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Inocencia Corrompida - Capítulo 8

¡Chic@s!, aquí os dejo el siguiente que capítulo del fic escrito por Karla, el cual a cada capítulo nos tiene más comiéndonos las uñas. Este sigue estando narrado por Edward, ya que como la propia Karla nos dijo, ahora toda la tensión gira en torno a él. 

Dejo de daros la lata. Disfrutad de la lectura, en la medida que podáis dadas las circunstancias de la historia :S

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Capítulo 7

Narrado por Edward


Los errores se evitan pensando antes de cometerlos, pero cuando estos ya están hechos, lo único que te queda es aceptarlos y buscar la mejor forma de corregirlos. Yo había cometido un error, uno muy grande, uno imperdonable, un error que podía costar muy caro. Y no lo aceptaba, ¿cómo aceptaba la idiotez que había cometido? ¿Cómo lo podía aceptar, si era un error de principiante?

Idiota, me dije mil veces idiota, cuando me percate que no había puesto el seguro de esa puerta, justo en el momento en el que veía como ésta se abría, sin darme si quiera el tiempo suficiente para reaccionar, para intentar echarme contra ella, imposibilitando que se abriera. Pero todo sucedió tan rápido, que solo me quedo el recurso de empuñar mi arma y encañonarla hacía el frente, mientras ella, Isabella, se aferraba con fuerza a mi camisa desde la zona de mi espalda, haciendo que me percatara de todo el miedo que en ese segundo recorrió su cuerpo, el mismo que se apodero de mi al tiempo que sentía como mi pulso se aceleraba.

Pero aquello no me haría temblar a la hora de apretar el gatillo. Había fallado una vez, pero no fallaría otra. Aquella figura masculina, que poco a poco iba abriéndose paso a través de la puerta, como si de una cuenta atrás, lenta y tortuosa, se tratará, no iba a ver a Isabella. O al menos, no le daría el tiempo suficiente a contarlo.

Una vez dentro, y nada más verme, aquella silueta alzo las palmas de sus manos, cuando sus ojos se posaron en el arma que tenia enfrente.

-Soy yo, poli -dijo el imbécil de Owen, mientras su cabeza se ladeaba hacia un lado, al darse cuenta que no me encontraba solo.

Su mirada se clavo en ella. Y en ese instante sentí como su cuerpo dejo de temblar, para tensarse en una sola pieza.

-Si dices una palabra a alguien de lo que estas viendo, te mato. ¡JURO! que te mato.

No era una amenaza como las anteriores, y éste pudo sentir la fuerza que llevaba en ella, pero no le importó, o al menos el semblante de su rostro no cambio, y sus ojos continuaron vagando de mi hacía ella.

-No diré nada a nadie -hizo una pausa-. No diré que la chica Irlandesa esta metida aquí, en su cuarto -el tono de su afirmación, y la asquerosa sonrisa que se le formó, solo hizo que me desprendiera del contacto de Isabella y me fuera contra Owen.

Él retrocedió hacia atrás con paso vacilante hasta toparse contra pared. Fui más rápido que él y lo tome  por el cuello de la camisa, apuntándole el arma, directo hacia su frente. A mis espaldas alcancé a escuchar un grito ahogado por parte de ella.

-No te cansas de estar jugando al gato y al ratón ¿verdad? Pero yo ya me estoy cansando  de tu estúpido jueguito -gruñí, a la vez que presionaba  el dedo contra gatillo, aunque no todo lo fuerte que me hubiera gustado en ese momento.

El sudor perlado en la frente de Owen se materializo rápidamente, mientras observaba con nerviosismo el movimiento de mi dedo.

-¿Y que piensa hacer? ¿Me va a matar aquí mismo? -pregunto con tono retorico-. Hágalo y vera como en un suspiro, ellos acaban con ustedes.

Por mucha seguridad con la que escupiera sus palabras, sus ojos dejaban entrever el miedo que lo recorría.

-No te dejes impresionar, imbécil –susurre, sin apartar mi arma-. Tu jefe y todos junto contigo, no harán nada.

-¿En serio? Y… ¿que hará para impedirlo? –aunque el tono de su voz seguía siendo el mismo, su confianza comenzaba a derrumbarse-. Seré un imbécil, pero no un idiota para no darme cuenta que no van a poder hacer nada en  contra del jefe. Ha estado aquí por más de una semana, y ¿qué ha sucedido? Nada…  Y por más que le he ayudado, no ha logrado obtener lo que tanto quiere. Así que dudo mucho que lo consiga. Ni siquiera saben quien es el soplón, de saberlo, a esta hora el jefe no sería el amo de todo esto.

-Vaya, me sorprendes totalmente -ironice, soltando su camisa y dando un paso hacia atrás pero sin dejar de apuntarle-. ¿Realmente crees que la policía tiene tan pocas posibilidades en contra de tu jefe? -mi voz sonó calmada, y mirándole fijamente añadí-. Al final de todo esto, no esperes mi ayuda cuando te pudras en la cárcel como la puta rata que eres.

Su ceño se frunció al captar mis palabras. Aún así, yo seguía pensando en la promesa que le había hecho a Isabella. Le había dicho que nadie se iba a enterar de que ella había conseguido la información, y ahora, no sabía como hacerlo. El error lo iba a pagar caro. Tenía que detener al imbécil de Owen.

Por una parte, sus palabras me habían dejado claro que él estaba seguro que iban a salir bien librados de esta mierda, y nos podía traicionar en ese mismo instante, lo veía en su mirada y lo veía en la forma en  la que me había retado. ¿Por qué actuaba así? Muy simple,  seguramente había hablado con los otros cuando se los llevo a su habitación, y ahora sabía que su jefe podía hacer lo que quisiera, no le importaban las amenazas en su contra, ni le importaba el GPS que traía insertado. Y de seguro que ya había hallado la forma de quitárselo cuando llegara el momento.

Estaba claro. Para él, la policía no podía hacer nada en  contra  de ellos.

La ventaja que me daba la duda pintada en su rostro, me hizo aprovechar la ocasión para preguntarle. Esa  era la otra parte. Tenia que garantizar en estos momentos la vida de Isabella.

-¿Crees que no estamos lo suficientemente preparados? ¿Crees que tu jefe saldrá bien librado?

Después de unos segundos desecho cualquier duda.

-Ya entendí -dijo, desviando la mirada hacia ella-. Por eso me pidió que investigara el nombre de la chica -la señalo con su cabeza-. Por eso esta aquí. Ella lo ha conseguido -afirmo serio, volviendo su mirada hacia mi.

-Pensé que no escuchabas -dije pensando en ella, en el miedo que estaba sintiendo en estos momentos.

-¿Y que hay del informante? -pregunto ignorándome.

-Lo han capturado –mentí, tenía que hacerlo si quería ganar tiempo, y para ello, de alguna forma tenía que controlar al estúpido de Owen-. Lo que sea que haya pasado por tu cabeza, deséchalo. No hay forma imbécil -su rostro cambio, su mirada ya no era retorica.

-Supongo -hizo una pausa y siguió-, que todo esta como antes -dijo como si nada hubiera pasado.

-No supongas nada. Te he dicho que si dices una palabra de esto a alguien yo mismo te mato.

-Y yo ya dije que no diré nada –afirmó, sin apartar su vista de mí.

Mis ojos  se clavaron en los suyos. Nunca estaría seguro porque siempre existiría la posibilidad de que me traicionara en cualquier momento, pero por lo menos, había conseguido ganar algo de tiempo. Él era un puto cobarde y haría cualquier cosa por salvar su pellejo, sobre todo cuando se convenció que su puñetera vida estaba otra vez en manos de la policía.

-Sigues sabiendo lo que te conviene -asevere, bajando el arma-. Ahora, ¿dime para que me buscabas? -pregunte sin voltearme a ver a Isabella.

¿Qué estaría pensando en estos momentos? No hacia ni cinco minutos que me había confesado su mas grande temor. ¿Entendería porque había tenido que decir lo que dije? ¿Entendería que era la única solución que existía para salvarle la vida en esos momentos? ¿Entendería que era la única forma, para no haber matado a Owen allí mismo?

-El jefe me mando a buscarlo. Lo quiere ver en su privado.

-Bien, espérame allá fuera -ordene.

Él dio una última mirada a Isabella y otra mí, y luego camino hacia la puerta para salir.

Me gire hacia ella y sus ojos se posaron en los míos. Pude observar el mismo miedo, el mismo miedo que tanto le preocupaba, el mismo miedo y dolor que le causaría si algo malo le sucediera a su padre. Me acerque a ella. Quería decirle que no se preocupara, que todo estaba bajo control, que Owen no iba a hablar, que fui un estúpido por no haber puesto el maldito seguro.

Quería decirle tantas cosas, pero cuando estuve a punto de hacerlo, ella no lo permitió.

-No diga nada agente. Haga lo que tenga que hacer -habló con esa determinación que le caracterizaba.

-Bien -susurre mirándola directo a sus ojos-. Pon el seguro a esa puerta y no le abras a nadie -murmure, haciendo una mueca de enfado. Ella solo asintió.

Owen me estaba esperando como se lo había ordenado, y pase de largo, mientras sentía como este me daba alcance. No había necesidad que lo amenazara de nuevo, él sabia como estaban las cosas y que solo era cuestión de tiempo para que toda  esta mierda se acabara de una buena vez.

-Muy inteligente por su parte poli, jamás se me hubiera ocurrido pedir la ayuda de esa chica -este imbécil jamás se cansaría.

-Estoy de acuerdo -dije sin detenerme–, no tienes ni un puto gramo de inteligencia.

-Yo no estaría tan seguro –rebatió al momento que entrabamos en el bar.

Sus palabras me hicieron pararme en seco.

-¿Qué es lo que quieres? –pregunte mientras se posicionaba frente a mí.

-Nada que no este en sus manos -hizo una pausa con su típica sonrisa de idiota-. Voy a ayudarlo hasta el final, como he venido haciéndolo. Estaré atento para que nadie descubra a la chica y no diré nada a nadie. Pero a cambio de todo esto no quiero pisar la cárcel, quiero largarme de aquí, y le aseguro que jamás volverá a saber nada de mí.

-Hace un rato no decías lo mismo -solté una risita irónica-. Eres un hijo de puta.                      

-Le conviene fiarse de este hijo de puta -aseveró.

Esta era otra secuela del estúpido error. Nunca nadie me había chantajeado.

-Bien, todo a su debido tiempo y tendrás lo que quieres. Pero si no cumples- dije, dando un paso hacia adelante y dirigiéndome hacia su oído para susurrarle-, te prometo que te arrancaré la lengua suelta que tienes, y ni te imaginas la satisfacción que experimentaré en esos momentos.

Se quedo quieto, sin hacer el menor movimiento, y yo me aleje sin mirarle para dirigirme hacia el privado. Mi paciencia estaba llegando al límite.

Una vez frente al privado, me percaté de los fuertes gritos  precedentes de su interior. Distinguía las voces. Eran David y el jefe. Parecía que estaban discutiendo por lo que preferí  no interrumpir y escuchar con atención, recargándome hacia un lado de la puerta.

-Tengo que ir a verla y tú deberías hacer lo mismo -dijo David. Podía percibir la preocupación en sus palabras.

-¿Cuántas veces quieres  que lo repita? Ella hace mucho que no existe para mí -bufo el jefe, haciendo énfasis en sus últimas palabras.

¿Ella? ¿Quién era ella? ¿Sería el familiar enfermo al que quería visitar David? Pero, ¿que tenia que ver con el jefe?

-No hables así, ella es tu madre, la madre que nos crió. La madre que me recogió cuando quede huérfano -arremetió David.

Entonces… esa persona de la que hablaban, ¿era la madre del jefe?

-Bonita forma de criar -gruño el jefe con ironía-. ¡Carajo David! ¡¿Ya se te olvido que ella no hizo nada?! ¡¿Que se quedo siempre callada como una puta cobarde?! ¡¿Que no le importo que el hijo de puta te golpeara hasta cansarse porque te tomo como un esclavo?! -su voz iba en aumento y también la cólera en cada una de sus palabras-. ¡¿Y que permitió que a su propio hijo lo violaran cuando a él, a ese miserable, se le daba su puta gana?!

-Sabes bien que ella no podía hacer nada -afirmo David en forma abrupta.

De pronto una risa retumbo  en el interior.

-¿Nada?, no me hagas reír -hizo una pausa para controlar la risa-. Ya me canse David, ¿cuántas veces hemos tenido esta conversación? ¿Veinte, treinta, cincuenta? Y te aseguro que no me vas hacer cambiar de opinión.

-Lo se, pero…

-Pero ¿qué? Agradecida debe estar, la libre de ese miserable. Todavía recuerdo como imploraba, como suplicaba que no lo matara.

-No quería que te mancharas las manos, no quería que llevaras la culpa matando a tu propio  padre, ella me lo dijo, ese era su más grande temor, y  por eso esta así, en ese estado.

-¿Culpa? Jamás he sentido culpa. Se lo merecía, y lo volvería hacer si fuera necesario -podía imaginar en esos momentos la expresión de odio en su rostro.

El jefe había matado a su propio padre, tal vez se lo merecía, su padre había sido una fichita, un ser despiadado, un miserable pero eso no le daba ningún derecho a denigrar, a pisotear, a corromper la inocencia de esas pobres chicas. No me conmovía en absoluto.

-Déjalo ya David. Si quieres ve a ese maldito hospital de locos, pero luego no te sorprendas de los cambios que pienso hacer -dijo el jefe mas calmado.

-¿Qué cambios? -pregunto rápidamente David.

-Tengo algunos planes para Masen.

-¿Cuáles son esos planes?

-Eso a su debido tiempo, ya lo sabrás.

-Por favor Marc -tenía razón Rachel, ese era su verdadero nombre-. No sabes nada de él, y hay algo que no termina de convencerme. Además, ¿cómo es posible que tan rápido le quieras dar poder? -bufo David.

-Lo hemos investigado, tú mismo lo has hecho y esta limpio ¿no? -hizo una pausa y prosiguió-. Y en tan poco tiempo ha demostrado lo hijo de puta  que es. Ese es el tipo de gente que necesito.

Era el momento de intervenir, ya había escuchado suficiente. Toque la puerta solo lo necesario para que en ese instante David la abriera y me observara detenidamente, con una expresión en su rostro que no podía definir.

-¿Tu que haces aquí?

-El jefe quiere verme -conteste levantando levemente las comisuras de los labios. Eso no le gusto nada.

-¿Cuánto tiempo tienes parado allá fuera? –pregunto en forma acusadora. Era un tipo al que se le tenía que tener demasiado cuidado, nada se le escapaba.

-Acabo de llegar.

-¡Basta David! Déjalo pasar.

-Ya has escuchado -susurré mientras este me fulminaba con la mirada. Si de él dependiera ya me hubiera torturado de mil maneras para hacerme hablar.

Se hizo a un lado y  me introduje en el privado, el jefe se encontraba sentado en su sillón. En frente tenia su escritorio revuelto de papeles, con su ordenador prendido, por un lado lo que se suponía una taza de café bien cargado, el cual, supuse, le había sentado bien, ya que su aspecto había mejorado.

-Siéntate -ordenó-. David, déjanos solos. Tienes mi autorización para salir –el aludido lo miraba fijamente.

-Muy bien. Si me necesitas para cualquier cosa, ya sabes donde localizarme -contesto mordazmente. Un segundo después, cerraba de un portazo la puerta.

-No hagas caso, David es así, por eso es mi brazo derecho -dijo, de tal forma para que me quedara claro.

Solo asentí. Mientras él clavaba su mirada en mí.

-Pero también necesito otra persona de mucha confianza ahora que se ha incrementado el negocio. 

Debo reconocer que tenías razón, si no hubiera sido por ti, a estas alturas todo se hubiera ido a la mierda.

-Estaba mas claro que el agua, solo que estaba demasiado ofuscado para darse cuenta, y no era para menos -añadí.

-¿Siempre eres así? –inquirió, mientras me acercaba hasta su escritorio.

-¿Así?... ¿Cómo?

-Nunca te das crédito, pero a la hora de actuar no te tiembla el pulso para hacerlo –suspiró antes de continuar-. Me caes bien Masen, tienes equilibrio y me gusta, ahí poca gente como tú, los demás se dejan arrastrar por el dinero y el poder, y es allí cuando te traicionan.

-Tomándolo en cuenta, entonces, no soy ese tipo de gente.

-Bien –dijo apartando su mirada a la vez que ordenaba unos papeles. En ese momento sentí un vuelco en el estómago. Una sensación que no podía explicar.

-Como supongo, te imaginaras, con la captura de Rivas y Martínez, el control de la ciudad esta en mi manos -dijo, mientras seguía ordenando su escritorio.

-Estoy enterado.

-Hable con  mis contactos por todo el país antes de llevar a cabo la jugada en contra de esos hijos de puta, y todos estuvieron de acuerdo. Cuando alguien traiciona, se jode -su tono de voz era como una fina hoja de acero.

-Entiendo.

-¿De verdad lo entiendes? –pregunto, alzando la vista de nuevo. Lo mire unos segundos.

Me estaba llevando a un terreno desconocido, uno que no sabia hasta donde iba a poder llegar. Estaba midiendo mis reacciones.

-Si yo lo traicionara, sería hombre muerto.

-No te quepa la menor duda –asevero, antes de dirigir su atención a la pantalla del ordenador.

Su ceño se frunció por algún motivo desconocido para mí. Justo en ese momento sentí la adrenalina correr por mi sangre.

-Que raro, no recuerdo haber abierto este archivo –susurro ensimismado en el reflector de la computadora.

¡Joder!  Di algo, me dije. Habla antes de que  empiece a sospechar. ¡Maldición!

-¿Algo importante? -mi voz sonó preocupada.

-Si -contesto sin apartar su mirada de aquella pantalla, ni sus manos del teclado. A mayor rapidez se movían sus dedos sobre este, mis nervios iban en aumento-. Lo más probable fuera que lo abriera y no lo cerrara, ya que estuve trabajando hasta muy tarde.

-Supongo que así fue. Además, estaba al pendiente de lo que estaba sucediendo allá fuera –intente sonar tranquilo, despreocupado, como restándole importancia al asunto.

-Supones bien –susurro escuetamente.

Suspire internamente cuando vi como sus dedos se alejaban del teclado, a la vez que su mirada se posaba nuevamente en mí.

-¿Crees en la suerte, Masen? -pregunto de pronto, mientras su mirada escrutinia volvía a estudiarme con detenimiento, sin apenas llegar a pestañear.

Otra vez su estúpido análisis psicológico.

-No, simplemente hay que jugar bien las cartas que te toquen.

-Y en este momento… ¿que carta estas jugando?

-¿En este momento? Ninguna. Hay que esperar  el movimiento –si lo que pretendía era intentar intimidarme para ver donde estaba mi límite, no lo iba a conseguir.

-Entonces te diré, que pronto empezaras a jugar.

-¿A que se refiere?

-Me refiero a que tengo planes para ti. Como ya te dije, necesito otra persona y te he escogido a ti. ¿Qué dices al respecto? –pregunto, reclinándose sobre el respaldo del sillón.

-Digo que… hay que mover bien las cartas.

-Perfecto –sentenció complacido-. Empezaras esta noche.

-¿Que tengo que hacer?

-Iremos tú y yo al muelle. Allí, nos reuniremos con una persona.

-¿Puedo saber quien es?

-Solo te diré, que esa persona fue el que me ayudo para que la policía atrapara a Rivas y Martínez.

-Muy bien –sentencie, haciéndole ver que no me hacía falta ninguna información más.

-Bien. Ahora déjame solo, te mandare llamar cuando salgamos -solo asentí  y me levante de la silla para dirigirme hacia la puerta.

Una vez salí de allí, las últimas palabras golpearon mi interior con tanta fuerza con la que la sangre de mi pecho comenzó a bombear. No había manera de evitar lo que se venía, al menos que todo se fuera a la mierda.

Iba a conocer al maldito soplón, antes de que volviese a rayar el alba.

Inocencia Corrompida - Capítulo 7

Chicas, aquí os traigo el siguiente capítulo de esta historia, historia que como habréis visto en el post publicado anteriormente, abandona la pestaña de los relatos pasando a formar parte de la de los fics, teniendo así su espacio propio. ¿Por que ese cambio?, la respuesta es obvia, la autora, Karla, poco a poco ha conseguido darle forma a lo que comenzó siendo un relato, convirtiéndola ahora en una historia que nos tiene enganchadas a mas de una, y eso es algo que a mi juicio, merece tener su propio espacio ;).

No me enrollo más, y aquí os dejo de nuevo al agente Cullen...

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Capítulo 7

Narrado por Edward

La puerta se abrió dejándome más que dispuesto a cumplir mi palabra, esa misma que le había prometido, esa en la que le jure, que nada malo le sucedería a ella. Y estaba más que decidido a cumplirla,  porque ya no me importaba la puta investigación.

Al carajo con  ella, al carajo con  el agente Miller y al carajo con toda la corporación. Por ello tome con fuerza mi arma, primero sería David e inmediatamente después el responsable de toda esta mierda, y solo era cuestión de moverme y actuar muy  rápido.

Pero… ¿Cuál fue mi sorpresa en el momento en que esa puerta se abrió?

Solo unos segundos me bastaron para que pudiera apreciar la espalda desnuda de Isabella. Segundos en los que pude observar al puto del jefe recostado sobre el sofá y a ella, ahorcadas arriba de él, cubriendo por completo con su cuerpo el suyo. Rápidamente escondí mi arma en la parte trasera de mi pantalón, justo en el instante en el que David no tuvo más opción que cerrar de nuevo aquella puerta.

Retrocedí unos pasos cuando él se volvió hacia mi.

-Te advertí que no podías entrar, lo que sea que le tengas que decir tendrá que esperar -sugerí. Mientras él maldecía casi en susurro.

-Ok, no tengo otra opción. Pero cuando termine con la chica, me mandas un mensaje, estaré en mi habitación.

-¿Pasa algo?, te noto algo preocupado -pregunte con tono considerado. David me observo un instante. Podría decir que me estaba estudiando, preguntándose al mismo tiempo  si podía confiar en mí.

-Un familiar -dijo después de unos segundos-, tengo un familiar grave, necesito salir. Pero no se… –hizo una pausa–. Ahora como están la cosas, no se si sea posible.

¿Un familiar? ¿Un padre? ¿Una madre?, me preguntaba. Me era imposible creer que alguno de  ellos tuviera sentimientos por alguien. Pero eso, a mi no me interesaba.

-¿Cómo están las cosas? -pregunte con interés.

-Espera a que el jefe te lo comunique. Pero a estas alturas la mayoría ya lo sabe.

-Bien –dije.  No quise presionar y que este empezara a sospechar.

David se marcho a su habitación  y yo me quede esperando en ese pasillo a que esa puerta se abriera. Los minutos avanzaban y la desesperación aumentaba por no saber que era lo que estaba sucediendo allí dentro. Me acercaba para ver si  lograba  escuchar algo, pero todo se encontraba en silencio y eso, en vez de ayudar, me ponía  más nervioso. Sobre todo por saber que aquel hijo de puta había logrado que sus ambiciones llegaran a un punto que ni él mismo imaginaba.

Había logrado quitarse del medio a sus enemigos, con la puta ayuda de su informante, y ahora, me preguntaba; ¿cuál iba ser su siguiente paso? ¿Qué haría después de saber que él tenía el control absoluto de la ciudad? ¿Qué estaría dispuesto a hacer ahora, que tenía el poder suficiente para comprar a quien quisiera?

Sabía que eso era a lo que David se refería. Si no podía salir a visitar a ese enfermo, era porque todos debían estar alertas a lo que se les viniera encima. En estos casos los enemigos del jefe no se iban a quedar de brazos cruzados, por eso era aún más importante que Isabella lograra obtener esa maldita información, porque el estar más tiempo metidos aquí aumentaría el peligro, sobre todo para  las chicas. 

Además,  así no tendría la posibilidad de comprar a quien se le diera la puta gana.

-Que estas haciendo aquí Masen? -pregunto Frank de repente, penetrándome con aquella mirada escrutinia mientras daba sorbos al vaso de licor que traía en su mano.

Estaba tan sumergido en mis pensamientos que no fui consiente que él había llegado hasta allí. Frank era muy observador, no olvidaba el día que me siguió hasta el baño para preguntarme porque estaba tan molesto. Además había escuchado que precisamente él había enamorado a unas de las chicas y con engaños se la trajo a los Estados Unidos, mofándose que esa, era una de sus mejores tácticas.

-Estoy esperando a que el jefe termine con una de las chicas para llevarla a su cuarto –respondí observando sus movimientos. Su semblante solo confirmaba que ya llevaba varias copas encima.

-¿Me estas diciendo que otra vez esta con la chica Irlandesa? -solo asentí-.  Supongo que ya comenzó a festejar –susurro en voz baja-. Hubieras visto a Rachel hace rato, Owen tuvo que llevársela a su habitación -hizo una pausa para dar otro sorbo a aquella bebida antes de seguir-. No cabe duda que el jefe siente preferencia por ella, todavía recuerdo cuando te encontré en el baño molesto –rió, antes de llevar de nuevo el extremo del cristal hasta sus dientes.

-Lo vuelvo a repetir, esa chica solo esta para pasarla muy bien –me encogí de hombros con mis propias palabras.

-Me imagino porque lo dices. Eres un tipo cojonudo ¡eh!, mira que pedírsela al jefe, precisamente a ella -dijo, a la vez que una puta sonrisa se le dibujaba en el rostro. Que ganas me daban de borrársela.

-Ya sabes lo que dicen por allí, el que no arriesga no gana –ironice fingidamente. Mientras, mi cabeza no dejaba en Isabella y en lo que hacía allí dentro. Arriesgar su vida-. ¿Y a que te refieres cuando dices que el jefe ya comenzó a festejar? –pregunte.

-¿No lo sabes todavía? –inquirió él.

-¿Saber? ¿El que? -replique con otra pregunta.

-¡Masen!, esto ha corrido como pólvora. ¡Todo el mundo lo sabe! Esta en todos los noticieros -su semblante se llenaba de gloria, con cada una de sus palabras-. El jefe ha logrado deshacerse del puto Martínez y Rivas. Esos latinos de mierda no seguirán jodiendo.

¿Entonces ese era el motivo? Él ya lo sabía y  estaba festejando su puta victoria.

-¡Carajo¡ Frank, ¡el jefe lo ha conseguido! –fingí alegría, ante el desconcierto en su mirada por mi falta de expresión-. Pero ahora toda la puta mafia se nos va a echar encima -afirme, teatralmente.

-Cálmate, ellos no van hacer nada, se han aliado con nosotros –respondió, llevándose de nuevo el vaso hasta su boca.  

-Creo que David piensa muy diferente a ti y para serte sincero, yo también -pensaba lo mismo que David pero Frank estaba con la lengua suelta y eso lo tenía que aprovechar.

-Es que  David es jodidamente cauteloso, eso se da con la edad ¿no? -pregunto. Además de lo otro, también  estaba de lo más irritante.

-Entonces dime, ¿por qué estas tan seguro de que la mafia no se  nos va a echar encima? -pregunte, ignorando lo anterior.

-¿Porque será Masen?... A veces pienso que no eres tan inteligente como todos dicen que eres -dijo, su voz  estaba llena de burla-. Sobre todo el jefe. Ahora resulta que precisamente tú, le abriste los ojos.

-Solo ha sido un golpe de suerte -susurre-.  Además, no creo que sea cierto lo que dices,  porque si lo fuera, me hubiera considerado en contármelo él mismo, algo que tú estas  haciendo.

-Te equivocas, él  te estaba buscando por todo el edificio, cosa que  no le gusto nada a David –respondió, tragando de nuevo aquel amargor-. Creo que se siente desplazado. Ya sabemos muy bien que él es como su puta sombra.

-Ese es su trabajo, el mismo que el tuyo y que el mío -dije de tal forma para que siguiera hablando.

-Que equivocado estas. David no es  precisamente su guardaespaldas.

-¿No? -ya decía que algo escondían-. Entonces,  ¿qué es? -pregunte. No era normal la forma en que su mundo giraba alrededor del jefe.

-Eso no te lo puedo decir. Lo que si puedo, es que yo nunca me equivoco -hizo una pausa, dando un paso hacia adelante, poniendo una mano sobre mi hombro y hablando en voz baja-. Vas a llegar alto Masen, y cuando eso suceda, quiero estar al lado del pez gordo.

El hijo de puta se estaba congratulando conmigo.

De pronto dio un a paso hacia atrás cuando la puerta se abrió. Inmediatamente yo me volví hacia el frente. Mis ojos fueron directos a la figura de Isabella, ella clavo sus ojos en los míos y un escalofrió recorrió mi espalda cuando su mirada se escondió dirección hacia el suelo.

¡Joder!, no lo pudo conseguir, estaba completamente seguro.

Bueno… en otra ocasión sería, por lo menos ella parecía estar bien, y era evidente que ya estaba a salvo.

-¡Maldita sea!, no soporto este puto dolor de cabeza –escuche gritar al jefe, desde la zona interior de aquella habitación.  

Frank no tardo en ir con él mientras yo seguía observándola. Necesitaba estar a solas con ella.

-Seguro no durmió en toda la noche esperando noticias –escuche decir a Frank.

-Además me he tomado toda la maldita  botella de Whisky. ¡Carajo! siento que me va a explotar -este, seguía gruñendo.

-¿Necesita algo? -pregunte, pasando  por un lado de Isabella.

-¿Donde estabas metido Masen?, te estuve buscando por todo el maldito edificio -pregunto con dureza. Se veía mal, como si le hubiera pasado un tren encima. El cabello todo alborotado, la camisa con los tres primeros botones abiertos, los ojos  enrojecidos e hinchados...

-Owen y yo salimos  muy temprano, por las ganancias. Dejamos el dinero en su oficina.

-¿Ya estas enterado? -pregunto, mientras se sentaba en su sillón a la vez que daba masajes en su cabeza.

-Si, Frank me lo ha contado –aseveré.

-¡Maldita sea! -volvió a maldecir–. Frank, tráeme algo para este puto dolor y dale las llaves a Masen para que lleve a Isabella a su habitación. ¡Apresúrate¡ -ordenó.

-Si jefe –respondió el aludido, a la vez que me entregaba las llaves y salía de inmediato por esa puerta.

-Masen, ahora sal de aquí -pero cuando tome el pomo de la puerta para cerrarla, su voz hizo que me volviera de nuevo hacia él-. Espera mi llamado, necesito hablar contigo.

-Bien –finalicé, cerrando el privado.

Ella se encontraba parada en el mismo lugar.

-Acompáñame.

Ella quiso abrir la boca para decir algo, pero inmediatamente la detuve.

-Aquí no -susurre muy bajo.

Avanzamos hasta atravesar el arco que dividía  el bar. Me detuve y la cogí del brazo para que no siguiera caminando, y sentí como ella clavo su mirada en mi mano y luego en mi. La solté, pero por mi boca no salió un lo siento, no había tiempo para eso, así que mi mirada atravesó el bar  en un  segundo para darme cuenta que este se encontraba totalmente vacio. Tenia que estar a solas con ella y para eso tendría que llevarla hacia mi habitación, aquel lugar que consideraba el  más seguro para hacerlo.  

Pero para lograrlo, tendría que atravesar con ella todo el edificio hasta llegar a la bodega y el riesgo era enorme. No debía encontrarme con ninguno de los hombres, sino quería tener que dar explicaciones. Y para ser sincero, no encontraría ninguna explicación lógica del motivo por el cual ella se encontraba allí.

Por eso tome el celular y le marque a Owen.

-Necesito tener la bodega despejada dentro de cinco  minutos -ordene-. ¡Maldita sea Owen! ¿Que parte de todo esto no has entendido? –pregunte con furia-. Me importa una mierda como lo hagas –gruñí, y en ese instante observe  como los ojos de Isabella se abrían de par en par al escucharme maldecir.

Era la primera vez que lo hacía delante de ella.

-En cinco minutos, espero tu llamada.

Cinco minutos era mucho tiempo, para esperar allí en el bar, existía la posibilidad de que Frank regresara de un momento a otro con lo que el jefe le había pedido y la viera, y no quería ni  podía exponerla de esa manera. Frank estaba tomado y con la lengua suelta, bien podría sospechar cualquier cosa e irle con el cuento al jefe.

-Si quiere puedo esperar en el baño de mujeres mientras pasan los cinco minutos, así nadie podrá verme - su  voz hizo que de pronto  me volviera a conectar al lugar donde estaba, mirándola de lleno.

Se encontraba muy nerviosa, de eso no cabía la menor duda, ¿pero quien no lo estaría ante esta jodida situación? Aunque ella me había sorprendido con esa autodeterminación, era como si hubiera leído mis pensamientos, ante la nula idea de que hacer mientras pasaba el tiempo.

-No es mala idea, vamos.

Al llegar a los baños le indique que por ningún motivo saliera, me prometió hacerlo solo en el instante en  que  tocara aquella puerta.

Me encamine hacia la salida del pasillo de los baños. De pronto vi a Frank dirigiéndose al privado del jefe, ya solo tenía que esperar por la llamada de Owen.

Revise de nuevo el reloj de mi muñeca, solo habían pasado tres minutos desde que le llame. ¡Joder!, necesitaba salir de allí ya, esperar dos minutos eran demasiado peligroso, Frank podría regresar en cualquier momento, ya que el jefe no estaba en condiciones de tener compañía. Pero no tenía otra alternativa, solo esperar.

Me sentía igual o más nervioso, pero no tanto por mí si no por ella. Si algo salía mal, ella no tendría  la oportunidad de defenderse, no contaba con las armas para hacerlo aunque estuviera a su lado para protegerla, ella siempre estaría indefensa.

De pronto mi móvil vibro en mis pantalones. Owen optó por un mensaje, donde decía que la bodega estaba despejada, que Rachel se encontraba en su habitación casi inconsciente, debido a su gran indigestión de alcohol, y que los demás estaban con él en su habitación.

Tenía que reconocer que el muy imbécil  hasta ahora había cooperado bastante bien, pero eso no me aseguraba que después pudiera traicionarme.

Rápidamente fui hasta el baño de mujeres, pero antes de tocar la puerta pase mi pistola hacia la parte delantera de mi pantalón, donde la camisa que llevaba la cubría totalmente. Tenia que estar preparado y actuar rápido si alguien nos descubría.

Isabella salió y mirándola fijamente, volví a pedirle que confiara en mí, que la llevaría hasta mi habitación, que una vez allí hablaríamos más tranquilamente, pero que no teníamos mucho tiempo y que para poder lograrlo, la tendría que coger del brazo y conducirla lo más rápido posible. Ella solo asintió.

-Bien, vamos –le indique, mientras la tomaba por el brazo y con paso rápido y decidido atravesamos el bar, girando a la derecha  hasta  llegar a las habitaciones donde se encontraban las demás chicas.

Fui consiente como se estremecía al pasar por allí, como su mirada recorría cada una de esas puertas, consciente del gran dolor que le causaba. La mire de reojo y vi como una lágrima traicionera se derramaba por su rostro, y como con su mano libre se la eliminaba con  fuerza.

Seguía caminando tras de mí en el momento en que descendíamos por esas escaleras que daban hacía bodega, ese era el momento más crucial, mi cuerpo entero lo notó y por ello mi pulso se acelero.  Mire rápidamente la habitación de Owen para asegurarme que la puerta de su habitación se encontrara cerrada. Y así lo estaba. Ahora solo teníamos que atravesar toda la bodega. Decidí irme por el frente de las camionetas que se encontraban estacionadas en fila dejando un espacio entre ellas y la pared del edificio. Íbamos pasando una por una de forma agazapada hasta llegar casi a mi habitación.

-Quédate aquí mientras yo abro -pedí, a la vez que  me volvía hacia ella-.  Agáchate -ordene.

Avancé unos cuantos metros, saque la llave que me habían asignado y abrí aquella puerta antes de volverme  hacía  la dirección de Isabella, para indicarle que pasara. Una vez dentro, ella se alejo  y yo me quede parado como un puto cobarde cerca de la puerta. El motivo era  porque  no sabía que decirle, no sabía como preguntarle si en realidad lo había conseguido.

¡Carajo!, necesitaba saber pero a la vez tenia que ser paciente porque no quería presionarla, no quería asustarla más de lo que ya estaba. Y en todos estos años que tenía trabajando en la corporación, era la primera vez que sentía demasiada incertidumbre por no tener el control absoluto de la situación, y sobre todo porque estaba muy lejos de tenerlo. Además, siempre me dejaba guiar por mis instintos, por la seguridad que estos me daban y cuando no era así, siempre, siempre tenia un plan B  por si algo fallaba.

Pero hoy no tenía absolutamente nada, hoy era todo lo contrario, hoy  no existía un plan B por si ella afirmaba que  había fallado, y justo cuando iba hablar, observe como su mano derecha se movía en dirección a su pecho y como ella se volvía hacia a mí.

-Aquí la tiene agente -dijo avanzando hacia a mi y estirando su brazo con su puño cerrado-. Aquí tiene la información que tanto quiere -el tono de reproche que utilizó, hizo que me calara hasta los huesos.

Su mirada estaba dirigida a su puño. Avance unos cuantos pasos  y coloque mi mano debajo de la suya, y cuando esta se abrió, cayo sobre la mía la pequeña memoria. Ahora era yo él que la apuñaba fuertemente.

-Gracias –dije mientras metía la tarjeta a la bolsa del pantalón. Fue lo único que se me ocurrió decirle, pero ella permaneció en silencio.

¿Qué esperaba?... que ella respondiese “de nada agente, fue un gusto cooperar con ustedes y con toda la corporación”. Definitivamente, era un completo idiota.

Ella seguía evitando mi mirada y el ambiente se iba cargando por momentos.

-Te vas a quedar en esta habitación hasta que salgamos de aquí -su rostro se lleno de sorpresa cuando registro mis palabras-. No será por mucho tiempo.

-Pero pueden sospechar -dijo con voz temblorosa-. Además Sara, mi compañera se pondrá muy preocupada, seguro pensará que algo malo me sucedió.

-Lo siento pero no puedo informarle que estas bien. Solo será esta noche –respondí. Gracias a esa tarjeta, mañana mismo seríamos libres.

Otra vez el silencio inundo la habitación, pero ahora ella fue la que lo interrumpió.

-Lo se todo -murmuro bajo, pero lo suficiente para escuchar claramente lo que había dicho.

-¿A que te refieres cuando dices que los sabes todo? -mi voz sonó lenta y calmada, infundiéndole confianza  para que  siguiera hablando.

Pero antes de contestar decidió sentarse en la cama y ante ese gesto, cogí la silla para sentarme frente a ella a una distancia razonable para no hacerla sentir mas incomoda o nerviosa. Quería saber como lo había conseguido, quería que me contara todo lo que había sucedido dentro de ese privado. La miraba y observaba como sus manos se arremolinaban con el borde de su blusa.

-Él estaba eufórico, decía que iba a celebrar su victoria y que lo iba hacer conmigo -su rostro se contrajo. Suspiró antes de continuar-. En ese momento no sabía a lo que se refería, y no me importó, pero ahora que lo se, si me importa –confesó, mirándome fijamente.

-No te entiendo -fue lo único que pude decir, pues verdaderamente no lo hacía. Pero ella me ignoro y siguió con su explicación de lo sucedido.

-Quería brindar, y en ese momento supe que era mi oportunidad, así que le pedí que aprovechara para ponerse cómodo  mientras yo servía las copas.

-¿No sospecho tu cambio de actitud? -pegunte con demasiado interés.

-Si, claro que si -sus ojos se desviaron a otro punto de la habitación. Sus manos poco a poco dejaron de moverse para quedar quietas bajo su regazo y antes de seguir, volvió a centrar su mirada en mí-. Tenía pensado lo que le diría cuando llegara el momento, era consciente que de eso dependía todo -yo la observaba detenidamente, imaginándome por todo lo que había tenido que pasar-. Le dije que había entendido todo lo que me había dicho las veces que habíamos estado solos, que si quería volver a ver a mi padre, tendría que cooperar con él, ser sumisa como él quería y que hoy quería demostrárselo.

El silencio volvió a resurgir en esa habitación, lo que acababa de escuchar solo hacia que mi odio hacia ellos creciera aun más. No les alcanzaría la vida para pagar el crimen que estaban cometiendo con estas chicas.

Ella ante mi silencio bajo su mirada.

-No bajes la mirada. Escúchame bien -mi voz hizo que volviera a levantar su rostro-. Nunca lo vuelvas hacer, por lo menos no delante de mí.

Ella permaneció en silencio, ni siquiera asintió, solo sus ojos se llenaban de lágrimas. Pero con esa fuerza tan extraña que le caracterizaba, esa que emanaba desde su interior, esa misma que no lograba comprender, consiguió que aquellas lágrimas no se derramaran.

-Él confió en mis palabras y dejo que le sirviera. Y cuando le di la espalda para hacerlo, vacié en su bebida.

-Y… ¿qué paso después? -pregunte intrigado.

-A los pocos minutos quedo inconsciente y fue allí cuando me dirigí a su ordenador. Habían varias claves como usted me había informado -respiro lento y luego soltó el aire para proseguir-. Estaba intentándolo con la segunda clave cuando escuche hablar con David. No podía permitir que esto se viniera abajo. Rápidamente me quite la blusa y… -se detuvo sacudiendo la cabeza a ambos lados.
-¿Y? -susurre, tras unos segundos después.

Quería que continuara hasta el final, quería saber que significaban esas palabras del inicio de nuestra conversación, esas donde decía que ahora ya lo sabía todo, y que eso era lo único que le importaba. ¿A que se refería, con eso? ¿Qué era lo que le importaba?

-Tenía que detener a David y funcionó –susurró sin más, abstrayendo su mirada hacía una de las paredes de la habitación. Sus ojos continuaban vidriosos.  

-Claro que funciono -afirme, haciendo que mi voz la hiciera sentirse orgullosa por lo que había hecho. Me devolvió la mirada y asintió satisfecha, justo antes de continuar.

-Fue en la sexta clave cuando todos los archivos se abrieron. Son demasiados -aseguró-. Espero que sea suficiente, agente –concluyó, mirándome fijamente.

Sus últimas palabras hacían eco en mi interior. Nunca sería suficiente para justificar lo medios que se han utilizado en esta misión. Nunca sería suficiente para explicar las razones por la cuales se permitió que ellas pasaran por esta mierda. Nunca sería suficiente para entender como la justicia puede ser aplicada de diferentes maneras, porque para ellas nunca sería suficiente.

Y sobre todo comprender, como la justicia nunca estuvo de su lado.

-Te aseguro que nunca será suficiente, pero te prometo que mañana serás libre -ella suspiro al escuchar mis palabras.

-No me prometa nada -dijo. Por la expresión de su rostro me indicaba que no creía en mis palabras.

-Entiendo que no confíes en mí, pero te prometí que no me iría de aquí hasta sacarlas y eso pienso hacer.

-No se trata de eso –susurro sin apenas escucharme.

-Entonces… ¿De que se trata? -pude ver el miedo en sus ojos.

-Escuche lo que Frank le dijo y en ese instante comprendí que jamás sería libre, por lo menos yo no -su voz sonaba demasiada seria.

No dije nada, prefería que se explicara mejor, simplemente la mire con el ceño fruncido en señal de confusión.

-¡¿Es que no lo entiende?! –estalló, y como un resorte,  se levantó de la cama, caminando de un lado hacia el otro. Yo solo podía seguirla con la mirada-. Nunca podre ser libre, cuando ellos se enteren que fui yo la que les robo esa información, cuando se enteren que por mi causa fueron a parar a la cárcel, y sobre todo que ahora sé que él tiene mas poder, no se detendrán hasta…

En ese instante me levante, ahora comprendía sus palabras, el miedo que se reflejaba en su rostro. Me atreví a tomarla por los hombros para que dejara de moverse, sus manos ya cubrían su rostro, mientras su llanto resonaba entre las paredes de aquella habitación.  

-Ey… Ey –susurre- Eso no va a pasar, no voy a dejar que eso suceda, nadie sabrá que fuiste tu la que robaste esa información. Además, yo estaré siempre allí para protegerte.

Ella seguía moviendo su cabeza en señal de negación.

-No, no lo se -dijo limpiando sus lágrimas–. Si le pasa algo a Charles nunca podre perdonármelo… Ellos saben todo de mí.

-Shssssss, no digas eso, créeme cuando te digo que nadie lo sabrá

-Prométamelo -demando.

Y cuando estuve a punto de hacerlo, el sonido de la puerta al abrirse hizo que rápidamente me volteara empuñando el arma protegiendo a Isabella en todo momento. En ese instante me maldije por no haber puesto el seguro.

¡Maldita sea Owen!