Airam, Nuri, Karla, May, Marianna, Erin, Maria, Lau, Miluska, Dana, Muñ3, Al y Milagros, por cierto, ¿Milagros o Virgy?, yo te llamo como tu quieras :-}, y si, el blog a veces es un poco terco, no os cuento la de veces que he estado apunto de arrancarme los pelos por su culpa pero… se le tiene cariño, por eso sigue vivo ¬¬, por cierto Erin, estudio Derecho :-}. Gracias chicas…
Dudas…
Veo que a todas os ha gustado el capítulo anterior, me alegra mucho :-}, y si os gusta la pareja Angela/Jacob tranquilas, habrá mucho de ellos, os lo aseguro :-}
Bella, Bella, Bella… El problema de Bella es que no se entiende a si misma, entonces… ¿como pretende que así, la entendáis vosotras?… Esta loquilla, pero cambiara, al menos eso espero por su bien :-}
Y Edward…, que le pasa a Edward, ¿se acordara como bien cree Erin?, ¿no se acordara?
Y si, ambos son un par de tercos, pero como mulas… no sabéis la de problemas que me dan XD
Una ultima cosilla antes de que paséis a leer. Quiero deciros que esta semana no ha sido mi semana, por lo que mi humor, tampoco me ha acompañado mucho a la hora de escribir, solo deciros que si lo notáis raro ha sido por eso.
Y ahora si…
Capítulo 15 – Quien con niños se acuesta…
“Aún siete días antes de la boda”
-¡Strike uno! – grito Emmett tras de mi.
-¡No pasa nada Bella, tienes dos intentos más! – grito Alice, con la intención de animarme. Y eso que les avise que no quería jugar.
-Strike dos – volvió a repetir Emmett, tras mi segundo intento fallido de batear la pelota – Que te pasa nena ¿nerviosa porque el pitcher sea tu novio?
-Si sigues por ese camino Emmett, te aseguro que no podrás rendir en tu noche de bodas – lo amenace apuntándolo con el bate de beisbol.
-¡Céntrate Bella! – grito ahora Rose.
Que me centrara pedía, ¿es que no tenían bastante con obligarme a jugar, cuando de siempre, he sido nula para todo lo que tuviera que ver con zapatillas, correr, golpear balones y esfuerzo físico?
Y además, como pretendían que me centrara teniendo ante mi al artífice de la frase… “Tranquila, ni dijiste ni hiciste nada de lo que puedas arrepentirte”.
Nada de lo que pudiera arrepentirme… ¿y que eran esos recuerdos entonces?... ¿imaginaciones?... ¿ganas de torturarme a mi misma?... Vale que mi mente no fuera del todo fiel a mi misma pero…, de ahí a querer dejarme loca, había un paso, uno muy grande por cierto.
-¡Bella inclínate un poco más, así jamás podrás darle a la pelota! – chillo Rosalie.
-¡Y separa más las piernas! – añadió mi prima.
Irse un ratito a la….
-Mmmm Bella, si te pones así, puede que no responda por mis actos – susurro mi futuro cuñado de manera descarada.
-¡Emmett! – volví a amenazarle con el bate, mientras él se tronchaba de la risa.
-¡Cuándo estés preparada si eso seguimos! – grito ahora Edward.
Ahí estaba otra vez esa fría mirada, la misma que me dedico momentos antes de perderse tras la puerta de mi habitación, mientras las paredes retumbaban producto del sonoro portazo. He idéntica también, a la que volvió a dedicarme una vez baje hasta la cocina, justo antes de hacerme el desaire de alejarse de mí cuando me puse a su lado, dejándome aún más descuadrada de lo que ya lo estaba.
Ósea que… no ha pasado nada pero bien que me quería lejos de él, entonces ¿en que quedamos?, ¿a pasado o no ha pasado?... quiero decir, pasar se que a pasado, hasta ese punto sigo estando cuerda pero, ¿se acuerda… o no se acuerda?
¿O es que fue tan sumamente pésimo que prefiere no acordarse?... No, si es así, entonces creo que prefiero que no lo recuerde…
-¡Golpea la pelota con efecto! – volvió a gritar Alice.
-¡Dejarme jugar tranquila! Le daré a la pelota como tenga que darle – conteste frustrada, volviendo a colocarme como se suponía que debía hacerlo para jugar al estúpido juego.
-Eso si consigue darle – susurro Emmett por lo bajo entre risas, las cuales se hicieron más sonoras al volver a mirarlo de manera amenazante.
-¿Lista? – pregunto el chico de la mala memoria, una vez que volví a centrarme en el juego.
-Lista – conteste sarcástica, correspondiendo a su “generosa” mirada, mientras sentía como mis brazos se tensaban por la fuerza, cada vez mayor, con la que agarraba el bate de béisbol.
Que triste, tres años de celibato esperando el momento perfecto, o más bien, el hombre perfecto para romperlo, y resulta que ni hombre, ni momento perfecto… Y luego se empeñan en educar a las niñas con la absurda teoría de que el príncipe azul esta esperando a cumplir la mayoría de edad, para buscar a la joven damisela en apuros, y llevarla hasta su castillo.
¡Y una mierda! El príncipe azul no existe, con suerte, alguna de las prendas que vista será azul. ¿Y el caballo?, ese no es mas que el coche familiar que ha cogido prestado para impresionarte, y así poder llevarte antes a la parte de atrás, ese lugar al que ellos llaman “castillo”, en el que como mucho, te hará sentir como una princesa una hora… y eso especulando por lo alto.
Después de eso, el príncipe de camisa azul y coche blanco, se convertirá en sapo, y encima, uno con mala memoria.
Cruel y dura, pero realidad en cualquier caso…
Venga Bella, concéntrate, con suerte hasta podrás darle un buen pelotazo en esas partes que no recuerda haber usado.
-¡Toma! ¡Le di!, ¡le di!, ¡le di!… ¡Chúpate esa Emmett – grite a la vez que pegaba pequeños saltitos sin poder contener la emoción por tan valorable hazaña.
-¡Bella! ¡Corre! – gritaron Alice y Rose a coro.
¿Qué corriera?... ¿Cómo que corriera?
-¡No te quedes ahí parada! ¡Corre hacia las bases! – volvieron a gritar, mientras mi vista rotaba de ellas hacía aquello que llamaban bases.
Lo que me faltaba, no tenía bastante con las secuelas de mi noche “productiva”, que ahora me hacían correr.
¿Puede alguien explicarme que mal le he hecho al mundo? Yo era feliz hace unos días, sin ir más lejos, el domingo pasado era feliz sentada en mi sofá, con una tarrina de helado de fresa entre mis manos, mientras el televisor amenizaba mi tarde con su cutre programación.
Pero ahora estaba aquí, corriendo hacía unas estúpidas piedras, después de haber golpeado a una estúpida pelota, porque a mi prima se le había ocurrido la estúpida idea de hacer del domingo, un día de estúpido picnic familiar, para recordar aquellos maravillosos años en los que todos éramos felices.
Gracias a dios que mi madre no había venido, alegando tener fobia a los mosquitos, sino sería capaz de correr tras de mi para “animarme” a su manera.
-¡Carrera completa!, ¡carrera completa! – gritaba Alice, siendo ella ahora, la que pegaba los saltitos, mientras Rose me abrazaba y se reía de un acalorado Emmett, que llegaba tras de mi, con la pelota que yo acababa de mandar bien lejos.
Yo simplemente no era capaz de decir nada, era más importante recuperar la respiración.
-Eso no vale, me ha distraído – acuso éste, apuntándome con él dedo.
¿Qué yo lo he distraído?
-Excusas Emmett. Ha sido una carrera completa, totalmente valida – expreso triunfal mi hermana, cruzándose de brazos.
-¡Pero la pelota se ha salido del área! – reprocho en tono infantil.
-¡No hay área! – grite ahora yo.
Por dios, si lo único que habían, eran cuatro piedras mal puestas simulando ser bases.
-Si la hay – contradijo con un puchero en sus labios, haciendo que nosotras estalláramos en risas.
-Solo ha sido suerte.
Hay estaba otra vez mi particular “príncipe azul”, dedicándome palabras bonitas. Bueno, al menos ahora me hablaba, cosa que no hizo durante el tiempo que estuvimos en mi casa, ni tampoco durante el trayecto en coche hasta aquí, ni cuando llegamos, ni cuando me opuse a jugar al béisbol ni… Nada, ni una sola palabra hasta el momento de tener que batear la pelota, y luego las mujeres somos las que necesitamos un manual de instrucciones bajo el brazo, ¿y los hombres?, ¿a ellos quienes los entiende?... porque yo desde luego, a este chico era incapaz de comprenderlo.
Quizás si se acuerda de lo que hizo anoche… pero se avergüenza de su comportamiento. ¡Ya!, ahora resulta que nos sale moralista el señor todo caballerosidad…
-No te recordaba con tanta fuerza, esta claro que los años te han cambiado para bien – hablo mi viejo amigo Mike, la sorpresa del día.
-No solo tu tienes derecho a mejorar – respondí correspondiendo a su sonrisa.
Mike Newton, el típico amigo que toda chica solemos tener en nuestros años de instituto, corrijo, todo amigo que suele tener toda chica impopular, es decir, yo.
Torpe, vergonzoso, con una habilidad extrema para meter la pata en las situaciones más inoportunas, pero eso si, con un gran conocimiento en matemáticas, algo útil para una negada en esos terrenos tan pantanosos que suelen ser los números, y por supuesto, un desecho social para la élite de animadoras y jugadores de futbol, mi complemento perfecto, tan perfecto, que medio instituto nos tenía como una pareja de enamorados.
Hasta mi hermana llego a pensar que estaba saliendo con él, aunque las descabelladas ideas de mi hermana no contaban mucho, ya que aún siendo menor que yo varios años, ya apuntaba maneras de futura miss popularidad.
Si supiera ahora que en aquel entonces no iba tan mal encaminada, no porque entre Mike y yo hubiera existido algo, no, bueno, no porque yo no quise, pues en nuestro baile de graduación, se acabo declarando entre cientos de tartamudeos.
Pero como suele pasar en estos casos, yo no miraba a Mike, como él me miraba a mí. Era mi amigo, el chico que se sentó conmigo desde mi primera clase de instituto, hasta la última, un amigo con el que poder ir al cine, o pasarnos horas criticando al proyecto de barbie siliconada, o al musculitos sin cerebro, nada más.
Tras esa noche tan… rara, pues no es que soñara mucho con la primera vez que se me declararan pero…, tampoco estaba en mi cabeza que fuera en la parte trasera de mi casa, mientras comentábamos como el rey del baile, le había puesto los cuernos a la reina del baile delante de sus narices, con su mejor amiga…, poco más supe de él, solo que se iría fuera a estudiar económicas, como no podía ser de otra forma.
Y como tampoco podía ser de otra forma, mi padre acabo fichándolo para su empresa, de ahí que acabara en la dichosa fiesta, aunque yo, ni siquiera me enterara de su presencia.
¡Ah claro!, que cuando él llego yo ya no estaba. Y maldita la hora en la que me marche…
Claro, ahora te arrepientes de marcharte, pero bien que anoche pedías a gritos que te sacaran de allí…
¡Dios! ¿Para que sirve la conciencia? Bien que no hablas cuando tienes que hablar…
Lo intente…
-¡Isabella! – gritaron a coro mi hermana y mi prima.
-Tu hermana tiene una facilidad para desconectar del mundo impresionante – escuche comentar entre risas a Emmett.
-¿Que me decíais? – susurre cabizbaja, sin hacer caso de las palabras de mi futuro cuñado.
-Es tu turno para hacer de pitcher – ¿pitcher?
Así se llama a quién lanza la pelota Bella…
¡Ah! vale, mientras no me hicieran correr, perfecto.
Pero si pensaba, que los desplantes y las miraditas raras habían terminado, estaba equivocada. Como si de un deja vu se tratara, Edward volvía a estar frente a mi, solo que ahora él era quien debía golpear la pelota que yo tenía que lanzarle, y esa mirada tan recriminatoria, no ayudaba en mis ganas de desviar el tiro unos centímetros más abajo, justo donde…
-Tu a tu ritmo ¿eh?, tenemos toda la tarde – hablo de pronto Edward, con total ironía.
Y entonces mis ganas, se convirtieron en deseos cumplidos.
Todo fue muy rápido, y juro que aunque lo tuviera en mente, jamás lo planee, pero escucharlo hablarme de esa forma, en conjunto a esa mirada que tanto me recordaba a mi padre, me dieron un impulso desconocido en mí, haciendo que la pelota acabara impactando en su cabeza.
¡Mierda de puntería!, debí practicar más en gimnasia… Aunque bueno, no fueron sus partes más nobles, pero el golpe le podía venir bien para recordar…
No dijo una sola palabra cuando se enderezo, tampoco cuando todos me preguntaron el porque de mi actitud, la cual fue rápidamente olvidada gracias a las bromas de Emmett, pero si hubieron más miradas, concretamente la que me dedico cuando fui a “disculparme”, la cual expresaba claramente “esta me la pagas”.
Y si pensaba que Edward, esperaría a llegar a mi casa para acusarme del pelotazo, estaba muy… muy equivocada.
-Estás completamente loca – susurro entre dientes, una vez tuvo el valor de ponerse a mi lado.
Aunque el acto, no es que tuviera mucho merito, ya que tras mi inocente pelotazo, el juego dio por finalizado, y entonces llego el momento de que mi prima sacara su cámara, pues tenía que inmortalizar tan memorable día, y como no, quería una foto de Edward y mía.
-Si lo dices por el golpe, te aseguro que no fue mi intención – respondí lo más natural e inocente que pude.
Estas cosas pasan por hablar con Ángela. Si yo no le hubiera confesado mi pavor a venir sola hasta Seattle, no habría acabado pagando a un gigoló para que me acompañase, y si esta mañana no la hubiera llamado, no habría adoptado la postura de hacer como si nada hubiera pasado.
Aunque en algo si había dicho la verdad, intención lo que se dice intención, no había tenido, al menos no antes de que él abriera la boca.
-No te hagas la inocente, un poco más y me dejas sordo – volvió a reprochar, fulminándome con la mirada.
-No exageres que no ha sido para tanto – reproche yo ahora.
-Chicos, ¿que tal si me mostráis un poco más de vuestro amor? – sugirió mi prima.
Hay estábamos Edward y yo, una pareja de enamorados, posando de forma desganada, siguiendo así con la estúpida farsa que yo solita me había empeñado en hacerles creer a todos.
Y lo peor de todo, es que estar a su lado, en vez de provocarme rabia, solo me provocaba aun más recuerdos.
Su maldita fragancia masculina, su brazo alrededor de mi cintura, su mano encima de ésta haciéndome desear que alzara un poco mi camisa de algodón, solo lo justo para volver a sentir la sensación de sus manos recorriendo mi piel desnuda y…
No…No, ¡no!, malditas hormonas, dejarme ya tranquila…
-¿Y que tal un besito para la prosperidad? – insinuó mi prima.
¿Y que tal si dejamos de jugar a los fotógrafos?
-Claro, como no – mascullo Edward antes de posar sus labios encima de los míos, y escuchar el flash de la dichosa cámara, inmortalizando el beso más cutre de la historia…
¿Dónde están los besos de anoche?, ¿o los de la noche anterior? … ¿Es que había olvidado eso también?
-Aprovecha, porque solo te quedan siete días – susurro irónico, antes de separarse de mi.
¡Será cabrón!, ni que besara tan bien, además, eso que había hecho, bien podría habérselo ahorrado…
Hoy estaba muriendo un mito, el mito del chulazo, estaba pasando a ser el del mamonazo con mayúsculas.
-Hazme una foto con Bella – pidió Mike, andando hacia mi – Espero que tu novio no se ponga celoso – bromeo mientras pasaba su brazo por mis hombros.
Celoso… él no se acuerda de eso.
-¡Joer Mike!, has cambiado muchísimo – dije impresionada, al pasar mis brazos por su pecho y espalda, en un intento de abrazarlo, era mi amigo, no sería la primera vez que lo hacía.
Aunque ahora, poco quedaba de ese niño desgarbado y delgaducho.
-Nada que no se consiga con una buena alimentación y muchas horas de gimnasio – contesto pagado de si mismo, imitando el gesto de Edward de agarrarse a mi cintura, solo que a diferencia de él, Mike bajo su mano hasta la cadera, llegando incluso a introducir sus dedos por la gasa de mi camiseta, gesto que por supuesto no me dejo indiferente.
-¡Yo también quiero una foto con mi cuñada! – grito un sonriente Emmett.
Claro que si, hoy es del día de que todo el mundo se haga fotos con Bella… ¿Por qué no ponemos un puestecito en la calle, y cobramos cinco dólares por foto?
Oye, de cinco en cinco, puede que consiga salir de los números rojos en los que estaba, gracias al chico sin memoria.
-Ven aquí cuñada…
-Emmett no… ¡Emmett no!
Pero ya era tarde, mis protestas cayeron en saco roto una vez sentí como mis pies se desprendían del suelo, varios metros de altura, mientras mi cuñado me asía con fuerza sobre uno de sus hombros, cual saco de patatas.
Y de nada sirvieron mis múltiples pataleos, bueno si, unas sonoras carcajadas de todos, junto a un moratón en mi muñeca, pero todo valía para inmortalizar el momento con una foto…
Me dolían los pies, las piernas, el estomago, la cabeza, hasta el alma me dolía mientras subía las escaleras de mi casa, solo deseaba una cosa, darme una larga ducha, cerrar los ojos y rezar porque el mañana no llegara, pues ese día era el día para ver como iría disfrazada a la boda.
Y en esas estaba, a punto de entrar al baño para intentar desconectar de todo, cuando Edward irrumpió en mi habitación, sin ni siquiera llamar a la puerta…
¿Ha olvidado sus modales también?
-Mañana iré con Emmett a ver su traje de novio – dijo serio desde el marco de la puerta.
¿Adiós a miradas serias y palabras irónicas?
-Si, yo también voy con Alice a ver los nuestros – conteste mientras cogía mi pijama. De lo último que tenía ganas esta noche, era de hablar cosas que ya no tenían razón de ser.
Dentro de siete días, mi hermana se casaría, ya no volvería a ver más a Edward, y lo vivido la noche anterior, entraría a formar parte de mis recuerdos. No había porque reclamar nada, como decía Ángela, eso que me llevo.
-Vale – susurro - Por cierto – volvió a mirarme - me debes mil quinientos dólares.
-¿Cómo dices? - ¿qué había dicho?
-Ese es el precio por lo de anoche – soltó sin más, antes de marcharse dejándome nuevamente en compañía de un portazo.
¿Ha dicho lo que creo que ha dicho?... No… no…
Si…
Vaya, parece que nuestro chico sin memoria, tiene más de la que dice, y quiere cobrárselo bien caro además…
¿Corro a esconderme? ¿O preferís que me siente a escribir la continuación? :-}
¡¡¡Besos, buen fin de semana!!!
Publicado por
Almu
en
22:09