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My angel - Capítulo XX


CAPÍTULO XX – Alemania

Kristen


Desde que había descubierto, o más bien admitido, que todas mis paranoias no eran más que celos, mi comportamiento con Michael había vuelto a ser distante.

Tras volver de Nueva York mis ganas de él fueron cesando. Excusa a excusa me las ingeniaba para no mantener relaciones, e incluso para no tener que besarlo o acariciarlo, hecho que sin duda acentuó la mala publicidad vertida en las revistas, trayendo consigo también de nuevo sus dudas, esas dudas que hacia apenas tres semanas, me juro que jamás volvería a sentir.

Además de toda esta situación con Michael tenia que soportar a Nikki, que no hacía otra cosa que contarme con pelos y señales las citas que tenían ella y Robert, algo que en parte agradecía ya que así estaba enterada y podía respirar tranquila sabiendo que entre ellos aún no había pasado nada, pero por otra parte, no hacía más que aumentar mi rabia.

Que si Robert esto, que si me coge de la mano, que si me lleva a cenar, que si el otro día salimos con su amiga… una tal Camila. En fin, un sin fin de cosas teniendo en cuenta que solo habían pasado diez días desde la última vez que lo había visto, diez días en los que el único contacto que tuve con él fue telefónico.

Ya estábamos a tres de diciembre, eso significaba dos cosas. La primera, hoy mismo empezaba la promoción europea de la película, con el estreno de ella en Londres, después vendría Alemania y Paris y fin de Crepúsculo, al menos por un tiempo, ya que en vista de la situación, era prácticamente seguro el rodaje de Luna Nueva. La segunda cosa es que ya no lo vería, por lo menos no como hasta ahora y, aunque en un momento de mi vida deseara llegar a este punto con muchas fuerzas, ahora me negaba a que acabara.

Pero esa era la historia de mi vida, negarme a todo, negarme a hacer la película, como me paso al principio, negarme a creer que entre Robert y yo había algo más que amistad, negarme a que él tuviera sentimientos hacía mi, negarme a comprender que mi relación con Michael estaba acabada y lo mejor, negarme a aceptar mis sentimientos por ese británico, ese británico que cada día ocupaba más horas en mi cabeza.

Y como no, mi estancia en Londres no hizo más que confirmar que mis sentimientos por Robert no eran pasajeros, ni flechazos de esos que suelen dar y duran dos días, no. Él era algo más, algo a lo que tenia miedo, era un sentimiento que jamás había conocido, de esos que te hacen sonreír nada más verlo, de esos que te cambian hasta el humor cuando te miran, de esos que te da por temblar cuando lo tienes cerca…

Igual que con Michael… igual. Ese amor de mi vida, ese amor de juventud, ese que en vez de hacerme sonreír solo me hacia llorar, llorar como me paso horas antes del estreno.

Nuevamente, ese Michael en el que se había transformado en los últimos meses, pero que se hallaba oculto tras una cortina de humo, volvió a aparecer con sus amenazas, con sus insultos, con sus conclusiones sacadas de contexto, así que entre lágrimas decidí que esa noche lo mejor era mantenerme lo más alejada posible de Robert, pero no pude… simplemente no pude.

Una vez se estreno la película, Michael se excuso con que estaba muy cansado, aunque en realidad lo que estábamos era ignorándonos el uno al otro, y volvió al hotel. Y la verdad es que yo tampoco estaba para muchas fiestas pero era lo que tocaba, era la protagonista así que, no podía irme. Además, no quería estar a solas con Michael, y menos después del numerito que me monto antes de salir de la habitación.

Lo que nunca imagine, es que ni me quedaría en la fiesta ni iría al hotel.

Sin pedirle nada, Robert hizo lo que yo más deseaba esa noche, olvidarme de quién era, y lo consiguió solo alejándome de todo en lo que se había convertido mi mundo en los últimos meses, y trasladándome a lo que era el suyo antes de toda esta locura.

Primero me llevo a un restaurante que solía frecuentar con su familia, y gracias a su sutil encanto, consiguió que nos dieran de comer algo decente. Para cuando salimos de allí, la sonrisa ya se dibujaba en mi cara, no solo por el vino de la cena, sino también por los recuerdos de su infancia mencionados en ella.

Después me llevo a uno de los típicos bares que solía frecuentar, y allí nuevamente me hizo sentir natural, me presento a sus amigos, bebimos, reímos, escuchemos la buena música que sonaba en directo… Estuve cómoda, relajada, no se… feliz, feliz de estar disfrutando como no lo hacia en meses.

Y para rematar la noche me llevo a su casa, a su habitación, a su templo como él la llamaba, y allí me sentí especial. Quizás fuera tonto lo que digo pero… me hizo sentir única, como si yo fuera la única que había cruzado esa línea, la única a la que quería enseñarle todo aquello.

Pero lo bonito se acaba y en todos los cuentos hay un ogro, y ese me estaba esperando en la habitación del hotel.

-¿Dónde coño has estado toda la noche? –grito nada más entré por la puerta.

Esa noche la había pasado en casa de Robert. No se si fue el alcohol, mis deseos de estar con él o las pocas ganas que tenía de ver a Michael, lo que me llevo a quedarme durmiendo allí, y aunque este me despertó muy temprano, algo que le agradezco eternamente ya que no quería toparme con la mirada interrogativa de sus padres, no fue lo suficiente para esquivar la de mi novio.

Y si bien es cierto que Michael merecía una explicación, yo pase de dársela. Igual que entre por la puerta salí, no estaba dispuesta a seguir aguantando ni una más de sus muchas humillaciones, así que me fui a la habitación de Cath y entre sollozos, le conté lo que me estaba pasando con él, todos sus miedos y sus paranoias, todo… Todo menos lo de Robert, eso era algo que prefería guárdamelo en mi carpeta de “los miedos de Kristen”.

Y con todo este bonito panorama llegamos a la Gran Alemania, concretamente a Munich. Allí estuvimos dos días totalmente absortos en toda la dichosa promoción, por lo que pasaba de la habitación del hotel al coche, del coche al sitio donde nos tocara ir y de allí vuelta al hotel con mi estupendo novio, el cuál no paraba de reprocharme mi actitud de la última noche en Londres, y eso que no conocía realmente lo que había estado haciendo gracias a Cath, que me salvo el tipo contándole que pasamos toda la noche en la fiesta que nos habían preparado.

Y con Robert pues… apenas había hablado. Después de la noche en Londres fue imposible estar a solas, cada vez que no veíamos estábamos rodeados de un sequito de gente, pero eso no impedía que siguiera deslumbrándome, aprovechando la mínima ocasión para sacarme una sonrisa, para hacerme olvidar todo lo malo. Pero todo aquello no hacía más que alimentar mi miedo, ese miedo a lo que sentía, a lo desconocido, a decirle que lo que sentí con ese último beso en su habitación, era distinto a todo lo que había sentido antes.

Ese beso no solo tenía pasión, ese beso tenía… tenía amor.

-Bueno, allá vamos –me dije a mi misma, bajando del coche mientras limpiaba mis lágrimas, para entrar al auditorio donde se estrenaba la película.

Esa noche Michael directamente no me acompaño. ¿El por qué?, muy simple, una fuerte pelea hizo que me largara de la habitación dejándolo con las palabras en la boca.

Aún con restos de lágrimas en los ojos llegue hasta donde estaban Cath y Robert, y nada más verlo me aferre a él sin importarme quien o quienes estuvieran mirando. Entonces llegó el turno de subir al escenario seguido del temblor de mis piernas, pero ahí estaba él para tranquilizarme, para hacerlo todo más llevadero y yo… simplemente me deje llevar.

No se bien el tiempo que estuvimos en el decorado, solo recuerdo hablar con él, sonreír a las cámaras, volver a hablar con él, contestar a las preguntas, volver a hablar con él, sonreír, nuevamente hablar con él, y finalmente mis nervios…

-¡Dios! Estoy desesperada por salir de aquí –dije mirándole.

-¿Tú?, mírame a mi y consuélate –sonrió. Si yo lo estaba pasando mal, él sin duda alguna debía de estar peor.

-Si, eso es verdad –musite bajo los estridentes gritos de las fans.

-Bueno, ¡despidamos como se merecen a los protagonistas de Crepúsculo, que han hecho un hueco en su apretada agenda para estar aquí esta noche! –gritó el coordinador, mientras unos mujeres nos entregaban unos regalos en agradecimiento, algo que a mi me hizo ver la luz.

-Wow ¡Yo me bajo de aquí ya! –dije encaminándome hacia la salida.

-Espera Kristen, aún no hemos acabado –me dijo Robert cortándome el paso.

-¿Como que no?, ya nos han despedido. A ver, déjame pasar –conteste, intentándolo apartar.

-Kris espera, no hemos acabado –decía mientras se ponía delante de mi y apuntaba con el dedo no se ni donde, yo lo único que quería era dejar atrás toda esa locura.

-Que te muevas te digo. ¡Déjame pasar! –exigí un poco mas seria, intentando nuevamente pasar.

-Kristen de verdad, mira, date la vuelta, no hemos acabado.

-Como que…

-Disculpa Kristen podrías colocarte para unas últimas fotos –sentí como me decía el fotógrafo, mientras me iba dando la vuelta en señal de su roce.

-¿Que? ¡Más fotos todavía! ¿Lo dices en serio? –inquirí, abriendo los ojos como platos, bajo la escandalosa risa de Robert y mi gran desesperación por bajar del escenario.

-Si, pero no te preocupes, solo un par más por favor –¿solo un par más? ¡Dios!

-Vale, lo haremos porque no hay más remedio. ¡Y tú! -exprese mirando a Robert que todavía se estaba partiendo de risa gracias a mis estupidos nervios-. ¡Ya basta, no te rías más de mi!… Dios, que vergüenza –susurre, tapando mi cara con el regalo. Todos me estaban mirando a mí.

-¿Ves?, ya esta. Vamos anda –dijo Robert, ahora si dejándome pasar.

-¿Vamos?, ¿vamos?… ¿y dices vamos? ¡Que vergüenza más grande!, todo me tiene que pasar a mi –rechinaba mientras caminaba hacia las escaleras.

-No ha sido para tanto peque.

-Robert no soporto esto, me pongo muy nerviosa de verdad –dije dándome la vuelta y esperándolo para entrar con él al backstage, mientras que él no hacia otra cosa que reírse–. Me halaga mucho ser tu diversión de esta noche.
-La mía y la de mucha gente –rió a carcajadas.

-Que graciosos…

-¡Chicos, estupendo! Todo ha sido estupendo y la película –vociferó Cath-. ¡Dios!, ¿habéis visto como aplaudían? ¡Les encanta! -pobre Cath, si la pobre era nerviosa de por si, esto aún la alteraba más.

-Cath vamos, hay mucha gente de la productora que te espera. Chicos, como siempre estupendos.

-¿Eh? ¡Dios mió! –gritó, antes de abrazar al miembro de la productora que nos acababa de interrumpir, o se salvar según, se mire-. Si, ¡voy! –respondió efusiva-. Chicos… ¡estupendos!, ¡maravillosos!, ¡alucinantes!… ¡Os quiero! –vociferaba, mientras se perdía entre la multitud.

-Pobre Cath –susurre mientras la veía desaparecer toda nerviosa entre la gente.

-¿Pobre Cath? –inquirió Robert-. Pobre de nosotros que tenemos que aguantarla.

-Si –reí-. Eso es verdad… pero es normal, ni ella misma se esperaba todo esto.

-Bueno que… ¿nos volvemos a fugar? –pregunto tras unos segundos de silencio, haciendo que dudara unos instantes.

-Mmmm… tu eres mi perdición ¿lo sabias? –inquirí, mirándolo con el ceño fruncido.

-Si, pero me gusta oírlo –sonrió, jactado de si mismo.

-¿Y como vamos a salir de aquí sin ser vistos?

-Eso es fácil, lo que espero es que no haya gente fuera.

-Miedo me das –susurre, antes de seguir sus pasos.

Como bien predijo Robert, salir del auditorio fue bastante fácil, era tanta la gente que había dentro de el, que ni cuenta se dieron de nuestra huída, el problema vino cuando salimos fuera. En la puerta trasera, habían varios coches de la productora tapando la salida y justo detrás de ellos, gente esperando por si podían ver algo, así que no quedo más remedio que utilizar uno de los coches para nuestra pequeña fuga.

Nada más montar en el, Robert le pidió que nos llevara al hotel, pero que no nos dejase en la misma puerta, sino que lo hiciera tres calles antes, para así poder evitar el revuelo que pudiera montarse al vernos. Mientras lo decía me partía de risa por dentro, solo de pensar lo que estábamos haciendo, me hacía sentir como una niña pequeña que se escapa de ir a la escuela, o que inventa excusas para no ir a misa los domingos.
Y lo mejor era, que esa sensación estaba bien, dejar de hacer lo que esperan de ti para hacer lo que quieres, era lo que mas apetecía en ese momento.

Una vez que el coche nos dejo donde Robert le indico, echemos a correr entre risas calle abajo hacia la avenida principal como si fuéramos dos presos que se fugan de la cárcel, y nunca mejor dicho la verdad. No fue muy difícil coger un taxi, y gracias a dios nuestra popularidad no era excesiva por aquí, ya que el taxista ni nos reconoció, solo nos veía como dos jóvenes que no paraban de reírse y que intentaban chapurrear un idioma desconocido para él.

Tras varios intentos, y entre risas, Robert consiguió decirle que nos llevara a un sitio de comida rápida a las afueras de la ciudad,  algo que entendí cuando vi el logotipo de McDonald’s.

-Ni aquí te olvidas de este tipo de comida ¿verdad? –dije, aún riéndome.

-Siento no poder llevarte al restaurante más caro de la ciudad, pero no creo que sea lo correcto dadas las circunstancias por las que estamos aquí –dijo en respuesta.

Tras muchos intentos, Robert consiguió explicarle al taxista que fuera al autoservicio, ya que desde allí pediríamos la comida. Una vez pedimos la cena, volvió la lucha de intentar comunicarnos con el conductor, yo no entendía ni media de lo que hablaba Robert, y estaba segura que el taxista menos pero aún así, Robert consiguió que nos dejara en el centro de la ciudad.

-¿Y ahora que? – le pregunte una vez bajamos del taxi.

-Ahora pues… a andar.

-No se donde estoy –dije intentando hacerme la asustada, pero mi risa me delato.

-Ni yo tampoco, pero eso lo hace todo más excitante.

-Estas loco –susurre- ¿Como me he dejado embaucar por ti? Vamos a perdernos y mañana saldremos en todas las revistas como los desaparecidos en Munich, y encima con el hambre que tengo.

-Que exagerada eres. Mira, vamos a sentarnos allí mientras comemos y luego ya pensaremos como volver –dijo, señalando uno de los bancos del parque que estaba cruzando la calle.

Entre risas y comentarios fuimos comiéndonos la cena, cena la cual no perdió la oportunidad de mancharme mi vestido blanco…

-¡Vaya… mierda! –grite, observando aquella gran mancha de kétchup–. ¡Deja de reírte ya Pattinson, y pásame una servilleta! –grite furiosa, mientras él se partía de la risa.

-Estás tan guapa cuando te enfadas –habló entre carcajadas-. A ver, déjame que te ayude –pidió, llevando sus manos hasta la falda de mi vestido.  

-Si, guapa no, guapísima –ironicé-. Genial, estamos perdidos y tengo una enorme mancha roja en todo mi vestido blanco –mi boca se torció en una mueca.

-Si te estas quieta, a lo mejor consigo limpiarla –dijo Robert, mientras con sus manos apoyadas sobre mis piernas, intentaba limpiar mi vestido.

-¡Si lo que estas haciendo es hacerla más grande! –grite-. Quita, estate quieto, ya lo hago yo.

-¿Ah que no quieres mi ayuda? Vale –respondió, en un intento por hacerse el ofendido–. También tienes una mancha en la cara –añadió, cuando sus ojos me miraron.

-¿Donde? –pregunte mirándolo, a la par que llevaba mis manos hacía mi cara.

-Aquí, en la comisura del labio –susurró, acariciando aquella zona con su pañuelo. No pude apartar mi mirada de la suya mientras lo hacía-. Ya, limpio –dijo, pero sus dedos ahora se centraron en acariciar mi mejilla.

-Gra… gracias –tartamudee, embobada por aquellos ojos.

-De nada peque, por ti lo que sea… -sonrió levemente-. ¿Has terminado de cenar? –asentí en respuesta–. Bien. Vamos, quiero enseñarte una cosa –pidió, poniéndose en pie y alzándome su mano para que la tomara.

-¿Y a donde vamos? –pregunte cogiéndole la mano.

-Ahora lo verás.

Y así, cogidos de la mano, comenzamos a pasear por las calles de Munich, dirección hacía la plaza Max-Joseph, o algo por el estilo creo que dijo Robert, para pararnos frente al Teatro Nacional.

Era un lugar precioso. Aunque su estructura pudiera parecer fría por fuera, gracias a las luces que emanaban de dentro se podía apreciar que era todo lo contrario. Robert me contó que era uno de sus deseos, ver aquello aprovechando que estábamos en la ciudad, ya que desde niño sentía fascinación por su estructura y las grandes obras que se hacían en el.

Nuevamente este hombre consiguió que me sintiera especial, embelesada con sus palabras, lo miraba mientras sentía como una tonta sonrisa se dibujaba en mi cara. Era fascinante oírlo hablar, sabía tanto y conocía tantos sitios que yo me sentía pequeña a su lado, pero solo en conocimientos, ya que él hacía que me sintiera importante, como te hace sentir una persona cuando confía en ti contándote uno de sus mayores secretos… no se pero… nuevamente volví a sentirme única.  

Tras varias horas hablando de todo y de nada mientras dábamos vueltas por la plaza del teatro, decidimos que ya era hora de regresar al hotel, de esa forma nos evitábamos mayores problemas con la productora y yo con Michael.

-¿Has estado alguna vez en Alemania? –pregunte mientras volvíamos cogidos de la mano al hotel, como si fuera la cosa más natural del mundo.

-En Berlín, un par de veces.

-¿Y como sabes que este es el camino de regreso al hotel?

-No lo se, simplemente estoy esperando a que pase un taxi.

-¿Qué? ¡Tú estás loco! –grite, soltándome de su mano.

-Qué no tonta –rió-. Tenía pensando venir a ver el teatro así que, mire el mapa que esta en la habitación del hotel y vi que no quedaba muy lejos de él.

-¿Y lo memorizaste?

-Era fácil, y a unas malas siempre están los taxis. Solo espero que el próximo conductor hable inglés –y tras un guiño de sus ojos, volvió a coger mi mano-. ¿Por qué tu novio no ha venido esta noche? –preguntó, rompiendo el silencio que se había formado.

-¿A que viene esa pregunta? – porque tenía que sacarlo en la conversación, ya bastante jodida estaba, para encima tener que hablar de él y encima Robert.

-Curiosidad –dijo sin más-. Además, la última noche en mi casa fuiste tu la de las preguntas, ahora me toca a mi –eso si era verdad. Además, éramos amigos ¿no? No tenía porque pasar nada malo por comentarle un poco el tema. Aunque este siempre fuera el mismo problema de siempre.

-Es lo justo. Bueno, digamos que últimamente esta en un plan… demasiado exigente -conteste con la esperanza de que le sirviera esa respuesta. Pero era Robert, él siempre quiere llegar al fondo del asunto.

-¿Qué quieres decir con eso? –vualá.

-Pues… que literalmente me ha prohibido toda relación contigo, y cuando le he dicho que eso era imposible, nos hemos peleado. Y harta ya de toda la misma mierda de siempre me he largado de allí sin esperarle.

-¿Quieres decir que no es la primera pelea?

-Vamos Robert… ya lo sabes, no se porque lo preguntas.

-Ya pero, tu me dijiste que estabas bien con él, que le dabas otra oportunidad –eso era lo que pensaba en ese momento, pero resulta que me equivoque.

-Si, pero mira… ha vuelto a las andadas –dije mirando seria al suelo, mientras seguíamos caminando.

-¿Y si estas harta porque sigues con él? –buena pregunta, difícil respuesta.

-Se supone que porque lo quiero –y las relaciones son así ¿no? Se supone que hay que tener paciencia y esperar ¿no?

-¿Se supone? –inquirió.

-No… Si lo quiero, solo que ahora no estamos en nuestro mejor momento. Da igual, no quiero hablar del tema –susurre ante su mirada escéptica.

-Vale Kristen, vuelve a guardar silencio, sigue guardándotelo por dentro.

-No, eso lo guardo en mi carpeta de miedos personales –mierda, ¿por qué he dicho eso en voz alta?

-Ah… ¿y que miedos guardas en ella?

-Mi miedo al público, al fracaso, al rechazo... Mi miedo a que todo se desmorone, a… -a lo que siento por ti.

-Dilo.

-No, ya esta –musité de forma casual, para no seguir delatándome más. Tenía que cambiar de tema ya, sino acabaría sacándomelo y todavía no estaba preparada para admitirlo, por lo menos a él-. Oye, ¿qué tal con Nikki?, he visto que salís mucho últimamente –¡mierda! Dios, ¿por qué tengo tan poca imaginación?, ¿es que no se me podría haber ocurrido otro tema?

-Kristen por favor… –expresó, clavándome aquella mirada.

-No, dime –ahora que lo había preguntado, quería saberlo.

-Ella solo es una amiga, nada más –y entonces, a mi cabeza vino una maravillosa pregunta que sin darme cuenta también dije en voz alta.

-¿Con cuantas de tus amigas te has acostado? –así, sin más preliminares.

-Con ninguna –respondió. Vale, eso también saca de la lista a la tal Camila, pero ¿y si lo hace con desconocidas? ¿Cuantas serian?
-Y… -dudé-. ¿Con cuantas te has acostado desde que terminó el rodaje de la película? –finalmente lo solté, éramos amigos ¿no?, pues eso.

-¿Y eso a que viene? –inquirió, parándose en seco en mitad de la calle.

-Va… -dije haciendo un puchero–. Contéstame a la pregunta.

-A ti no deberían sacarte de California, afecta a tu cabecita.

-Si bueno, pero contéstame.

-¿Que gano a cambio? –inquirió alzando sus cejas.

-Lo que quieras –me daba igual, si con eso conseguía saberlo.  

-¿Segura? –ironizo.

-Siempre y cuando sean preguntas si, contestare la que quieras –tan tonta no era.

-¿Segura entonces? –asentí con la cabeza–. Está bien. A ver… -susurro pensativo-. Tres.

-¿Tres?

-Si. Dos cuando regrese a Londres y otra más una vez volví a los Ángeles.

-¿Cuándo? –¿cuando había sido eso?

-Eso no importa, ahora me toca a mí. ¿A que tienes miedo?

-Eso ya lo he contestado.

-No, no me refiero a eso, me refiero a mí. Sabes lo que siento y por mucho que tú lo intentes negar, también sientes algo por mí. Dime, ¿porque tienes miedo?, ¿por que simplemente no te dejas llevar? –¿por qué?, ¿por qué tenía que preguntar aquello?

-Robert, sabes que tengo novio –conteste caminando,  dejándolo atrás.

-Si, pero eso no contesta a mi pregunta –dijo corriendo hacia mi para cortarme el paso.

-¡Joder! No es fácil ¿sabes? Yo quiero a Michael -no podía contestarle, no estaba preparada, ni yo misma sabía lo que me pasaba. ¡Dios!, como pude caer en mi mismo juego.

-¿Eso significa que no tienes ningún sentimiento hacia mi?, ¿ni el más mínimo? –insistió.
-¿Por qué me haces esto?

-¿Por qué? Porque aquí no eres tu la única que lo esta pasando mal ¿sabes? Todas las malditas noches me acuesto pensando en que él está contigo.

-¿Y crees que es fácil para mi verte con una y otra? Ver como sales con Nikki, que ella me llame para contarme que habéis quedado o para decirme como han idos vuestras citas… –chillé en reproche.

-Entonces en que quedamos, ¿sientes algo por mi o no?

Y finalmente, la presión pudo más que yo…

-¡Si! Si maldita sea, ¡si! –grite-. ¿Era eso lo que querías oír?, pues ahí lo tienes. Y lo gracioso es que no se que es lo que siento, ¡solo se que no te puedo quitar de mi maldita cabeza!

-¡Kristen yo estoy igual que tu!... Yo…

-¡No! -grite interrumpiéndolo–, no te compares conmigo porque no es igual. Tú estas soltero, tú no tienes novia, además, yo solo sería un triunfo más en tu lista de conquistas.

-Sabes que eso no es así Kris, tu a mi me importas…

-No, eso no lo se –volví a interrumpirle-. ¿Quién me garantiza que ahora mismo me revuelco contigo y mañana vayas a seguir estando ahí?, ¡¿quién?! –grite de nuevo.

-¡Yo! –chilló-. Eso te lo garantizo yo porque soy yo él que siente. Soy yo él que no se esconde detrás de nada.

-Yo no me estoy escondiendo Robert. Las cosas no son tan fáciles como tu las estas pintando.

-No son fáciles porque tú no las quieres ver así, porque tú lo complicas todo.

-¿Yo?

-Si, ¡tu! Te escudas en que tienes novio, en que lo quieres, pero luego al que vienes llorando es a mí, al que abrazas es a mí, es a mí a quién siempre tienes –reprochó.

-No puedes reprocharme eso. Se supone que tú eres mi amigo.

-¿Si? ¿Buscas a tus amigos igual que me buscas a mi?, ¿te consuelas con ellos igual que lo haces conmigo? Eso no es reproche Kristen, eso es la verdad, te guste o no.

Él tenía razón, en todas sus palabras, en todo lo que dijo, pero yo no era tan fuerte como él, así que hice lo que mejor se me daba hacer, huir, huir antes de admitirlo todo. Huir antes de darle la razón, sin ni siquiera tenerlo yo claro…

Despavorida, corrí calle abajo y me lance al primer taxi que vi, dejando atrás sus llamadas, sus reclamos… pero sabía que esto no se quedaba ahí, la caja de Pandora ya estaba abierta. Pero al menos por esta noche no habría más palabras… solo lágrimas.

Siguiente - Capítulo XXI

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Chicas tengo que deciros que siento mucho no haber podido actualizar ayer y más todavía no haber avisado, como es costumbre en mi, pero como muchas sabréis estoy de exámenes y ahora tengo mucho menos tiempo para escribir y aunque ayer termine el capítulo, el resultado no me gusto la verdad, y preferí esperar a ver si lo mejoraba y aunque he hecho muchos retoques aún a si no me termina de convencer pero bueno, aquí esta…haber que tal os parece…

Bueno no se como daros las gracias por los comentarios de verdad, que sois geniales todas, y a las que lo leéis también y gracias también a los dos comentarios anónimos (no se como os llamáis por eso lo pongo así), gracias de verdad y Laura (creo que así se llama una de las anónimas, por el correo más que nada), si quieres saber de Robsten solo puedo decirte que entres al Blog de robwardandkrisella, porque es el que mejor nos tiene informadas….

Quiero Felicitar a las chicas del Blog de robwardandkrisella, por los tres meses que hacéis hoy, de verdad que hacéis un trabajo increíble besos a todas y hasta el cuarto mes jejeje……

Saludos a todas las chicas del blog Rodward&Krisella, os quiero un montón…….

Ya sabéis, críticas, comentarios, “guerras”, lo que sea…besos….

My angel - Capítulo XIX


CAPÍTULO XIX – Londres

Robert


De vuelta a casa, me dije a mi mismo mientras observaba las vistas desde la ventana del avión. Hoy, después de tantos meses regresaba a mi hogar, no por mucho tiempo, pero ya era algo.

No es que estuviera mal en los Estados Unidos, al contrario, el país me gustaba bastante, y el clima era mucho mejor que el de mi ciudad natal, pero aún así no conseguía estar cómodo después de tantos meses. Quizás mi falta de comodidad se debiera a mi excesivo ritmo de trabajo con la promoción, o por el hecho de dejar de ser un desconocido y no poder pasear tranquilamente por las calles, o más bien fuera porque me viera constantemente seguido por un sequito de paparazzis en busca de la noticia del día. No se bien por lo que era, pero era así como me sentía.

Respecto a mis sentimientos, la cosa seguía igual. Noviembre acabo de la misma manera que empezó, sin nada de nada, a excepción de un par de acaloramientos que nunca fueron a más. Por lo menos cambie mi táctica, pase de ser “el perrito faldero” de Kristen a aparentar que me importaba todo menos, aunque la realidad era bien distinta, y más cuando la tenía delante.

Desde el estreno de la película, mis salidas nocturnas se hicieron más habituales, no estaba dispuesto a seguir con la actitud de mártir que llora por los rincones mientras ella seguía en su misma postura de siempre. Muchas de esas salidas las hacía con Nikki, y aunque al principio la utilizara para llamar la atención de Kristen, ya que sabía o quería creer que ambas hablaban del tema, al final había descubierto que era una tía genial y súper divertida, y lo que es más, me lo pasaba en grande con ella. Pero aún así, en mi cabeza era otra la que estaba, por lo que era impasivo ante los coqueteos de ella.

Quizás fuera un cabrón por comportarme así, por utilizarla de esta manera, pero fue la única vía que vi al principio, de ahí que la empezara a llamar, y luego ya simplemente lo hacía porque me hacía olvidarla.

Entre mis salidas también se encontraban amigas como Camila, que por lo visto se encontraba en la misma situación que yo, ya que estaba pasando una pequeña crisis con su novio, lo que la hacia no estar en su mejor momento, pero como yo siempre le decía…

–Por lo menos ya lo tienes, yo estoy a kilómetros de conseguirla...

Con ella era con quién realmente me desahogaba, a quién realmente le contaba todo, además de Cam claro, solo que a éste se lo contaba por teléfono, y tampoco era lo mismo. Camila, al revés de Cam, no veía bien lo que estaba haciendo con Nikki. Según ella le estaba dando falsas esperanzas porque se notaba a millas que ella tenia sentimientos hacia mi. Cam, al contrario, me decía que era normal la actitud de Camila al respecto, ella era mujer, y por lo tanto se apoyaban solamente por ese hecho, así que me animaba a continuar con mi táctica, táctica que no sabía muy bien si estaba causando efecto, ya que los últimos días, Kristen y yo apenas nos vimos.

Aún así, de vez en cuando la llamaba, me hacía bien escuchar su voz y además, en ningún momento dijimos que dejáramos de ser amigos, así que aprovechaba esa excusa.

Aún recordaba la noche de la cena en Nueva York. Esa noche ella fue acompañada de su monito de atracción de feria, y a mi simplemente me comían los demonios. ¿Por qué ese tío tenía que ir siempre detrás y delante de ella?, eso era algo que aún no entendía. Vale que fueran novios y él quisiera apoyarla, pero ella siempre había sido muy independiente, y él la opacaba de una manera demasiado exagerada, de ahí que me costara entenderlo.

Esa noche jugamos al juego de a ver quién podía dar más celos. Yo aprovechaba mi situación de ser el centro de atención de las mujeres y ella aprovechaba a ese que tenía a su lado. No se como acabo la noche para ella, aunque me puedo hacer una ligera idea visto lo visto. Para mi acabo con una de las mayores rabias que había sentido hasta el momento, ya que cada vez soportaba menos que él estuviera cerca de ella. Pero me tenía que aguantar, no podía hacer nada, estaba atado de pies y manos a su merced.

Como me imagine, el monito la acompaño también a Londres, se ve que el pobre no tenía trabajo o su novia era mucho más importante porque vamos… otra explicación no tenía. Ya estaba claro, el señor monito nos acompañaría a Londres, Alemania y París, por lo que a mi me dejaba fuera de juego a intentar nada con ella.

La primera noche en Londres la pase rodeado de mis amigos y algunos familiares, claro que encerrados en la habitación del hotel, ya que por normas exclusivas de la productora, no podía salir de allí antes del estreno. Estreno que llego al día siguiente.

Tres de Diciembre, première oficial de Crepúsculo en Londres, estrellas invitadas, Catherine, Kristen y yo, ah si, y el personajillo, solo que por lo visto tenía bastante dignidad y permanecía en la sombra.

Esa noche Kristen si estaba realmente guapísima. Llevaba un vestido negro que dejaba a la vista de todos sus magnificas piernas, y era tan ajustado que marcaba su impecable figura. Así era ella, perfecta, perfecta para mí.

¿El estreno?, pues igual que al de los Ángeles, fotos, entrevistas, gritos de amor, firmas de autógrafos, más fotos, más gritos… solo que aquí hubo una diferencia, Kris no estaba igual, estaba súper distante. Al principio supuse que era por los nervios, la pobre no sabía dejarse llevar ante tanta gente, pero luego comprendí que algo estaba pasando, ya que fueron muchas las veces que intente acercarme a ella y ella no hacia mas que alejarse.

-No Robert... por favor –dijo con aquella mirada suplicante, una de las veces que intente acercarla a mí.

-¿Que pasa?, ¿no que? –pregunte confuso, en mitad de todo aquello.

-Luego te lo explico, pero por favor quédate tal cual, que se vea que hay espacio entre nosotros –habló sin mirarme, e intentando sonreír. Y así lo hice, aunque sin comprender muy bien el porqué.

El resto del Estreno ella siguió distante, como incomoda, además de súper seria. No reía ni mostraba expresión alguna. Mi ángel esa noche estaba triste y yo me sentía mal porque no tenía ni idea de si era por mí, por ella, o porque algo le pasaba.

Sentía la necesidad de animarla, de intentar comprender lo que le pasaba, ya no solo de que me lo contara y yo le aconsejara como otras veces había hecho, hoy quería meterme en su piel, ponerme en su misma situación, pero eso iba ha estar difícil, y más estando él.

Al terminar el estreno, los miembros de la productora nos invitaron a cenar en uno de los mejores restaurantes de Londres. Una vez llegamos allí, divise a Kristen hablando con Catherine, y como Michael no estaba, aproveche para acercarme.

-¡Hey! ¿Como están las dos chicas mas guapas de todo el local? –dijo sonriendo a ambas.

-Robert, que pelota eres por dios –contestó Cath sonriente, mientras  Kristen posaba una sonrisa falsa a la vez que miraba al suelo.

-Hola chicos –saludo de pronto un miembro de la productora-. Catherine, te buscan, es urgente que vayas.

-Está bien, vamos –contestó ésta-. Bueno chicos, increíble como siempre. Os adoro, os amo, luego hablamos –añadió Cath, despidiéndose de nosotros a la vez que nos daba un beso dejándonos así a solas.

-Que efusiva es, es puro nervio –dije rompiendo el silencio que se había formado tras su marcha.

-Si –siseó Kris, sin levantar la vista del suelo y trayendo de vuelta el silencio.

-¿Estas bien peque? –pregunte mirándola, pero fue inútil ella no levanto la vista del suelo.

-Si, solo estoy… un poco incomoda –dijo, haciéndome sentir mal.

-Bueno pues… te dejo aquí a solas –contesté, pensando que a lo mejor lo que quería era un poco de intimidad, aunque estábamos rodeados de personas.

-No Robert, no es por ti. Lo siento si te hice pensar eso –habló mirándome a los ojos, ojos que estaban entristecidos, sin brillo, sin su brillo habitual.

-¿Por qué siempre te estas disculpando?

-No se, supongo que me sale solo –respondió automáticamente, volviendo a poner su vista en el suelo.

-¿Donde esta tu novio?

-Michael se fue al hotel, dice que con el otro estreno ya tuvo suficiente. Está cansado –añadió. Y fue decir eso, y ocurrírseme una idea.

-Vale pues entonces vamos – dije cogiendo su brazo e intentando caminar hacía la salida.

-¿A donde? –pregunto confusa, mientras nos dirigíamos fuera.

-Fuera de aquí –dije abriendo las puertas del restaurante.

-Robert, no podemos hacer esto… No podemos irnos sin más –reiteró, parándose en mitad de la calle.

-Tu estas incomoda ahí dentro, y yo tampoco es que este muy cómodo. ¿Qué hay de malo entonces? –inquirí.

-Si Robert pero… se van a dar cuenta, ni siquiera hemos dicho que nos íbamos.

-Kristen, están celebrando el éxito, eso no nos incluye a nosotros, nuestro papel de hoy ya esta hecho, así que ni se van a dar cuenta.

-Si pero… ¿Y a donde vamos? yo no se ni donde estoy.

-Tu no, pero yo si ¿recuerdas? –dije sonriendo.

-Pero Robert…

-Va venga Kristen, ¿confías en mi?

-Si pero…

-Pues entonces vamos –dije tendiéndole la mano mientras ella echaba un último vistazo al interior de aquella fiesta– ¿Vamos? –insistí de nuevo,  haciéndola reaccionar. Y entonces fue cuando me dio su mano.

Después de estar caminando aproximadamente veinte minutos por las calles de Londres, ya que ningún taxi fue capaz de parar, llegamos a nuestro destino, bueno más bien el mío, un restaurante donde venia con mi familia cuando era pequeño, y al que llevaba sin entrar mas o menos tres años. Nada más pasar, la dueña, que por cierto estaba limpiando ya para cerrar, me reconoció, pero no como el chico famoso que era hoy día, sino como el niño que siempre estaba tramando alguna fechoría, , así es como ella me describió, comentario que por fin hizo sonreír a Kristen.

No me costo mucho convencerla de que nos diera de cenar algo decente, ya que ambos estábamos hambrientos, a cambio de ello le pedí a Susan, que así se llama la dueña, que se sentara con nosotros, y aunque al principio se resistió, al final accedió y maldita en la hora que se lo pedí, ya que se tiro toda la velada haciéndome sonrojar con sus comentarios. Que si Robert esto, que si Robert aquello, que si mi madre me perseguía siempre, que si no podía estar quieto… Y aunque tenía que reconocer que algunos comentarios me avergonzaron demasiado, gracias a ellos volvió la sonrisa de Kristen, junto con su brillo en los ojos.

Una vez acabamos de cenar, y viendo que ya era un poco tarde, decidí cambiar de sitio y así dejar a Susan cerrar para descansar. Nuestra siguiente parada fue un bar que solía frecuentar bastante cuando aún estaba viviendo por aquí, así que como es lógico, nada más entrar encontré a personas que conocía.

Después de los saludos y las presentaciones nos sentemos en una mesa a disfrutar de la música.

-¿Venias mucho por aquí? –pregunto acercándose a mi oído.

-Lo justo.

-Se nota que eras uno de sus mejores clientes –sonrió-. Se han alegrado mucho de verte.

-Eso es porque me tienen cariño, suele pasar cuando me conocen –dije alzándole las cejas.

-Claro –ironizó, antes de romper a reír.

Estaba sentado en esa mesa escuchando a uno de los grupos tocar, cuando me di cuenta de que por fin en mucho tiempo estaba realmente cómodo. Estaba en mi ciudad, en mi ambiente, pasando el rato como realmente me gustaba y encima la tenía a ella, a la mujer que realmente quería meter en mi mundo, mostrarle como yo era, lo que me gustaba, esas simples cosas que me hacían feliz.

Y lo mejor de todo, es que a ella parecían no disgustarle esas pequeñas cosas, al contrario de lo que pensaba, probablemente por su estado de animó, se dejo llevar, disfrutando de cada momento de la noche, sonriendo, desinhibiéndose, también quizás gracias a los efectos del alcohol, pero me bastaba con haber cumplido mi propósito de hacerla olvidar todo lo malo que le estuviera pasando.

Allí estuvimos un rato y no se cuantas copas más. Para cuando salimos de allí, Kristen iba ya un poco tocada, se notaba que el vino de la cena y luego las cervezas del bar le habían afectado, así que pensé que lo mejor era montarnos en un taxi y volver al hotel, pero ella me rogó que no lo hiciera, me pidió que no la llevara de vuelta a la realidad, que la dejara seguir soñando por una noche que no era la persona en la que se había convertido, y así lo hice.

Tras mucho pensar, se me ocurrió un sitio donde llevarla, un sitio íntimo para mí, un sitio donde solo llevaría a una persona por la que sintiera lo que sentía por ella. Mi habitación.

-Robert, por dios, ¿no me digas?… No me digas que estamos donde creo que estamos –dijo riendo, mientras abría la puerta de mi casa. Por suerte mi madre seguía dejando la llave dentro de la maceta, como hacia siempre que yo salía de casa para que luego pudiera entrar sin tener que despertarla.

-Me pediste que te llevara a donde fuera menos al hotel ¿no? Pues en vista de la hora que es, y de que no se me ha ocurrido otro sitio… aquí estamos –respondí, haciéndola pasar y cerrando la puerta tras ella.

-Si pero, tus padres tienen que estar durmiendo, ¿que pensaran si me ven aquí contigo a…? –miró su muñeca vacía, como si fuera a decirle la hora que era-. Dios… no se ni la hora que es –susurró entre risas.

-No te preocupes, mis padres duermen lejos de donde quiero llevarte. Y sinceramente, si nos vieran aquí ni se sorprenderían, conocen muy bien al hijo que tienen –hablé, haciéndola subir por las escaleras.

-No lo pongo en duda no –volvió a reír-. ¿Y donde me llevas?

-Shusss calla, ahora lo veras.

Tras unos minutos de lucha para que Kristen consiguiera subir por las escaleras sin pararse cada medio segundo, y tras dejar atrás el largo pasillo que llevaba a mi habitación,  por fin entramos en ella.

Nada más hacerlo encendí la luz, no por mí, conocía mi dormitorio al milímetro, pero no creía que fuera bueno la oscuridad para Kristen, y menos en su estado de embriaguez.

Al momento de hacerlo, uno de los seres que más me amaba, después de mi madre claro, corrió directa a mí…

-¡Hey Patty! ¿Como está mi niña? –dije alzando a mi preciosa perrita, una West Highland Terrier, de color blanco brillante.

-Vaya, ¿esta es la famosa Patty? –pregunto Kristen entre risas.

-No te rías, es muy sensible –bromee mientras acariciaba a mi perrita, intentando con ello calmar su alegría –. Llevamos sin vernos, ¿cuánto Patty?, desde julio ¿no?

-No estoy viendo lo que estoy viendo –rió de nuevo Kristen.

-Piensa lo que quieras, pero es el ser más fiel que conozco y su amor por mi es incondicional.

-Ya veo –sonrió-. Hola Patty, yo también tengo un gato, se llama Jella –dijo hablándola y acariciándola, recibiendo en respuesta varios ladridos–. Vaya, por lo que veo también es celosa ¿no?

-Ya te he dicho que su amor es incondicional –conteste dejándola en el suelo–. Mira pasa, mi habitación no te va a morder –dije mostrándosela.

-Me sorprende –susurró-, no se porque, me la esperaba un poco como tu apartamento –añadió, caminando por mi habitación.

-Este es mi templo no lo olvides nunca.

-¿Y el lugar donde vives no lo es?

-Yo ya no se ni donde vivo Kris –respondí, sentándome en el sillón que estaba cerca de la ventana.

-Ahí tienes razón. ¿Puedo? –pregunto, refiriéndose a si podía sentarse en la cama algo a lo que yo asentí –. Es cómoda, más que la de los Ángeles.

-En esta he dormido más que en esa.

-Me gusta el color… y la distribución también –habló mientras miraba de un lado a otro todo el dormitorio.

-Digamos que soy un chico sencillo –dije a la vez que cogia mi guitarra.

-¿Cuantas guitarras tienes? –pregunto mirándome.

-Dos, esta es un regalo así que nunca sale de aquí, y la otra es mi compañera de viaje.

-¿Son otros de tus seres fieles?

-Bueno, digamos que yo les soy fieles a ellas, ya que ellas no pueden moverse mucho la verdad –sonreí con ella.

-Esa se parece a la que me regalaste –susurro cuando empecé a tocar las cuerdas de ésta.

-Como te he dicho, ésta fue un regalo especial y quería que la tuya también lo fuera, así que cuando la vi, no dude en escogerla.

-¿Que tocas? –inquirió frunciendo el ceño.

-Nada la verdad, estoy improvisando, dejándome llevar.

-El alcohol te hace inspirarte ¿no? –el alcohol no, la verdad es que eres tú.

-No se –susurre mirando las cuerdas de la guitarra a la vez que las hacia sonar.

-Veo que tienes muchos libros, ¿te los has leído todos? –pregunto señalando a una de las estanterías repletas de libros.

-Ajam, me gusta mucho leer, hace que mi mente se deje llevar, al igual que me pasa con la música, pero no siempre se puede estar tocando así que cuando no toco leo.

-Que te gusta más ¿tocar o actuar?

-Como te he dicho, la música significa libertad para mí, pero actuar es poder pretender ser alguien más, y eso me gusta.

-Si eso es verdad –susurró abstraída-. ¿Y no escribes?

-Solo canciones, y rara vez algún poema que al final acabo convirtiendo en canción.

-¿En que te inspiras para escribir?

-En muchas cosas, pero la mayoría de veces me dejo llevar por mi estado de ánimo.

-¿Alguna vez has pensado en alguien cuando componías?

-Varias veces –conteste mirándola.

-Y… alguna de esas… ¿ha sido en mí?

-Ahora mismo lo estoy haciendo –respondí, mirándola a los ojos sin dejar de tocar.

-Vale –susurro, agachando la cabeza mientras se mordía el labio inferior.

-¿Alguna vez has compuesto alguna canción? –pregunté.

-No te negare que lo he intentado, pero no soy tan creativa –contesto mientras se deshacía de su abrigo-. ¿Te puedo hacer una pregunta?

-Ya lo estas haciendo –ironicé- Las que quieras –reí ante su risa.

-¿Por qué me regalaste el libro de Virgil?

-No se… ese día entre a la librería por impulso y cuando lo vi allí… pensé en ti, sin más –respondí, alzando mis hombros.

-¿Un libro que habla de las distintas formas que tiene el amor te hace pensar en mi?

-Bueno no se… en aquel momento lo hice más bien pensando en el papel, lo vi como una forma de auto ayuda para que desarrollaras mejor el personaje. La manera en que Bella ama a Edward… -callé mientras reía-. No se, no me hagas caso -aunque meses después, comprendí por lo que realmente lo hice.

-Amm, pensé... déjalo –negó con la cabeza.

-¿Que pensaste? –inquirí. Dilo Kris.

-Nada, déjalo –pues ya que no habla ella, lo haré yo.

-El amor puede ser sorprendente. El amor puede ser doloroso. El amor puede ser un arte, pero lo que es sin duda alguna, es la emoción singular de la que dependen la mayoría de los seres humanos… y anhelan sin cesar. No importa lo que cueste –esa fue la frase que me hizo comprar aquel libro, la que me hizo pensar en ella y la que hoy día comprendía.

-Veo que te lo has leído –asentí–. El amor puede ser condenado, trágico, obsesivo, pasional, erótico, absurdo –rió-, seductor, adultero…, inocente… -susurro, pasando saliva en sus labios.

-¿Y tu como amas? –pregunte soltando la guitarra.

-¿Yo?, ¿Que como amo yo? –reiteró.

-Si, de todas esas formas de amor que has nombrado, ¿con cual te quedas? –insistí, mientras me levantaba de la silla y me acercaba a ella.

-¿Esa es otra pregunta?

-Depende de cómo tu lo veas, pero si, contéstame a las dos.

-¿Mi amor por Michael? –dudó-. No se, lo catalogo como inocente con tintes trágicos –rió.

-¿Y como te gustaría amar? –inquirí, agachándome frente a ella.

-No se –dudó de nuevo-, me gustaría tener un poco de todo.

-¿Y no es lo que tienes? –indague, mientras acariciaba su mejilla.

-No. Faltan muchas cosas –susurró, bajo el aumento de su respiración.

-¿Y esto?, ¿cómo describirías esto? –pregunte, para después darle un leve beso en los labios.

-Absurdo –musito en voz baja tras mi ligera caricia.

-¿Y esto? –pronuncie, volviéndola a besar pero esta vez un poco más profundo, aunque sin llegar a introducir mi lengua en su boca.

-…Seductor –susurro una vez me aparte levemente.

-¿Seductor? Mmm… ¿y esto? –volví a besarla, pero esta vez si introduje mi lengua en su boca, jugueteando así muy despacio con la suya.

-…Erótico… - jadeo contra mis labios.

-¿Y... esto? ¿Como llamarías a esto? –susurre en su boca y ahora si la bese con pasión a la vez que mis manos se aferraban una a su cintura y la otra en su mentón, mientras nuestras lenguas se enroscaban con impaciencia y fervor.

Entre jadeos nuestras lenguas jugaban a ganar un pulso que yo empecé pero que ella provoco, pulso que cada vez iba subiendo de nivel. De sus labios pase a su cuello cuando la falta de aire no nos permitió continuar con nuestro juego. Ahí me entretuve besando cada zona de el. Desde su lóbulo hasta su clavícula iba pasando mi lengua a la vez que sentía como se estremecía con cada uno de mis roces, con cada una de las caricias que le regalaba con mi boca, con mi lengua, con mi aliento…

-Robert... Robert para por favor, no puedo… -susurraba mientras la besaba.

-¿Que te pasa? –decía, mientras mis besos ascendían de nuevo hasta su boca.

-No, no puedo… No me encuentro bien – dijo mientras volvía a besarla, cuando sentí algo caliente mojar mi cara. Estaba llorando, silenciosamente pero lo estaba haciendo.

-Hey, tranquila… no pasa nada peque, siento...

-No, no sientas nada, no eres tu soy yo…

-Shusss, tu nada… vamos, volvamos al hotel –hable, secando sus lágrimas con mis pulgares.

-No, al hotel no por favor –pidió-. Quedémonos aquí ¿vale?, solo un rato más– suplico nerviosa, mientras sus lágrimas iban en aumento.

-Vale, tranquila. Recuéstate, mañana temprano volveremos ¿si? –y entonces la abrace.
-Robert… tengo miedo –dijo entre sollozos.

-Shusss, tranquila mi niña… conmigo no te va a pasar nada. Tranquila, yo voy a estar aquí hasta que tú me lo pidas –repetía, mientras la acunaba entre mis brazos y acariciaba su pelo.

Yo también tenía miedo, miedo a que todo acabara cuando llegara la luz del día, miedo a lo que estaba sintiendo, miedo a no tenerla nunca…

Poco a poco sus llantos fueron calmándose y dando paso al sueño. Mi ángel, ese ángel que esa noche había pasado por todos los estados de ánimo posibles, se quedo dormida por primera vez en mis brazos…

 Siguiente - Capítulo XX

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Bueno como todas las noches (para mi) aquí estoy dando mareo con mis historias jejejejej

Como siempre os digo, muchas gracias a todas por leerlo y comentarlo, no sabéis la ilusión que me hace….y gracias a ti también beiitah y a ti Kris (kristian tu no, tu se que ya no me lees jejeje), por cierto, respecto a tu duda te explico que Kristen el año pasado por el comic llevaba el pelo negro, largo pero negro y según lei en una entrevista se lo puso así porque fue cuando hizo la audición para el papel, eso decia la entrevista jeje, ambas me habeís hecho mucha ilusion con vuestros comentarios......

Nana cariño se llama My Angel, al principio de los capítulos aparecía el título y luego como esta en la etiqueta ya no lo volví a poner, Jbl cariño espero que te recuperes pronto vale, un beso, es que como me fui tan rápido del Chat no te lo dije y no se jejeje….y tu grosera pelada de pau jejejeje, hoy no me has leído así quieres conservar tus puestos de trabajo no, no, no, no jejej y encima no se nada de ti en todo el día (es broma amor sabes que te lo digo con cariño), pero déjate al heladero jejejejej.

Bueno y saludos a todas las chicas del blog Rodward&Krisella, incluidas como no a las chicas del staff ya que sin ellas no estaríamos tan bien informadas, de verdad que sois lo mejor, os quiero un montón…….

Ya sabéis, críticas, comentarios, “guerras”, lo que sea…besos….