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Disturbia - Capítulo XXXIV (Ayyys)





Hola chic@s,


pues aquí estamos de vuelta. En primer lugar pediros disculpas por el "abandono" temporal que tengo en el blog. Estoy, creo, que empezando a remontar cabeza con el catarrazo este que he pillado, así que a ver si cuando me encuentre un poco mejor me pongo las pilas. Bueno, el capítulo.... ha salido como ha salido. Tarde, porque mira las horas que son... pero ha llegado. Pues nada, no me enrollo más, os dejo ya el capítulo.




Capítulo XXXIV- Historias de princesas

Rosalie Pov

La vida tiene sus momentos altos y bajos, tiene que tener un poco de cada uno de ellos, tiene que haber un equilibrio. De esta manera eres capaz de poder apreciar lo que tienes y lo que quieres. Porque hay que saber disfrutar los buenos momentos pero también los malos, ya que de ellos se suele aprender mucho. Y eso es lo que realmente importa, aprender de los errores y de los malos momentos, para verlos venir desde la distancia y saber superarlos.
No me puedo quejar, he vivido muchos momentos de felicidad todos a cuenta de mi tesoro. Y gracias a ellos, todos los malos momentos que puedan pasar, dejan de tener importancia cuando oigo su risa infantil al hacerle cosquillas o cuando la veo paseándose por casa con mis cosas intentando imitarme o cuando se queda dormida conmigo en la cama mientras pone sus manitas rodeando mi cuerpo. Así que ese es mi antídoto para los bajones, para los días oscuros, para los momentos de desesperación. Tanto para los que vienen de nuevos como para los que la melancolía trae de vuelta a través de mi memoria.
Nadie ha vivido un camino de rosas, todos llevamos nuestras cargas personales sobre los hombros y estoy segura que las mías serán minucias comparadas con las de otras personas, pero pesan sobremanera cuando echas la vista atrás y recuerdo aquellos momentos que nunca se marcharán de mi memoria.
Recuerdo a la perfección las discusiones que tenían mis padres en casa, sin importarles que estuviéramos delante, ellos solo se preocupaban por sus “asuntos de adultos” como ellos llamaban con lo cual tenían poco tiempo para poner atención a  los “asuntos de niños”. No digo que no nos quisieran, solo digo que muchas veces me sentía como si sobrase, como si no fuese más que una carga para mis padres. Estoy segura de que ellos nos querían pero no recuerdo muchos momentos de amor porque siempre reinaba en el ambiente la tensión y los reproches que se lanzaban el uno al otro. Así que desde mi más tierna infancia empecé a soñar con príncipes azules y princesas. Me creé un mundo para mi sola, uno donde era una bonita princesa que esperaba la llegada de su príncipe, que pacientemente se sentaba a peinar sus cabellos soñando con él, una princesa que se arreglaba por él y para él.
Fui creciendo y los pocos momentos en los que veía a mis padres orgullosos de mi era cuando les halagaban por lo bonita que era, así que eso no hizo más que empujarme aún más adentro de ese mundo de la belleza. Era mi preocupación máxima. El colmo de su orgullo llegó cuando conseguí hacer un anuncio infantil donde salía enseñando mi bonito pelo rubio y mi tierna sonrisa para vender una supuesta felicidad con la compra de aquel refresco de sabor naranja. Así que todas mis esperanzas y esfuerzos estaban en lucir bien, en ser la niña perfecta para que ellos estuviesen aún más orgullosos.
Con el tiempo, en el instituto, el ser la chica guapa y la capitana de las animadoras me hizo sentirme alguien importante en ese micro-mundo adolescente y mi único objetivo era ser escogida la reina del baile para demostrar que era alguien, que no era una más del montón; quería conseguir la aprobación no solo de mis padres sino de todos los que me rodeaban. Y todos esos halagos por parte de los chicos y chicas y las miradas de envidia por parte de ellas me daban una sensación de estar consiguiendo algo importante.
En aquellos momentos soñaba con un futuro lleno de momentos estelares, soñaba con ser una modelo, viajar por todo el mundo, desfilar en las mejores pasarelas y ser portada de las revistas de moda más importantes. Pero claro, aquello sólo fueron los sueños de juventud que nunca se cumplieron. Todo porque pensé que había encontrado al príncipe azul de mis sueños, aquel que me querría por siempre y que me haría feliz hasta el último de mis días. Al menos así me lo prometió él, y yo ilusa de mí, así me lo creí. Y por ese mismo motivo me lancé de lleno en la relación con él. Y en el fondo,.. que carajos! No, en el fondo no, simplemente no me arrepiento de aquello, porque de aquella relación conseguí dos cosas: un corazón incapaz de creer de nuevo en el amor al ver cómo me abandonaba al saber de mi embarazo y un tesoro que fue creciendo en mi barriga y que cuando nació fue mi luz y mi guía en esta vida. Mi niña, mi vida, ella con creces me ha ido compensando todos los altibajos que he tenido. Ha sido aquel motivo extra por el cual levantarse cada mañana y seguir adelante.
Así que como decía antes, solo hay que ir encontrando el equilibrio, hay que aprender de lo bueno y de lo malo, porque de lo malo se sacan cosas positivas, y sino solo tengo que mirar a Emma para ver que es del todo cierto.
No he vuelto a tener una relación mínimamente seria con ningún otro hombre, aunque si he tenido mis relaciones temporales y sin ningún compromiso para apaciguar mis necesidades. De algo me ha servido mi obsesión por la belleza todos estos años, no suele ser muy complicado buscar una buena compañía en una noche de soledad. Pero mi corazón incapaz de creer de nuevo en el amor, ha huido corriendo de toda relación con indicios de seriedad, de todo hombre interesado en algo más que una noche de diversión. Porque ya ha aprendido la lección, no existe el príncipe azul. Y aunque existiera, a mi ya no me hace falta, yo tengo todo lo que necesito. He tenido a mi hija y luego con la ayuda de mis padres y un gran esfuerzo por mi parte he conseguido sacar adelante a mi pequeña Emma y al mismo tiempo sacarme la carrera mientras trabaja en una tienda de ropa y hacía algún que otro reportaje fotográfico para pequeñas campañas publicitarias.
Este año por fin había conseguido plaza en la Universidad de Chicago como profesora y con ello ya me podía olvidar de las tiendas y reportajes para promocionar cualquier producto. Por fin conseguiría asentarme y tener un trabajo fijo y que me apasionase. Y por eso, como celebración, cogí a mi niña y nos fuimos mi pequeña y yo a Disneyworld a celebrar el inicio de una nueva vida. Allí conocimos a “el Mickey grandote” como decía mi tesoro. Aunque su nombre real era Emmet Cullen y era un enorme hombre con cara de niño y sonrisa sincera. Su mentalidad infantil al principio me irritó, sobre todo por las circunstancias en las que nos conocimos donde su tranquilidad y despreocupación me molestaron tanto ya que yo me encontraba tremendamente preocupada y estresada. Sin embargo, cuando lo conocí mejor, cuando me mostró su simpatía, su sinceridad y su gran corazón, fui dejando de lado la irritación para quedarme encantada con él. Y no fui la única que se quedó encantada con él, Emma lo tenía idolatrado. Los dos se entendían a la perfección y tenían una complicidad que no era propia de dos personas con tanta diferencia de edad y que se conociesen en tan poco tiempo.
Estuvimos solamente tres días juntos y en ese tiempo solo nos separamos para ir a nuestras respectivas habitaciones. Durante el día disfrutamos de muchísimos paseos por el inmenso parque y de millones de actuaciones de los personajes Disney. Curiosamente Emmet tenía una predilección especial por Mickey Mouse y disfrutaba de aquellas vacaciones igual que un niño. A su lado me sentí contagiada de esa energía positiva que desprendía. Aproveché y dejé de lado por unos días a esa Rosalie preocupada, trabajadora y protectora para ver una nueva manera de plantear las cosas. Me dejé llevar y disfruté de esos días como pocas veces en la vida. Emma era un torbellino de alegría y diversión, y esa visión conseguía hincharme el corazón de felicidad.
Emmet era pura ternura con Emma y conmigo. Creo que realmente se preocupaba por nosotras y en ningún momento vi ningún tipo de insinuación por su parte. Después de mis historias personales, prestaba especial atención a esos detalles y puedo decir que su interés era totalmente desinteresado, lo cual me creó una enorme confusión. No estaba acostumbrada a que ningún hombre se comportase así con nosotras. Bueno, creo que es porque nunca era un nosotras. Nunca dejaba a un hombre acercarse a mi pequeña, si necesitaba algún desahogo la dejaba a cargo de una canguro o con mis padres y salía a algún bar a buscar algo. Alguna vez se nos había acercado en el colegio o en el parque alguno haciéndose el simpático con Emma pero al final el interés era claro hacia donde estaba, por eso nunca los dejaba acercarse a ella. El caso es que a Emmet se le veía totalmente desinteresado, creo que realmente estaba a gusto con nosotras, y nosotras a gusto con él.
Cuando me comentó que él vivía en Chicago me alegré mucho pensando que al menos conocía a alguien en esta nueva ciudad donde nos mudaríamos en breve. Y su reacción al saber que iríamos hacia allá fue de total alegría, lo cual me mostraba que todo ese afecto que nos mostraba era verdadero.
La despedida en Disneyworld fue algo triste pero quedamos que le llamaría al llegar e incluso me comentó que no dudase en pedirle ayuda para el traslado. Así que salimos del parque temático con las pilas recargadas y con un nuevo amigo sincero.
Volvimos a casa con un sentimiento extraño. Emma se pasaba el día hablando del “Mickey grandote”, de lo que le había dicho, de lo que habían hecho, de lo que le había prometido que harían en Chicago. Yo, debo reconocer, que también eché de menos a aquel hombretón con cara de niño y sonrisa contagiosa. De alguna manera se había introducido en nuestras vidas, no me preguntes como lo consiguió en tan solo tres días, y su ausencia se hacía extraña.
Esa reacción me sorprendió tanto que me entró un pánico aterrador. Emma y yo habíamos estado bien las dos solas durante todo este tiempo y no nos había ido nada mal. No necesitábamos a nadie más para salir adelante, y si lo necesitase, sabía que podía contar con mis padres como tantas otras veces. Por eso, cuando nos instalamos en Chicago, no lo llamé. Decidí que sería la mejor opción, no quería que mi niña ni yo sufriésemos por alguien a quien casi ni conocíamos. Emma igualmente insistía día tras día en llamarlo, así que tuve que decirle que había perdido su teléfono.
Estuvimos un par de semanas muy tranquilas en la ciudad. Los primeros días pensaba que me lo encontraría en cualquier parte y aunque realmente estaba segura de que su intención no era hacernos daño conscientemente, sabía con certeza que en algún momento así pasaría. Pasada la primera semana me relajé ya que ya sería demasiada casualidad coincidir en una ciudad tan grande, además de que mi vida social se reducía al trabajo y al parque.
Pero el día menos pensado y en la situación más insospechada volví a coincidir con él. Y no dudó en echarme un cable. Desde ese momento volvimos a entablar relación con él, y Emma estaba la mar de contenta de tenerlo de vuelta en nuestras vidas. Pero mi lado más temeroso salía a relucir en su presencia y lo trataba de forma arisca y cortante. Yo sabía que Emmet era una buena persona, pero al fin y al cabo era un adolescente en el cuerpo de un hombre y yo no quería que mi pequeña Emma ni yo saliésemos mal paradas de este asunto. En cierta manera sabía que estaba interesado en mí, pero yo no necesitaba una relación seria y mucho menos con un hombre 4 años menor que yo con mentalidad infantil y que seguramente no sería capaz de hacerse cargo de la situación que comportaba Emma. Así que lo mejor era mantenerlo alejado, fuera de mi coraza.
Pero una cosa era mi relación con él y otra la de Emma. Y es que mi pequeña le había cogido tanto cariño que me sabía mal separarlos, por eso decidí dejarle visitar a Emma cuando quisiera y la verdad es que los dos estaban la mar de contentos. A veces no entendía como podía soportar todos mis desplantes sólo por poder pasar un rato con mi pequeña. Cuando venía a visitarla me marchaba a mi habitación pero desde allí los oía leer cuentos, jugar a cocinitas, disfrazarse de princesas y dibujar y pintar; todo ello sin parar de conversar. Emmet tenía un interés real en Emma y eso poco a poco fue ablandando mi coraza. Sabía que el tiempo jugaba en mi contra y que llegaría el día en que consiguiese resquebrajarla del todo. Lo que no estaba muy segura es de lo que sentía él por mí. Pero un día después de acostar a Emma se envalentonó y me declaró sus sentimientos por las dos. En ese momento, mi corazón empezó a creer de nuevo en el amor.
Decidimos tomarlo con calma, y ahora desde la distancia, creo que ha sido de las mejores ideas que hemos tenido. Porque de nuevo, la balanza cayó hacia el lado malo. Al día siguiente de iniciar nuestra relación, Emmet me confesó que probablemente sería padre. Y justo aquel punto que siempre había estado en mi mente llegó a mí: él era un crío y no podía permitir esta relación. Y tal y como empezó la relación, se acabó al día siguiente. Eso sí, él siguió viniendo a ver a Emma, aunque con menos asiduidad. Una cosa sí que era cierta, le tenía un cariño tremendo a mi niña.
El tiempo ha ido pasando y no ha vuelto a intentar acercarse a mí en ningún momento. Emmet y Edward, su hermano, han sufrido mucho por el tema del embarazo de esa chica. Ella ha estado enviando la información a cuentagotas no se sabe muy bien desde donde y ha dejado a dos hombres desolados.
Dentro de esa desolación encontré a Edward. Unos meses después de marcharse la chica embarazada me lo encontré en la sala de profesores de la universidad. Ya habíamos coincidido en alguna ocasión en los claustros de profesores. En el primero de ellos nos presentaron a los dos junto con otros dos profesores más, ya que éramos los nuevos ingresos de ese año. En algunos momentos nos habíamos ayudado dentro de esta jungla universitaria, con lo cual habíamos entablado una mínima relación profesional. Poco a poco Edward había ido decayendo y ese día mostraba una cara que lo decía todo.
Estuvimos hablando ese día y decidió abrirse y explicarme su situación. Aquello me dio confianza y me fui abriendo yo también poco a poco. Descubrimos que teníamos muchas cosas en común pero sobretodo había un punto que nos unía y ese era que los dos teníamos un corazón roto. Con el tiempo, nos convertimos en un gran punto de apoyo el uno en el otro. Pasamos muchas horas juntos, incluso compartía tiempo con Emma. Los dos se llevaban genial, aunque claro, no era comparable a la veneración que ella tenía con Emmet. No sé muy bien como sucedió, pero un día dimos un paso más allá y tuvimos un momento de intimidad. Pensé que aquello podría dar pie a malentendidos o que podría destrozar nuestra “amistad”, pero una vez hablado conseguimos mantener la misma situación.
Sí que es cierto que con el tiempo estábamos cada vez más unidos, estoy segura que todo el mundo pensaba que éramos una pareja como cualquier otra, pero no se trataba de una relación de amor, en cierta manera era una relación de apoyo e interés. Nos ayudábamos en los malos momentos, teníamos un hombro en el que apoyarnos y un desahogo físico cuando lo necesitábamos. Desde fuera podríamos parecer un par de enamorados: Edward se pasaba el día con nosotras, nos cuidaba y nos protegía, tenía muestras de cariño con Emma y conmigo, caminábamos cogidos de la mano, nos abrazaba y nos besaba, pasábamos los domingos con su familia… Éramos una curiosa pareja, pero cada uno acababa durmiendo en su casa cada noche.
 Este domingo en casa de los Cullen teníamos una invitada “especial”. Sinceramente poco me apetecía conocer a la chica que tantos dolores de cabeza había hecho pasar a los hermanos Cullen. Pero ella había vuelto a Chicago con su niño y con ella había traído el último escándalo y torbellino de dudas. ¿Quién era el padre? No sabría escoger que prefería. ¿Edward? Si fuese él el padre… ¿Rompería esto la actual estabilidad en la que vivíamos? ¿Emmet? Era un crío, Emmet no podía ser. ¿Podría él con esta situación? La verdad es que no me podía decidir, sentía esa necesidad de protegerlos a los dos. La noticia de que el padre era Emmet me sentó fatal, pero a él se le veía tan ilusionado… en realidad era muy niñero, no dudaba que su hijo seria mimado por él, tanto o más como había hecho con mi hija.
Había visto con anterioridad a esta chica y había visto también como Emmet la miraba a ella y a su hijo. Estaba encantado, estaba ilusionado, estaba tremendamente emocionado. Pero hoy sería el primer día que nos sentaríamos todos en una mesa.
Así que hoy vamos de camino a casa de los Cullen en un silencio estraño, por suerte Emma llena ese silencio con du parloteo incesante. Al aparcar enfrente de la casa, Edward baja y me abre y me ayuda a salir como siempre suele hacer. Y cuando estoy de pie fuera del coche abre la puerta y se dirige a la de atrás donde está la pequeña princesa.
-          Emma, ya hemos llegado a casa de los abuelitos. ¿No tienes ganas de saludarlos?
-          Siiiiiii – responde ella todo emocionada.
Con una habilidad tremenda, la desata de la sillita y la carga en brazos para dejarla en el suelo. Emma cuando por fin se encuentra sobre sus pies sale corriendo hacia la puerta donde su “abuelita” la está esperando con los brazos abiertos.
Pasamos hacia el jardín trasero y allí se encuentra toda la familia, incluida la nueva miembro teórica. Saludamos a todos con cordialidad y nos sentamos por fin a la mesa. Durante toda la comida puedo ver de nuevo esa admiración que Emmet siente por los dos, sobre todo por su hijo. Además, ella consigue ser constantemente el centro de atención de todos. Toda la familia está encantada con ella y con el niño, es como si se olvidasen de todo el daño que ha hecho y de todo el que puede seguir haciendo. Evito cruzar palabra con ella durante toda la comida y me centro en Edward y Emma. No me interesa en absoluto esta chica, dudo de sus intenciones con la familia y con Emmet. No entiendo porque después de haber desaparecido durante tanto tiempo decide en este momento volver de nuevo.
Una vez acabada la comida Emma se empieza a quedar dormida y Edward se ofrece a dejarla en su habitación durmiendo como siempre hacemos. La pequeña ya se siente allí como en casa, cuando se despierta no se asusta, sabe perfectamente donde está.
Como la conversación sigue girando alrededor de la “madre a la fuga”, como yo le llamo para mí misma, decido aprovechar para ir al baño mientras Edward vuelve.
Subo hacia el baño y al salir me encuentro de frente con Emmet. Trae esa mirada soñadora en la cara y una sonrisa de oreja a oreja. Cuando me ve me sonríe y vuelve al único tema que parece que existe en este mundo.


-          ¿Verdad que es increíble?
-          Si, Emmet, tienes un hijo precioso – le respondo con condescendencia.
-          Bueno, es que yo soy el padre! ¡No podía ser de otra manera! – este chico siempre tan modesto, pero en realidad consigue sacarme una sonrisa por lo simplón de su respuesta.
-          Si, Emmet, si – sonríe de nuevo ante mi respuesta y me responde:
-          Bueno, voy a bajar hacia abajo que seguro que Bella me busca ¿Verdad que es una tía increíble?
-          Sí sí… - le respondí
-          ¿Sí? ¿Qué pasa Rosalie?
-          No pasa nada Emmet, ¿Por qué lo dices? – le respondí intentando camuflar ahora mi desliz
-          Venga Rosalie, nos conocemos, ¿qué pasa? Bella es una chica genial, es sincera, es cariñosa y además me ha dado el mayor regalo que me podrían haber dado en esta vida. He de decir que al principio tenía miedo pero ahora estoy encantado… los dos son una maravilla. – de sus ojos volvían a rebosar la adoración que sentía por ambos
-          Si claro Emmet, Bella es fantástica….
-          ¿A qué viene ese sarcasmo?
-          No hay sarcasmo, no hay problema…todo es genial
-          Venga Rosalie ¿Qué problema hay? Suéltalo ya
-          ¿Qué problema hay? ¿Tú no te das cuenta de nada verdad Emmet? – le digo totalmente irritada y sin ningún intento de disimularlo.
-          ¿De qué hablas Rosalie? ¿Se puede saber qué te pasa? – me responde con una cara de absoluta confusión. Y en ese momento exploto y le digo todo lo que pienso.
-          ¿Te has parado a pensar porque ha vuelto Emmet? ¿No te parece raro que después de tanto tiempo desaparecida, de repente aparezca? Esta chica busca algo y tú eres tan cabeza de chorlito que solamente eres capaz de ver lo que ella te enseña. Te estás dejando engatusar por esa lianta y vete a saber qué es lo que consigue de ti. Eres tan crío y tan inmaduro que… - pero mi frase se queda inacabada en ese punto
-          ¿Qué sabrás tú de Bella y de mi? ¡Ni se te ocurra insinuar nada malo de ella! Es cierto que ha cometido errores pero ahora los está intentando subsanar. Así que no voy a permitirte que digas nada malo de ella o de mi hijo. ¿¡Entendido Rosalie?! – me bramó con la cara colorada por la ira.        


Y después de soltarme esas palabras, dio media vuelta y se marchó dejándome en la puerta del baño totalmente impresionada por su reacción.



Pues nada chicas, esto es lo que ha salido... :S

Os dejo la lista y como véis seguimos el miércoles de la mano de Karla!!

Nos leemos!


08/10/2010 Nuri
11/10/2010 Ayyys
13/10/2010 Karla
15/10/2010 May
18/10/2010 Almu
20/10/2010 Al
22/10/2010 Airam
25/10/2010 Milu

Disturbia - Capítulo XXXIII (Nuri)

Chicas, siento el retraso, pero últimamente tengo unos días que….pufff, y hoy, para ser viernes, no iba a ser menos :-S…

Bueno, no os entretengo más que hoy tenemos un capítulo muy muy interesante, al menos, con un personaje que en mi opinión lo es ;-)

Y sin más…


Capítulo XXXIII – Pasado, presente y futuro

Jacob Pov


El sonido incesante del teléfono rompió mi sueño. Me sentía como si aún no hubiese dormido ni dos segundos, pero alcancé a ver la hora en la pantalla del móvil cuando intentaba parar la llamada, y no era precisamente temprano. Las cuatro de la tarde. La verdad, no sabía si había dormido mucho o poco, porque no tenía ni idea de la hora de mi llegada. No es que fuera alguien que sale todos los días hasta las tantas, pero después de trabajar toda la semana, los sábados por la noche me gustaba desconectar un poco.

Intentaba volver a dormir cuando otra vez me interrumpió aquel ruido desesperante. Decidí contestar, parecía que no se iban a dar por vencidos. Cogí el teléfono sin ni siquiera mirar quien era.

- ¿Qué quieres? – Todavía estaba medio dormido y enfadado por estropear mi relajante sueño, no era momento para ser educado.

- ¡Jacob! ¿Se puede saber dónde te has metido? ¡No! No me lo digas, no es necesario. ¡Todos los domingos igual contigo! ¿Te parecen horas de estar dormido aún? No, tampoco me lo digas. Si te conozco, sé que ayer habrás salido hasta sabrá dios que hora, si no fuera porque por la semana eres todo un hombre responsable no se qué haría contigo. Bueno, en realidad me alegro de que te diviertas, es lo normal. Pero el domingo es un día para estar con la familia, no para pasarse el día metido en la cama. Dúchate, vístete y ven inmediatamente para aquí. Tienes exactamente hasta las cinco y media, ni un minuto más ni un minuto menos. ¿Algo que decir?

-No….

- Genial. Por cierto, cuando vengas te haré uno de esos remedios caseros para la resaca. Cuídate cariño, me alegro de que lo hayas pasado bien. ¡Nos vemos!

Ya se me había pasado el mal humor. Así era ella, siempre lo conseguía. Y siempre tenía razón, a pesar de no haberme dejado replicarle nada, era la verdad, todos los domingos igual. Creo que ya nadie me esperaba a comer los domingos en mi casa. Mi casa. Qué bien suena eso. Técnicamente, no lo era, llevaba mucho tiempo viviendo solo, pero aquella siempre seguiría siendo eso, mi casa. Me había dado cuenta después de pensar haberla perdido.

Esme. Esa mujer que hiciera lo que hiciera, siempre estaba ahí. Como una madre, como mi madre. Esa madre que como no estuviese allí en la hora que me dijo se comportaría como tal, era capaz de dejarme sin salir un mes entero a pesar de ya estar crecidito. ¿Lo peor? Que seguramente le hiciese caso, era inevitable.

Lo había recuperado todo. No sé si todo exactamente, pero si lo más importante. Mi familia. Aquella familia que no lo era de sangre pero como si lo fuera. Y a mí mismo, estar recuperándome a mí mismo otra vez me hacía tener fuerza para recuperarlo todo. Me hacía tener ganas de comerme el mundo, y eso estaba haciendo.

Ya hacía más de un año desde que todo pasó, desde que me perdí a mi mismo, desde que descubrí el egoísmo del ser humano, del que yo no me libraba. Fui egoísta y mil cosas más. Me había enamorado de la novia de mi mejor amigo, y eso no era lo peor, al fin y al cabo, eso no se puede controlar. Lo peor había sido que no había frenado esos sentimientos que acabaron en catástrofe. Quizá fuera exagerado, pero perdí, o creí perder para siempre a mi mejor amigo, y con él a toda mi familia, a los únicos que me querían. Y me perdí a mí.

No voy a negar que todavía me acordaba de Tanya, pero con cariño, y eso era lo que llevaba pretendiendo todo el año, recordarla con cariño. No con amor, ni tampoco con rencor, mucho menos con odio. Ambos habíamos hecho todo mal, nos habíamos dejado llevar, yo por el amor que sentía por ella, y ella…..ella no lo sé, y ya no es tiempo de querer averiguarlo, eso había quedado en el pasado. Aquel día que decidí hablar con Tanya de una vez por todas. Aquel día, todo quedó atrás……


FLASHBACK

- Te estaba esperando – Llevaba más de una hora esperándola en el portal de la casa que compartía con Edward.

- ¿Qué quieres Jacob? Creía que todo había quedado claro el otro día. – contestó ella.

- Tranquila, todo está totalmente claro, ahora más que nunca. Siento haber sido duro contigo por teléfono el otro día, no tenía ningún derecho.

- Jacob, en realidad ninguno de los dos tenemos derecho de nada, nos hemos equivocado en todo. Lo siento. – sonaba sincera.

- No sientas nada, esto es culpa mía. No tienes la culpa de que me haya enamorado de ti.

- Pero si tengo la culpa de haberte confundido aquel día, de darme cuenta tarde de lo que verdaderamente quería. Y esa llamada…esa llamada no tenía que haber sido tan brusca.

- Ya no vale la pena disculparse por nada Tanya. Pero he venido a decirte que no voy a ser un impedimento con Edward. No voy a negarte que siento lo mismo por ti que hace semanas, quizá más fuerte después de ese día. Pero precisamente por eso quiero que seas feliz, y si con eso se puede hacer feliz a Edward también, mejor. Deseo la felicidad de los dos, sé con eso no voy a arreglar nada de lo que hice, no tiene perdón, pero….es lo que siento. No sé si es por egoísmo, para sentirme mejor conmigo mismo, pero de verdad que lo deseo sinceramente.

En ese momento nos miramos a los ojos y vi la realidad, esa realidad que me decía que nada iba a ser fácil. La quería, y ella a mí no. Así de sencillo. Ella quería a mi mejor amigo, a mi hermano. Y yo los había traicionado a los dos, a él desde el momento en que empecé a sentir algo por ella, y a ella cuando le había dado a conocer mis sentimientos. Todo hubiese sido más fácil para Tanya si no hubiese sabido nada. Con todo eso, también me había traicionado a mí mismo.

- Jacob….

- No digas nada, no es necesario. ¿Para qué seguir pasándolo mal? Sé perfectamente lo que hay, y creo que tú tienes claros tus sentimientos, no hay más que hablar.

- ¿Nos volveremos a ver? – sabía que en el fondo ella me tenía un gran cariño, y eso era una de las cosas que más dolía.

- Ahora mismo necesito tiempo, y tú necesitas tranquilidad con Edward. Supongo que en una larga temporada, no, no nos volveremos a ver. – intentaba que no viese lo que eso me estaba doliendo.

- Y yo supongo que esto es una despedida.-afirmó ella.

- Puede sonar a tópico, pero no me gustan las despedidas, asique tu ahora vas a sonreír, yo también, y como si no pasara nada – los dos obedecimos, sonreímos. Apoyándome en la barandilla de las escaleras, me acerqué para posar mis labios en su mejilla. Un beso que por mucho que no quisiera, tenía sabor a despedida….

FIN FLASHBACK


Así acabó todo, en cinco minutos se había resuelto toda aquella mezcla de sufrimiento y traición. ¿Resuelto? No exactamente. Me costó demasiado olvidarme de Tanya, pero ese día en el que aclaré las cosas con ella me quité un peso de encima. Aunque aún me quedaba uno mucho más grande……


FLASHBACK

- ¿Edward? ¿Qué haces aquí? – le dejé pasar al interior de mi casa.

- Os vi, ayer. A Tanya y a ti, juntos, en la entrada de mi casa. – lo notaba nervioso, pero no enfadado. Era extraño.

- Edward, sé que es difícil confiar en mí en este momento, y que seguramente no lo vuelvas a hacer jamás, pero tienes que escucharme. Ayer estuve con Tanya, si, pero para hablar claro con ella, para despedirme, no pasó ni pasará nada más, le dije que…

- Está bien Jacob.

- ¿Qué está bien? ¿Cómo que está bien? ¿Me crees?- no me podía creer que fuese eso lo único que tenía para decirme

- No lo sé, solo sé que ahora mismo necesitaba pensar que realmente había pasado algo entre vosotros ayer, para no sentirme como el capullo que me siento.- yo no entendía nada.

- ¿Qué?

- Me he acostado con una alumna

- ¿Qué? – volví a preguntar, seguro que no había escuchado bien.

- ¿Sólo sabes decir eso? Da igual, no contestes. Ni siquiera sé que estoy haciendo aquí contándote esto a ti. – había rencor es sus palabras, y no era para menos.

Empezó a caminar hasta la puerta y yo lo detuve, era mi oportunidad, tenía que intentar hablar con él.

- Edward, sé que necesitas hablar, y también sé que ahora no soy nadie para ti, que no soy la persona indicada. No me vas a perdonar nunca, y con razón, pero en este momento necesitas a un amigo.

- He perdonado a Tanya, pero no sé porqué no puedo hacer lo mismo contigo.

- Déjame intentarlo…..

FIN FLASHBACK


Y lo intenté. Desde ese día no hice más que intentar reparar todo lo que había hecho. Lo intenté…..y lo conseguí. O al menos en parte. Ese había sido el punto de partida para intentar recuperarme a mí mismo.

Desde el día que Edward me contó lo que había pasado con su alumna, un vínculo se volvió a formar entre nosotros. Nada era igual, pero por lo menos intentaba hablar conmigo. Estaba seco y frío, pero había pasado poco tiempo. A pesar de eso, a los pocos días me contó que había hablado con Tanya y ella le había aclarado todo igual que yo. Él también le había confesado lo de su alumna. Estaban intentando arreglarlo, pero no era fácil…..


FLASHBACK

- Está embarazada – me dijo Edward con el rostro desencajado.

Al escuchar eso, no pude evitar que algo dentro de mí se desgarrara, todavía no había olvidado a Tanya….

- No es Tanya la que está embarazada, sé que eso estás pensando.

- ¿Has dejado a otra embarazada? ¿A tu alumna?

- Puede que si

- ¿Cómo que puede? – este hombre cada día me sorprendía más.

- Pues muy sencillo Jacob, no sabe quién es el padre.

- Ah

- El otro candidato es Emmett

- ¿Qué? - era lo único que salía de mi boca en esos momentos.

- Joder, últimamente no haces más que decir eso. Pues eso, que está embarazada, pero también se ha acostado con mi hermano, no sabe quién es el padre. Y yo, con otras palabras, le he dicho que es una zorra.

- Eres un capullo - ¿Cómo se le ocurre decirle eso a la pobre chica? A saber lo mal que lo estaba pasando ya la pobre.

- Tú también lo eres.

- Eso no te hace menos capullo a ti - le contesté

- Pues entonces los dos somos unos grandes capullos.

FIN FLASHBACK


Eso era, los dos éramos unos grandes capullos. Irónicamente, y aunque sonara superficial, eso ayudó a que Edward y yo empezáramos a limar asperezas. Lo acompañé, lo apoyé, soporté sus desplantes, sus malas contestaciones. Hasta que un día, esos desplantes empezaron a desaparecer. Y en su lugar aparecieron palmadas en el hombro, sonrisas sinceras, palabras de aliento. Algún “Jake”, algún “hermano”, empezaron a hacer acto de presencia en su vocabulario. Y todo parecía volver poco a poco a la normalidad. Un año hemos tenido para eso, y hemos avanzado muchísimo. ¿Todo era como antes? No. Había cosas que no se podían borrar así como así, lo que yo había hecho no era una travesura de niños, pero el parecía comprenderlo cada vez más. Seguramente, sus propios errores le ayudaban a entenderlo.

La posible paternidad de Edward fue un problema más para su relación con Tanya, y unos pocos días bastaron para que esta terminara. Ese fue otro momento de los que nos unieron. Meses más tarde, ella llamó a Edward y le contó que estaba con otro, en Italia. Ese día descubrí que ya no sentía tanto por Tanya como me imaginaba. Edward me lo había contado con miedo, y no voy a negar que algo sentí, pero ni mucho menos como me podría pasar unos meses atrás. Esa fue la primera señal de que lo estaba superando.

Y aquí estaba ahora, más de un año después de aquella época llena de malos momentos. Superando el pasado, viviendo el presente y pensando en el futuro. El pasado estaba casi superado, ya no pensaba en Tanya y mi amistad con Edward cada vez se recuperaba más.

El presente era….tranquilo. Si, esa era la palabra, tranquilo y feliz. No tenía grandes cosas, pero era feliz, quizá después de pasar una mala época, valoras más lo que tienes. Y yo tengo una gran familia que me quiere como si fuese de su sangre, tengo salud, una carrera acabada y un buen trabajo.

Y el futuro…alentador. Tenía grandes metas profesionales y unas ganas tremendas de comerme el mundo. Todo marchaba bien.

Todo marchaba bien, pero si no me daba prisa para llegar a casa los Cullen a las cinco y media en punto, nada iba a marchar bien. Esme era un pozo sin fondo de cariño y comprensión, pero cuando se enfadaba……mejor evitarlo. Además, sabía que Edward me necesitaba. Hacía pocos días que la madre de su posible hijo había vuelto después de estar desaparecida todo el embarazo. Edward lo había pasado muy mal por eso, pero yo sé que en el fondo sabía que se lo tenía merecido, por ser………lo mismo de siempre, un capullo.

Hace dos días mi amigo me llamó para decirme que finalmente el bebé era de Emmett. Esto era un culebrón, dejaba lo mío con Tanya a la altura de un romance de preescolar. Conozco a Edward, y en su voz noté desilusión, lo que confirmaba mis sospechas, esas que llevaba un año formando….

- ¡Jake! Cariño, ¿cómo estás?, ¿Cómo va tu resaca? – me saludo Esme cariñosamente cuando llegué a su casa después de ducharme, vestirme y correr por las calles de Chicago como un loco.

- Hola Esme, he llegado 10 minutos antes de lo previsto, estarás orgullosa. Mi resaca bien, soy un campeón, ya lo sabes – le di un beso y entre en el salón.

Allí estaba ella, la chica con la que había tropezado hace dos días en la calle. Tropezar quizá no era la palabra adecuada, la había salvado de morir aplastada bajo las ruedas de un coche, literalmente. Era una chica preciosa, y esa voz tan dulce que tenía….pero antes de seguir pensando de esa forma, tenía que averiguar que hacía ella aquí, porque si era lo que me estaba imaginando….

- Jacob, te presento Bella, la madre del hijo de Emmett. Bella te presento a Jacob, uno más de la familia – nos presentó Esme.

Lo que me temía, por algo me sonaba su cara. Esa chica era la famosa alumna de Edward, que pequeño era el mundo. Y yo que ya me había hecho ilusiones solo con verla, la verdad es que era una chica guapísima, yo no soy tonto. Además estaba soltero. Pero que fuese la famosa madre del niño complicaba las cosas. Todo debido a mis estúpidas sospechas.

- ¿Os conocéis? – Esme tampoco era tonta, y a algo se tenía que deber nuestras miradas. Yo de desilusión, y ella de absoluta vergüenza.

- Si, Bella y yo hemos tenido un encuentro….gracioso, en la calle- le respondí

- ¿Gracioso? Asique lo viste gracioso, muy bien – por fin habló, pensé que ese nerviosismo que notaba no se lo permitiría.

- Gracioso, y encantador. Un encuentro encantador – lo siento por mis sospechas, pero yo no podía dejar de ser amable con semejante tía.

- Eh…bueno, me voy al jardín, solo vine al baño, nos vemos Jacob. – visiblemente incómoda, se alejó hacia la puerta del jardín. En ese momento, Esme habló.

- Está arriba

- Voy a buscarlo

Esme me acarició la cara y yo empecé a subir las escaleras. Buscando a Edward, sabía que no estaba bien. En poco más de un año, Edward había descubierto a su novia con su mejor amigo, lo habían dejado, habían vuelto, se acostó con una alumna, se quedó embarazada y el niño también podía ser de su hermano, después desapareció sin dejar rastro. No era fácil de llevar todo eso. Y Edward lo había llevado….mal. Sobre todo lo de Bella, no había estado a la altura de las circunstancias. No soy quien para juzgarlo, pero si para ayudarlo, y tenía que ser objetivo. Edward no lo había hecho bien. Teniendo en cuanta mis sospechas….más todavía. Esas sospechas que me decían que a pesar de todo, Edward sentía algo por Bella. No era amor ni muchísimo menos, pero algo especial. Y ese algo especial era lo que le había llevado a cometer tantos errores, era la única razón que encontraba, Edward no era así.

El último de sus errores, en mi opinión, era la relación que mantenía con una chica rubia y muy guapa, Rosalie. Era precipitada y extraña. No comprendía como con todo lo que tenía Edward encima, era capaz de decirse enamorado de Rosalie. Para mí esa relación era un intento de dos amigos por ser felices, y un intento fallido y equivocado. Pero bueno, había decidido no meterme en ese asunto.

Lo de Bella, si bien es cierto que no podía pensar siquiera en tontear con ella hasta saber si era cierto lo que pensaba de los sentimientos de Edward, tampoco podía negar que Edward nunca me había dicho nada. Lo mejor era dejar de hacer suposiciones de telenovela y dejar que las cosas sigan su curso natural.

- Shh, tranquilo, así es, ¿ves? No pasa nada estás en familia con tu tío, aunque ¿sabes?, me hubiera gustado mucho más ser tu padre.- Esa voz venía de la habitación de Esme y Carlisle, era Edward.

Entré en la habitación y lo vi, con un bebé muy pequeño en sus brazos. Lo miraba de una manera que no sabía explicar, solo mínimamente comparable a como miraba a Emma, la hija de Rosalie.

- Así que te gustaría ser su padre- dije - creo que a mí también.

- ¿Qué? – me respondió sorprendido, supongo que por verme así de repente, pero también por lo que había dicho.

- Que a mí también me hubiese gustado ser su padre, eso significaría haber tenido a esa muñequita en mi cama, no sois nada tontos Emmett y tu. La acabo de ver abajo. Ya la conocía de vista, y el otro día tuvimos un encuentro en la calle.

- Que bestia eres Jacob. ¿Qué es eso del encuentro? – Edward estaba más serio de lo normal.

- Nada, nos vimos en la calle, nada importante. ¿Por qué la pregunta?

- Por nada, a mi Bella no me interesa en lo más mínimo – siempre decía lo mismo.

- Genial – yo sabía que eso del interés no era del todo cierto, pero había que disimular.

- ¿Por?

- Porque está tremenda, y así tengo el camino libre. Tío, ¿tú la has visto bien?

Edward enarcó una ceja.

- Si, vale, la has visto bien, la has visto más que bien. Joder tío, que envidia me dais.

- Vale, déjalo Jacob. Sabes que este es tema tabú, a callar. Además, estás incomodando al niño.

- ¡Estoy incomodando al niño! Que gran frase ¿Te lo dijo él? Ya sabía yo que con esa madre, el niño tenía que ser especial.

- ¡Basta ya! ¿Quieres dejar de hablar de Bella?

- Uy uy uy, ¿quieres dejar de hablar de Bella? – poco a poco averiguaría que piensa Edward realmente de ella. Y si para eso tenía que picarlo un poco, no me iba a cortar.

- ¿Quieres dejar de repetir lo que yo digo? Parece que tienes tres años imbécil – se estaba rebelando un poco, pero perro ladrador, poco mordedor.

- Que humor tienes hoy. Anda, dame al niño, yo se lo llevo a la madre, haré ese esfuerzo.

- Ni de coña, no voy a dejarlo en tus brazos de bestia.

- Ohhhh, que bonito, que paternal – su mirada me indicó que ahí le había dado un golpe bajo – vale, perdona. Hacemos una cosa, esta noche quedamos y tomamos algo. Me explicas eso de que quieres ser el padre, y mucho más, no te libras. Pero ahora déjame tener una excusa para volver a ver a Bella, dame al niño - no le dejé replicar, cogí en brazos al bebé y salí rápidamente de la habitación.

Llevado en parte por las ganas de conocer un poco a Bella, y en parte por picar a Edward, me acerqué hasta el jardín con el niño en brazos. Nunca había cogido a un bebé, prefería no pensar que tenía uno ahora mismo entre mis brazos.

- ¡Elliot! Ya se despertó, gracias por traérmelo Jacob. ¿Dónde está Emmett?

Bella se adelantó y me la encontré en las escaleras.

- Pues ni idea, Elliot estaba arriba con Edward – pude ver en su cara un poco de confusión.

- ¿Con Edward?

- Si, debe ser que lloraba y él lo escucho.

- Dámelo ya, si quieres. Te veo un poco……incómodo. ¿Me equivoco? – me preguntó con una sonrisa en sus labios…..esos labios tan…..¡basta Jacob! Amiga, Bella solo será tu amiga. Mi misión ahora es comprobar que sienten estos dos, Bella y Edward. Edward es un capullo, eso ya lo sé, pero ahora me falta comprobar que piensa Bella. Si encima puedo ganar una amiga, perfecto. Ya sé, son suposiciones de telenovela y dije que iba a dejar el tema, pero había cosas que no podía pasar por alto.

- No, no te equivocas para nada, es la primera vez que tengo uno a menos de un metro de distancia, o lo coges tú, o nos sentamos. Por el bien del niño lo digo.

Bella sonrió y nos dirigimos hacia los sofás del salón. Tenía que romper el hielo, y no sabía cómo. Estaba como un niño tímido con una amiga nueva.

- ¿Cómo lo hago? – pregunté refiriéndome a la manera de acunar al bebé.

- Perfectamente, como si hubieras nacido para esto – otra vez sonriendo, esta chica era de lo más tentadora.

- ¿Para ser padre? ¡No! No estoy preparado para eso y no creo que lo esté en mucho tiempo. Eso se lo dejo a Edward, que parece tener un instinto paternal impresionante.

- Si, ya he visto como trata a Emma – me contestó ruborizándose.

- No me refería a ella, pero bueno, supongo que el tema de Edward te incomodará, me callo – me lo agradeció con una sonrisa sincera.

- Supongo que sabrás la historia – me dijo avergonzada, y no tenía motivos para eso.

- Sé la historia pero no tienes porque poner esa carita. Son cosas que pasan, yo no te juzgo ni mucho menos. Además, Emmett será un padre genial. Edward se ha equivocado de principio a fin, pero tampoco soy quien para juzgarlo a él. Yo tengo mucho por lo que callar. ¿Sabes? Un buen día nos dimos cuenta que somos los dos un par de capullos – su cara colorada por la vergüenza fue sustituida por una divertida, y su risa llenó la habitación.

- Pues no te conozco, pero Edward…..

- Lo de no conocerme se puede solucionar, lo de Edward no, es un imbécil. Pero es un gran chico, es solo que las circunstancias lo han sobrepasado. Algún día dale una oportunidad para explicarse, sé que querrá hacerlo.

- No sé porque va a querer hacerlo, no tenemos absolutamente nada de que hablar – estaba poniéndose incómoda y decidí cambiar de tema. Con esa frase me había demostrado que Edward lo iba a tener difícil si quería enmendar sus errores con ella.

- Bueno, he dicho que me iba a callar con el tema. Además ahora está todo bien, ¿no? – no sé porque sentía que nada estaba bien.

- Supongo que sí – suspiró

- Bella, no nos conocemos de nada. Pero supongo que habrás pasado una época horrible. Yo también he pasado una mala época, por motivos muy diferentes evidentemente, pero he salido del pozo en el que solito me había metido. Me estoy encontrando a mi mismo otra vez, siento que tengo todo un futuro por delante. Todo pasa por algo, deja que pase el tiempo y verás las cosas de otra manera.

- Eso intentaré, no desesperarme. Ojalá tengas razón y yo también encuentre una salida. Gracias Jacob

- Nada de gracias – iba a seguir hablando pero el llanto te Elliot me interrumpió

- Creo que tiene hambre, y yo estoy muerta. He buscado a Emmett por todas partes pero no lo encuentro, nadie lo encuentra, asique me voy a ir.

- Te acompañaría, pero Esme me mata si no paso un rato con ella – y no sabía hasta que punto era cierto eso.

- No te preocupes, puedo irme sola. Voy a despedirme de los demás al jardín. Ojalá nos veamos pronto Jacob.

- Ojalá. Ahora te tengo fichada. Tengo fichado a Emmett, asique te tengo fichada a ti, no te me escapas.

- No he dicho que quiera escaparme.

- Ni yo que te fuera a dejar hacerlo, de verdad que espero verte pronto Bella – le pasé al niño y nos dimos un beso en la mejilla.

Se alejó con el niño y yo me quede pensando en que era una chica encantadora. Daba igual que estuviese prohibida para mí por ahora, no era ese sentido el que más me gustaba. Con lo poquísimo que la conocía me daba cuenta que era una mujer que merecía la pena tener como amiga.

- ¡Jacob! Te estoy hablando.

- Perdona Jasper, me quedé pensando, dime.

- Te preguntaba si habías visto a Rosalie, hace un buen rato que se fue al baño y no ha vuelto.

- No, no la he visto.

- Voy a seguir buscándola.

No pasaron ni dos minutos cuando una nueva voz interrumpió mis pensamientos. Esta vez era Edward.

- ¿Ya has tenido el gran privilegio de ver a Bella otra vez? – dijo irónicamente

- Si, lo he tenido. Es más, también he tenido el honor de compartir un rato con ella – este se iba enterar de lo que es no contarle las cosas a Jacob Black.

- Me alegro por ti

- Sé que lo haces, ¿algún problema?, veo que tienes el ceño muy fruncido, así vas a llegar a viejo como una pasa.

- Vete a la mierda Jacob

- Encantado. Oye, ¿estabas con Rosalie?

- No, estaba solo. Si la ves dile que me he ido a dar una vuelta, necesito un poco de aire, hay mucha gente en esta casa hoy – este estaba picado. Lo había conseguido.

- Vale, no te preocupes, se lo digo – ya se estaba alejando - ¡oye!, no te olvides que esta noche tenemos una cita.

- Pensaba que se había cancelado, a lo mejor me cambiaste por Bella – dijo dándose la vuelta y mirándome.

- No, esa cita tengo que prepararla con tiempo.

Y se fue, visiblemente molesto e irritable. No sabía con exactitud el motivo, pero tenía una ligera sospecha….y lo iba a averiguar.

Se lo debía, le debía Edward la felicidad que le había robado en el pasado. Ese pasado que estaba superado. Del presente me iba a encargar yo, de eso estaba seguro. ¿Y el futuro? Eso no lo sabía, pero tenía el presentimiento que las cosas iban a empezar a cambiar. Sin locuras, sin más malentendidos. Esa vez, esperaba que todo empezara a tomar el rumbo que debería haber tomado hacía mucho tiempo.


¿Que tal?, yo creo que ya era hora de que Jacob volviera de las sombras, me da que va a dar mucho juego :-}

Pues nada, el lunes mas con…Ayyys….Besos!!!


08/10/2010 Nuri

11/10/2010 Ayyys

13/10/2010 Karla

15/10/2010 May

18/10/2010 Almu

20/10/2010 Al

22/10/2010 Airam

25/10/2010 Milu

Resultado encuesta - ¿Qué trama de Disturbia te intriga más?





Hola chic@s,


vengo rapidin a dejaros aquí el resultado de esta encuesta que hicimos ya hace un tiempo. Está claro que la pareja que más os intriga es la de Edward y Bella y con diferencia! 



Si es que en el fondo sois unas romanticonas! jajaja Bueno, de momento la relación va mal.. bueno, pa que negarlo, va fatal! Pero eso sí, la esperanza es lo último que se pierde no?? Pues ale, a esperanzarnos todas, porque pinta de momento requetemal! :D




Un abrazo!

Disturbia - Capítulo XXXII (Milu)



Hola chic@s,


pues aquí estamos de nuevo con Disturbia... ya lo echabais de menos ¿verdad? Pues.... no quiero adelantar nada, pero hoy os vais a quedar con más ganas aun! :D Y sino ya lo veréis, no me enrollo más y os dejo el capítulo!



Capítulo XXXII - Quisiera ser papá


Edward POV

Cuando me dieron los resultados no sabía que sentir por un lado ¿aliviado?, si porque podía estar tranquilo junto a mi pequeña princesa y a Rose la que me estaba apoyando al 100%, sin embargo y a decir verdad lo que realmente sentía era decepción, si decepción ¿porqué?, pues fácil en cuanto vi a Bella entrar con Elliot no dude ni un segundo en que era mío; por ello le grité que la haría sufrir lo mismo que sufrimos por meses, con Emmett.
La verdad del asunto es que apenas salí y dije “EMMETT ES EL PADRE”, me sentí furioso, y es que yo quería ser el padre de ese pequeño, pero ahora era borrón y cuenta nueva tenía que mirar para el frente, mirar para el futuro.
Había pasado 3 días desde que supimos los resultados, y en casa de mis padres no había otro tema de conversación que no fuera Elliot, mamá andaba feliz de ya disfrutar a nieto, mi padre era otro tema aun recuerdo cuando se enteró que habíamos dejado un Cullen por el mundo. 
FLASBACK
-    ¿Qué cosa?- Carslie Cullen el hombre comprensivo, bueno, estaba rojo de ira- ¿Qué cosa?
-    Ya lo dijimos papá- ahí estaba la bocasa de Emmett, metiéndonos en más problemas- que creo que tenemos un hijo
-    Para Emmett-grité mi padre estaba rojo del coraje- lo que sucede papá es que cualquiera de los 2 puede ser padre dentro de nueve meses
-    ¿Cómo es que no saben de quien es el hijo que espera esa muchacha?
-    Vamos papá es que los 2 nos acostamos con ella- habló mi hermano como si fuera totalmente normal- y la posibilidad es 50-50
-    Son unos irresponsables-gritó por fin mi papá después de minutos, tal vez horas de estar en silencio- tengo un nieto por el mundo porque por lo menos sé que es mi nieto, traigan a la chica, quiero conocerla
-    Esa es la actitud- Emmett estaba abrazando a papá- felicidades abuelo- yo me quedé helado, en mi sitio, sin saber que decir
-    ¿Tú no me felicitas Edward?- ok algo en el espacio temporal, estaba mal- ¿Edward?
-    Papá no sabemos de quien es- el asintió- ¿no te importa?
-    Claro que me importa, a ustedes más que a nadie- nos miró serios- pero por ahora lo mejor y más responsable es que ambos se hagan responsables de ese niño, ya cuando nazca se harán los exámenes, es lo mejor para la vida del niño- yo asentí
-    Tienes razón papá- sonreí- mejor vamos donde Bella Emmett, no la traté de la mejor manera.
-    ¿Tú crees hermanito?- me acerqué a él y le di un golpe en la cabeza- vamos a verla, cuando la deje estaba algo triste
Fin de Flashback
Aún recordaba que ese día, cuando regresamos para ver a Bella ella se había ido, había escapado, como una cobarde.
Ya era domingo, mi madre había organizado un almuerzo con toda la familia- incluyendo a Alice y Jasper- para convivir con Eliot, sería mentir si dijera que no me gustaba la idea de ver al pequeño, otro tema era la madre, si era rencoroso, y la cobardía de Bella nunca la entendería.
Cerca del mediodía, llegamos Rose y mi pequeña princesa a casa de mis padre, a ella le encantaba.
-    Abuelita Esme, Abuelito Carslie- gritó Emma, que desde hacía un tiempo los llamaba así, y la verdad a mis padres no les molestaba en absoluto
-    Hola mi niña-mi madre la miraba con tanta ternura- como estas
-    Bien abuelita- sonrió la pequeña- ¿el abuelito Carslie?
-    Está en el jardín- en cuanto miré hacia el jardín, vi como mi padre cargaba a Elliot- con tu primito
-    Oh yo también lo quiero cargar- sonrió- quiero jugar con él- corrió hasta el jardín.  
-    Emma compórtate- gritó Rosalie- esta niña no cambia
-    Déjala Rose- dije, mientras miraba como Emma trataba de cargar al bebé- ella es un torbellino de energía y no puede con su genio.
-    Es cierto Rose- concordó mi madre conmigo- aparte se está divirtiendo.
-    Ustedes la engríen mucho-  sentenció Rose- mejor voy a saludar- yo solo reí por su comportamiento, mientras la veía ir hacia el jardín y en ese momento vi a Bella, nos miramos a los ojos solo respiré hondo.
-    ¿Todo bien hijo?- mi madre que bien me conocía- ¿no piensas olvidarlo?
-    ¿Cómo sería eso posible mamá?- ella me miró con ternura- nos hizo sufrir demasiado
-    Si pero el pequeño ya está con nosotros, y podremos recuperar el tiempo perdido- si fuera tan fácil pensé- se que pronto lo harás- yo solo asentí.
Luego de ir al jardín y saludar a todos, sin excepción- porque si traté de ser amable con Bella- sirvieron el almuerzo, que paso entre anécdotas que contaba mamá de nosotros cuando éramos pequeños y las ocurrencias de Emma y Emmett.
Cerca de las 5 p.m Elliot se quedó dormido, por lo que Emmett lo subió a uno de los cuartos, sentí una punzada de celos, pero solo suspiré y lo olvidé. Después de unos 20 minutos sentí como Emma quedaba dormida.
-    Princesa- la moví- princesa, vamos a la habitación- ella no despertaba
-    Olvídalo ha corrido tanto que ha quedado rendida- dijo Rose- serámejor que nos vayamos.
-    No Rose- Jasper lloriqueó como niña- quédate un poco más ¿hace cuanto no te veo?
-    Jasper me viste hace 2 días- el hizo un puchero- solo unos minutos- el levantó sus dedos pulgares- todos reímos.
-    La subiré- Rose se estaba parando- la dejaré en tu habitación- la cogí de la mano
-    Déjalo yo lo haré- ella frunció el ceño- quiero hacerlo Rose- ella movió la cabeza, pero yo la ignoré.
Cogí en mis brazos a Emma, y con mucha delicadeza la subí a mi habitación, siempre que veníamos a casa ella dormía en la que fue mi habitación. Después de dejarla sentí el llanto del pequeño Elliot, el cual se encontraba en la habitación de mis padres, entré y vi al bebé llorando no pude evitar tratar de calmarlo.
-    Tranquilo bebe- lo mecía- ¿extrañas a tu mamá?- seguía llorando
-    Shh, tranquilo- él se calmó- así es ¿ves?  No pasa nada estás en familia con tu tío- suspiré- aunque ¿sabes?, me hubiera gustado mucho más ser tu padre
-    Así que te gustaría ser su padre- una voz que tanto conocía habló- creo que a mí también

   

 Ay ay ay..... intriga total eh? ¿Valió la pena o no? :D

Pues nada, antes de irme os dejo unas palabritas de Milu: 

Chicas, mis sinceras disculpas por haberlas dejado sin capitulo el día Lunes,
pero como bien publicaron ayer, tuve un pequeño percarnce personal
y me fue imposible escribir.
Gracias por su comprensión y espero que el capitulo sea de su agrado.


Y os dejo la nueva lista de fechas de publicación (Aviso, estamos pendientes de colocar aún a Almu, Karla, May, Alba, Airam y Milu; porque dos de ellas tienen problemas de calendario, así que provisionalmente queda así y el viernes ya os acabamos de confirmar la lista!! Perdonad las molestias!):



08/10/2010 Nuri
11/10/2010 Ayyys
13/10/2010 ¿?
15/10/2010 ¿?
18/10/2010 ¿?
20/10/2010 ¿?
22/10/2010 ¿?
25/10/2010 ¿?