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Femme Fatale - Capítulo 1

Bueno, hoy es viernes, y lo prometido es deuda… Ay… estoy hasta nerviosa XD.

Antes de meternos en faena, quiero agradeceros profundamente vuestro apoyo y comentarios; Karla, Airam, MamitaKaren, Erin, Thays y Marianna y Ayyys, que aún en la distancia sigue mandándome su apoyo. Muchísimas gracias por vuestra acogida, y bienvenidas a esta nueva historia, para mí si es un verdadero placer contar con vosotras.

Todavía es pronto para aclararos dudas, pero sabéis que lo hare en cuanto sea preciso.

Me han encantado vuestras opiniones, pero creo que cambiarán cuando leías el primer capítulo, el cual os dejo ya leer.

Ale… disfrutar de Edward.

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Capítulo 1


Apenas podía meter la tarjeta en la cerradura de la habitación. Sus manos, las manos de mi nueva conquista, enredadas entre los botones de mi camisa, no hacían más que multiplicar mis ansias.

Sus finos dedos se deslizaban con habilidad por el borde de mis pantalones, cuando por fin la luz verde se encendió. En un movimiento sorpresivo, la cogí por su cintura, y la introduje en la oscura habitación donde volví a arremeter contra ella en busca de sus labios, esos gruesos y a la vez tan delicados labios que habían estado tentándome por todo el pasillo colindante a la habitación.

¿Quien me iba a decir que acabaría utilizando los servicios del hotel que nos había contratado para hacer una de las mayores ampliaciones, jamás vistas para un incipiente despacho de arquitectos? Mejor todavía, ¿quién me iba a decir que acabaría la noche en compañía de semejante monumento?... Puede que cualquier sensato que nos hubiera observado durante al menos cinco minutos.

Jasper ya me lo había avisado. Mi cuñado como siempre tan suspicaz.

“Una importante cena de negocios”, recalcó en la mañana, mientras me contaba los detalles de la cita. El Four Seasons, uno de los mejores hoteles de Nueva York, nos había escogido entre los miles de despachos arquitectónicos de la ciudad, para el estudio de una importante ampliación, ampliación que, de llevar a cabo, llenaría de prestigio nuestro incipiente despecho, el cual apenas llevaba dos años en activo y poca trayectoria a nuestras espaldas.

“Le daré la gracias a mi duende en cuanto la vea”, dije en alto mientras Jasper y yo brindábamos en el restaurante del hotel, la futura firma del contrato, refiriéndome a mi hermana pequeña, la causante de que todo este sueño fuera posible. De algo tenía que servir ser el esposo y el hermano de una de las más prestigiosas decoradoras de interiores de toda la ciudad.

No había terminado de beberme la primera copa de la noche, invitación por supuesto a costa del hotel, pues como así nos había hecho saber el gerente, no podía ser de otra manera, cuando sentí los ojos más intensos que jamás había visto, centrados en mí.

Para la tercera copa, las miradas furtivas entre la desconocida y yo habían pasado a un segundo plano siendo estas sustituidas por unas intensas, y por supuesto, nada recatadas miradas. Las quejas de Jasper pasaban a un segundo plano, mientras los ojos felinos de la mujer que se hallaba sentada sobre uno de los taburetes de la barra, a varios metros de mí, me estudiaban sin cesar.

Una picara sonrisa se dibujo en sus carnosos labios mientras cruzaba sus piernas, dejando una de ellas, apoyada en la otra, facilitándome así, la visión de sus largas y ejercitadas extremidades. El minúsculo vestido que llevaba, no ayudaba en nada en el intento de hacer caso a mi amigo, el cual no dejaba su intento de llamar mi atención, puesta en ese momento en los altos zapatos, color crema de la susodicha.

Para la cuarta copa las insinuaciones ya estaban presentes. La hipnotizante mirada felina de la chica me cegaba mientras sus dedos jugueteaban entre los mechones de su larga y ensortijada melena color oscura, melena que hacía juego con esas preciosas gemas las cuales, no dejaban de mirarme  a la vez que su lengua acariciaba sutilmente sus apetecibles labios, esos que parecían hablarme desde la distancia.

Sentí que me ahogaba con el fuerte licor cuando sus finos dedos comenzaron a deslizarse tenuemente por la marmolina piel de sus muslos, mientras los dedos de su otra mano jugueteaban con el contenido de su copa, ahora apoyada sobre la barra del bar. Tuve que deshacer el fuerte nudo de mi corbata, el cual sentía apresar con fuerza mis cuerdas vocales, cuando mi desconocida llevo sus dedos, impregnados de exquisito licor, hasta sus labios, los cuales relamió sin ningún tipo de pudor mientras su mirada se intensificaba por segundos.

Sentí mi dolorosa entre pierna palpitar con fuerza, cuando esos dedos que hacia escasos segundos servían de entretenimiento a su, seguro, hábil lengua, comenzaron a descender lentamente por su cuello, pasando tenuemente por el hueso de su clavícula, así hasta llegar a la zona de su generoso escote, el cual era más que perceptible, gracias a la escasa tela que lo cubría.

De poco sirvieron las quejas de Jasper. De nada, el hecho de estar rodeados de la gente más elitista de todo Nueva York. Apenas tarde tres segundos en seguirla cuando la vi levantarse y caminar felinamente, perdiéndose así entre las puertas de la salida del bar contiguo al hotel.

Una punzada de dolor se asentó en mi miembro al creerla perdida. Punzada sustituida por una aún más fuerte cuando la imagen de su esbelta silueta, apoyada ligeramente en uno de los pilares del hall del hotel, se clavó en mi mente.

Fueron breves los segundos que permanecí paralizado sin saber muy bien como acercarme hacía ella. Bueno, de sobras sabía como acercarme hasta ella, ni que fuera la primera vez, y menos, si la susodicha estaba más que dispuesta, pero no tener un vehículo esperándome a la entrada del recinto, pues había venido en el de mi cuñado, y tener la suficiente lucidez para saber, que los baños del que sería nuestro mejor cliente, quizás para los restos de nuestra existencia, tampoco eran una buena opción, no ayudaban a dicho acercamiento.

Y entonces, como si de una señal del destino se tratara, una nueva punzada en mi entre pierna, me hizo recordar que no solo me estaba clavando mi miembro hambriento, sino también la tarjeta de una de las suites del hotel, regalo por supuesto de uno de los socios, el cual se había desecho en halagos para que estuviéramos lo más cómodos posibles.

“Yo disfrutare por los dos”, pensé ligeramente en mi amigo, él cual en este momento de seguro estaría maldiciéndome entre dientes mientras arrancaba el Mercedes SL que estaría pagando de por vida. “Ya no”, volví a pensar antes de dirigirme hacia la joven, dispuesto a disfrutar por todo lo alto nuestro gran triunfo del día.

Una ligera mirada la alerto de mi propósito mientras seguí mi camino hacia los ascensores, a si como su fragancia a vainilla me alerto a mi de su presencia tras de mi, antes de que las puertas del elevador se abrieran.

Tuve que contenerme mientras subíamos a las últimas plantas del edificio, pues el intermitente parpadeo, reflejado en las puertas metálicas de la pequeña luz situada sobre nuestras cabezas, me aviso de la cámara de seguridad. No era el lugar más apropiado para dar rienda suelta a nuestras necesidades, dadas las circunstancias por las que me hallaba en el hotel.

Con fuerza, aprese su mano entre la mía, esa que jugueteaba sutilmente con la tela de mis pantalones, tirando así de ella cuando las puertas se abrieron por fin. Apenas habíamos salido del escueto lugar, cuando la tome entre mis manos y por fin pude saborear el sabor de sus labios, los cuales se amoldaban a los míos como si de piezas de un puzle fueran estas. Mi sabor a whisky se mezclaba con el fino sabor a Martini procedente de su boca, haciendo aun más exótica la mezcla de ambos, mientras, sin dejar de caminar, nos dirigíamos torpemente hasta la habitación.

Con dolor, me separe de su cuerpo al llegar hasta la puerta, dolor que estaba siendo apaliado ahora ya en el interior de la, seguro, amplia habitación, a la cual aún no había hecho el menor caso. Aunque tampoco es que estuviera muy dispuesto a ello, tenía cosas más importantes que hacer. En concreto, tenía ante mí a una diosa que reclamaba su merecida atención, atención, que estaba más que predispuesto a darle.

Aún maravillado por la exquisita facilidad con la que su lengua se enredaba en la mía, comencé a descender mis manos con fuerza por sus curvas, masajeando primero sus senos sin piedad por encima de la tela de su escueto vestido, llegando después a su estrecha cintura, la cual apreté entre mis habidas manos, así hasta descender a sus voluptuosas caderas, las cuales resaltaban sobre su minúscula cintura.

Mordió mi labio inferior con fuerza cuando, aferradas ya mis manos a sus caderas, la atraje hasta el doloroso bulto asentado bajo mi vientre, pero nada comparado al sonido de los gemidos que emanaron de su garganta, una vez arremetí mis caderas contra las suyas, haciéndola conocedora de aquello que ella solita me estaba provocando.

No dude un instante en deslizar mis dedos en busca del final de su vestido. Su más que disposición no me hizo dudar ni un instante. Introduje estos por debajo de la tela, maravillándome con la exquisita suavidad de su piel, la cual parecía erizarse a mi paso. Clave mis dedos en la piel que bordeaban sus caderas, dejando señal de mi paso por estas, así hasta toparme con la entretela de sus minúsculas bragas, las cuales no dude en apartar, acariciando primero la textura de su redondo y perfecto trasero, hasta llegar al foco de su excitación, el cual estaba completamente humedecido.

Extasiado por los estragos que mis caricias provocaban en ella, tire de sus bragas, las cuales sentí rasgarse mientras el sonido de su risa acariciaba mis oídos a la misma vez que su lengua hacía con el lóbulo de estos. Ansiado por sentirla, deslice mis dedos con extremada suavidad por sus pliegues llegando hasta su protuberancia, la cual sentí palpitar con la misma intensidad con la que lo hacía desde hacía rato mi miembro, el cual sentía contraerse entre la tela de mis pantalones oscuros.

Dos de mis dedos arremetieron contra su interior, ganándome un exquisito gemido con mi gesto, gemido que me animo a continuar en el bombardeo de su sexo. Sus uñas se clavaron en mis hombros a medida que aumentaba la intensidad de mis movimientos y sus flujos, cada vez más intensos, se deslizaban entre mis dedos.

Apremiado, como jamás en la vida lo había estado, como jamás en la vida me había hecho sentir una mujer, no cese mis entradas en su interior hasta no sentir como su orgasmo se escurría entre mis dedos a la vez que ahogaba sus gemidos en mi boca, boca que tomo desesperada la suya, enredando mi lengua en su músculo en un beso feroz, que sabía de sobras, iba a recordar durante mucho tiempo.

Me excite sobre manera, como si eso ya fuera posible dadas las dimensiones del bulto en mis pantalones, cuando ambos, sin separarnos un milímetro, saboreemos a la vez el sabor de su excitación. Paralizado, observe como su lengua acariciaba lentamente el contorno de mi dedo y por primera vez, desee que esa lengua estuviera saboreando la zona que más clamaba mi atención.

Como si de una perfecta lectora de mentes se tratara, me empujo hacía la cama, llevando ella el mando de la situación, sin dejar de desnudándome de cintura para arriba. Para cuando mis piernas chocaron contra el colchón, sus manos ya se estaban deshaciendo del cierre de mis pantalones, los cuales deslizo por mis piernas junto a mis calzoncillos.

Mi duro miembro agradeció ser liberado de la presión ejercida por mis ropas, mostrándose en todo su esplendor ante la causante de sus dimensiones. Me sorprendió la habilidad con la que mi desconocida me hizo sentarme a los pies de la cama, y sin ningún tipo de rubor, de deshizo en miradas hacía mi cuerpo a la vez que acariciaba su labio con su lengua y sus manos hacían lo propio con su senos y cintura.

Sus labios se curvaron en una picara sonrisa, cuando sus manos apartaron las mías de su cuerpo. Quería llevar el mando de la situación y yo, lejos de llevarle la contra, coloque las palmas de estas sobre la dureza del colchón, y arque levemente mi espalda hacía atrás dándole una mejor visión de aquello que no dejaba de mirar con extremada lujuria.

Maravillado, contemple como se arrodillaba entre mis piernas sin dejar de hipnotizarme con esos ojos color café, los ojos más intensos que jamás había visto. Apreso su labio inferior entre sus dientes, cuando su aliento comenzó a acercarse a la zona más sensible de mi cuerpo, y la ansiedad comenzó a devorarme cuando su mano, aferro mi falo con fuerza antes de deslizarse por todo su contorno mientras exhalaba su aliento sobre mi glande. 

Perdí la noción de todo cuando mi miembro se perdió en la cavidad de su boca. Mis cada vez más fuertes jadeos, comenzaron a perderse en la amplitud de la estancia, mientras mi pene se arremetía con fuerza hacía ella. Mi pulso se aceleraba por momentos a la vez que mis caderas se balanceaban en busca de una mayor intensidad, intensidad que la dueña de la más hábil lengua que había conocido, no dudo en regalarme, ayudándose con su mano, mientras la libre, acariciaba sin ningún tipo de contemplación mis hinchados testículos, los cuales sentía explotar de un momento a otro.

Un fuerte gemido rasgo mi garganta cuando sus dientes mordisquearon la piel inflamada de mi glande, justo instantes antes de sentir como explotaba sobre su boca. Para cuando me quise dar cuenta, mi miembro volvía a estar erguido dispuesto a continuar, gracias a la suavidad con la que su boca succionaba cualquiera de los restos que pudiera quedar de mi orgasmo.

En un hábil movimiento, aprese mis manos en su cintura y la subí sobre mis piernas, mientras su boca, tiño con  mi propio sabor la mía. La ansiedad se atisbaba en cada uno de mis movimientos, los cuales a punto estuvieron de sesgar la tela de su vestido rojo carmesí.

—Me gustaría salir de aquí vestida –susurro en oído y mi miembro volvió a palpitar con el sonido de su preciosa y melodiosa voz, aquella que hasta ahora solo había escuchado en forma de jadeos.

Jadee con fuerza cuando sus senos desnudos se alzaron hacía mi, como si estuvieran buscándome, como si me necesitaran. Sin pudor, arremetí contra ellos, apresando uno de sus pezones entre mis dientes, mientras una de mis manos pellizcaba el contrario. Ella mientras tanto, mezclaba su excitación con la mía, en ligeros movimientos que estaban consiguiendo llevarme hasta la locura.

Sin separarme un milímetro de su cuerpo, me hice con mis pantalones, los cuales a punto estuve de romper, pues la ansiedad, no me dejaba llegar hasta mi cartera.

Completamente eclipsado, observe como ella misma colocaba el preservativo en torno a mi más que dura extensión. No era la primera mujer segura de si misma que se enredaba entre mis sabanas, pero si la primera con una iniciativa propia digna de ser aplaudida. Desde luego, no podía celebrar de mejor forma el triunfo del día, y por supuesto, con mejor mujer que la que tenía sobre mí.

Ella misma busco mi miembro, el cual comenzó a introducirse mientras sentía como sus paredes se abrían a mi paso. Jadeemos al unisonó cuando me clave completamente en ella, y ambos volvimos a hacerlo, cuando lentamente, comenzó a cabalgarme.

Ayudada por sus manos, las cuales se sostenían sobre mis hombros, comenzó a galopar sobre mí. Sus senos subían y bajaban con la misma intensidad que mi pene se perdía en su estrecha cavidad, la cual notaba contraerse con cada embestida, con la aceleración del ritmo de las penetraciones, con la intensidad del placer mezclado con el fuerte deseo.

Mis manos, se apretaban con fuerza en torno a sus caderas, las cuales marcaban el ritmo de los vaivenes de la mía, la cual podía escucharse chocar contra sus ingles junto a los cada vez más fuertes gemidos de ambos.

Sentí que de un momento a otro iba a explotar cuando arqueo su espalda hacía atrás, dándome así una perfecta visión de su cuerpo. Ese gesto, lejos de cesar la intensidad con la que la embestía, provocó una mayor fricción de nuestros sexos, fricción que no pude aguantar por mucho tiempo, una vez comenzó a dibujar círculos con su cadera, antes de seguirme en el abismo del más fuerte de los órganos jamás antes vividos.

Permanecimos quietos, sin movernos un solo milímetro, mientras recuperábamos el ritmo habitual de nuestras respiraciones. La sensación de vacio se asentó en mi estómago cuando ella misma sacó mi miembro de su interior. No estaba saciado de ella, necesitaba más de su cuerpo hasta poder saciarme.

—Gracias por hacer de esta noche algo más especial –susurre mientras apartaba los húmedos mechones pegados en su frente.

Ella me estudio con la mirada antes de dedicarme una sonrisa que golpeo directamente en mi entrepierna.

—Gracias a ti –susurro, volviendo a acariciar mis oídos con la armonía de su voz.

—¿Tienes nombre, o prefieres que te llame desconocida? –pregunte sin pensar, dejándome cautivar por la intensidad de su oscura mirada.

—Bella –susurro tras unos segundos—. Mi nombre es Bella, pero si prefieres llamarme desconocida, hazlo –sentencio mientras sus dedos comenzaron a perderse entre mi pelo.

—Bella..., me gusta ese nombre –respondí sin dejar de mirarla un instante–. Edward es el nombre que quiero que grites durante toda la noche —susurre sobre su boca. Jamás antes había hablado tan sincero.

Bella, mi desconocida preferida, sonrió ante mis palabras, que lejos de asustarla, curvaron sus labios en una sonrisa ladina, antes de que estos volvieran a acercase hasta mi boca para susurrar…

—No dudes que así será…


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Que… ¿tengo el aprobado?... os juro que estoy de los nervios :p.

¿Pensabais que seguía a continuación del prólogo?, no, no no no, hay que montar primero la historia, para el prólogo aún falta… Pero llegaremos, vaya si llegaremos…

¡¡¡Un besazo!!!


Nuevo Fic - Femme Fatale - Presentación y Prólogo

Hola chicas, hoy vengo con un estreno bajo el brazo, nuevo fic. Se lo que algunas estaréis pensando, a ésta se la ido la cabeza, ¿no tiene bastante ya con lo que tiene?, esta claro que no :p. Como he dicho en repetidas ocasiones, mi mente no deja de volar hacía nuevas historias, la idea de ésta en concreto se me ocurrió hace meses, pero por unas cosas o por otras, siempre la dejaba en el aire, hasta que hace tres semanas me dije, tengo sacarla, y así lo he hecho.

Hoy os traigo el prólogo, viernes, os traeré el primer capítulo, y, aunque tengo un amplio colchón escrito de estos, las que me conocéis sabéis que soy bastante perfeccionista, y como los últimos no me gustan  mucho, y mi tiempo de repasarlos ahora es nulo por tema de exámenes, las actualizaciones serán una vez por semana, en concreto los viernes. Salvo que me pase algo, ese día será fijo para actualizar, pues ya os digo, tengo fic escrito para rato. Ya cuando termine los exámenes, aumentare el número de actualizaciones por semana.

Lo mismo de siempre, los personajes son propiedad de S.Meyer, yo solo juego con la historia y moldeo la personalidad de estos.

Personajes humanos, aún no me he atrevido con nada fantástico, quizás algún día.

Para mayores de 18, por contenido y lenguaje soez, si eres menor y lees, es bajo tu responsabilidad, y a las que sean mayores pero tengan cierta sensibilidad con el tema, advierto ya, que en ocasiones puede que se me vaya la mano en este tema, pues es necesario para el fic, eso si, nunca hasta llegar al extremo de ser vulgar.

Es un Edward/Bella, pero como ya sabéis, yo nunca pongo la cosa tan fácil.

Otra cosa importante, el fic esta narrado por Edward, es necesario que solo este narrado por él, si hay o no pov de Bella, ya serán con el tiempo, pero de momento, no esta en mi mente eso.

Y bueno, creo que ya están hechas todas las advertencias, solo decir que espero vuestro apoyo, ya que gracias a vosotras, es que mi mente sigue pensando y pensando.

A mis chungas, va dedicado a todas vosotras, gracias por hacer que esto valga la pena, y espero que esto consiga atraer a nuevas chungas.

Dedicatoria especial para Ayyys, sin su ayuda y apoyo, no creo que este fic hubiera visto la luz.

Y sin más… os dejo con el prólogo.

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PRÓLOGO



Por fin encontré la calma que tanto tiempo necesitaba. Nadie hasta ahora había sabido dármela, solo ella, la mujer que apareció por casualidad en mi vida, la que entro sin avisar en mi alma. La mujer de mi vida, pues aunque apenas lleváramos unos meses juntos, sabía que ella era la elegida. No había otra.

Disipe su silueta entre la multitud de los presentes, me acerque a ella por detrás y entrelace mis brazos alrededor de su cintura, dejando su espalda pegada a mi torso.

—Edward… hay mucha gente –me reprendió a la par que se movía incomoda entre mis brazos.

Sonreí, bese el hueco de su clavícula y le susurre…

—Hace unos minutos no eras tan pudorosa —sentí como su piel se estremecía con el simple contacto de mi aliento.

Adoraba a esta mujer, no estaba seguro de si lo que sentía por ella, era eso que llaman amar a alguien, pero de lo que si estaba seguro, es que la necesitaba, la necesitaba en mi vida para poder ser feliz.

—Bella… te quiero –susurre en su oído.

Escasos fueron los segundos que ella tardo en girar su cuello para clavarme sus ojos marrones, escasos segundos que se me hicieron eternos. Tenía miedo a no ser correspondido, miedo a que la primera vez que sacaba afuera mis sentimientos, acabara con el corazón destrozado.

Pero la urgencia por decirle lo que sentía era mayor a todos mis temores, los cuales fueron rápidamente disipados, cuando Bella dijo…

—Yo también te quiero Edward… Te quiero –sonrió, y yo la bese en respuesta.

No podía ser más feliz. Lo tenía todo, un trabajo que adoraba, el éxito del mismo, una mujer que me estaba enseñando lo que era el amor, su apoyo incondicional, una familia a la que adoraba… Todo, lo tenía todo… No podía pedir nada más, ya era feliz.

Pero lo que yo no sabía, es que la felicidad es ilimitada, y la mía estaba a segundos de llegar a su fin…

Siguiente - Capítulo 1

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Guiarse por el título, o no… lo que parece predecible, no siempre lo es.

Primer capítulo el viernes, un besazo a todas.

Femme Fatale

Femme Fatale 

(Intriga-Romance/Edward&Bella/+18)

Historia nuevamente en proceso


Sinopsis: Don Juan, Casanova, cínico, arrogante… son solo algunos de los adjetivos que describen a Edward Cullen. Chico listo en todo lo referente al amor, o al menos eso creía él hasta que una joven desconocida, se aparece una noche en su vida con la intención de no desaparecer de su cabeza. ¿Quién será esa misteriosa joven? ¿Y que es lo que tanto la atrae de ella?... ¿Será amor? O simplemente una obsesión…

ÍNDICE


Extras Femme Fatale - Notas, avisos, encuestas y concursos 

Decálogo de y para una chunga...

Gracias a la loquilla de nuestra chunga Gris, se me ha ocurrido una idea, que puede llegar a ser graciosa.

Decálogo de y para una Chunga.

Os explico un poco.

Sabéis que Ayyys, esta de luna de miel por Estados Unidos, y para la que no lo sepa, el otro día mando recuerdos desde la ciudad de los rascacielos, así que entre eso, la iniciativa de Gris, y mi cabecilla, se me ha ocurrido una idea que se divide en dos partes;

1ª parte: Dejar este post, para futuros posibles saludos de Ayyys durante su estancia allí. En otras palabras, para que nos de envidia de su estancia allí, mientras nosotras seguimos asqueadas con la rutina.

Y la segunda parte: Y aquí es donde viene la parte más graciosa. Ella, antes de irse, nos pidió “consejo” para formar al hombre perfecto, pues bien, ¿por qué no dárselo también para que tenga la luna de miel perfecta?




¿Qué haríais vosotras en vuestra luna de miel (aparte de lo que seguro muchas estáis pensado ya, que os conozco yo :p)? ¿Qué cosas visitaríais allí?, ¿con que cosas sorprenderíais a vuestro recién estrenado marido?

Todo lo que se os ocurra, no os cortéis. Ya os digo que esto no es más que una chorrada, pero… ¿y las risas que podemos llegar a echarnos leyéndonos las unas a las otras?

Y luego Ayyys, cuando regrese, nos puede contar si ha puesto en práctica dichos consejos :p.

Que me decís chicas, ¿os animáis?, por aquí hay más de una casada así que… espero vuestras opiniones :p


¿Quieres? - Capítulo 22

¿Qué tal el principio de semana?... la mía un asco, pero así va a ser hasta principios de Julio así que… no me puedo quejar. Bueno, os dejo el siguiente capítulo, pero antes…

Dudillas y contestaciones…

Marianna: Marianna, creo que Bella aún puede volverse más loca, ¿pero quien no con semejante hombre? como tu bien dices :p. ¿Qué va a pasar?, pues muchas cosas, de momento ya te digo, que el sincerarse, acaba de empezar. Poco a poco. Respecto a los hombres en general, te entiendo nena, a Bella le pasa igual, tuvo una mala experiencia y no se fía de nadie, pero… nunca hay que perder la esperanza, nunca sabes cuando puedes encontrarte a un Edward :p. Respecto a lo que pillaste, tu tranquila, solo te daré una pista, Jacob aún tiene que dar mucha guerra :p. Encantada de que te encante, de verdad.

Miluska: Miluska, por supuesto que siempre es bueno un comentario, además a mi me animan mogollón. Por cierto, me has dado una idea con eso de cantar de noche, si si :p. Apúntate a la cola cielo, creo que son muchas las que se quieren dejar llevar por Edward :p. Y a tu pregunta te respondo que sí, habrá pov de Edward, más bien, habrá historia de Edward, pues mi idea es que el cuente su punto de vista como esta haciendo Bella, de hay que quizás algunas cosas os causen dudas, pero tranquila, habrá pov de Edward, vaya si lo habrá. Gracias doblemente ;).

Erin: Erin, ¿cómo que te engañe?... si hubo amor, y más que habrá :p. Has estado muy muy perceptiva con eso de las caricias y los lazos invisibles, si si, de echo en el capítulo de hoy, ese lazo va a empezar a colorearse, ya me entenderéis, pero es inevitable, el roce hace el cariño ¿no?. Muy buen ojo cielo ;). Edward la esta ayudando más de lo que ella se da cuenta, ella ahora no lo ve, pero como tu dices, Edward esta siendo un punto de referencia para ella, esperemos que el rumbo que ella elija sea el apropiado :p. Respecto al pago… ay… no puedo decir nada, ya lo veréis, y como le he dicho a Miluska, leeréis a la cabecita de Edward, que no se si es peor que la de Bella, con eso… ya lo digo todo :p. Si nena, yo también creo que si juntáramos las ideas el fic acabaría con Bella en un manicomio atada a una camisa de fuerza, eso si no acaba así, o ella o yo. Gracias ;).

Karla: Karla, se abrió la veda, pero no se si Bella va a estar más relajada, porque con la veda… también se ha abierto otra cosa… ya lo iréis entendiendo, y no, no ser mal pensadas que ya os conozco, que luego me decís que la que os pervierte soy yo :p. Mmmm Karla… caliente caliente con lo de psicoanalista, si si si… ¿verdad?, la esta como psicoanalizando ¿no?... me gusta me gusta, ahora os quedáis un poco ¿cómor?, pero… cuando sepáis un poco mas, ya uniréis los cabos. Era evidente que se atraían ¿no?, es que sino… cómo ¿no? :p. Uy… el pago el pago, que pasara con el pago :p. Gracias ;).

Airam: Maria, un día tengo que proponerme escribir 40 páginas de capítulo, a ver si así consigo que te aburras (es broma cariño, yo encantada de que nunca lo hagas). Mmm Maria, esa afirmación sobre los sentimientos… a ver que piensas al leer este capítulo :p. Jejeje, se esta aprovechando él ¿no?, pues oye, es una forma de pago también ¿no?... aquí se están aprovechando los dos, uno del otro. Muy buena también tu reflexión sobre que más puede pasar, que se enamoren si… es una posibilidad, o no.. o… no se :p. Y oye, ¿sufrimiento porque?, si yo soy muy buena, jamás os he hecho sufrir :p. Te gusta como se esta poniendo, te cuento un secreto ahora que nadie nos lee, se va a poner mejor, o eso espero :p. Gracias ;).

Lau: Lau, me alegra que te guste, y como ya he dicho al resto de chicas, leerás el punto de Edward completo, ya me encargare yo de que así sea, paciencia chicas :p. Gracias ;).

Muñ3: Muñ, lo mismo que a todas, apúntate en la lista “queremos a este Edward”, que hay cola, pero por supuesto vosotras tenéis preferencia, ya me lo ha dicho él a mi: p. Respecto a tu duda, si, Edward siempre se pone preservativo, es una regla de su profesión :p. Gracias ;).

Gracias a todas chicas, me alegra un montón de que os este gustando, es que a veces tengo mis dudas, pero me las quitáis enseguida. Un besazo a todas.

Y ahora sin más, os dejo con la cabecilla de Bella, tremenda esta mujer…

Capítulo 22 – Lógico e ilógico

“Cuatro días antes de la boda”

Sus ojos verdes me miraban fijamente a la vez que una sonrisa lasciva curvaba sus carnosos labios. Un sonoro jadeo rasgo mi garganta cuando sus manos abrieron mis piernas en un movimiento sorpresivo, gesto que lo hizo sonreír con mayor suficiencia. El calor comenzaba a recorrer todo mi cuerpo, a medida que lo hacía su lengua por mi vientre y la sensación de humedad entre mis piernas aumento, cuando su aliento acaricio mi ombligo desnudo.

Y entonces comenzó a descender hasta mi zona sensible, mientras yo cerraba los ojos y me dejaba hacer, pero en el momento en el que su lengua entro en contacto con mi sexo, sentí como mi cuerpo comenzaba a alejarse de él, como el placer iba siendo sustituido por la incertidumbre, y como el silencio se rompía por unos gritos, cada vez más sonoros…

-¡Que me pases ese saco te digo! – y entonces mis ojos se abrieron de golpe ante aquella voz, proveniente del jardín.

¡Mierda!... estaba soñando… ¡Mierda!... ¿Por qué me tuve que despertar justo en ese momento?

Un momento… ¿estaba soñando? Entonces… eso significa que he dormido… ¡He dormido!

Centré mi vista en el techo mientras un suspiro casi imperceptible salía de mi garganta. Tras tres noches de remordimientos, pensamientos indecorosos, y recuerdos grabados con fuerza en cada parte de mi piel, por fin había conseguido dormir. Una pequeña sonrisa, curvo por inercia mis labios, los cuales en seguida note hinchados. Hoy no habían dolores de cabeza, ni flashes borrosos llenando mi mente como si de una mala película se tratara ésta.

Una leve punzada de dolor, asolo mi espalda baja cuando intente desperezarme, “consecuencia de ciertas prácticas”, pensé seguidamente riendo ahora más sonoramente. Continúe espatarrada de brazos y piernas tendida sobre la cama, cuando de pronto, esa pequeña sonrisa, fue sustituida por una fuerte carcajada, la cual hizo eco en las paredes de la pequeña habitación.

“Como un cencerro”, seguro que esas serías las palabras de cualquiera que me viera en esta situación, y más si supieran, cual era el motivo de mi repentina euforia, y lo que esa euforia, me iba a costar.

Seguía riéndome como una idiota cuando de pronto, sentí el ligero sonido de una respiración, una respiración que no era la mía, pero si estaba en esa habitación.

Señor, dime que el hombrecillo de mirada lasciva no esta aquí conmigo, por favor.

Aún seguía rezando mentalmente, cuando me arme de valor y gire mi cuello en dirección hacía el sonido de ese murmullo.

-¡Dios! – grite inevitablemente al ver ese despeinado pelo cobrizo descansando sobre una de mis almohadas, seguido de esa espalda fornida.

Dios estaba tumbado al lado de mí, literalmente hablando.

Pero… ¿cómo?... A ver Bella, céntrate.

Recordaba a la perfección, como mi parte ilógica, esa donde su cerebro radicaba bajo mi vientre, había conseguido ganar a mi parte lógica ante las insinuaciones de Edward. El sabor de sus besos, bastaba con notar el tamaño de mis labios para volverlo a recordar. Mi cuerpo semi desnudo tumbado sobre la escalera… Dios… eso si lo recordaba, sobre todo la parte donde la cabeza de Edward yacía entre mis piernas…

Señor… ya era un echo… me había convertido en una esclava de su lengua…

Venga Bella, no te desconcentres, sigue, vas muy bien.

Vale, tras mi orgasmo, joder… vaya orgasmo… Que si que si, que me centró ya. Vale, tras… eso…

“-¿Donde esta tu habitación?

-Arriba… arri-ba”

Y entonces, los recuerdos comenzaron a asaltar mi mente.

Mi cuerpo en volandas, enredándose a su espalda y cintura, la fricción de mi sexo desnudo contra el suyo mientras Edward marcaba el paso escaleras arriba. El sabor de su boca a cada paso. El choque de mi espalda contra la pared del pasillo, sumado al profundo dolor que sentí cuando Edward se separo de mí lo justo para terminar de desnudarse y colocarse el preservativo. Su cálido aliento rozando mis labios, mientras su pene arremetía en mi entrada sin cesar. Su mirada lujuriosa puesta en mis ojos, ese brillo electrizante de sus gemas verdes mientras millones de sensaciones iban recorriendo cada recoveco de mi cuerpo.

El siguiente orgasmo… y el siguiente… y el siguiente… Y el que iba a volver a tener como siguiera recordando.

Me erguí de golpe quedando sentada en la cama. ¿Pueden los orgasmos provocar perdidas de memoria?... Los míos, estaba claro que sí, pues no recordaba el momento de acostarme, ni la parte en la que Edward se acostaba junto a mí.

¿No es evidente?, grito mi parte ilógica. Esto era de locos, había mancillado mi cama, mi cama de cuando era niña, y ni siquiera lo recordaba.

¿Y ahora que? porque no podía permitirme el lujo seguir tumbada junto a él hasta que se despertara, y entonces darle los buenos días como cualquier cosa. No, ni en broma, y menos con las pintas que de seguro tenía. Bastaba solo notar el volumen de mi pelo para saber que no era una buena idea esperar. La noche de Halloween había pasado ya hacía meses.

Estaba decidida a levantarme de la cama, cuando un pequeño detalle muy importante, volvió a nublar mi mente. Estaba desnuda. Genial… ¿y mi ropa? Repartida por la casa…

Ahora si que la has liado.

Mis ojos se ofuscaron en la difícil misión de intentar encontrar algo que se pareciera a mi ropa, a eso, o al menos a la camisa de Edward, pero nada, la poca luz que se filtraba a través de las persianas no era suficiente para encontrar nada, y no pensaba encender la luz. Para que Edward se despertara, ni de coña.

¡La sabana!, grito mi parte lógica, encendiendo esa pequeña bombilla que debía haber en mi cerebro. Pero la euforia duro pocos minutos, si yo estaba desnuda… habían muchas papeletas de que Edward también lo estuviera, a menos que sus calzoncillos llevaran abertura en el hueco preciso, cosa que dudaba… la verdad.

No, esos calzoncillos solo los usan los que son demasiado vagos para bajárselos a la hora de mear, vagos y tontos, porque acaban antes bajándoselos que abriendo un botón. Edward no parecía ni vago ni tonto… no.

¿Y si?... no me dio tiempo a formularme la pregunta, cuando una de mis manos voló hasta la sabana que cubría nuestros cuerpos, y la levanto lo preciso para mostrarme el culo mas perfecto que jamás había visto en vivo. Gracias a dios que mi otra mano también adquirió vida propia y voló hasta mi boca justo a tiempo de que un grito emanara de ésta.

Vale… ahora si que estoy jodida… ¿y ahora como salgo de aquí?

Mi frustración fue a mayores cuando mi vejiga comenzó a protestar. Perfecto, como siempre mi cuerpo funcionando al revés que mi mente, genial.

Vale Bella, piensa… Estás desnuda junto a dios, y dios también esta desnudo. Mis pintas son horribles y las de dios… Dios es dios… seguro que con legañas sigue igual de perfecto. No hay rastro de tu ropa y para colmo de males, te estas meando. La conclusión era clara, tenía que salir ya de allí pero… ¿cómo lo hacía?

La respuesta como siempre, era menos evidente.

No podía salir corriendo con la sabana enrollada, y dejarlo a él desprotegido… no estaría bien ¿no?... ¿Y salir yo corriendo desnuda?...

Entonces si que vas al manicomio de cabeza.

No, mejor dejar las exhibiciones para otro momento, además, de conseguir llegar hasta el baño de una pieza, cosa que… podía ponerse entre duda, después… ¿qué? No sabía donde estaba mi ropa interior, mis pantalones estaban a remojo junto a mi camisa, y el resto de mi ropa estaba en el maletero del coche, fuera de la casa, cerca del hombrecillo de mirada lasciva.

No… ahora si estaba verdaderamente jodida.

Mi espalda volvió a chocar contra el colchón a la vez que un gemido verdaderamente frustrado rasgaba mi garganta. ¿Por qué no me volvía invisible de una vez?... Alguien debería inventar una capa o algo por el estilo para momentos como estos en los que lo único que quieres es desaparecer. Aunque con mi suerte, seguro que tampoco sabría donde habría dejado la capa…

Y entonces mi vista se centro en el armario a mi derecha. ¡Oye!, dentro seguro que hay ropa.

Claro… dentro está la última temporada de Louis Vuitton, ideal para niñas menores de ocho años.

Vale, ahora hasta mi mente se reía de mí.

¿Qué hago?...

Ahí estaba yo, haciéndome la gran pregunta existencial del día, cuando sentí como el colchón se movía ligeramente, y dado a que éste no era de agua, y dudaba mucho que hubiera cobrado vida propia y decidiera llevarme hasta el baño cual alfombra mágica, eso solo podía significar una cosa. Edward se estaba despertando, aumentando con ello mis ganas de salir corriendo.

¿Es que no podía pasarme nada bueno? ¿Y si me hacía la dormida?, quizás aún me diera tiempo.

-Hey… buenos días – susurro Edward con voz ronca, y como a mi ya no me daba tiempo de escapar, no me quedo otra que girar el cuello para responder a su saludo. Esperaba que al menos no tuviera lagañas en los ojos.

-Buenos días – susurre avergonzada, apretando el principio de la sabana contra mi cuello, mientras sus ojos me estudiaban, haciendo con ello que aún me cohibiera más.

-¿Has dormido bien? – pregunto sin mover un ápice su cuerpo, el cual seguía descansado boca a bajo sobre el colchón. Sus ojos eran los únicos que seguían mirando hacía mi dirección.

-He dormido, créeme, eso ya ha sido un gran paso – respondí aún abrumada por la situación.

-Vuelves a estar distante. ¿Nuevo ataque de remordimientos? – inquirió arqueando sus cejas, mientras una sonrisa ladina curvaba sus labios hacía la izquierda.

¿Quién narices esta guapo hasta recién levantado?... él, solo él.

-No… no… es que… me da un poco de vergüenza, eso es todo. Pero estoy bien… de verdad… No… no me arrepiento de nada, si eso es lo que te estas preguntando – aclare y de nuevo su sonrisa ladina respondió.

No estaba avergonzada por lo que había hecho, como estarlo si llevaba haciéndolo desde días atrás. No, la vergüenza en ese campo ya había pasado a un segundo plano. Mi vergüenza de ahora, se debía a su perfecta perfección, junto a mi perfecta imperfección.

-Mensaje captado – susurro entre risas, algo que hizo que me relajara. Tanto me relaje, que el ligero silencio que se formo, fue roto por el sonido de mis tripas – Veo que alguien tiene hambre – rompió a reír, haciendo que la sangre volviera a mis mejillas.

¿Podía existir un momento aún más embarazoso?...

-Hasta mis tripas son un libro abierto – espete con ironía mientras Edward continuaba riéndose.

-Si te sirve de consuelo, yo también tengo hambre ¿bajamos a desayunar? – pregunto consiguiendo con ello que volviera a girar mi cuello para mirarlo.

-No creo que las sobras de la cena estén muy buenas, y como no quieras vino.

-Habrá que ir a un supermercado entonces.

-¿Sabes donde ahí uno? – pregunte matando su ilusión. ¿Supermercados?, ¿en Forks?... ¿desde cuando el pueblo se había vuelto tan moderno?

-Bella… viviste aquí – protesto entre risas - no puedo creerme que no sepas donde hay un supermercado.

-Viví hace como mil años – reí yo ahora. Si ni siquiera él sabía de la existencia de este pueblo - Creo recordar una pequeña tienda a las afueras, si la mujercilla sigue viva, seguro que esta abierta.

-Bien… vamos – estaba a punto de levantarse, cuando mi mano voló hasta su brazo para detenerlo - ¿Qué pasa? – pregunto extrañado.

-Nosedondeestamiropa – dije atropelladamente.

-¿Qué has dicho?, habla más despacio – pidió.

-Que no se donde esta mi ropa… y estoy desnuda – susurre cabizbaja.

¡Oh si!, claro que existía un momento aún más embarazoso.

-Bueno si ese es el problema yo puedo ir a buscártela – dijo de forma despreocupada, mientras se sentaba sobre la cama.

-No, tu también lo estas… desnudo digo, y no creas que lo se por algo en concreto, lo se porque sin querer lo vi, bueno vi tu trasero no te vi desnudo por completo, y apenas fue un momento, ni siquiera lo recuerdo… - tierra trágame ya por dios…

-Bella… tranquila – hablo tranquilizador, a la vez que colocaba una de sus manos sobre mi hombro - Iré a buscar tu ropa – repitió. Y yo preocupada porque se despertara.

-¡No! – grite antes de que saliera - Es que… no puedo permitir que vayas correteando por mi casa – desnudo además.

-Bella, ya me has visto desnudo, y no precisamente ahora – dijo con naturalidad. Entre su naturalidad, y mi falta de ella, el entendernos iba a estar complicado.

-Ya pero… ahora es de día y de día todo es distinto – intente hacerle entender.

-Bueno, la cosa no esta tan dispuesta pero… vamos no creo que cambie mucho – rió, consiguiendo con ello que yo me frustrara más.

¿Tan difícil era hacerle entender que no iba a poder sobrevivir con su imagen desnuda, correteando por mi casa?

-¡¿Y si por la casa esta el hombrecillo de mirada lasciva?!

-¿Quién? – inquirió con una mueca extraña en su cara.

-Los que se ocupan del jardín. Imagínate que sales y te encuentras con ellos.

-Bueno… no creo que estén pero de estar… no creo que se asusten… tenemos los mismo – bueno, quien dice lo mismo… lo mismo exactamente lo dudo mucho, solo había que ver el tamaño de la barriga de uno y la escasez del otro.

¡Dios!, que imagen más repugnante se acababa de formar en mi mente, creo que ahora si estaba preparada para que Edward saliera desnudo, es más, lo necesitaba para borrar esa foto mental.

¿Parezco una niña pequeña verdad?... eso respondería a la mirada penetrante que ahora mismo me estaba dedicando Edward.

-Esta bien, no salgo de la cama, pero en algún momento habrá que salir – sentencio dejando caer su espalda contra el respaldo de la cama.

-¿Tan necesario es? – pregunte con inocencia.

-Me temo que sí – suspiro y tras ello centro su vista en la pared que quedaba frente a él.

Yo seguí con el cuello girado y la vista hacía arriba, puesta en él, mientras un agradable silencio iba envolviéndonos. La verdad, es que ahora, ya no estaba tan incomoda, y la imagen de los dos desnudos, tapados solo por una ligera sabana, tampoco era tan vergonzosa.

La verdad, es que si podía pasarme horas así, aunque mi vejiga… no.

-Oh… me estoy meando – cerré los ojos tras un suspiro - No te rías, hablo muy en serio – proteste ante sus fuertes risas.

-Ves por que hay que salir de la cama – reclamó, y entonces mis ojos volvieron a cruzarse con los suyos, aunque mi mirada, no era tan afable como la suya hacía mi - Esta bien, ya que no quieres que salga yo, y por lo que veo, tu tampoco estas muy dispuesta a salir, ¿qué tal si salimos juntos?

-¿Juntos?, ¿los dos?, ¿con la sabana enrollada? – asintió – Bueno… no es mala idea – ¿había otra mejor?

-¿Estas hablando en serio? – inquirió sorprendido, yo simplemente me limite a asentir, era eso, o terminar por mearme encima y no… eso si que no – y yo que pensaba que era una absurdez – bufó por lo bajo.

-Me gusta lo absurdo – admití.

-Ya veo – rió tras una rápida mirada hacía mí - Y que… ¿como lo hacemos?

-A no, tu has propuesto la idea, tu la terminas.

-Estoy a un paso de apartar la sabana y salir – protesto risueño, y yo no pude hacer más que poner cara de pena - Esta bien, esta bien… salimos por tu lado – me indico.

-Y ninguno de los dos suelta la sabana – añadí yo, sentándome en la cama, apretando el agarre de la sabana a la altura de mi pecho.

-Eso es – afirmo mientras ambos nos movíamos sentados hasta el extremo del lateral derecho - ¿Vamos a buscar juntos la ropa?, lo digo por estar prevenido – pregunto guasón una vez nuestros pies tocaron el suelo.

-No, tu me acompañas hasta el baño, yo me encierro y ya la sabana será toda tuya – aclare antes de ponerme en pie.

-Gracias… que considerada – expreso sarcástico - Venga, levántate antes de que me arrepienta de esto – me animo con su sonrisa.

Una vez de pie, y viendo los intentos de Edward de tapar su cuerpo con el trozo de tela que yo le había dejado, me di cuenta de que lo que estábamos haciendo, era la cosa más absurda del mundo, el tipo de cosa que jamás piensas hacer en publico, y menos delante de un desconocido en cierta forma. Pero también debía admitir, que era divertido vernos es esa situación, y lo divertido, tampoco era tan malo.

-Esto es lo más ilógico que he hecho en mi vida – protesto cuando por fin consiguió enrollarse a la sabana.

-Bueno, mi mundo es ilógico, aun te quedan cuatro días de estar junto a mí así que… acostúmbrate, todo puede pasar – dije entre risas mientras comenzábamos a caminar, uno casi pegado al otro.

-Cuatro días… se ha pasado el tiempo volando – susurro.

-Si – susurre yo, buscando su mirada, la cual estaba perdida, aunque no lo suficiente para mirarme al percibir que yo lo estaba haciendo.

Volvió a sonreírme antes de continuar andando, y una sensación rara se asentó en mi cuerpo.

-Es la ultima vez que voy a hacerte caso – rompió el silencio, una vez salimos al pasillo - Oye, si ahora aparecieran los hombres del jardín, tú les respondes – volvió a reír.

-Hey… eso no vale – reproche golpeando su hombro - tu siempre pareces dispuesto a ayudarme en todo… no vale rajarse en la primera complicación – reímos juntos, sin dejar de mirarnos, hasta que el silencio volvió a hacer acto de presencia - Es tras esa puerta – le indique señalando la puerta del baño.

-Entonces… Pasajeros, salgan de la sabana – volvimos a reír, hasta que una nueva punzada de dolor bajo mi vientre, me indico que era cuestión de segundos que acabara medándome encima. Ya era hora de salir de la sabana - Espera – me detuvo justo cuando iba a entrar al baño.

Y no se si fue por la rareza del momento o por el movimiento de nuestros cuerpos, el echo de que ambos quedáramos pegados el uno frente al otro, envueltos en la sabana mientras nuestras miradas se clavaban mutuamente.


Él no dijo nada, y yo tampoco dije nada. Ninguno hablo, y ninguno aparto la mirada del otro. Mi mente por un instante se calló, y sentí como mi pulso comenzaba a dispararse, a la vez que la ansiedad por volver a besarle, comenzó a hacer arder mis labios.

Y justo cuando parecía que él iba a besarme…

-Mira, por ahí veo ropa – dijo apartando sus ojos de los míos, y recuperando esa sonrisa que parecía perdida hacía breves segundos - Dejare las maletas en tu habitación y me daré una ducha rápida en el baño de abajo – volvió a hablar, mientras me soltaba de su agarre.

-Vale… en seguida bajo – susurre antes de entrar.

La gran pregunta no tardó en hacer acto de presencia una vez me encerré en el baño.

¿Qué acaba de pasar?

Mi parte ilógica me reclamaba por no haberle besado, por no haber aprovechado la situación de estar desnudos en mitad del pasillo, envueltos por una simple sabana. Pero mi parte lógica, me gritaba que lo sucedido no era normal, que esa extraña sensación, no era habitual en mi, y que la comodidad que estaba comenzando ha adquirir cuando estaba al lado de Edward, era algo nuevo, y desconocido en mi…

Lógico e ilógico chicas, no hay más… Veremos a ver que pasa… Besotes!!