir ésta.

¡Oh dios mío! No estaría con la loca de Renee ¿verdad? Mi madre y Edward, juntos en la cocina, riéndose… esto no podía ser sano.

Bella, aparta de tus pensamientos todo lo que tenga que ver con cosas extrañas y cocinas…

Si… mejor, además, era imposible que mi madre estuviera en casa, esta mañana me había comentado que se iba con Charlie a Forks, para dar las indicaciones oportunas en los arreglos del jardín, por lo tanto, estaría libre de ella y sus locuras como mínimo hasta mañana…

Suspire aliviada, ya bastante tenía con la pequeña imagen que se había formado en mi mente, para que esta se convirtiera en realidad.

Pero entonces… ¿Con quién está Edward? Y aún más importante ¿cómo reacciono ante él?, porque sería una grosería por mi parte subirme a mi habitación, sin ni siquiera saludarlo ¿verdad?... además, apenas son las ocho de la tarde, no puedo encerrarme hasta mañana ¿no?

Entonces… ¿entro?... Si… voy a entrar. Ay no… ¿y si se siente incomodo con mi presencia?... Y si…

¿Porque no dejas de conspirar contra el mundo, y abres la puerta?

Si creo… creo que va a ser lo mejor…

Indecisa y algo temerosa por lo que pudiera encontrarme tras la puerta…, lleve mi mano hasta el pomo de ésta y lo gire sin pensar, encontrándome con la amplia sonrisa de Carmen y la penetrante mirada de Edward como saludo.

Y yo que ya estaba preparada para cerrar los ojos…

-Hola cariño – hablo Carmen dulcemente, mientras me acercaba a la mesa donde estaba sentada junto a Edward, él cual mantenía su fija mirada puesta en mi.

-¿Qué hacéis? – pregunte curiosa una vez llegue a la altura de la mesa, la cual estaba repleta de fotos.

-Matar el tiempo – contesto Edward con una sonrisa, mientras me enseñaba la foto que tenía entre sus manos.

-Oh por dios… ¡Carmen! – grite al reconocer a la niña vestida con un tutu rosa de la fotografía.

Y yo que pensaba que ella me quería…

-Estaba a punto de marcharme cuando Edward llegó y como tu no estabas…

-Lo entretienes avergonzándome ¿no es así?... – ella asintió con otra nueva sonrisa, mientras mis sofocos iban en aumento - Dame eso – pedí entre risas a la vez que intentaba quitarle la fotografía a Edward, algo que no me iba a poner nada fácil.

-Nunca me has dicho que te gustara el bale – inquirió él, con bastante diversión en su voz.

-Es que nunca me ha gustado, le gustaba a Renee no a mi… Dámela por favor – volví a rogar, en un nuevo intento imposible de hacerme con la fotografía.

-Esta me la guardo de recuerdo - añadió, antes de guardar la imagen en el bolsillo derecho de su pantalón, cerca de…

De ningún sitio Bella… de ningún sitio…

-Bien, si quieres quedártela… quédatela – dije vencida, cruzándome de brazos, con las risas de Carmen de fondo.

Esperaba que esto no fuera más que un truco para no levantar sospechas, y que cuando Carmen se marchara, me devolviera la foto, ¿por qué para que va a querer Edward una foto mía si no?, si al menos fuera una en la que no estuviera haciendo el ridículo… pues aún…

¿Y si quiere la foto para hacerme chantaje?... claro, eso es, por si no pago mi deuda con él…

-Bella, ¿te acuerdas de este día? – pregunto Carmen, mostrándome la imagen a la que se refería.

Rose y yo, con apenas siete y nueve años, disfrazadas de Blancanieves y la bruja del cuento, con nariz incluida… No hace falta decir quien era Blancanieves y quien la bruja ¿verdad?

-Mi madre… mi madre y sus disfraces - balbucee entre las fuertes carcajadas de Edward, mientras yo iba muriéndome de la vergüenza – Fue para Halloween, solo que mi hermana pues… - calle, de nada servían mis palabras, pues estas hacían que Edward riera cada vez con más ganas.

-Bueno, yo creo que debería marcharme, ya es tarde – hablo Carmen, mientras se levantaba de la silla.

-Quiere que la acompañemos o…

-No cielo, no os molestéis, vivo muy cerca de aquí, y dime de tu – le regaño, palmeando su hombro – Os he dejado algo de cena preparada, supondría que tendríais hambre.

-Gracias Carmen, pero que sepas que con una cena no me pagas esto que me has hecho – intente sonar ofendida.

-Yo creo que me lo agradecerás – susurro en un gesto de complicidad – Hasta mañana… pasarlo bien – matizo antes de giñarle un ojo a Edward, marchándose por la puerta de la cocina…

¿Qué me había perdido?

-Se nota que te quiere muchísimo – susurro Edward, haciendo que me girara para encararlo, y por un momento, el aire que llenaba mis pulmones, desapareció.

¿Cómo podía ser que hoy lo viera más guapo que ayer?... ¿o que antes de ayer?... o que…

¿Y porque esa jodida sonrisa siempre tenía que adornar su rostro?...

-Tienes… ¿tienes hambre? – pregunte tragando mi propia saliva, ¿o eran babas lo que se aglomeraba en mi garganta?... fuera lo que fuera, era producto de él.

-Te ayudo – sonrió nuevamente a la par que se levantaba de la silla, y me daba una perfecta visión de su cuerpo.

Un gemido ahogado murió en mi garganta ante su imagen. Tuve que obligarme a apartar la mirada para no seguir fantaseando con su silueta dentro de aquellos vaqueros desgastados, ni con la camiseta negra que tan bien se amoldaba a sus formas.

-¿Dónde están los platos? – pregunto casi rozando mi cuello con su aliento.

-Bajo… aquí abajo – balbuceé nuevamente mientras me obligaba a cerrar los ojos, pero la tentación fue mayor, y no pude evitar mirar como se agachaba frente a mi, mostrándome, no solo lo bien que se ajustaba la camiseta en su espalda, sino el elástico de sus bóxers, los cuales se asomaban por el borde de sus bajos pantalones de cadera.

-¿Y los vasos? – pregunto, ahora si golpeándome con su aliento, a la vez que su fragancia volvía a embriagarme por completo…

-Pues… ahí, creo que allí – dude señalando el estante de mi izquierda.

Otra sonrisa tiño su rostro, antes de encaminarse hacía el armario. Como una boba hipnotizada me quede observando el movimiento de sus brazos, como estos se tensaban mientras abrían el mueble, y como las mangas de la camiseta se ceñían alrededor de sus torneados músculos, mientras se hacia con los objetos pedidos.

Aparte la mirada de su cuerpo justo un instante antes de que volviera a encararme. Intente razonar conmigo misma del porque tenía una cuchara entre mis manos, y entonces la imagen de la olla de metal frente a mi, me golpeo recordándome que dentro de esta estaba la cena.

Concéntrate Bella, concéntrate me repetía a mi misma mientras vertía los espagueti sobre los platos, hasta que sentí su presencia tras de mi, y nuevamente perdí la noción de lo que estaba haciendo, provocando que el metal se escurría entre mis manos.

Si no hubiera sido por las manos de Edward, ahora mismo no nos harían falta platos para comer.

-Déjame a mí – susurro volviendo a acariciar mi cuello.

¿Por qué me tiene que hacer esto?... ¿Por qué?

-Si… será… será lo mejor – musite haciéndome a un lado, para dejarle espacio a él.

Un nuevo escalofrío recorrió mi cuerpo cuando volví a ver sus brazos tensarse mientras terminaba de verter el contenido de la pasta en los platos, esos fornidos y vigorosos brazos en los cuales se marcaban levemente varías de sus venas.

-¿Quieres salsa? – pregunto clavando sus ojos en los míos, los cuales hasta hacía un momento estaban embobados en sus bíceps y tríceps.

-Si… por favor… - me obligue a decir, volviendo a apartar mis ojos de su mirada esmeralda – Voy… voy poniendo la mesa mientras – dije en un momento de lucidez, algo difícil, teniéndolo a él tan cerca de mi.

Bella reacciona, no puedes quedarte como una tonta embobada mirándolo, va a pensar que eres una loca enferma, o quizás algo peor…

Reaccionar… ¿cómo reaccionar si aún no entendía como semejante espécimen, estaba junto a mi en la cocina?... ¡en mi cocina!

Vaya par de reprimidas… ¿Nunca lo habéis hecho?… sobre la encimera de una cocina por ejemplo…

Cocina…, encimera…, chulazo…, yo… Bella por dios… ¿qué estas pensando?

-¿Los cubiertos? – sentí su voz, nuevamente tras de mi.

-Cubiertos… voy… voy a por ellos – dije atropelladamente, intentando esquivarlo para no volver a desconcentrarme.

De poco sirvió mi intento de no mirarle, cuando volví a girarme hacía la mesa, con los cubiertos en la mano. Edward ya había colocado los platos sobre ésta, justo uno en frente del otro, mientras él tomaba asiento en una de las sillas.

¿De verdad pretendía que cenara frente a él?... ¿Cómo voy a cenar si lo tengo frente a mi? Bueno… siempre puedo darle la espalda, ojos que no ven, cuerpo que no se resiente…

Bella…

Vale Bella…, respira, no es para tanto, has estado más veces frente a él… Además… vamos a cenar, no es nada del otro mundo cenar.

Exhale varias veces el aire contenido en mis pulmones, mientras intentaba darle la orden a mi cerebro para que mis piernas inmovilizadas, se movieran hacia la dirección de la mesa. Mis tacones golpearon fuertemente contra el suelo mientras me encaminaba velozmente hacía la silla. Suspire aliviada una vez conseguí sentarme, lo había hecho sin mirarle, por tanto había conseguido mi objetivo.

-¿Me pasas mis cubiertos? – pidió en susurros, haciendo que todo mi magnifico plan se fuera al traste una vez abrí los ojos para mirarle.

Ahí estaba otra vez esa jodida sonrisa ladeada en compañía de esa penetrante mirada… y ahí estaba yo mirándolo embobada mientras intentaba recordar como respirar…

Esto no es sano… esto no es nada sano…

-Gracias – musito suavemente una vez le pase los cubiertos, los cuales solté rápidamente, antes de que pudiera rozarme con sus dedos. Bastante tenía ya con su mera presencia - ¿Qué tal ha ido el día? – pregunto centrando su mirada en la comida, a la vez que lo hacían sus manos.

-Pues… algo ajetreado – conteste con voz apenas audible.

La gracilidad con la que cortaba la pasta ayudándose del tenedor, era mucho más interesante que acordarme de Jessica… o incluso de hablar.

-¿Y ya tenéis vestido? – pregunto, alzando nuevamente la mirada, mientras la mano que sostenía el tenedor, envolvía la pasta con exquisita sutileza, la cual acabo en el interior de su boca, mientras la mía se iba haciendo agua por momentos.

-Si… ha costado pero si – susurre por inercia mientras me dejaba llevar por el sutil movimiento de su mandíbula al masticar.

-Mmmm… están muy buenos… ¿Tu no cenas? – pregunto mientras se limpiaba la comisura de sus labios con la servilleta, gesto que hizo que mi lengua se moviera en el interior de mi boca, deseando ser esta quien limpiara sus…

-¿Eh?... Si… cla… claro – tartamudee, apartando la mirada de sus movimientos.

Cenar… algo tan simple ¿verdad?... ¿Pero como hacerlo si ni recordaba como debía coger el tenedor?

-Y… ¿de que color es? – sentí nuevamente su voz, formulando una pregunta, pregunta que no supe contestar pues la intensidad de su mirada, estaba consiguiendo que hasta me olvidara de mi nombre - El vestido… ¿de que color es? – repitió, con esa sonrisa ladina curvando sus gruesos labios.

-Azul… - susurre cerrando los ojos - el vestido es azul – reitere en un nuevo intento de enrollar los espaguetis en el tenedor, y llevármelos hasta la boca, pero para cuando lo conseguí, la magnética voz de Edward, volvió a hacer eco en mis oídos.

-Azul… me gusta ese color – musito volviendo a clavar su mirada en mi.

Casi me atraganto al sentir su profunda mirada, fija sobre mi, estudiando mis movimientos de igual forma a como minutos antes lo había hecho yo. Intente no mirarlo, entre otras cosas, porque cada vez me era más imposible mantenerle la mirada sin avergonzarme, pero el no hacerlo, no evitaba que ligeros escalofríos recorrieran mi cuerpo producto de los nervios.

¿Por qué me mira así?... ¿Y porque no deja de hacerlo?

Pídeselo…

Si claro, eso mismo estaba pensando hacer, algo así como… “Perdona Edward… ¿podrías dejar de mirarme de esa forma?... es que puede que no sea capaz de resistirme a la tentación de tirarme encima tuyo…”

-Tengo que pedirle a Carmen la receta, esta salsa esta buenísima – susurro mientras volvía a limpiarse con la servilleta.

¡Bendita servilleta!

-¿Tu… tu cocinas? – pregunte dejando el tenedor sobre el plato. Definitivamente, comería algo más tarde, cuando sus ojos no estuvieran presentes.

-Bueno… vivo solo… y suelo comer todos los días – contesto con una sonrisa, haciendo que yo asintiera como una gilipollas con sus palabras…

Un momento… ¿Me ha dicho algo de él?... Si… ¡lo ha hecho!... ¡Benditos espaguetis!, no solo me ha dicho que vive solo, sino también que sabe cocinar… bueno esa ultima parte la ha insinuado pero vamos… que me queda claro…

-Si quieres… yo puedo darte la receta… De pequeña me gustaba ver a Carmen cocinar – susurre mientras que inconscientemente, los dedos de mi mano derecha comenzaron a enredarse entre las puntas de mi pelo…

¡Oh dios mío!, le estaba flirteando descaradamente, mejor dicho, era mi subconsciente quién lo hacía por mí… o al menos eso decía Ángela que significaba ese gesto.

-Ya entiendo tu afición por la comida italiana – contesto suavemente.

¿Se acordaba de eso?... ¿De verdad que este ser ha estado entre mis piernas?... y no una… ¿dos veces?… No podía ser… lo he tenido que soñar… imaginar… fantasear… que se yo… No podía ser que alguien como él…

-¿No te los terminas? – su voz aterciopelada volvió a acariciar mis oídos, trayéndome de vuelta al mundo real.

-¿Eh?… no, pique algo con las chicas y… estoy llena – hable en susurros – Tu ¿quieres más?... otra cosa, ¿postre?

¿A mi por ejemplo?… Fuera, fuera pensamientos.

-Estoy bien, gracias – sonrió.

¿Por qué siempre tenía que hacerlo?, ¿es que no se daba cuenta de los malditos estragos que su perfecta, sexy, sensual… jodida sonrisa, causaba en mi cuerpo?

Tengo que concentrarme en otra cosa, otra que me mantenga alejada de él, de su risa, de su aroma… de la mismísima tentación de su cuerpo.

-Voy… voy recogiendo la mesa entonces – masculle entre dientes, mientras me ponía en pie, gesto que Edward no tardo en imitar, siguiéndome hasta el fregador con su plato vacío entre sus manos – Gracias… - musite tras colocar su plato encima del mío.

-¿Te apetece hacer algo?... dar un paseo… tomar una copa – su cálido aliento, volvió a rozar mi cuello, provocando que nuevos escalofríos recorrieran todo mi cuerpo.

Mis manos instantemente buscaron un punto de apoyo sobre el mármol de la encimera, mis ojos se cerraron y los suspiros eran los protagonistas en mi garganta. Tres años de abstinencia, evitando cualquier tipo de tentación, para que llegue el señorito “¿te apetece hacer algo?”, y adiós al auto control.

-No… no se… es que…

-Mejor lo dejamos para otro día… - dijo cortante - Lo último que quiero es que estés incomoda conmigo – susurro secamente, haciendo que me girara para encararlo.

-No estoy incomoda es que… me cuesta estar delante de ti sin… - sin imaginarte desnudo nuevamente frente a mi - ¡joder!, ya lo sabes, yo no pretendía llegar… yo no… Jasper había sido el único, y luego llegas tú y… - desarmas mi mundo - y yo no quería…

-¿No querías que hubiera otro?, ¿o no querías acostarte conmigo? – pregunto taladrándome con su mirada.

-No estaba en mis planes… Yo no soy así, yo no buscaba eso de ti y ahora mirarme… - callé, aún no era capaz de admitirlo en voz alta, y menos frente a él.

-Llama a las cosas por su nombre, eres humana Bella, ambos lo somos. Mira… - suspiro - creo que lo mejor es seguir haciendo como si nada hubiera pasado entre nosotros.

Justo aquello que él mismo llevaba haciendo todo el rato… Si eso fuera tan fácil para mí como para él.

-Ya veo que para ti eso es fácil, pero yo llevo dos noches sin dormir…

-Sigues confundiéndote conmigo – me interrumpió, dedicándome una dura mirada.

-¿Entonces dime porque tú puedes hacer como si nada y yo no?… Déjalo, no me contestes, no tengo ningún derecho a hacerte ningún tipo de reproche – proteste alejándome de él.

-Quizás sea porque yo no me dedico a pensar tanto las cosas las veinticuatro horas del día… - dijo tras de mi - Tienes que dejarte llevar más Bella… Intentar hacer lo que realmente te apetece sin tener miedo a represarías – hablo pepito grillo. No tenía bastante con mi propia conciencia.

-Dejarme llevar ¿no? – inquirí encarándolo nuevamente.

-Si – reclamo, volviéndome a clavar sus gemas esmeraldas.

-¿Y que pasa si?… - calle en seco, no podía más… no aguantaba más - Joder… al diablo con todo – tras decir eso, firme mi propia sentencia y me lance sobre su cuerpo en busca de sus labios, esos labios que llevaban tentándome desde que había entrado por la puerta de la cocina, quizás desde el mismísimo día en que lo conocí.

-Bella… - jadeo, antes de acallarlo con mis labios - Bella… - volvió a protestar sobre mi boca…

-Quieres que me deje llevar ¿no? – susurre en sus labios jadeante.

-¿Estas segura de que esto es lo que quieres? – hablo pesadamente, mientras sus manos se posicionaban con fuerza sobre mis caderas…

-Si… - ¿tenia otra alternativa? - si, si… si – no…, no cuando sus manos me aferraban fuertemente hacia su cuerpo.

A la mierda el dinero que pudiera costarme todo esto, a la mierda mis escrúpulos y mis principios, al diablo con todo… lo deseaba, lo deseaba desde el mismísimo día en que me gire al escuchar su voz por primera vez en aquella cafetería, lo desee desde la primera vez que beso mis labios, desde la primera vez que sus manos acariciaron mi cuerpo, lo desee mientras le reclamaba en su habitación hacía unas horas… Lo deseaba nuevamente entre mis piernas, como el fumador que desea un último cigarrillo antes de acostarse, como el alcohólico que vuelve a caer con tan solo un sorbo de licor, como el drogadicto que anhela el próximo chute de heroína para trasladarse a ese mundo que tan feliz le hace sentir.

Si este tipo de comportamientos eran o no propios de mi, ya me daba igual, Edward estaba consiguiendo despertar una parte de mi que creía inexistente, una parte de mi, que me hacía sentir más viva que nunca…

Sin dejar de besarnos un solo instante, descendí mis manos por su torso, adaptando las palmas de estas sobre sus duras formas. No lo pensé dos veces, cuando mis dedos se enredaron en el término de su camiseta, introduje estos a través de la tela, y comencé a acariciar su musculosa anatomía, por debajo de la prenda.

Sus manos, asentadas todavía sobre mis caderas, descendieron hasta mi trasero, el cual apretó sin compasión haciéndome jadear en su boca, pero no precisamente de dolor, el dolor era algo inexistente en este momento.

Clave mis uñas en su espalda cuando aferro sus caderas en las mías, mostrándome así, que la urgencia por sentirnos nuevamente, era compartida. Con movimientos algo torpes, y sin separar mi boca de su ávida lengua, me fui deshaciendo de su camiseta, dejando al descubierto su robusto torso.

Mordí mi labio inferior cuando su boca, aprovechando el momento en el que le quite la primera de las molestas prendas que vestía, descendió hasta mi cuello, el cual volvió a mordisquear, igual que había hecho horas antes.

Sentí mi espalda chochar contra algo duro y frío, y entonces, en un hábil movimiento, deje de sentir el suelo bajo mis pies, para sentir esa fría dureza traspasar mi vestido, llegando así hasta mis glúteos, frio que deje de sentir una vez Edward comenzó a ascender su mano por una de mis piernas, mientras sostenía fuertemente mi cintura con la otra y su boca, volvía a perderse por el hueco de mi cuello.




-Túmbate – pidió una vez volvió a posar sus labios sobre los míos.


No hubo dudas ni temores, sus palabras se procesaron como ordenes en mi cerebro, el cual le dicto a mi cuerpo lo que debía hacer. No dejo de clavarme su oscura mirada, producto de la excitación, mientras arqueaba mi espalda hacia atrás, dejando así caer el peso de mi cuerpo sobre mis codos, los cuales yacían ya posicionados sobre el frio mármol.

Un leve gemido escapo de mis labios cuando Edward, sin dejar de mirarme un solo instante, comenzó a descender sus manos por mis glúteos, pasando por detrás de mis rodillas hasta mis gemelos, llegando así al principio de mis tobillos. Con un lento movimiento, comenzó a desabrochar la cremallera de uno de mis botines. Repitió el mismo gesto con el otro pie, aun cubierto por el ya incomodo zapato, mientras los jadeos se iban haciendo más persistentes en mi garganta.

No dejo de mirarme mientras acariciaba uno de mis pies ya desnudos, tampoco cuando sus dedos comenzaron a ascender por mi pierna lentamente, ni cuando su boca, sustituyo a estos en el recorrido por mi extremidad. A medida que su boca iba avanzando, la humedad entre mis piernas se iba haciendo más presente, en conjunto a las ligeras contracciones de mi sexo.

Un ligero sopor comenzó a recorrer mi cuerpo cuando su lengua, empezó a trazar pequeños círculos en la cara interna de mi muslo. Mis pezones tampoco pasaron desapercibidos ante sus caricias, los cuales podían verse marcados a través de la tela de mi vestido, y la misma espiral de horas antes, volvió a asentarse en mi estómago a medida que su cálido aliento, comenzaba a rozar el foco de mi excitación.

Cerré los ojos a la par que mi cuello se arqueaba hacia atrás, cuando sentí sus suaves y templadas manos, sobre mis caderas, enredándose con la tela de mis diminutas bragas de encaje negro. Con extrema lentitud, comenzó a descender la prenda por mis piernas, las cuales se movían al compás que sus manos, facilitándole así, el liberarme de éstas.

Una sonrisa lujuriosa curvo sus labios mientras sus manos volvían a subir lentamente por mis extremidades. La impaciencia comenzó a reinar en mi pecho, y mis caderas se alzaron en busca de su cuerpo, topando nuevamente con sus dedos.

-Quiero probar tu humedad… ¿me dejas hacerlo? – pregunto en tono evocador.

No me dio tiempo a procesar la magnitud de sus palabras, cuando sentí su aliento abrasador sobre mi sexo palpitante. Los nervios volvieron a recorrer mi cuerpo, y la incertidumbre se poso bajo mi vientre.

-Dios, ¡dios! – jadee mientras mis ojos rodaban por inercia y mi cuerpo se tensaba al sentir su ardiente lengua acariciar los pliegues de mi zona más sensible.

-Relájate… esto te gustara… - susurro sobre mi sexo, antes de arremeter su lengua contra el.

Mi espalda se arqueo producto de las nuevas sensaciones jamás vividas antes. No entendía como, ni porque, pero ese musculo que tan hábilmente se enredaba con mi lengua, estaba llevándome a las cotas más altas del placer. Vencida, deje caer mi espalda sobre el ya inerte mármol, mientras sentía como su lengua golpeaba el interior de mi clítoris, alternando suaves movimientos, con fuertes lametazos.

A medida que aumentaban las presiones sobre mi protuberancia, mi cuerpo, bloqueado por la fuerza de sus manos, puestas ahora sobre mis caderas, se iba retorciendo de verdadero placer. Un sonoro jadeo rasgo mi garganta cuando sentí sus dientes mordisqueando mis labios inferiores, seguida de una nueva penetración de su lengua.

Estaba apunto de volverme loca cuando sentí como varios de sus dedos, no se cuantos, y sinceramente, poco me importaba en este momento, ayudaron a su lengua en la función de hacerme estremecer como jamás nunca lo había hecho.

Mi cabeza golpeo levemente contra el mármol cuando su lengua comenzó a trazar círculos por mi humedad, mientras sus dedos hacían lo propio en mi entrada, sin ningún tipo de compasión. Y entonces todo dejo de existir, y por momentos mi mundo se volvió completamente negro…

Mis manos aun temblaban cuando comencé a recobrar la consciencia de todo. Lleve una de éstas hasta mi pecho, el cual subía y bajaba arrítmicamente en conjunto a mi errática respiración. Poco a poco fui abriendo los ojos, encontrándome así con la triunfal sonrisa de Edward, él cual ya estaba comenzando a jugar con la tela de mi vestido.

-¿Cansada? – pregunto con arrogancia… ¡Cabrón!

-No… aún no – jadee pesadamente, mientras mis agotados músculos se resentían ante mis propias palabras.

-Pues entonces… - lamio sus propios labios con su lengua, mientras su mirada se iba centrando en mi cuerpo – continuamos – sugirió con voz ronca, mientras sus manos iban alzando la tela de mi vestido – a menos… que quieras descansar… ¿quieres hacerlo? – pregunto lascivamente antes de que sus labios comenzaran a jugar con mi ombligo.

¿Como podía excitarme nuevamente con ese simple gesto?

-Yo… si tu quieres… sigo – insinuaba con tintes de ironía mientras recorría mi vientre con sus labios…

¿Hacia falta contestar?... claramente no, y así se lo hice ver, enredando mis dedos en su pelo en un intento de atraerlo hasta mi boca.

-Levántate para que pueda quitarte el vestido – susurro en boca, susurro que golpeo directamente contra mi incipiente humedad.

Ayudada por sus manos, las cuales se aferraron nuevamente en mi cintura mientras las mías hacían lo propio en su cuello, volví a quedar sentada, casi a la altura de su boca.

Con desesperación, su lengua arremetió contra mis labios y se enredo con fiereza junto a la mía. Apenas un segundo se separo de ésta, cuando me desprendió de la única prenda que seguía vistiendo. Sus manos, volvieron a retomar vida propia por mi cuerpo, centrándose en mis senos, los cuales comenzó a masajear, tanteando así el terreno, para terminar apretujándolos entre sus dedos mientras su boca, iba acallando los gemidos producto de sus caricias.

De forma sutil, una de sus manos comenzó a pellizcar débilmente uno de mis pezones, a la par que sus caderas se pegaron contra mí, clavando su dureza, la cual seguía enterrada en el interior de sus vaqueros, contra mi desnuda intimidad.

Aún algo temblorosa, lleve mis manos hasta el cinturón, el cual tras varios intentos conseguí aflojar. No tuve igual suerte con el botón de sus pantalones, pues su abultado miembro, dejaba poco espacio para ello.

-Saca el preservativo que ahí en mi bolsillo trasero – pidió en susurros sobre mi boca, antes de comenzar a devorar mi mandíbula.

Sus peticiones, volvieron a ser ordenes para mi cerebro, y tras una breve inspección con mi mano sobre su duro trasero, introduje ésta haciéndome con el condón, no sin antes apresar su moya entre mis dedos, cuando volvió a pellizcar más rudamente mi otro pezón, aquel al que hasta ahora, aún no había abordado entre sus dedos, justo antes de que el mismo comenzara a desprenderse de sus ultimas prendas con una de sus manos.

-¿Me lo pones tu? – insinuó de forma sugerente mientras envolvía con su mano, su largo y endurecido pene.

No deje de mirar como se acariciaba lentamente así mismo, mientras mis dedos temblorosos luchaban con el molesto envoltorio metalizado. Y eso que esto era un invento para hombres, se suponía que no debía resistirse tanto, pero si tenemos en cuenta, que mi concentración estaba mermada por la vigorosa masculinidad que tenía frente a mi, junto a las ganas de volver a sentirla llenándome completamente… pues quizás hasta un niño pequeño conseguiría hacerlo mejor que yo.

Una nueva oleada de euforia recorrió mi cuerpo cuando mis dedos palparon por fin la viscosidad del látex. Sentí su mirada, fijamente sobre mí, mientras que con su ayuda, recubría su falo con el preservativo. Jadee pesadamente cuando sentí su punta, jugueteando en mi entrada, a la par que su boca volvía a estar en contacto con la mía con exasperación.

-Edward… - jadee desesperada al sentir como la punta de su pene se iba abriendo paso lentamente en mi interior.

-Dime… - susurro ronco, saliendo nuevamente de mí para después entrar escasamente, y así volver a salir.

-Por favor – suplique llevando mis manos hasta su trasero, intentando con ello ejercer presión hacía mi cuerpo.

Él nuevamente volvió a salir de mí, sin llegar a introducirse por completo. Jadeo en mi boca, a la par que sus ojos volvían a penetrarme. Intente atraerlo nuevamente hacía mis caderas, pero el volvió a salir de mi, mientras una lasciva sonrisa curvo sus labios

-Pídemelo – susurro pesadamente, a la vez que sus dedos, se clavaron con fuerza a través de la piel de mis caderas – Dime lo que quieres – repitió mientras volvía a entrar levemente en mi, y la frustración comenzaba a apoderarse de mi cuerpo.

-Follame – mi voz apenas fue un susurro.

-No te he oído – reitero volviendo a salir nuevamente de mí.

-Por favor… por favor… - suplique al borde de empezar a llorar, jamás había sentido tanta necesidad como en este momento.

-Por favor, ¿qué? – demando con fuerza, dejando la punta de su miembro en mi entrada.

-Follame – volví a susurrar - ¡Follame! – proteste. Al diablo con las vergüenzas.

-Yo solo cumplo tus ordenes – musito sobre mis labios antes de apresarlos entre sus dientes a la par que se hundía rudamente en mi interior.

Jadee con la primera de sus estocadas, gemí sobre sus labios cuando una segunda entrada, volvió a llenarme por completo, grite hasta el extremo de rasgar mi garganta, cuando una nueva penetración, logro traspasarme al punto de creer que me partía en dos y por encima de todo, deje volar mi mente, producto de las abrumadoras sensaciones que estaban recorriendo todo mi cuerpo.

Suaves jadeos emanados de su boca, se mezclaban con mis cada vez más fuertes gemidos, a medida que aumentaba la velocidad de las estocadas, y la presión que sus manos, ejercían sobre mis caderas. Un latigazo de puro placer, azoto mi espalda baja, haciendo que esta se arqueara por inercia, momento que Edward aprovecho, para volver a clavar sus dientes en el hueco de mi cuello, cual vampiro hace con su presa, pues eso era Edward para mi, un vampiro que conseguía chupar todas mis defensas, como si de sangre fueran estas.

-Túmbate - repito en un áspero susurro, y yo, cual sumisa hice lo que me pedio sin protestar.

Los huesos de mis ingles impactaron con fuera contra su pelvis, cuando, una vez ya acostada sobre la encimera, arremetió sus caderas contra mi. Siguió penetrándome, ahora a una velocidad algo más pausada, pero no por ello menos intensa. Pequeños gruñidos emanaban de su pecho con cada una de sus estocadas contra mí, gruñidos que se entremezclaban con mi ya cardíaca respiración.

Me estremecí completamente a medida que las embestidas iban siendo más profundas… lentas, pero cada vez con mayor profundidad. Era como si quisiera fusionar ambos cuerpos, como si quisiera traspasarme con cada una de sus entradas en mi ser.

Mis ojos, abiertos como platos por la impresión del vaivén de sus caderas, se quedaron embobados ante la imagen que me estaba ofreciendo de su cuerpo. Sus músculos, completamente tensos, su boca entreabierta, emanando por momentos gemidos más audibles, sus ojos, cerrándose con fuerza con cada nueva arremetida contra mí.

Pequeñas gotas de sudor perlaban su frente, acompañando a la película brillante que bronceaba su perfecta anatomía, la cual le hacía brillar como si de un ente sobrenatural se tratara.

Y entonces, una nueva ola de placer sacudió mi cuerpo por completo, haciéndome cerrar los ojos por la fuerte intensidad. Pocas sacudidas más tarde, Edward se desplomo sobre mi vientre, mientras mi cuerpo, aún seguía convulsionando.

¿Qué decía Rose de las cocinas?... Dios… ¡bendita cocina!

¿Run, run?... Besos, y como no voy a estar, os deseo que terminéis bien la semana y disfrutéis del fin de semana, si puede ser en una cocina… pues mejor ;-}

Nueva portada de Robert, junto a Reese



Hace ya unos días, que la nueva portada de Robert, circula por la web. Pero hasta hoy no he tenido la oportunidad de preguntaros que os parece, y como aquí somos tan cotillas, y adoramos saber lo que pensáis, pues aquí os las dejo. Así de paso, si alguna no la ha visto (cosa que dudo), pues ya puede hacerlo, o si alguna no pudo guardársela para colocarla de fondo de escritorio, pues aprovecha ahora :-}




Guapo ¿eh?... es impresión mía o… ¿la luz es un poco rollo época como  la luz de la película?... Me gusta mucho la portada, aunque he de confesar, que cuando es Kristen quien lo acompaña, me gusta mucho más :-}, eso si, Reese sale genial.


Por cierto, aquí os dejo el link de una noticia que acabo de leer por la web. 


Supuestamente lo de guarrete va por exigencias del guión de la película, pero, como no, a la prensa no se le pasa una para intentar sembrar la duda. Sea como sea, me cuesta creer que una mujer que de deshace en halagos hacía la persona de Robert, hable así de él. 

¿Quieres? - Capítulo 17

Imprevistos no previstos, y el hecho de haber escrito este capítulo tres veces, ya que las dos anteriores no terminaban de convencerme, no me han dejado actualizar antes… pero aquí esta :-}


Airam, Nuri, Karla, May, Marianna, Erin, Maria, Lau, Miluska, Dana, Muñ3, Al, Virgy, Adry, Ayyys y anónima.... ¡¡Gracias!! 

¿Orgullo?, ¿Ego?, ¿Celos?... o simplemente un buen trabajador que no puede dejar mal parada a su clienta, ¿Qué será, será? XD, ya… ya lo iréis viendo, lo único que puedo decir, es que a partir de ahora vienen curvas… :-}

Por cierto, el teléfono de Edward esta en el capítulo tres, para la que quiera una ducha con él ;-). Y Erin, llámame como quieras mujer, no te preocupes. Por cierto Dana… una mezcla de todo, es que en mis 17 años… he corrido mucho mundo :-}.

Lo dicho… si con el anterior se os quedo esas caras… mejor me callo ;-)

Por cierto una pequeña puntualización. Sabéis que bajo el titulo del capítulo, suelo escribir los días que faltan para la boda, para que os vayáis ubicando y eso, pues por alguna razón, me comí un día durante los primeros capítulos, y cuando fui a escribir este, me di cuenta de que no faltaban cinco días para la boda, sino seis, pues si el día en el que sucede el siguiente capítulo, es lunes, y la boda es domingo… seis, y yo me equivoque, pero ya esta rectificado, ahora tenéis un día más :-}.

Y ahora si…


Capítulo 17 – Castigos de dios

“Seis días antes de la boda…”


Oscar Wilde dijo una vez, que la mejor manera de librarse de la tentación, es cayendo en ella… Lo que no dijo, es que esa tentación siempre tiene letra pequeña, en mi caso, una que me iba a arruinar de por vida.

Ahora entiendo el porque existen mujeres que prefieren hacerse monjas, no es que estén locas, no, simplemente son inteligentes… huyen del pecado, de ese del que nos previenen desde que somos niñas, porque, aunque nos intentaran engañar con el cuento de que la mujer es mala desde el principio de la historia, pues esta fue la que obligo a Adam a comerse la manzana prohibida, no nos engañemos, fue la serpiente la que primero tentó a Eva, y esa serpiente, era varón… claramente lo era.

Caer en la tentación a Eva le costo ser repudiada de por vida, a mi, caer en ella me iba a costar no poder ser nunca propietaria de una casa, que digo de una casa… de ningún bien.


Solo había que echarle cuentas al asunto, si por un polvo en la oscuridad de un almacén, a medio vestir, y dos simples orgasmos, la cuota era de mil quinientos dólares, el de anoche…, el de anoche vale los dos mil quinientos…, sin duda alguna los vale…

Cuatro mil dólares… mis ahorros de un año… en dos simples noches, y no completas ojo… gracias a dios… la  lucidez rego mi cerebro sino… a saber de que cantidad estaríamos hablando ahora…

Gracias a dios… ¡y una mierda!, este es un castigo suyo, dios me castigo con la mismísima tentación andante por no tener la valentía de haber venido sola hasta Seattle. Y luego dicen que dios no castiga, no… el simplemente te tienta, luego eres tu la que en función de tus actos, te castigas o no, y así dios consigue liberar su cargo de conciencia, pasándote el muerto a ti.

Y para colmo de males, con esta iban siendo dos las noches que no conseguía dormir, por lo que la palidez de mi rostro en conjunto con los surcos negros y profundos que yacían bajo mis ojos, bien podían hacer que la gente me confundiera con un fantasma.

Con lo bien que vivía yo con mi celibato, nadie protestaba, nadie decía nada, y por supuesto, nadie me cobraba un plus por mantenerlo.

-¡Bella! Tu prima Alice esta en la cocina esperándote – grito Renee desde el pasillo.

-Bajo en un minuto – respondí por inercia, sin dejar de contemplar mi imagen ante el espejo.

Y entonces lo vi. Escondido tras los tirantes del vestido anudados en mi cuello, justo a la altura del hueco de éste, yacía un pequeño surco color morado, del tamaño equivalente a una moneda.  A una moneda un poco más grande de lo normal.

¡Estoy marcada!, grite mientras mis ojos se abrían como platos y la mano que no apartaba el trozo de tela, se restregaba sobre el moratón de mi cuello, moratón que por momentos adquiría un color más violáceo.

¿Esto también es cosa tuya señor?, ¿tienes que marcarme cual adultera con tu letra escarlata para recordarme mis vicios? Ya se que tu predicas que el sexo es malo, y más, aquel que se consigue a través del dinero pero… ¿no es suficiente con mi cargo de conciencia, que tienes que marcarme cual animal antes de entrar al matadero?

Esto es una señal, ya no iré al cielo, llegare a las puertas, verán mi marca y me mandaran de una patada al purgatorio hasta que me arrepienta de todos mis pecados. Con suerte puede que con los siglos me permitan volver a subir hasta allí arriba, pero nada de atravesar la gran puerta, como mucho me permitirán barrer la entrada, a ver si con el tiempo consigo reunir el dinero suficiente para pagar mi deuda con el mismísimo pecado andante.

¿Por qué pagareis verdad?, pregunte mirando al techo, provocando con ello que un ligero mareo, nublara mi mente.

Eso es que no Bella… Me lo imaginaba.


El chupetón en mi cuello no fue el único recuerdo de mi noche productiva, junto a este, un fuerte tirón asentado en mi ingle derecha, el cual convertía el simple hecho de cruzar las piernas en toda una misión de riesgo, me imposibilitaba la simple acción de bajar del coche, sin llamar la atención de mi prima por mis quejas.

-Es que me duele… - respondí ante la mirada inquisitoria de Alice – Ya sabes…, llevaba mucho tiempo sin hacer deporte – sisee sin dejar de apretar mi muslo con la palma de mi mano.

-Ya veo… - susurro dedicándome una mirada escéptica - El agua con azúcar va bien para las agujetas – continuo intentando ocultar una sonrisa – Pero si lo que tienes es un tirón ya no… - callo sus palabras con una tímida sonrisa.

Eso es, tú también puedes reírte de mí, todos pueden hacerlo, eso si, puede que empiece a cobrar por hacerlo, a ver si con esas consigo reunir algo de dinero.

-Hola, buenos días – saludo la risueña de mi prima Alice, apenas entrabamos a la tienda de Leah.

O lo que es lo mismo, al infierno de las telas. Porque solo a mi hermana podía ocurrírsele la estúpida idea de tener damas de honor, y no contenta con ello, de vestirnos a todas iguales, como si eso fuera tan fácil.

-Buenos días – respondió esta, cordialmente, eso si, no falto su indiferente mirada hacía mi.
¿A esta también la vas a castigar señor?... porque deberías…

-Alice ella es Leah Clearwater, la encargada de confeccionar el vestido de Rosalie…

-Y los vuestros – añadió la susodicha.

-Si… los nuestros también – afirme tras sus palabras, cosa que no habría echo falta si me hubiera dejado terminar la frase…

Respira Bella, apenas acaba de comenzar el día.

-Encantada – matizó mi prima, brindándole una gran sonrisa.

-Igualmente – sonrió la borde, sonrisa que murió una vez volvió a mirarme - Bueno, ¿queréis tomar algo? – negamos a la vez. Si claro, para que me echara algo en la bebida, no, mejor me quedo sin beber - Entonces, ¿pasamos a verlos?

-Todavía falta alguien más – añadió Alice, recordándome el tormento que me tocaba por vivir.

-Cierto, Rose me comento que seriáis tres.

-Si… hay otra más… muy a mi pesar – susurre para mí, pero como no, Alice me escucho.

-Bella, Jessica no es tan mala, si la conoces bien, hasta le puedes ver buen fondo…

-Buen fondo… ¿A Jessica?

¿Jessica Stanley?... ¿aquella que sueña todas las noches con ser el centro del universo?... ¿Aquella que jugaba en mi casa a ponerse los vestidos de Renee, y farfullaba con casarse con un millonario que la mantuviera?... ¿La que se burlaba del mal ajeno de los demás?... No estamos hablando de la misma Jessica entonces. La que yo conozco tiene muchas cualidades, pocas de ellas buenas, pocas no, ninguna.

-Si, vale que no es cien por cien de mi agrado pero…

-Alice… Tu opinión no cuenta… todo el mundo te cae bien, no eres objetiva.

-Si lo soy – contradijo sacándome la lengua - De todas formas la que se casa es Rosalie, y nos guste o no, Jessica siempre ha sido amiga suya, además de su único apoyo durante estos años… Así que, ¿de que me sirve que me caiga mal?

-Te he pillado Alice… - vociferé - No lo has admitido abiertamente pero lo has dicho.

-Shusss, baja la voz. Esta bien Jessica es un poco…

-Insoportable – dije por ella.

-Si – suspiro -  pero te digo una cosa, ante los ojos de tu hermana lo negare.

-¡Ah! eres una falsa…

Y entonces, la voz chillona de la susodicha, irrumpió cual vendaval en la tienda, aturdiéndonos con su fragancia.

-¡Siento el retraso chicas!, pero no os hacéis una idea del día que llevo… 



Para días, el que me espera a mi…

-Oh por favor… ¡Bella!, ¡como estas querida?… - dramatizo, tirándose literalmente a mi brazos - ¡Te veo esplendida!… - chillo, enseñándome su perfecta dentadura - ¡Alice! – grito tirándose también a sus brazos - cuantos años sin vernos. Estas… ¡preciosa!… Dios  mío, cuanto habéis cambiado… que envidia por favor… - decía “emocionada”, sin dejar de mirarnos a ambas.

Por favor…

-Tu también… estas genial – vocalizo Alice, con una amplia, y fingida sonrisa.

Para que luego me niegue que no…

-¡Oh! Bobadas… - respondió la aludida agitando sus pestañas al compas del movimiento de una de sus manos - vosotras si que estáis genial. Sobre todo tu Bella – me señalo - No me malinterpretes Alice, tu estas fantástica, como siempre, pero tu Bella, ¡mírate! – chillo provocando que el tintineo de su voz retumbara en mis tímpanos - ¡Si hasta llevas tacones!

-¡Quien lo diría de mi verdad! – grite fingiendo emoción.

¡Ah!, que asco, acabo de parecerme a  mi madre…

-Tienes que decirme que has hecho para estar así de esplendida. Te juro que no esperaba verte tan…

Señor… ¿porque me castigas así?… porque con los miles de pecadores que hay por el mundo… fuiste a fijarte en mi… es por lo de Edward ¿verdad?, me estas castigando por ser incapaz de reprimirme ante él ¿cierto?…

-¡Ay!, ¿y estáis tan emocionadas como yo? – Dios… ¿es que nadie puede callarla?  - tu hermana se casa Bella, ¡tu hermana! – si, eso dicen - ¡Dios!, ¡si tiene mi edad y ya se casa!… debes de estar totalmente emocionada…

Dios mío… dios mío…

-Si… mucho – tanto que estaba a punto de echarme a llorar.

-Te entiendo, lo estoy yo y no es mi hermana, ¡imagínate tú! – se echo a reír de forma poseída, mientras mis ojos vagaban hasta los de Alice, en los cuales podía reflejarse cierto atisbo de terror - Por cierto, ¿que tenéis pensado para la despedida de soltera?, tiene que ser algo grandioso…

Lanzamiento espacial de cohetes humanos… ¿Hay algo más grande que eso?

-Jessica cielo, toma, bebe un poco de agua, vas a quedarte seca – le interrumpió Alice, mientras yo me llevaba las manos al foco de mi incipiente dolor de cabeza.

-Uy si, gracias… Mmmm llevo una mañana – ni bebiendo agua se callaba.

-Si, si, nos lo imaginamos… Haber si se atraganta – susurre para mi, pero de nuevo mi prima volvió a escucharme, y lejos de mirarme nuevamente de manera inquisitoria, se echo a reír…

-Ah… Y bueno, ¿que idea lleváis para los vestidos? ¡No es genial!, las tres juntas acompañando a Rosalie en este día tan especial… Quien lo iba a decir…

-¿Pasamos a ver los vestidos?

-Si por favor… - suplique ante las palabras de Leah, las cuales se convirtieron en música celestial para mis martirizados oídos.

-¡Ah!, me he traído la cámara de fotos.

-¿No son muchos vestidos verdad? – pregunte buscando con la mirada a Leah, la cual me sonrió piadosamente.

Piedad, justo eso era lo que necesitaba para aguantar a Jessica, un gran saco de piedad junto a un bote de analgésicos.


-Veamos… - comenzó a hablar Leah, abriendo el álbum de fotos, mientras nosotras terminábamos de tomar asiento - Rose estuvo aquí el otro día, y señalamos los posibles vestidos, en función un poco también al color de la decoración.

-¿Cuáles son esos colores? – pregunto Alice.

-Un segundo, Rose me paso una muestra de lo que tu escogiste…. Aquí esta…



-¡Arg!… que colores más… - comenzó a hablar la del buen fondo, ganándose con ello una mala mirada por mi parte - Bueno… es que a mi… estos colores no me gustan.


Y a mi no me gustas tu y mira… aquí estamos…

-Son la ultima tendencia este año – hablo Leah. Vaya, ya me caes mejor - Y bueno, en base a estos colores, Rose y yo descartemos que vistierais de color rojo, así que estos vestidos, quedan fuera – añadió antes de enseñarnos las fotos a las que se refería. 

    












-¿Por qué?, si son muy bonitos – expreso la de la voz nasal.

-Pues porque la idea de Rose, es que tanto el novio como su padrino y vuestros acompañantes, luzcan una corbata a juego con vuestros trajes, y tu hermana no ve a Emmett con una corbata roja.

-Sería gracioso ver al grandullón así – rio Alice, haciéndome reír a mi también.

-¿Que ridiculez es esa de combinar nuestros trajes con los de ellos?

La misma ridiculez de que tú seas una de las damas de honor. Así es el mundo…, esta lleno de ridiculeces.

-Es algo muy común que los acompañantes lleven algo a juego con las damas de honor – intente hacerle entender, aunque sabía que eso era algo imposible.

-Pues a mi me parece una absurdez, ya de paso, deberíamos controlar los vestidos de todos los invitados.

-Si yo fuera la que me casara, créeme que lo haría – dijo Alice en tono guasón, causando las risas de todas, incluidas las de Jessica.

-Te creemos – añadí entre risas.

-Vale, otro color casi descartado, es el de estos vestidos, que a mi personalmente me gustan mucho pero… son muy parecidos a los manteles y quizás…




     












-Yo no pienso ir vestida igual que las mesas – vocifero la del complejo de superioridad - solo me faltaba que creyeran que mi vestido es un trozo de retal.

-Dudo mucho que lleguen a pensar eso – le contradijo Leah, claramente ofendida.

-Es idea mía, ¿o Jessica acabara comiéndose ese libro? – inquirió Alice en susurros, para que solo yo la escuchara.

-No… ¿Cómo puedes tener esas ideas? – añadí yo, haciendo que juntas riéramos.

-¿De que os reis? – pregunto con cierto deje de ofendida la futura come libros –No os gustarán estos vestidos ¿verdad? – reclamo altiva…

-Bueno… lo cierto es que no son feos, y tampoco tendrían porque quedar tan mal – expreso Alice.

-Pues a mi no… - protesto Jessica, haciendo con ello que mi prima endureciera el ceño.

Se va a comer el libro… Si o si, Jessica hoy acaba comiéndoselo.

-De todas formas estos están descartados ya por Rose. Así que las ideas son estas… Algo oscuro o gris…






-No… y no – recalco Jessica, apartando las fotos de mala manera.

Leah suspiro ante su gesto.

-A mi personalmente, me gusta mucho este gris perla – dijo Leah, alejando las fotos de las manos de Jessica.

-Pues a mi no me gustan nada – volvió a repetir ésta, con cierto deje de asco.

Y luego a mi me llaman mala hermana…

-Son muy elegantes – susurre fijando mi atención en la fotografía, en un intento de ignorar la cara de arpía que tenía frente a mi.

-Y el drapeado del pecho lo realza bastante – añadió mi prima.

-Si pero en mi caso, yo tengo mucho pecho… Voy a parecer un tren desbocado con algo así – tu parecerías un tren desbocado, vistieras lo que vistieras.

-Bueno, se podría arreglar el escote… dar un poco más de tela, colocar unos tirantes… – reacciono Leah, en un intento de ser nuevamente cordial.

-No me convence – Ante su sentencia mire a la silenciosa Alice, la cual permanecía con los ojos cerrados, mientras  exhalaba el aire contenido en sus pulmones.

Afirmativo, si Leah no terminaba estampándole el álbum a Jessica en la cara, lo haría Alice.

-Enséñanos los siguientes, por favor – suspire.

-De acuerdo. Estos son algo más suave, pero en mi opinión, bastante acordes con la decoración…




-¡A ver! – grito Jessica, apoderándose de las fotografías - Mmmm, palabra de honor, no – sentencio tirando hacía la mesa la primera de ellas -¡Arg!… que color más apagado… fuera este también – volvió a repetir el gesto ante nuestra perpleja mirada – Y esto, por favor, vamos a parecer aceitunas con esto. No, no y no…

-Te puedo asegurar, que si vistes un traje mío, lo último que parecerás será una aceituna – la encaró Leah, apartando nuevamente las fotografías del alcance de la arpía.

Por el rabillo del ojo pude ver como Alice colocaba los ojos en blanco, y negaba varías veces con la cabeza.

-¿Puedo verlas? – pidió Alice. Leah no dudo un instante en pasárselas - ¿Apagados? – pregunto mostrando la fotografía al aire, encarando a Jessica – en absoluto – pronuncio seria, dejando la primera de las fotografías sobre la mesa – Palabra de honor… son todos, así que me temo que tendrás que guardar el wonderbra en casa. Y estos – alzo nuevamente el brazo, enseñando los vestidos verdes – Ni siquiera tu… podrías parecer una aceituna con ellos – remato entre risas nerviosas, ante la atenta mirada de una, cada vez más, molesta Leah.

¿Donde estaban las buenas formas de mi prima?

-¿No me digas que te gustan esos color verde? – por favor, es que esta tía no podía callarse nunca.

-Si – sentencio Alice.

-Que quieres ¿que nos confundan con arboles?, bastante tengo con tener que soportar la ridícula idea de celebrar la boda al aire libre, para que encima los mosquitos me confundan con alimento.

-Los mosquitos no…

-Déjala Bella, ella es feliz – me susurro mi prima.

-Además los escotes… es que no… ¿No tienes algo con otra forma? – reclamo a Leah, la cual volvió a suspirar varías veces antes de hablar.

¿Veis?... Dios siempre te castiga con una buena tentación delante de tus narices… En mi caso, la mía era mucho más agradable… Muchísimo más.

-Vale… ¿que pega les pones a estos?



-¿Ves Lidia?... ya nos vamos entendiendo, estos si realzarían mis pechos.

-Es…. Déjalo  - callo la del nombre cambiado, endureciendo cada vez más la expresión de su rostro.

-¿Puedo verlos? – pidió Alice nuevamente - Fuera, estos no me gustan, a ti tampoco ¿verdad Bella? – pregunto mi prima, con una sonrisa inocente.

-Eh pues…

-No, no te gustan – respondió por mí.

-¿Como que no?, si son preciosos…

-Si, pero no nos gustan. Nosotras es que tenemos poco pecho y claro…

-Entiendo – respondió Leah, intentando ocultar una sonrisa mientras pasaba las hojas.

-Vale mirar, vamos a hacer algo, enséñanos todo lo que haya, y ya después, entramos en guerras por colores, escotes, o parentescos con plantas, alimentos, o muebles ¿os parece bien? – intervení de manera prudente, intentando apaciguar el cargado ambiente.

Si seguíamos por este camino, al final Rosalie no tendría damas de honor, y no porque no quisiéramos serlo precisamente…

-De acuerdo, os voy a enseñar la opción que más le gusto a Rose – dijo Leah, mientras buscaba las fotografías.

-Espero que sean mejores que lo visto.

-Oye, ¿y esos vestidos que buscan podrían tener una mordaza a juego? – pregunte exasperada ya por la situación.

-No, pero, las podría hacer junto a las corbatas – sonrió Leah. No si al final… nos acabaríamos llevando bien después de todo – Estos son unos…


-Uy… ese azul oscuro es precioso.

-Si, quedaría genial en la piel de Bella – remarco Leah, matando de golpe la sonrisa de Jessica – Y otra opción sería que vosotras llevarais este…



-Mira Jessica, no es palabra de honor, este tiene que gustarte – la pincho Alice, mientras la susodicha hacía muecas raras con sus labios.

-Y tu Bella, este…



-Es muy bonito – susurre contemplando la imagen.

-Como veis, ese azul, contrastaría genial con el color chocolate de los manteles.

-¿Qué te parecen Bella? – pregunto mi prima.

-El color me gusta… y los vestidos son preciosos.

-¿Y porque Bella tendría que llevar ese?, a mi me gusta más ese – pronuncio Jessica, mientras mi mandíbula se desencajara…

Como podía ser tan…

-Ese es palabra de honor… Según tu no puedes llevar un palabra de honor – recalco Alice, duramente.

-Pero es distinto – sentencio la envidiosa.

-¿Distinto?... ¿que tiene de distinto?

-Alice no me hables así, no es culpa mía que quiera que la boda de mi mejor amiga sea perfecta.

-¿Y llevando tu ese vestido será perfecta?

-Pues mira sí.

-Vale, ya esta bien – grite - Si hay alguien aquí encargada de organizar la boda de Rose, esa soy yo, por tanto, yo soy la primera interesada en que todo salga a la perfección… Leah, tómanos medidas para estos vestidos – suspire dejándome caer derrotada sobre el respaldo de la silla.

-No me parece que…

-Leah… por favor… - repetí…

Ya iba siendo hora de ponerme en mi lugar…


Cuatro horas más tarde, una toma de medidas que termino por hacernos a todas aborrecer mucho más a Jessica, una comida entre risas recordando viejas anécdotas de la infancia, por supuesto sin Jessica delante…, Alice y yo, íbamos por nuestro segundo margarita de la tarde, brindando por nuestro triunfo ante la arpía.

-Retiro lo dicho Bella – pronuncio Alice, antes de volver a llevarse la copa hasta sus labios – Jessica es insoportable.

-Alice… no puedo creer lo que estoy escuchando – bromee.

-Ya ves… Nunca es tarde para cambiar de opinión… ¡Un brindis! – grito alzando su copa para chocarla con la mía.

-Esta es la última que luego… - calle ante el recuerdo de mi no muy lejana “borrachera” – Oye… ¿A quién vas a llevar de acompañante? – pregunte tras dar un sobo a la bebida.

-No se… puede que se lo pida a Mike, así mato de la rabia a Jessica – comenzó a reír. Creo que Alice el alcohol le sentaba peor que a mí.

-A ella, ¿por qué?

-A claro, tú no lo sabes… Mike me lo conto ayer cuando lo llevaba a casa. Resulta que entre él y Jess pues… existe una profunda conexión…

-¿Cómo de profunda? – inquirí expectante.

-Profunda, profunda, pro-fun-da – remarco las silabas mientras mi boca formaba una perfecta O y sentía  mis ojos abrirse como platos - Si Bella, a mi también se me quedo esa cara de imbécil – comenzó a reír nuevamente, mientras yo seguía sin salir de mi asombro.

-Pero si Mike para ella era… nadie… - dije atontada.

-Eso era antes de que el chico se ejercitara, por que ahora… Según Mike me conto – comenzó a susurrar antes de mirar ambos lados - no deja de acosarlo.

-No puedo creerlo – susurre yo.

-Como te lo cuento, Mike a pasado de ser el perrito faldero, a necesitar las dos manos para quitárselas de encima, y entre ellas, Jessica.

-Las vueltas de la vida son… tremendas…

-Oye… ¿Por qué susurramos?

-No se…

-¿Qué tal si dejamos de hacerlo?

-Mejor – afirme antes de rompernos a reír juntas. Señor, que malo es el alcohol - Bueno… lleva cuidado con él… No vayas a ser su futura presa – insinué jocosamente.

-Estando tú… lo dudo - ¿perdón? – No pongas esa cara Bella… yo creo que en parte, la actitud de Mike con las chicas se debe a que aún guarda esperanzas.

-Alice – cerré los ojos mientras negaba - de eso hace muchos años, y entre él y yo nunca hubo nada…

-Lo se, lo se, pero ayer no dejo de preguntarme cosas sobre Edward y tu, y bueno, se de buena tinta que a él no le afecto la noticia de que no te casaras.

¿Jasper?... hacía días que ni me acordaba de él…

-No fue el único entonces – dije con cierto deje de melancolía…

-Bella – llamó mi atención Alice, no por pronunciar mi nombre, sino por la seriedad con la que lo hizo… - Yo… yo tendría que…

-Como podéis ser tan zorras, ¿estáis bebiendo sin mí? – clamó nuestra atención una recién llegada Rosalie.

-Es que estamos brindando por un triunfo – canturreo Alice, alzando nuevamente su copa, antes de volver a beber.

-Ya… ya me he enterado de vuestro triunfo – respondió entre risas mi hermana, mientras tomaba asiento.

-Como corre la voz ¿no? – inquirí, siendo ahora mis labios los que tomaban posesión de mi bebida.

-Ni os lo imagináis…

-No estarás enfadada con nosotras ¿verdad? – pregunto Alice, haciendo un puchero con sus labios… Tremenda, mi prima era tremenda.

-Hemos intentado hacer lo máximo posible porque Jessica nos caiga bien pero…

-Bella, el día que consiga que Jessica te caiga bien, Emmett se pondrá una falda y bailara danza del vientre – me contesto Rose.

-Eso quiero verlo – rió Alice.

-Yo no – espete con fuerza, no por Emmett, sino por Jessica evidentemente.

-¿Qué estáis tomando? - pregunto mi hermana, llevándose mi copa hasta sus labios  - ¡Arg!… esto no lleva nada de alcohol. ¡Camarero!, tres margaritas… pero de los de verdad…

-Rose, yo no puedo beber más y Alice también…

-¿Como que no?, ¡yo si puedo!

-Deja de ser tan consecuente Bella, y déjate llevar más… disfruta un poco más de la vida...

-Eso hace… ¿o es que no has visto a Edward?  - añadió una más que risueña Alice, haciendo que mis mejillas se tiñeran de rojo.

-Desde luego hermanita… ya me dirás como hiciste para que un tío así se metiera en tu cama – pues… mejor que no quieras saberlo – no me malinterpretes ojo… tu podrías conseguir a quien quisieras pero ese chico… No se… parece tan…

-Inalcanzable – suspiro Alice.

Con dos mil quinientos dólares lo alcanzas.

-Es el gen Swan Rose… nadie se nos resiste ante él -  reímos las tres - Hablando en serio… no se… no se que iba a decir – comencé a reír intentando recordar si de verdad quería decir algo o no…

-A Bella le duele la ingle.

-¡Alice!

-Uy, uy, uy… ¿noche movidita? – pregunto Rosalie jocosamente, a la vez que codeaba mi cintura.
-Tengo un tirón… las carreras de ayer…

-Claro… - me corto Rose - las corridas son lo que tienen… Perdón… quería decir carreras – rió junto a Alice, mientras yo enrojecía con mayor intensidad por momentos.

-Oye dejar mi vida sexual en paz… - mi vida sexual… que bien sonaba eso… porque por una vez… si tenía vida… Ves, ves dios… me tientas a decir cosas que no debería - La vuestra seguro que es mucho más interesante que la mía – susurre antes de terminar el contenido de mi copa.

-No se que decir – añadió Alice.

-Bueno… si queréis os cuento todos los tirones que tengo yo.

-Déjalo Rose… nos imaginamos las camas que ya habréis roto – protesto Alice.

-¿Camas?... no somos de camas.

-Que bestia… - susurre.

-Demasiada información para mis oídos – dramatizo nuestra prima, tapándose los oídos con sus manos.

-Vaya par de reprimidas… ¿Nunca lo habéis hecho?… sobre la encimera de una cocina por ejemplo…

-No… y si no quieres que jamás vuelva a entrar en una, por favor, ahórrate los detalles – suplique…

Emmett y Rose en una cocina… No, no, no… fuera imagen… fuera de mi cabeza.

-Yo si quiero detalles.

-¡Alice!

-¿Que? soy la única que no tiene pareja, con algo tendré que entretenerme mientras tanto – espeto risueña…

No pidas anécdotas porque las mías… dan para toda la tarde…

-Chicas… ¿Hace cuanto no estamos las tres así? – pregunto Rosalie, colándose entre nuestras risas…

-Mucho… mucho – susurre intentando recordar la última vez que habíamos estado así.

-Pues esto hay que celebrarlo – sentencio antes de ponerse en pie, seguida de nosotras - Un brindis… por volver a estar juntas.

-Y por tu boda – añadió Alice.

-Y porque Bella ha vuelto, algo que tengo que reconocer… dude – susurro Rose, mirándome con un brillo especial.

-Nunca dude en perderme tu boda… - mentirosa… - no podría – eso si era verdad, de habérmela perdido, jamás me lo habría perdonado.

-¡Oh! Que momento más bonito, esto se merece otra ronda…

-¡Alice!

-¿Tienes miedo de violar a Edward? – insinuó Rose, alzando las cejas….

Edward… alias tentación…

-Yo… yo… ¡Camarero!


La oscuridad de la noche comenzaba a hacerse presente por la ciudad, cuando por fin conseguí introducir la llave en la cerradura de la puerta.

Menos mal que hacía unas horas que había dejado de beber, algo que no hizo Alice, la cual tuvo que volver a casa en taxi, ni tampoco Rose, otra que no tuvo ningún reparo de mostrarme algunos de los “detalles”, de los que habíamos hablado en la tarde, mientras ella y Emmett me traían de vuelta a casa.

Suspire aliviada una vez cerré la puerta de una oscura y silenciosa casa. Hoy había sido un día horrible, y para colmo de males, yo lo remate volviéndome a pasar de copas. Al menos había conseguido olvidarme por unas horas de las tentaciones y los castigos de dios.

Hablando de tentaciones… ¿dónde estaría Edward? Emmett me había comentado que lo había traído antes de pasar a recogernos a la cafetería… ¿Estaría en su habitación?

Dudosa, por si debía subir o no a comprobarlo, comencé a tambalearme hacía las escaleras, no por el alcohol, los dichosos tacones no eran lo mío pero yo era tan masoquista, que me castigaba a mi misma.

Pero justo cuando uno de mis pies subió el primer escalón, la pequeña luz filtrada tras la rendija de la puerta de la cocina, me alerto de que estaba tomando el camino equivocado…


Ay esa luz encendida… quien habrá tras esa puerta :-}

Huyo a seguir escribiendo el capítulo, que ya casi voy por la mitad ;-). Besos!!!