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Femme Fatale - Capítulo 2

Bueno chicas, parece que la cosa esta gustando, eso me gusta :-}

Gracias por vuestra acogida… Karla, Airam, MamitaKaren, Erin, Thays, Marianna, Ayyys y sed bienvenidas… Alba, Muñ3, Jorgi y Marchu, espero no volveros muy locas con esta nueva idea X*…

Veo que a todas os gusta que sea Edward el narrador, yo os confieso algo, estaba deseando ponerme en su piel, espero no arrepentirme después :-}

Chicas, lo mismo que os dije la semana pasada, aún es pronto para que os conteste dudas, básicamente porque lo que hay de momento no son más que impresiones, las cuales me ha encantado leer, algunas muy acertadas, otras… sobre todo aquellas que decís temerme… bueno… no se, no se… XD. Lo dicho, las dudas serán contestadas cuando sea preciso, o haya preguntas que sean posibles de contestar, de momento recordar, que esto no es más que el comienzo de la historia, tiene que tomar forma.

Bueno no me enrollo más… os dejo con Edward…

****


Capítulo 2


La melodía de lo que parecía ser mi teléfono móvil, me hizo abrir los ojos de golpe, los cuales se centraron en las suaves y desconocidas líneas color ocre del techo.

Permanecí varios segundos inmóvil, intentado recordar donde estaba, o como había llegado hasta allí, hasta que la imagen de aquella desconocida se clavo en mi mente igual que la luz comenzó a filtrase por las ventanas, cegando mis resentidos ojos.

—Bella –pronuncie en susurros, recordando de golpe la maravillosa razón por la que mi cuerpo desnudo, tapado ligeramente con una fina sabana de seda, se hallaba tendido sobre el colchón de la amplia y desconocida habitación.

Pocos segundos bastaron para darme cuenta que me encontraba completamente solo. Ni rastro de la joven portadora de los ojos más intensos que jamás había mirado, no al menos junto a mí en la cama. Todavía algo desorientado, me deshice de la sabana enredada entre mis piernas, y comencé a caminar por la amplia estancia en busca de mis ropas, las cuales se hallaban replegadas sobre el suelo de la misma, junto a varios envoltorios metalizados.

“Al final si tuve mi gran noche”, pensé sarcástico, mientras me hacía con mis calzoncillos. Ya algo más vestido, camine por la habitación en busca de aquella mujer tan magnética, pero… a la vez, tan desconcertante. Me dirigí hacía el baño, recordando la última imagen clara que mi mente me reproducía de ella. Juntos los dos, completamente exhaustos y desnudos, tumbados sobre la cama.

Toque la puerta del baño sin saber muy bien que respuesta quería escuchar. Varias fueron las veces que repetí el gesto antes de abrir ésta y adentrarme en un amplio, pero completamente vacio baño.

“¿Se ha ido?... ¿Cuándo?... Me habría dado cuenta ¿no?”..., varías preguntas de ese calibre se formaban en mi mente a medida que recorría la amplia habitación, como si pensase que ésta fuera a salir de alguna de las esquinas que la formaban.

Por supuesto no salió, estaba completamente solo, no había rastro de ella, ni siquiera una nota o alguna de sus escasas prendas. Nada, solo yo, en compañía de los destellos de su fragancia, los cuales, seguían envolviendo con fuerza toda la zona en donde se hallaba la cama.

La melodía de mi teléfono volvió a resonar, incluso más fuerte que antes. Aún algo desorientado, busque entre mis prendas esparcidas por el suelo el dichoso artefacto musical, el cual descolgué sin mirar siquiera quien era.

—¿Dónde coño estas colega?... –espetó mi socio, sin darme tregua para contestar—. Déjalo, prefiero no saberlo. Edward te espero en veinte minutos en la puerta del Four, o juro que colgare tus huevos como trofeo, una vez te los haya cortado…

—Ya estoy aquí –hablé calmado,  interrumpiendo así su perfecto discurso de hombre ejemplar.

—Estas donde… ¿en el Four Seasons? –reí ante su leve incertidumbre.

—Si… mucho me temo que no me he ido de aquí –confesé mientras me sentaba a los pies de la cama.

—Eres… —calló. Para que decir otra vez lo que ambos ya sabíamos que era—. Subo en cinco minutos –sentenció finalmente antes de colgar.

Tarde menos de un minuto en terminar de vestirme, por lo que aproveche los minutos que me quedaban de soledad para fumarme un cigarrillo.

No había terminado de darle la segunda calada a éste, cuando esos ojos marrones volvieron a clavarse en mi mente. “¿Por qué se habrá ido?”, me pregunte aspirando una nueva calada de mi veneno personal, uno de los pocos placeres a los que no estaba dispuesto a renunciar.

“Mejor así”, me repetí a mí mismo. Lo ocurrido anoche tenía escasa duración, alguien debía tener la iniciativa de marcharse al día siguiente y sinceramente, ya estaba un poquito cansado de ser yo siempre quien lo hiciera. Aunque…, jamás me había marchado sin despedirme, siempre solía dejar al menos una nota con la típica frase… “Gracias por hacer de esta noche algo inolvidable. Cuídate”. N o es que fuera la mejor frase del mundo, pero al menos no las dejaba pensando por qué no quería volver a repetir.

Aunque, siendo sincero, con Bella… con ella no me hubiera importado repetir, al menos, un último de despedida… “Quizás esté hospedada en alguna de las habitaciones del hotel, podría buscarla al terminar la reunión y quizás entonces…” Negué varias veces ante mis estúpidos pensamientos, jamás había mantenido la página abierta de una misma conquista durante mas de algunas horas, con ella no tenía por que ser diferente…

Aunque ella si había sido diferente al resto.

El incesante toqueteo de la puerta me trajo de vuelta al mundo real, ese en el que lo de anoche, no había sido más que una experiencia más que apuntar en mi diario mental. Una excelente si, pero una más en cualquier caso.

—Gracias por abrirme la puerta vestido, he estado a punto de volver a llamarte para pedirte que lo hicieras en caso contrario –expreso Jasper de forma teatral, nada más abrirle la puerta— Aunque… – siguió hablando mientras entraba en la habitación—, me hubiera gustado que no fuera con la misma ropa de anoche pero… contigo, ya me doy por satisfecho –sonrió falsamente.

—El traje de diez mil dólares se ha quedado esperándome en casa… te a seguro que de no haberme dormido, me lo habría puesto– respondí irónicamente, mientras cerraba la puerta de un portazo y caminaba rumbo hacía mi chaqueta.

—A dios gracias que me tienes a mí para despertarte, sino… a saber que sería de ti. Oye, ¿estás solo? –pregunto mirando hacía ambos lados de la habitación.

—Si tranquilo, cuando desperté Bella ya no estaba –conteste a la vez que me colocaba la chaqueta.

—¿Bella?... ¿desde cuándo tus conquistas tienen nombre? –pregunto expectante.

—Desde que les doy tiempo a que me lo digan –respondí rápidamente. Ya eran bastantes los años tratando a Jasper, nuestro duelo verbal, era algo así como una buena costumbre.

—Demasiada información para mis odios chaval. Esa chaqueta esta arrugada –reclamó.

—No suelo llevar una plancha encima. ¿Tú llevas alguna? –pregunte mordaz. Jasper se limito a sonreír desganado, a la vez que giraba su cabeza en signo de resignación.

—Anda, bajemos a la reunión antes de que estos peces gordos se arrepientan –dijo abriendo la puerta.

—Llegamos con tiempo de sobra, tranquilo.

—Lo estaré cuando firme ese dichoso contrato –suspiro mientras caminábamos hacía los ascensores—. Por cierto, toma las llaves de tu Volvo. Tanto cariño que dices tenerle, y lo has dejado toda la noche abandonado a la intemperie.

—No me importa –susurre mirando el llavero que ahora estaba en mi mano—. Si todo esto sale bien, pronto estaré conduciendo el Aston Martin de mis sueños –sentencie guardando las llaves de mi viejo Volvo, en el bolsillo derecho de mi pantalón.

—Amén a eso hermano –susurro mi amigo, mientras las puertas del ascensor se cerraban y una sonrisa triunfante se formaba en mi cara.

Aunque el trato estaba prácticamente cerrado, fue inevitable que, tanto Jasper como yo, entráramos con la sensación de tener los huevos en la garganta a la sala de reuniones. Pero mi amigo y yo no éramos los típicos tíos que se acobardaban en las situaciones cruciales. Al revés, éramos de la clase de hombres que se crecían a medida que la presión aumentaba.

Tras una breve, pero más que brillante exposición, la sensación de nudo en la garganta desapareció, siendo sustituida por otra con sabor a dinero… a mucho dinero. Pues no solo conseguimos el propósito de  firmar para la ampliación del hotel, sino que las cifras de ganancias se vieron aumentadas en un par de ceros más, asegurándome con ello, no solo el coche de mis sueños, sino también salir del inmune piso de sesenta metros cuadrados que tenía alquilado a las afueras de la ciudad.

El sabor al éxito junto a las ganas de celebrar el triunfo me invadían a cada paso que daba hacía la salida del hotel, lo que me llevo a pensar nuevamente en alguien, que no esperaba seguir teniendo cabida en mis pensamientos.

—Espera un momento, tengo que hacer una pregunta –dije sin pensármelo dos veces, dejando los reclamos de mi amigo atrás.

Sin mayores preámbulos, camine hacía la zona de recepción mientras aflojaba un poco el nudo de mi corbata. Jamás en la vida había hecho algo similar a lo que estaba a punto de hacer, pero en esta ocasión, la situación lo requería.

—Perdone –tosí discretamente, antes de volver a dirigirme hacia la joven recepcionista. Lastima que la mirara por donde la mirara, ésta no fuera mi tipo—. ¿Podría decirme la habitación donde se encuentra alojada una joven que se hace llamar Bella? –pregunte finalmente, tragando el gran nudo de saliva aglomerado en mi garganta.

Todo fuera por volver a meter a esa diosa en mi cama por última vez.

—¿Bella que más? –pregunto la joven tras el mostrador, la cual pareció no inmutarse ante mi presencia. Por lo visto, yo tampoco era su tipo.

—Pues no se… ahora mismo me pilla un poco… —bastante que había caído en preguntarle el nombre—. Es más o menos de esta estatura – le indique con una de mis manos—, delgada, larga melena castaña –seguí con mis indicaciones, aunque sabía que estas, de poco iban a servir ante la fría mirada de la recepcionista.

—Señor, aquí no registramos a las personas por su físico, sino por su nombre y apellidos –contesto sin pestañear, con cierto deje de sarcasmo en la voz.

—Ya… —susurre antes de morderme el labio para no soltar la grandísima tontería que tenía en mente.

Como si de tenerla frente a ella, no se hubiera fijado en sus fantásticas curvas, las cuales de seguro, aún estaría envidiando. Como si no conociera yo a las mujeres, me crie con dos para saberlo a la perfección.

—Mirare de todas formas si hubiera alguna Bella –respondió tras varios segundos de silencio por parte de ambos. Por fin había captado el mensaje de que no me daría por vencido así como así.

Apenas asentí en agradecimiento, cuando la voz de mi amigo me sorprendió.

—¿Me puedes explicar que estas haciendo?

—Nada, una tontería mía –masculle entre dientes, restándole importancia al asunto.

—¿No estarás buscando…? La madre que te pario –susurro ante mi silencio. Claro, como él si tenia a una mujer con la que celebrar el triunfo…

—Señor, no tenemos ninguna mujer registrada por el nombre de Bella –ahí estaban mis mayores temores cumplidos.

—¿Y nada parecido? –insistí.

—Lo siento –sentencio antes de apartar la mirada de mis ojos, volviéndola a centrar en lo que quisiera que estuviera haciendo.

Cabreado, me di la vuelta y comencé a caminar dirección a la salida, con pepito grillo a mis espaldas.

—Tú estás chalado…

—Jasper… —suspire tras encararlo— Necesito despedirme de esa mujer. Además, tú siempre me dices que eso es lo más correcto –intente restarle hierro al asunto, para que mi ansiedad no se notara demasiado.

—Si, y tu jamás me haces caso, pero esta vez es distinto –dijo serio.

—Déjalo Jasper –respondí desganado, lo último que me apetecía en ese momento era escuchar un nuevo sermón–. Quería volver a verla, no se me ocurrió ninguna otra idea –confesé finalmente, mientras nos encaminábamos hacía su coche.

—¿Y pensabas que estaría aquí alojada? –pregunto mordaz.

—Alguna conexión tendría que haber en que ella estuviera en el bar anoche.

—¿Y no has pensado que quizás ese no sea su nombre?

—No tenía necesidad de mentirme –respondí nervioso, mientras pasaba los dedos por mi pelo despeinado.

—Como si tú no lo hubieras hecho nunca –bufó sarcástico.

—Jasper no… lo de anoche fue… fue… raro. Hubo conexión –dije mirándolo a los ojos.

—Claro, por eso ella se ha pirado en cuanto a tenido ocasión. Edward, vuelve a la realidad, esa tía seguro que estaba aquí acompañada por alguien, puede que ni este registrada en este hotel, puede que simplemente pasara por aquí y le apeteciera disfrutar de una copa en uno de los sitios más exclusivos de la ciudad…

—Es muy raro todo esto –susurre mientras abría la puerta del copiloto.

—No, lo raro es que no te haya robado nada o algo por el estilo —reí ante la contundencia de sus palabras—. Déjate de tonterías Edward, hay diez mil mujeres iguales a esa chica. Hoy es esta, pero mañana será otra y lo sabes –sentencio antes de girar las llaves en el contacto del vehículo.

No proteste más, Jasper tenía razón y lo sabía, pero aun así, no pude quitarme esos ojos de la mente durante el trayecto de vuelta al trabajo. Tampoco una vez allí, mientras intentaba dibujar algunas ideas para el nuevo proyecto, por lo que decidí marcharme a casa.

Ya en la tranquilidad de mi pequeño apartamento, deje que otros sueños embaucaran mi mente. Sueños tales como el poder alquilar uno de los apartamentos más exclusivos en el centro de la ciudad. No tener más problemas para llegar a fin de mes, olvidarnos de las pequeñas remodelaciones a las que estábamos acostumbrados desde que empezamos a trabajar. Lograr ese prestigio que desde niños veníamos deseando, aquel por el que llevábamos luchando desde el principio.

Sueños que dentro de poco… dejarían de serlo.

En algún momento de la tarde, entre fantasía y fantasía, mis ojos se cerraron dando paso al sueño, sueño que fue interrumpido nuevamente por la imagen de ese par de ojos color chocolate.

—¡Joder Edward! –grite frustrado ante mis incesantes recuerdos. Jamás en la vida me había pasado algo parecido, al contrario, mi capacidad para olvidar a mis conquistas siempre había sido envidiable. Salvo alguna que otra tía, la cual había guardado en el cajón de los momentos de sequía.

Pero esta mujer había sido diferente. Quizás su gran parecido a mí, o la forma que tuvo de engatusarme en el restaurante, estaban haciendo que le diera mayor atención de la que requería… Fuera lo que fuera, el solo hecho de volver a pensar en ella, ya era un golpe de dolor en mi entrepierna.

—Bella… ¿Donde te habrás metido Bella? –me pregunte en voz alta, volviendo a dejarme arrastrar por los recuerdos vividos horas antes en aquella habitación…


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Una ultima cosilla antes de marcharme. Estoy preparando una galería de imágenes con todos los protagonistas, sitios, y demás, pero como muchas tengo que retocarlas con el photoshop, y mi tiempo ahora mismo es limitado, lo voy haciendo de poco a poco, pero en cuanto acabe exámenes, las termino y las cuelgo todas…

¡¡¡Buen fin de semana!!! Besos…

Una de comparaciones

¡¡¡Hola chicas!!! Antes os colgué una de rumores, y ahora vengo con una de comparaciones, os cuento.

Hoy estuve la biblioteca, “estudiando” (lo pongo entre comillas porque parece que nunca aprendo que allí nunca hago nada), y en la hora de la comida, varias compañeras de clase, nuevas adictas a la saga Crepúsculo por cierto, se pusieron a comentar los libros. La verdad es que me he reído un montón (cosa que necesitaba un montón porque llevo días choff con esto de los dolores de cabeza :-S) porque desde hacía tiempo no mantenía ese tipo de conversaciones sobre los libros, sobre Bella, sobre Edward, los Cullen y Jacob, y es en este punto, donde me han hecho una comparación que jamás se me habría ocurrido.

Os transcribo más o menos el dialogo de lo ocurrido:

X (mi compañera): Pues a mí, el libro de Eclipse me gusto muchísimo, se me hizo súper ameno el leer por parte de Bella que no todo era Edward, Edward, Edward…

Yo: Hombre… la verdad es que eso le da un puntillo a la historia, pero no me dirás, ¿que no te entraron ganas de asesinar a Bella?

X: A mi no, es más, creo que a todas y a todos nos pasa algo parecido en la vida, de hay que todas las series siempre utilicen el triangulo amoroso como reclamo de audiencia. Sin ir más lejos, acuérdate de la serie “Sensación de Vivir” (creo que la mayoría la conoceréis por Beverly Hills, 90210 – sigo con la conversación), aquel triangulo entre Brenda/ Dylan/ Kelly (esta última por cierto es la esposa de nuestro Carlisle).


No sigo con la conversación porque todo se resume en negativas por mi parte y la de algunas otras compañeras, mientras ella se cebaba en decir que sí. El caso,  que yo ya ni recordaba aquella serie, y mira que ahora hay una versión actual que sigue la trama de la pionera, pero… no se, es como esas cosas que ves, y pasan los años te las recuerdan y dices, “joer… con lo que me gustaba a mi esa serie”

El caso es que, ya de vuelta a casa, me he tirado toda la tarde en you tube viendo videos antiguos de la serie, y recordando aquel famoso triángulo amoroso, el cual, sigo pensando que no tiene nada que ver con el de Crepúsculo (aunque, al hilo de sus palabras si tengo que darle la razón en cuanto al morbo que da esto de los triángulos, sino… no lo utilizarían tanto), y me ha entrado una mala leche al recordar lo mucho que sufrió Brenda con la traición de su pareja y amiga y me he preguntado ¿seré de las pocas que sufrió con eso?, ¿soy de las pocas que vive las cosas cuando ve una serie, película o lee un libro?... ¿alguien se acordara ya de esa serie y ese famoso triangulo?

Aquí en España, y en medio mundo, fue una serie mítica, pionera en las tramas de adolescentes tan escandalosas como “drogas, sexo, mafias…”, algo que hoy día, podemos encontrar en cualquiera de las series sin ser motivo de escándalo. Es mas, yo recuerdo que no tendría más de diez años cuando empecé a verla, y tenía que hacerlo a escondidas, porque mi madre me lo prohibía (ya no os cuento Melrose Place, hay si me tenía que esconder). Y la de revistas con la cara de los chicos guapos de la serie, las carpetas forradas con ellos de mis compañeras de clase (yo se ve que hay fui niña rarita, jamás he puesto un poster, ni he forrado nada con la cara de nadie :S), por no mencionar, que sin lugar a dudas, creo que Dylan (Luke Perry), fue el primer ídolo al que idolatre (algo así como años mas tarde hicieron muchas con Leo Dicaprio, o ahora sin ir más lejos con Robert Pattinson, pero sin ser tan extremista, ya os digo que yo era más rarita :-}), que le voy hacer, me encantaba su tupe :-}

El caso es que me he puesto nostálgica y me he dicho, ¿por qué no ser como mi compañera de clase?, ¿se acordaran mis chungas de esta serie?, ¿la vieron?, ¿de sus miticos personajes, Brandon, Donna, Kelly, Brenda, Steve, Dylan, David, Andrea...?,¿eran de Brenda/Dylan o de Kelly/Dylan? yo por supuesto del primer grupo. ¿Os pasa como a mi compañera y ese triangulo os recuerdan a Edward/Bella/Jacob?

Para seguir con el recuerdo, aquí os dejo una imagén y un vídeo con la entradilla de la serie… Madre mía que recuerdos…



(Señor, que penosos fueron los 90 con la moda :-S)



(Por cierto, el personaje de Steve, me recuerda muchisimo a Kellan físicamente, y no se porque :-})


Si hay alguna mítica serie, y queréis ser como mi compañera y recordármela, adelante, que estos días ando yo de un tonto…:-S. Eso es porque ya echo de menos a Ayyys jejejejeje…

Una de rumores

Vengo con una de rumores, ¿porque a quien no le gusta cotillear (curiosear) de vez en cuando? Pues justo eso es lo que yo he estado haciendo esta tarde un ratillo, y uno de los portales cibernéticos mejores para encontrar toda clase de rumores, es el de Europa Press-Chance. Pues nada he entrado en el, y la primera noticia que me he encontrado al entrar, a sido una que me sorprende, pero quizás no tanto siendo quienes son los protagonistas.


“Ashley Greene y Jackson Rathbone, pareja dentro y fuera de ‘Crepúsculo’”

El artículo, como no podía ser de otra forma, menciona a la pareja por excelencia, tanto dentro como fuera de la pantalla, no hace falta decir quienes son ¿no? :-}, y menciona que los siguientes en seguirles, en esto de liarse fuera de la pantalla, son Ashley y Jackson, nuestros Alice y Jasper. Por lo visto la nueva “pareja”, según Hollywood Life, ya sabemos lo confiable que es esa fuente (nótese el sarcasmo), ha sido vista besándose durante un concierto del grupo de Jackson (100 Monkeys), en compañía también de Nikki Reed (imagino que esta última no formaría parte de esas carantoñas, pero… visto lo visto, todo puede ser :-}).

Sinceramente, no se que credibilidad puedo darle a esto, y menos sin una foto de por medio, pero no son nuevos los rumores de que entre estos dos (Ashley y Jackson), haya podido haber algún que otro acercamiento durante el rodaje de las cinco películas.

Ahora, de ser cierto a mi me dolería :-[, pues adoro a Jackson, pero como yo no puedo tenerlo, pues quien mejor que Ashley ¿no?, aunque admito que la chica, pues no es que me mate pero… ¿quién soy yo para juzgar?

Lo que no me pienso perder, de ser cierto todo esto, son los comentarios de la gente, es decir, de confirmarse dicho romance, quiero ver si la gente hace lo mismo que ha, y sigue haciendo con Robsten, que no es otra cosa que poner en tela de juicio el romance, y acompañar esa palabra junto a la de montaje publicitario…


Sea cual sea la verdad, solo el tiempo lo dirá, mientras os dejo un par de fotitos de la pareja cinematográfica, en una sesión de fotos de hace algún tiempo, donde demuestran que química hay y roce... parece que también :-}















Nota original  AQUÍ



Por cierto, en el mismo portal (Europa Press – Chance), hay otro jugoso artículo sobre el romántico cumpleaños que Kristen preparo a Robert, la fuente no es otra que OK Magazine (otra de estas revistas súper confiables), que por lo visto, metieron una cámara a la habitación, pues… a tenor de lo que narra… no se yo :-}

¿Quieres? - Capítulo 23

Chicas mi intención era que este capítulo fuera más largo, pero llevo todo el fin de semana con jaquecas muy fuertes (por lo visto es sinusitis, aunque aún faltan los resultados de una prueba médica que me han realizado hoy :-S), así que lo he dejado como estaba porque de nada sirve que me fuerce ahora, bueno si, de que me duela más la cabeza :s… Sorry si es un poco flojo el capítulo.

En honor a Marianna…, respondiendo algunas dudas, y creando algunas más :-}:

Lau: Por supuesto, el primer despertar de ambos juntos en la misma cama no podía faltar:-}. Aunque como tu bien dices, este a sido el menos incomodo, a ver como son los siguientes:-}. Gracias a ti cielo;-)

Marianna: Tenme miedo tenme :-}. Tranquila, recuerda que Jacob es gay… no te preocupes por Bella XD. El momento sabana, ese momento solo puede ser de Bella, solo ella hace esas cosas, esta loquilla. Conexión y química… si, y la que aún queda por ver X*. No te preocupes por hacer un testamento, a mi me encanta leeros, os lo juro. Por cierto, ¿qué tal tus exámenes?, genial, seguro. Gracias cielo ;-)

Erin: Te lo digo lo mismo que a Marianna, tranquilas, Jacob es gay… o no… a lo de tranquilas me refiero :-}. Por cierto, soy de las tuyas, con un dios en la cama yo tampoco dormiría, ni tendría problemas en verlo desnudo buscando la ropa XD, pero nuestra Bella, es más pudorosilla, o eso cree ella. Enredado si, pero como tu bien dices, lógico e ilógico, así son los sentimientos. Te resuelvo tu duda, la historia de Edward, será una historia propia, ósea se, el mismo fic, pero desde el punto de vista de Edward, y conociendo todos sus misterios, y vendrá a continuación de este. Ahora ya podéis matarme ;-D. ¿Qué va a pasar?, yo si lo se, la historia esta totalmente estructurada, pero aún queda por saber de Bella, tranquilas quedan tres días y medio, pero aún queda. Gracias a ti cariño ;-)

Karla: Muchas, muchas… ¿o debería decir que muchos son los orgasmos que le quedan a Bella por vivir? X*. Bella esta loquilla, y encima Edward le da coba, pues ella aún se enloquece más. Esa foto la tengo hecha desde antes de empezar con el fic, la vi y dije, este tiene que ser para la historia, poco a poco mis conocimientos con el photoshop se amplían :-}. Bella también tuvo la misma sensación que tu sobre el beso… ¿Por qué no la beso?... porque vio la ropa, al menos esa es la versión oficial, la extra oficial… ya la conoceréis X*. Gracias a ti cariño ;-).

Airam: El blog esta peor que Bella, te lo digo yo, que no veas la de peleas que tengo con el cada vez que me toca actualizar (es una tortura porque me junta todas las letras y me toca separar los párrafos ¡argggg!). Si a ti te dejo mareada Bella… imagínate a mí, es una locura imaginármela… esta completamente chalada. ¿Te la imaginas corriendo desnuda hacía el baño?, si mira la que ha liado. No, esta se nos cae se rompe una pierna y se queda espatarrada desnuda en el suelo a la espera de que Edward despierte, (no te creas que la idea… la pensé :-}). ¿Se esta cociendo el arroz?, espero que no se queme X*. Gracias cielo ;-).

Dana: No te preocupes cielo, todas tenemos obligaciones, tu a tu ritmo, sabes que yo estoy encantada de leerte por aquí. Me queda claro, te gusta todo :-}. Aunque puede que no lo parezca, Bella es muy impulsiva, de ahí esa parte ilógica. Gracias cariño ;-)


Sorry también si estoy escasa en los comentarios, ya os digo, que llevo unos días que no me encuentro muy bien :-S. Venga chicas, os dejo con el siguiente…


Capítulo 23 – Políticamente correcto

“Aún cuatro días antes de la boda”


-Esto que estas haciendo conmigo es injusto – protesté de manera infantil, mientras un inocente puchero poseía a mi labio inferior.

Tras una ducha rápida en la que intente encontrar la parte lógica de todo lo ilógico que me estaba pasando, volví al mismo punto del día anterior, tenía que dejar de intentar encontrarle sentido al asunto y disfrutar de ello sin pensar en nada más. Lo que me llevo a la siguiente cuestión, ¿qué ropa era la adecuada para un nuevo día ilógico, de una mujer que no pensaba en cosas lógicas?

Tarde media hora en decidirme entre el lógico vestido ajustado que cualquier mujer elegiría, teniendo a semejante hombre esperándola en el piso de abajo, o los ilógicos vaqueros ajustados capaces de cortar la respiración. Y dado que era un miércoles nublado, con clara tendencia a llover, y que me tocaba hacer turismo en busca de la dichosa tiendecita de víveres, me decidí por lo ilógico combinándolo con una blusa blanca, algo menos ceñida que mis vaqueros y de generoso escote, y mis Christian Louboutin de catorce centímetros, de los cuales me arrepentí nada más ponerme pero… eran preferibles antes de dar la imagen de ser la enanita de Edward.






-¿Comprar comida es injusto? – pregunto Edward con la vista abstraída en algún punto de la estantería de la pasta.

-No… pero hacerme llevar el carrito de la compra si lo es – volví a protestar. Eso me pasaba por hablar.

Dicen que la mente funciona antes que cualquier otro músculo del cuerpo. En mi caso no era así, de ser así, me lo habría pensado dos veces antes de decir… “Hey… ¡un carrito!, jamás he llevado uno”.

-Es que me sorprende que nunca hayas sido capaz de llevar uno – añadió con una sonrisa ladina, dejando sobre el carrito un paquete de tallarines.

-No me hace falta, vivo sola ¿recuerdas? – inquirí mordaz - ¿Porque usar un carrito si no tengo necesidad de llenarlo? Además, nunca hay carritos en el supermercado al que voy – añadí mientras le seguía por los pasillos de la tienda.

-No te quejes, un paquete de tallarines no pesa tanto.

-No es que pesen… Pero yo te tenía como un completo caballero y cada día que pasa, me demuestras más que estoy equivocada. La leche desnatada sino te importa – pedí al ver como cogía entre sus manos la del tipo entera.

-Bella, la leche desnatada es agua – exclamó en un susurro.

-No es agua, es sana… ¿Sabes cuantas calorías lleva esa? – proteste mientras Edward soltaba una risotada.

-Está es la misma leche que te ponen cuanto te pides un café en cualquier cafetería – dijo en su defensa.

-No, porque yo lo pido con leche desnatada – añadí yo en la mía.

-¿Alguna vez han hecho tu café delante de ti? – inquirió alzando las cejas.

-No…  - negué con la cabeza, pero al ver la expresión risueña de su rostro, volví a protestar - ¿Qué insinúas?, ¿porque pones esa cara?

-No insinuó nada. Bella – ahí estaba otra vez su sonrisa engañina - en las cafeterías solo tienen un tipo de leche, y es está.

-Eso no es cierto – volví a rebatir.

-Esta bien – suspiro vencido - haremos algo. Cogeré la desnatada a cambio de que tú aceptes una apuesta – sugirió, y nuevamente mi lengua funciono antes que mi cerebro.

¿Pero quien no, ante ese tono tan adulador?

-Habla.

-Si consigo demostrarte que la leche de las cafeterías no es desnatada, ganare, y tú harás algo a cambio.

Una cínica sonrisa se dibujó en su rostro tras pronunciar aquellas palabras que ahora hacían eco en mis odios. Apuesta, ganar, premio, palabras que lejos de cohibirme, hicieron que mi cuerpo entrara en un estado de ansiedad por conocer cual era ese premio.

-¿Algo como qué? – pregunte hipnotizada por el brillo de su mirada verde esmeralda.

-Eh, hay radica el reto, si te digo lo que es te echaras atrás. La emoción esta en no saber de que se trata – respondió en tono sutil, a la par que sugerente, consiguiendo con ello que mi garganta se secara de golpe.

-¿Y yo que gano, si tengo la razón? – inquirí en un susurro, mientras un pequeño nudo comenzaba a formarse en mi estómago.

-Lo mismo, haré lo que tú quieras. ¿Aceptas? – pregunto dejando su boca ligeramente entre abierta, mientras sus ojos curiosos me estudiaban con detenimiento.

¿Hacía falta responder a su insinuación?

La ladina sonrisa volvió al rostro de Edward mientras yo asentía débilmente. Tras ello, dejó el cartón de leche desnatada junto al de los tallarines y prosiguió su camino hacía el fondo del pasillo y yo sin más, empuje el carrito siguiendo así sus pasos, mientras la sensación de humedad, comenzaba a hacerse patente en mis bragas.

¿Desde cuando hablar sobre los distintos tipos de leches, se convertía en un motivo de excitación? La respuesta me invadió, antes de que Edward se detuviera en el estante del café. No era el tipo de conversación, era hablar con él directamente. Daba igual el tema del que se hablara, Edward tenía el don de convertir la situación más grotesca en la más sensual y esa sensualidad, no pasaba inadvertida en mi cuerpo.

-El café no es negociable – me indico enseñándome leves segundos el frasco del café, antes de depositarlo junto al resto de la escasa compra.

Y sin más, la estúpida sonrisa volvió a mi rostro mientras Edward retomaba su atención en los estantes del pequeño supermercado. Algo contrario a lo que hizo yo, pues mientras él ojeaba cada uno de los productos, yo me centraba en observar como sus dedos rozaban sutilmente éstos, como se fruncía su ceño cada vez que algo parecía desagradarle, o como se torcían sus labios cuando parecían interesarles.

Y cuando su atención estaba centrada en caminar, la mía estaba concentrada en su cuerpo. La gracilidad con la que caminaba, lo jodidamente bien que se ceñía la camiseta oscura que vestía sobre su espalda, torso y cintura, el borde de sus vaqueros, escudriñándose tras el termino de su camiseta a la altura de su cadera,  lo rematadamente sexy que se veía con ellos puestos, ese culo que aún recordaba desnudo… Ese culo capaz de ser la perdición de cualquier ser humano.

Estaba claro, si antes tenía dudas, ahora no tenía ninguna, deseaba con todas mis ansias que Edward tuviera razón, y el mundo de la leche desnatada solo existiera en los frigoríficos de mujeres como yo.

Sentí como mis labios se estiraban en otra idiota sonrisa mientras dejaba volar mi mente. ¿Qué haría Edward conmigo si tuviera razón?, ¿si ganara esa, ya no tan tonta apuesta?... ¿Me bañaría en leche y bebería de mí?...

Y aún mejor, ¿qué haría con él, si yo tuviera la razón?

-¿Con que vas a hacer los tallarines? – pregunto de pronto Edward, trayéndome de vuelta al mundo real, ese en el que la leche es para beber, no para fantasear…

Señor… estoy perdiendo el norte, el sur, el este y el oeste, pero todo es culpa tuya… por crear… a semejante ser tan políticamente correcto.

-Perdona ¿que decías? – pregunte cuando la mirada inquisidora de Edward, volvió a encerrar a mi mente en mi cabeza.

-Te preguntaba con que ibas a hacer la pasta… ¿con tomate?... ¿alguna salsa especial?...

-¿Te fías de dejarme en la cocina? – inquirí sorprendida.

-Me dijiste que sabías cocinar – contesto irónicamente.

-Si pero… - callé, por una vez, mi mente funciono antes que mi lengua y me acallo antes de decir “no es buena idea dejarme jugar con el fuego, estando tú cerca de mi” – Ves como por minutos vas perdiendo los modales – dije mordaz, llamando a sus risas.

-Yo te haré el desayuno mañana – susurro acariciando con su voz aterciopelada mi oído, a la par que su brazo lo hacía con mi mano mientras se hacía con un bote de mermelada.

Mermelada, leche, desayuno… apuesta…

-Chantajista – susurre mirándolo a los ojos, mientras sentía como todo el vello de mi cuerpo se ponía de punta.

Una caja de huevos, distintos tipos de verduras, algo de carne picada y varias fantasías más tarde, nos colocábamos tras una señora, con el carrito lleno, a la espera de que la cajera, una joven maquilla como cualquier señorita de vida alegre, con sangre, no muy alegre a juzgar por la lentitud con la que pasaba los productos por el lector, terminara de atender a un matrimonio. Cosa que a este paso, bien podría tardar varios días…

-Espero que nos atienda antes de que mi hermana se case sino… me matara. No te rías – proteste burlona – créeme, reservara energías para matarte a ti también.

-Entonces dile a tu hermana que le pase algo de energías a ella – susurro a la vez que hacía un gesto con la cabeza señalando a la cajera, la cual parecía entretenida con el maduro matrimonio, mientras estos se peleaban entre risas por llevar las bolsas de la compra.

-Es bonito – susurro Edward, con su vista abstraída hacía la pareja.

-Si – susurre yo, mientras una sonrisa volvía a apoderarse de mí cuando el marido, le arranco literalmente la bolsa de la compra a la mujer, y tras las protestas de ella, él le hizo un guiño con la lengua.

¿Alguna vez tendría yo eso?... Dicen que si deseas mucho algo, ese algo sucede… Hubo una época en la que yo lo desee, y lo único que obtuve, fue un traje de novia sin estrenar.

Antes de que la nostalgia me invadiera, observe como la sonrisa dejaba de dibujarse en la cara de Edward dando paso a una expresión algo más sería mientras su vista se centraba a mi izquierda. Motivada por su gesto, seguí su mirada.

Ahí estaba, junto a los dulces y chocolatinas de los niños, aquello que parecía haber llamado la atención de Edward.



Sabor a plátano, fresa, mentolado, todo un dulce para el paladar infantil más selecto. Un comentario sarcástico, en alusiones al tema, comenzaba a tejerse en mi mente, cuando la mano de Edward se extendió frente a mí, haciéndose con varias cajas de… dulces extra finos…

-¿No iras a meter eso al carrito? – proteste mientras mi cara se tenía de un rojo intenso.

-¿Porque llevarlo en la mano cuando esta el carrito? – inquirió con normalidad.

-No… es que… no… ¿Para que quieres eso? – ahí estaba la gran pregunta del día, la única que mi mente y mi lengua fueron capaces de procesar, dada la situación.

-¿Por qué no me quedan? – respondió en forma de pregunta, arqueando sus cejas.

-¿Y? – no, ¿y? si había sido la gran pregunta del día…

Solo te falta preguntarle para que se utilizan…

-Bella…

-Déjalo – proteste acallándolo - no hagas esto aún más embarazoso de lo que ya lo es - susurre totalmente avergonzada.

-Es algo natural… - dijo burlón - No debería darte vergüenza cuando…

-Edward… - volví a protestar, sin separar la barbilla de mi pecho. Solo de imaginarme su sonrisa socarrona, mi vergüenza iba en aumento.

-Esta bien – susurro haciendo que con ello los sudores fríos que gobernaban en mi cuerpo se tranquilizaran - Falta la nata – dijo de pronto, haciendo que mi vista se centrara en él tras el incidente  - Para la pasta tonta… aunque ¿si quieres? – hay estaba otra vez su tono insinúate.

-Da igual – espete apartando mis ojos nuevamente de los suyos - Puedo improvisar algo con la leche… No, con la leche no – me contradije ante la imagen que rápidamente se formo en mi mente, de mi cuerpo desnudo bañado en leche.

Señor, tengo que salir ya de aquí, llevo demasiado tiempo en el supermercado.

-Ahora vengo – susurro de pronto Edward.

-¡No!

-Me da tiempo de ir y volver – protesto ante mis reclamos.

-No puedes dejarme sola con… ellos – dramatice señalando las cajas de preservativos, las cuales no dejaban de mirarme con lujuria.

-No van a comerte – susurro Edward, volviendo a acariciar con su voz mi oído - Ya vengo – musito con un giño de ojos, antes de darse media vuelta y marcharse.

Yo ni proteste, bastante tenía con aferrar mis manos con fuerza en el barrote de metal del carrito, pues el temblor de mis rodillas, debido a su nueva cercanía, vaticinaban que de un momento a otro me desplomaría en el suelo.

Embaucador, eso era Edward, un embaucador, un encantador de serpientes capaz de convencer a cualquiera con tan solo una sonrisa, el perfecto político deseado por todos los votantes. El perfecto senador, políticamente correcto.

-Hola – mascullé entre dientes, saludando a la señora que había frente a mí, la cual parecía estar más pendiente de mis gestos, que del niño malcriado que la acompañaba.

Cohibida por la mirada escrutinia de la mujer, agache la vista centrándola nuevamente en la compra. Ahí estaban las tres cajas “textura extra fina” mirándome como si de un momento a otro fueran a saltar a grito de ¡pecadora!. Es natural, claro que es natural, pero en mi vida había comprado preservativos, creo que en mi vida había visto una caja tan de cerca… es normal que necesite un tiempo de adaptación ¿no?

Inconscientemente, cogí una de las pequeñas cajas y me entretuve en mirarla. Si Ángela pudiera verme en esta situación… No se lo creería. Yo, la recatada de mí comprando preservativos… Aunque creo que alucinaría más por el echo de saber que los fuera a usar.

“Trojan, textura extra fina… placer ilimitado, tres unidades”. ¿Tres unidades? Yo era de letras, pero si mis cuentas no me fallaban, tres por tres eran nueve, nueve preservativos… ¿Nueve preservativos?... ¿Los iría a usar conmigo?

Involuntariamente, una risa nerviosa se apodero de mí con tan solo ese pensamiento, sonrisa que desapareció tras el sonido de la voz del niño malcriado.  

-Mama, ¿eso que lleva esa señora que es? – automáticamente, solté la caja hacía el interior del carrito, y volví a sonreír a la señora.

No sabía que me ofendía más, si la mirada inquisidora de la mujer, o que su hijo me llamara señora.

-Son globos cariño – respondió la madre a su curioso niño.

-¡Yo también quiero globos! – demando entre gritos el niño, mientras las ganas de que se abriera la tierra bajo mis pies, se apoderaron de mí.

-En el parque ahí globos más bonitos, ahora vamos y te compró allí.

-No, ¡yo quiero globos como esos! – protesto el malcriado, entre pucheros.

Y como la tierra no se abría, y sentía la fuerte mirada inquisidora tras las gafas enormes de la señora, repetí mi gesto de mirarla por tercera vez y sonreírla fingidamente. Sonrisa que no fue devuelta, pero al menos, conseguí que me diera la espalda y se centrara en terminar de poner sus productos sobre la cinta de la caja, mientras su niño me miraba con ojos de corderito.

-¿Me das uno? – pregunto de pronto el  niño, alzando su mano hacía mi, mientras sus ojos intentaban derretirme.

¿Qué pasa con el ADN de los chicos?... ¿Tienen que ser tan persuasivos desde niños?

Apunto estaba de escapar de la situación tan surrealista en la que me estaba viendo envuelta, cuando Edward apareció de pronto luciendo su mejor sonrisa, acompañada de su andar felino.

-No vuelvas a dejarme sola – susurre una vez Edward se posiciono a mi lado.

-¿Qué has liado ahora? – inquirió mordaz.

-El niñito, quiere un globito – musite señalando ligeramente al niño que ahora estaba siendo reprendido por la señora de mirada escrutinia – De esos globitos – añadí señalando ahora las cajitas extra finas, que ahora ya no me miraban con tanta lujuria.

-Chico listo – se mofo Edward, haciendo que mis ojos se abrieran como platos - ¿Qué?... ¿De pequeña nunca los has confundido con globos? – pregunto haciendo que mi cara nuevamente se tiñera de un rojo profundo – Cuéntame lo que estas pensando – negué duramente – Cuéntamelo – volví a negar, mientras apartaba mi mirada de la suya.

Jamás revelaría mi gran secreto, ese que tenía olvidado y gracias a Edward acababa de recordar. Al menos no en voz alta.

Nunca había visto una caja tan de cerca, eso era cierto, pero si me había topado con algún que otro envoltorio metalizado, antes de que mi vida sexual se activara. Tenía ocho años, aún seguíamos viviendo en Forks. Un día, como muchos en los que Renee se entretenía en el jardín mientras Charlie trabajaba, Rose y yo entramos a su habitación. Ella para coquetear con las joyas y pinturas de Renee, yo para reírme de ella mientras se ponía de pintura hasta las cejas.

Pues bien, ese día, mientras Rose imitaba su maquillaje al de la cajera del supermercado, yo comencé a cotillear los cajones de la mesita de noche de mis padres, ahí me tope con mi primera experiencia “sexual”. Como niña que era, corrí hasta el lavabo para llenar el “globito” de agua, globito que Rose y yo utilizamos de pelota en el jardín, hasta que claro, Renee nos pillo.

Nunca entendí la reacción y los gritos de Renee, ni tampoco el porque ya no habían más globitos en el cajón. Años más tarde… comprendí la situación.

-Algún día me lo contaras – alardeo Edward, mientras una sonrisa triunfal bordeaba sus labios.
Jamás… bastantes situaciones bochornosas sabía ya.

-No estés tan seguro – susurre.

-Veremos si dices lo mismo, cuando gane la apuesta – insinuó, mientras una sonrisa sagaz de perfilaba en sus labios.

-Eso no es justo – proteste haciendo que él sonriera ampliamente.

-Has aceptado, así que, todo vale – y yo fantaseando con la leche. Adiós al mundo de las fantasías.

-Siguientes.

-¡Aleluya! – vocifere tras escuchar la voz nasal de la cajera.

Tuve que fingir otra sonrisa tras la mirada inquisidora de ésta. Otra vez, hablaba antes de pensar.

La imagen de Edward y yo colocando la escasa compra sobre la cinta que daba acceso al lector, me recordó a la pareja que habíamos visto instantes antes. ¿Nos pareceríamos a ellos?, ¿un matrimonio bien avenido que se dedicaba a comprar juntos? ¿Llegábamos a dar esa impresión?

De pronto, sentí como un pequeño vacío se instalaba en mi estómago, ya no se si debido al hambre que tenía, o a mis fantasías, las cuales fueron disipadas, antes de que la cajera terminara de pasar los productos.

¿La razón de dejar de soñar? Recordar que todo esto tenía fecha de caducidad, y esta, cada vez estaba más próxima. Jamás debía olvidar ese detalle.

-Treinta y tres dólares, con veinticinco centavos – voceo de pronto la de la mascara por rostro.

-Pago yo – dijo Edward, mientras se llevaba la mano al bolsillo de su pantalón.

-No, déjame pagar a mí – contradije siendo yo ahora la que llevaba mi mano al bolsillo trasero de mi pantalón, donde había guardado cincuenta dólares en la mañana.

-He dicho que no – sentencio, pasándole un billete idéntico al mío a la cajera.

No me dio tiempo a rebatir, más bien, la mirada descarada de la chica hacía Edward, no me permitió hacerlo. Estaba claro que ante todos, no parecíamos un matrimonio.

Imitando su descaro, clave mi mirada en la joven, la cual no tardo en apreciar dicha observación. Ni corta ni perezosa, agarre una de las pequeñas cajitas, y sin apartar un ápice mi mirada de la suya, ennegrecida por el rímel, me deleite mientras metía la caja en una de las bolsas, haciendo con ello que la expresión de su rostro se contrariara.

Puede que lo mío con Edward tuviera fecha de caducidad, pero durante ese tiempo, la única que iba a utilizar esos preservativos con él, iba a ser yo.

Una sonrisa triunfal se dibujaba en mi cara mientras salíamos por las puertas del supermercado. Por supuesto, Edward tampoco me dejo llevar las dos bolsas llenas de compra, ni siquiera mientras abría el maletero del coche viejo de Charlie que habíamos cogido prestado para llegar hasta Forks el día anterior.

Apenas estaba apunto de montar en el asiento del copiloto, cuando una voz madura me llamó.

-Perdone joven – era la misma mujer que peleaba con el marido en el supermercado – ¿Sois de por aquí?, es que estamos de vacaciones, y nos han comentado que ahí una playa en los alrededores, pero mi esposo no logró encontrarla. Hombres – suspiro, poniendo sus ojos en blanco.

-Eso no es cierto. Lo que pasa es que me pones nervioso mientras conduzco – contradijo el marido, tras acercarse a nosotros.

-¿Yo te pongo nervioso?… Excusas, todos son iguales, que no te engañe ninguno cielo – me advirtió, guiñándome uno de sus pequeños ojos azul claro.

-Deja hablar a la joven. Disculpa a mi esposa, con la edad…

-No se preocupe – respondí risueña - Si hay una playa… La push, esta a las afueras del pueblo, dirección al oeste, a un kilometro más o menos. Hay indicaciones cerca de la entrada – les indique.

-¿Ves Roger? Te dije que estaba al oeste – protesto la mujer, mirando a su marido. Apenas un par de metros nos separaban de ellos, pero desde mi posición, podía ver como los ojos de ésta brillaban cada vez que miraba a su esposo.

-Tú no dijiste eso – expreso él con ironía, mientras nos miraba a Edward y a mi.

-Claro que lo dije – rebatió ella, causando las risas en nosotros.

-Discúlpennos, aunque parezca que nos llevamos a matar, nos queremos muchísimo – añadió el marido con humor.

-¿Ustedes están casados?

-Clare… por dios – objeto el marido tras la pregunta de ésta.

-No se preocupe. No, no lo estamos – respondió Edward, en tono jovial.

-Pues os lo recomiendo – intervino nuevamente la mujer - Hoy día la juventud no se casa por miedo al fracaso. Pero os aseguro que es una experiencia muy bonita – volvió a mirar hacía su marido, él cual correspondió a su mirada complacido.

-Aunque a veces tenga ganas de matarla – susurro éste.

-Yo tengo más ganas – susurro ella por lo bajo, haciéndome sonreír de nuevo.

-¿Nos vamos cariño? – pregunto Roger a Clare. Ésta asintió entusiasmada, antes de despedirse de nosotros.

-Muchas gracias.

Una extraña sensación de paz, se apodero de mí, mientras contemplaba como la pareja caminaba hacía su vehículo con las manos entrelazadas.

-Son felices – sentí susurrar a Edward a mi lado.

Eran felices, eso nadie podía ponerlo en duda.

-No sabía que había playa por aquí. Vas a llevarme ¿verdad? – pregunto Edward de pronto, llamando mi atención.

-¿Lo dices enserio? – pregunte exceptiva.

-Muy enserio – sonrió - ¿Cuándo vamos? ¿Ahora?

-Ahora tengo hambre, además, con esta ropa no puedo ir a la playa – le indique señalando mi zapatos. Bastante que aún seguía en pie.

-Claro que sí puedes ir – rebatió burlón.

-Tengo hambre, además, llevamos la compra – demande entre quejas, las cuales parecían no importarle.

-Bueno, dejamos la compra en tu casa y te invito a comer algo rápido en la cafetería que vi viniendo hacía aquí – sentenció.

-¡Edward! – proteste mientras él caminaba dirección a la puerta del vehículo.

-¡No es negociable Bella! – grito antes de montar en el asiento del conductor.

Una sonrisa se dibujo en mi rostro mientras abría la puerta para introducirme en el vehículo…

Hombres… todos tan políticamente correctos.


Lo dicho, siento si es flojito, pero no quería haceros esperar mucho. ¡Besos!

Primer poster oficial de Amanecer

Aún queda algo menos de seis meses para el estreno de la cuarta entrega de la saga Crepúsculo, Amanecer, esa película que tanto deseamos ver todas (o al menos yo después de ver aquellas fotos “prohibidas”), y Summit nos deja ver el primer poster oficial de la misma para que no nos olvidemos de ella.



La fotografía, hace bastante justicia al nombre de la peli, por lo que podemos ver, aunque yo estoy deseando ver los siguientes posters, ya con fotos de los protagonistas, pero bueno, esto como anticipo, no esta nada mal.

Contando los días para ver el primer tráiler… Ya va quedando menos chicas ;-)