ACTUALIZACIONES DEL BLOG

¡¡Feliz Navidad!!

Dentro de unas horas, aquí en España, es tradición que el Rey, salga por la televisión con su particular discurso navideño donde nos felicita y nos desea lo mejor para estas fechas. 

Yo no soy reina (tampoco es que me interese mucho :p), pero voy a imitar su gesto, pues no me puedo marchar a celebrar la noche buena, sin desearos a tod@s las que hayáis estado, o estáis de nuevas por este blog, pues para mi todas formáis parte de este pequeño rinconcito.

Seré breve, no hay mucho que decir en un día como hoy donde solo hay cabida para las risas y los villancicos, aunque estos en algunos momentos nos recuerden las sillas vacías que en ocasiones, pues suelen haber en estas fechas. 

Espero que paséis una buena noche y un buen día mañana, que la... "magia navideña" os inunde a tod@s, que papa noel se porte muy pero que muy bien y os traiga todo aquello que deseéis... 

En definitiva, que paséis una feliz muy ¡¡feliz navidad!!



Femme Fatale - Capítulo 10

Lo prometido es deuda, y después de…, no se, creo que me da hasta vergüenza contar los meses, vuelvo a retomar esta historia, y esta vez, espero no volver a dejaros colgadas con ella, pues el hacerlo no fue por falta de tiempo, sino más bien de ánimos. No con el fic, creo que van varias las veces que confieso tener la historia completamente remodelada en mi cabeza pero… a veces, las situaciones, nos hacen estar un poco apagas, y si esas situaciones se juntan con otras que tenías por ahí dentro, y con nuevas que se van sucediendo, la caída por esa costera de emociones es inevitable. Por ahí hay alguna que otra chunga que lo llama fortaleza, yo más bien creo que ha sido la mezcla de apoyo que he tenido, constante, aun cuando me negaba a recibirlo, las profundas lecturas de libros durante este tiempo, o el levantarme un día y empezar a sonreír hasta que por fin esa expresión fue sincera, lo que por fin me ha hecho ver la luz, para observar todo lo que me estaba perdiendo (poético ¿verdad?, cierto en cualquiera de los casos).

En otras palabras, que lo único que a partir de ahora puede frenarme a no cumplir con todos los proyectos que vagan por mi mente, será el bendito tiempo que me roban los estudios, pero aunque tarde, espero que todas seáis testigos de todas esas locas ideas que anidan mi cabeza.

Bueno, y después de esta pequeña confesión, que no es ni mucho menos una excusa, sino una forma de acercarme más hasta vosotras, y de disculparme por todas mis ausencias estos últimos meses, tanto aquí, como por el msg… como en general, pasamos a lo verdaderamente importante, la historia ;).

Pero antes de que leáis el siguiente capítulo, un pequeño y breve resumen de lo sucedido en los nueve capítulos anteriores;

“Edward, incipiente arquitecto de profesión, mantiene un encuentro sexual con una desconocida, desconocida que no es otra que Bella, la cual desaparece tras dicho encuentro, haciendo que este quede totalmente perturbado con su recuerdo. Pasados seis meses, vuelven a coincidir en una reunión en la que ambos no esperaban encontrarse. Edward, del cual hay que añadir, es bastante poco amante de las ataduras, ve esa oportunidad como una forma de recordar aquel pasado encuentro, e intenta ingeniárselas de mil maneras hasta poder quedar con ella, algo que le resulta más difícil de lo que él creía en un primer momento, pues… parece que la joven a decidido hacerse de rogar. Tales son sus ganas de sacarla de sus pensamientos debido a todas sus negativas, que Edward acaba marchándose con uno de sus mejores amigos hasta la ciudad de San Francisco, con el claro convencimiento de centrarse única y exclusivamente en su trabajo. Lo que él no esperaba, es que Bella también fuera a estar por allí, y en un nuevo intento por meterla en su cama, se las ingenia para que quedar con ella, primero en compañía de los amigos de ambos, y más tarde a solas, sintiéndose afortunado por aquello, de ahí que ni corto ni perezoso, le confesase sus “sentimientos”, silenciando el derecho a replica de ella con sus besos”

Ahí se quedo la historia, y así es como sigue…


****

Capítulo 10


La estaba besando, había estado esperando este momento más de seis meses y por fin lo estaba haciendo. Nada de evasivas, nada de negativas, sus labios se ceñían a la perfección contra los míos, de igual modo que su cuerpo correspondía al abrazo del mío. Y aunque aquellos labios no respondían con la misma pasión que recordaba, la textura de estos era tal cual a la que no había podido olvidar.

Su inconfundible olor a vainilla, el dulce sabor de su lengua por encima de los rastros amargos del alcohol, la suavidad de su piel bajo el roce de mis manos… todo aquel remolino de sensaciones me arrastro de nuevo al recuerdo de aquel hotel, y mis ganas por poseerla de nuevo me inundaron, aumentando con ello la destreza con la que mi lengua se movía en su boca.

El jadeo emanado de su garganta, basto para que mis manos soltaran su cuello y mentón, y descendieran por su cuerpo desde sus hombros hasta sus caderas, apretándolas contra las mías, gesto que pareció devolver a Bella a la realidad de la que nos evaporamos, en el mismo instante en el que mis labios se rozaron con los suyos.

-Lo siento –dije en un susurro, a escasos milímetros de su boca, cuando esta dejo de seguirme en aquella danza que tan vivo me estaba haciendo sentir-. No puedo evitarlo… me vuelves completamente loco –confesé, perdiéndome en la sensualidad de aquel labio inferior, el cual poco tardó en entreabrirse, invitándome de nuevo a adentrarme en ella.

Ni siquiera lo pensé, acepte esa invitación como él que acepta su última cena en el corredor de la muerte, pues la deseaba más de lo que nunca había llegado a desear a nadie.

Ella en si, el magnetismo con el que su cuerpo arrastraba al mío, el saber de ante mano lo que ese cuerpo era capaz de ofrecerme, lo que era capaz de hacerme… todo en conjunto bastaba para que mi único anhelo, fuera el de culminar esos besos en la forma que más reclamaba ahora mi miembro.

Una forma que con solo imaginarla, o más bien recordarla, bastaba para que toda mi sangre hirviera y mi desesperación creciera, al borde de querer deshacerme de sus ropas allí mismo, ante el ruido de aquellas olas y la fría brisa como únicos testigos.

-Duerme conmigo esta noche –volví a susurrar sobre sus labios, cuando la necesidad de respirar fue mayor a mi deseo.

La necesitaba sobre mí cuerpo toda la noche, necesitaba el tacto de su piel desnuda bajo las yemas de mis dedos, la necesitaba de una forma completamente irracional, tanto tiempo como a mi cuerpo le bastara para saciarse de ella.

-Edward esto… esto no… -jadeaba entre mis besos, haciéndome aspirar su deleitoso aliento, antes de que este volviera a mezclarse con el mío.

-Esto es justo lo que ambos deseamos –susurre de nuevo, antes de acallar sus protestas en otro beso más profundo aún que el anterior.

Y ella, lejos de volverse a quejar, aferro sus manos con fuerza alrededor de mi cuello, y adentrando sus dedos entre los mechones de mi pelo, estiro de ellos aprisionando así mi boca todavía más contra la suya, a la par que mis manos empuñadas en sus caderas, ceñían al máximo su cuerpo contra el mío.

Pero tan pronto mi entrepierna palpito al sentir su bajo vientre rozándose contra ella, el agarre al que me tenían sometido sus manos se aflojo, seguida de su negativa a continuar besándome.

-¿Qué pasa? –pregunte desconcertado ante su pronta resistencia. Aunque sus manos continuaran anidadas sobre mi, sus ojos reflejaban duda, una muy contraria a sus actos anteriores.

-Lo siento pero…

-Hey… -susurre silenciándola-. Tranquila Bella… no estamos haciendo nada malo, nada que no deseemos.

Y de nuevo mi aliento acaricio sus labios levemente hinchados. Pero justo cuando sentí nuevamente el roce de estos, Bella se aparto, y esta vez, si alejo sus manos de mi cuerpo.

-Que… ¿Qué pasa? –inquirí, poseído por la confusión.

-Esta noche no, Edward –respondió dando un paso atrás, alejándose así de mí.

-¿Cómo?... ¿Que quieres decir con eso? –confuso era poco a como me sentía ahora.

Y verla parada frente a mi, con aquella expresión de duda pintando todo su rostro, mientras sus manos se movían nerviosas entre su rostro y el propio aire, no hacía más que aumentar mi incertidumbre.

-Mira… siento si me has malinterpretado. Me gustas y es evidente, pero no por ello voy a caer tan fácil –sentenció, clavándome su oscura mirada aún dilatada por la excitación.

-Si ambos nos gustamos, no entiendo porque tanta resistencia –murmure acortando la distancia marcada por ella. Hoy no soportaría otra negativa.

-Edward… por favor –protesto Bella en un susurro, cuando mis labios volvieron a arremeter contra su cuello.

Con cada uno de mis besos en aquella zona, sentía como su piel se erizaba, y aquel gesto solo me alentaba a terminar de derrumbar todas sus barreras.

-Déjate llevar Bella –musite contra su piel, cuando sus manos se ciñeron a mis brazos-. Ya nos conocemos… no somos dos extraños –jadee sobre su oído, antes de acariciar el lóbulo de este con mi lengua-. Se cuanto lo deseas –resople de nuevo en esa zona tan vulnerable para ella-. Se como te hago sentir…

Y tan pronto mis labios rozaron su mejilla, se abalanzaron por si solos en busca de los bordes de aquella boca temblorosa. Pero a diferencia de lo que esperaba, debido a la manera en la que su cuerpo se estremecía bajo mis caricias, aquellos labios no volvieron a corresponderme, y con la ayuda del impulso que sus manos ejercieron sobre mi pecho, la distancia entre nosotros se volvió a ampliar.

-¡Basta Edward! He dicho que no –gritó.

La dureza en su mirada contrastaba con los gemidos que me veía obligado a ahogar en mi garganta.

-Pero…

-¡No! –gritó de nuevo, justo en el instante en el que mis piernas intentaron nuevamente acortar aquella lejana distancia-. Ni se te ocurra volver a acercarte a mí.

Y sin más se dio la vuelta, desapareciendo entre las llanuras de aquella playa desierta. Ni siquiera fui capaz de articular palabra, la imagen de su dedo señalándome junto a aquella mirada furiosa mientras escupía aquella amenaza, siguieron repitiéndose incesantemente en mi cabeza, los minutos que continúe completamente estático, de pie sobre la arena de aquella playa.

Que mierda… ¿Qué mierda acababa de pasar?

Frustrado y cabreado, llegué hasta el hotel donde me hospedaba. No comprendía nada, no podía hacerlo cuando había sido testigo de cómo Bella había sido poseída por el gen de la locura. Y es que no podía llamar a aquello de otro modo, no cuando ella misma fue participe de toda aquella excitación.

Mi cabeza era un torrente de los peores calificativos hacía su comportamiento. ¿Para que me seguía el juego si de ante mano, su intención no era continuar? ¿Por qué esa respuesta a mis besos, si sabía hasta donde estaba dispuesto a llegar? Que pretendía… ¿probarme?, ¿tentarme?, ¿desesperarme?

“Esta noche no, Edward”… Y si era que no, ¿por qué siguió restregándome aquel caramelo por los labios?, ¿para reírse de mi?, ¿para que le suplicara como lo había hecho? Primero me provoca, y cuando sabe que me tiene comiendo de su mano…

La necesidad por dejar de hacerme preguntas, me arrastro hasta el bar de aquel hotel, donde la continua secuencia de lo sucedido con Bella, me llevo ahogar mis penas de la forma que mejor sabía.

Trago a trago de Whisky, las imágenes se sucedían una tras otra. La noche en que la conocí, su disposición hacía mí en aquella habitación, su desaparición posterior, los largos meses que pase recordándola, como después de tanto tiempo la había vuelto a encontrar, sus miradas en cada uno de nuestros encuentros, aquella sonrisa lasciva que tan jodidamente bien sabía pinzar mi entrepierna. Sus negativas, sus excusas, sus “si”, para después sus “no”… la respuesta hacía apenas unas horas en aquella playa, la manera en la que se había ido, dejándome cual perro, mientras sus pasos de ofendida me daban la espalda negándome el derecho a replica.  

Exhale con fuerza todo el aire contenido en mis pulmones, tenía que tranquilizarme y recordando cada uno de aquellos momentos no iba a conseguirlo. A ese paso lo único que conseguiría era desesperarme más, pues ninguna de las preguntas que me hacía tenían respuesta, y por más que lo intentara, no podía quitarme aquellos ojos de la cabeza. Yo, yo que siempre me jacte de no pensar en nadie más de lo permitido y ahora… ahora era incapaz de centrarme en nada que no fuera ella.

Y pensar en sus desplantes hacía mi no mejoraban en nada aquella situación, al contrario, provocaban que la rabia ante mi falta de entendimiento hacía su comportamiento tan frió y distante… se acentuara enervándome más si cabía.

En un intento por centrar mi atención en algo que no fuera Bella o su mero recuerdo, desvié la vista, fija en la barra de aquel bar ya demasiado tiempo, hacía el bullicio de gente varios metros alejados de mí a mi izquierda, encontrándome rápidamente con el saludo de varias de las chicas protagonistas de aquellas risas.

Las reconocí rápidamente bajo aquellas ropas que en nada tenían que ver con el uniforme poco juicioso que vestían durante el día. Y junto aquellas recepcionistas estaba la camarera de sonrisa coqueta.

Antes de que decidiera levantarme y acercarme hasta ella, tomo la iniciativa y su paso felino la llevó hasta mi lado.

Un brindis de nuestras copas, tres palabras tontas y varias sonrisas de la misma índole diaria, bastaron para terminar encerrados en uno de los compartimentos aislados del servicio de mujeres.

Ni siquiera preste atención de cual era su nombre cuando me lo confesó entre jadeos. No me interesaba nada eso, ni su nombre, su edad, si aquel rubio de su pelo era real, o  donde viviera… Nada, lo único que necesitaba se hallaba entre sus piernas, caliente, húmedo, completamente dispuesto a recibirme.  

No la hice esperar, ninguno de los dos necesitaba mayores preliminares, ni ningún tipo más de confirmación, así que, tras colocarme el preservativo, guardado en el bolsillo derecho de mi pantalón, justo antes de salir aquella noche, con destino a ser usado por otra persona, me coloque entre sus piernas y me adentre de golpe en aquella camarera que abruptamente jadeo en respuesta.

Sus gemidos de placer se entremezclaban con mis bufidos desilusionados,  mientras bombardeaba enérgicamente su centro con mi miembro. No era Bella, por más que intentara engañar a mi cuerpo con otro ninguno era como el de ella. Y aquellos jadeos… aquellos jadeos no eran la música celestial que yo esperaba escuchar, esos labios gruesos e hinchados no eran los suyos, aquel abultado y duro pecho, escondido tras la tela de licra de aquel diminuto vestido, en nada podía compararse con los refinados senos de mi castaña. Ni siquiera aquellas voluptuosas caderas entre las que se encontraba albergado mi miembro, podían compararse con sus curvas, ni tan siquiera un mínimo aquellos movimientos.

¡Mierda! Me estaba follando a otra con la clara intención de ahogar mi frustración, y no podía hacer otra cosa que compararla.

En un intento por ayudar a la dureza de mi pene, el cual sentí decaer a medida que aumentaban las estocadas de este contra aquella pelvis desconocida, imagine que aquel centro caliente no era otro sino el de Bella. E incluso llegué a imaginar que aquellos ojos, ennegrecidos por el excesivo maquillaje, eran esos otros grandes ojos almendrados.

Y tan cegado estaba en que si era ella, que dejándome llevar por mis instintos más primarios, esos que apunto estaban de devorarme, me apreté más contra aquella empleada, a la par que aceleraba mis estocadas de forma irracional, al punto de escuchar como su espalda golpeaba abruptamente contra aquella pared donde la tenía sometida, mientras mis manos se ceñían con fuerza alrededor de sus muslos. Con cada una de mis feroces entradas, sentía mi cuerpo purgarse de aquel recuerdo, de aquellos ojos que tan imposible me eran de borrar de mi mente.  

Y a punto estaba casi de correrme, haciendo caso omiso a las protestas jadeantes de la maniquí, bautizada hoy con el nombre de Bella, cuando su voz, la de la verdadera, se materializo en mí cabeza de forma tal real, que apunto estuve de parar.

“Esta noche no, Edward.”

-Hey… frena un poco ¿vale? –pidió aquella rubia, borrando de golpe toda mi imaginación.

Asentí casi por inercia cuando aquella nasal voz traspaso mis oídos, haciendo que aminorara mis movimientos junto con la fuerza de mi agarre.

“Edward esto… esto no…”

-¡Joder! –grité cuando aquella voz, contigua a su imagen junto a mi en aquella playa, volvió a mi mente.

Cerré los ojos intentando con ello que aquel pensamiento desapareciera de mi mente, sin darme ni cuenta de cómo mi cuerpo volvía a aumentar el ritmo anterior, sin escuchar las quejas de aquella acompañante de faena, sin ser consciente de nada más que no fuera yo.

“¡Basta Edward! He dicho que no.”

Y de nuevo aquella voz se repitió en mi mente, trayéndome de vuelta a la realidad, en una en la que aquella camarera, aún abierta a mi, me miraba con ojos desconcertantes, haciendo que mi miembro se desinflara de golpe a la par que mi cuerpo de paralizaba por completo.

Joder Edward… ¡Joder!

-Lo siento –susurre-. Yo… -no sabía ni que decir.

Ni siquiera se inmuto cuando salí de ella, ni siquiera protesto cuando aquello me valió un gemido de dolor por la tirantez de nuestros sexos, solo obtuve su mirada recelosa, totalmente opuesta a la vergüenza en la que se había revestido la mía.

Salí de allí como alma que lleva el diablo, mientras luchaba por abotonarme el botón de mi pantalón, una vez me deshice del condón, antes de cruzar la puerta.

El remordimiento y la culpa seguían apoderándose de mí con fuerza, una vez dentro de mi habitación. Nunca, nunca, nunca, había obligado a nadie a estar conmigo, jamás había forzado a nadie a hacer algo que no quisiera, en la vida había insistido cuando una mujer me había dicho que no, pero por encima de todo, jamás me había comportado como un animal, como el maldito animal en el que me convertí en el interior de aquel baño.

A la mirada de aquella pobre chica, de la que ni siquiera recordaba el nombre, debía sumar lo sucedido con Bella en la playa. Hacía apenas unas horas me auto compadecía de mi mismo, convencido totalmente de sus malas intenciones. Ahora, horas más tarde, el arrepentimiento por todo lo que mi obsesión, o cabezonería… que se yo, me habían llevado hacer, me golpeaba con la misma fuerza con la que lo hacía la cruel realidad.

Hoy había sobrepasado todos los límites posibles de mi estupidez. Ciego por mi completa y absoluta ofuscación a hacer las cosas como yo quería y cuando yo lo quería, había estado dispuesto a cometer la peor de las atrocidades, haciendo justo lo contrario a lo que quería.

¿Con que ojos la miraba después de lo ocurrido aquella noche?... ¿Cómo siquiera iba a poder mirarla?...

Pero la peor parada, sin duda había sido esa pobre chica.

Después de todo si había consigo mi propósito, su mirada asustada habían conseguido borrar de golpe aquellos otros ojos, y eso si era algo que no sabía si sería capaz de perdonarme tan fácilmente.


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El libro de reclamaciones a los protagonistas de la historia, ellos son los que mandan sobre mi :S. Aún no voy a desearos feliz navidad, prefiero hacerlo mañana, o mejor dicho, dentro de unas horas ya que aquí ya es noche buena, con más calma ;).

Bel Ami y Snow White and the Huntsman, nuevos trailers

Pufff... vaya horitas se me han echo, es lo que tiene dejar la compra de regalos para el último día :S.

Bueno, vengo a dejaros nuevos trailers de las próximas películas de nuestra parejita :p, seguramente ya los habreís visto, pero como ya sabeís que yo voy con retardo, para mi hoy han sido una novedad.

El primero de ellos es de la esperada película a estrenar de Robert, Bel Ami. En su día ya os colgue el primer trailer que salio, dejándonos a todas semiboquiabiertas y con ganas de saber más sobre la película. Este nuevo trailer contiene muchas de las escenas recogidas en el primero, pero también muchas nuevas, y algunas de ellas muy muy pero que muy... interesantes :*).





Y por la parte de Kristen, tenemos nuevo trailer de Snow White and the Huntsman. Muy parecido a su predecesor también, aunque narrado desde otro punto de vista. Si el primero, mostraba el perfil de la madrastra, este lo hace del cazador, y aunque parece que aun habrá que esperar un poco hasta ver el más esperado por todas, el de Blancanieves, este nuevo contiene más escenas de ella, sobre todo luciendo su armadura :p 



¿Que os parecen chicas? Cada vez con más ganitas de ver ambas películas ¿verdad?

Recomendación de libros - Trilogía: Los juegos del hambre

Espe nos recomienda, la trilogía "Los juegos del hambre", "En llamas" y "Sinsajo", de la escritora Suzanne Collins...



Los juegos del hambre


Una guerra por la supervivencia, deja a Norte América dividida en 13 distritos controlados por "El Capitolio", un lugar donde puedes tener todo lo que quieras solo con chasquear los dedos. Pero llegan los días negros, cuando los distritos luchan por la supervivencia y por salir de la decadencia. El Capitolio, gracias a sus avanzadas tecnologías, consigue la sumisión de doce distritos y la aniquilación del decimotercero; y para que todo el mundo recuerde que los días negros no se deben repetir trae consigo; "Los Juegos Del Hambre", una sangrienta competición en la que un chico y una chica de cada distrito deben luchar a muerte, sin normas, si pierdes mueres, si ganas tendrás la fama de todo Panem y todas las riquezas que puedas imaginar...

En llamas

Contra todo pronóstico, Katniss Everdeen ha ganado los Juegos del Hambre anuales junto con el otro tributo de su distrito, Peeta Mellark. Pero fue una victoria conseguida mediante el desafío al Capitolio y a sus crueles reglas. Katniss y Peeta deberían estar contentos. Después de todo, acaban de conseguir para ellos y sus familias una vida de seguridad y abundancia. Pero hay rumores de rebelión, y Katniss y Peeta, para su horror, son la cara de esa rebelión. El Capitolio está furioso. El Capitolio quiere venganza.y la tendrá destruyendo el distrito 12 con bombas...

Sinsajo

Todo empieza cuando Katniss Everdeen logra salir de los 75th juegos del hambre, empieza con un recorrido al distrito 12 su antiguo hogar, mientras Peeta es torturado por el capitolio. Katniss esta sometida bajo el distrito 13 que ella no creía que existía, el distrito 13 esta preparado para el ataque al capitolio, cuando logran recuperar a todos los que lograron ganar en el vasallaje de los 25 (incluyendo Peeta) los ponen a entrenar a todos para la guerra.


En palabras de la propia Espe, devoraremos estas novelas, pues cumplen todos los requisitos para ser de esos libros que no puedes soltar, hasta terminarlos de leer. 

Así que chicas, ya sabéis, las que como yo aún no las hayáis leído, se acercan tiempos de poder sacar un huequito para hacerlo, y las que si lo hayáis hecho, aquí tenéis un huequito para compartir con todas vuestras impresiones ;).


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Y hecha la recomendación, animo a la quiera, o a él que quiera (si lo hay :p), a interactuar en esta sección, mandado las recomendaciones de aquellos libros que queráis, bien a través de un comentario, o bien a través del correo del blog ;). 

Recomendación de libros

En este apartado de Quimeras, queremos abrir una nueva ventana a intereses que no estén estrechamente ligados con los fics o noticias alrededor de Edward y Bella o Robert y Kristen... teniendo así nuevas cosas que ofreceros, sin dejar de lado aquellas que nos han unido hasta el momento. 
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|Sección dedicada íntegramente al fomento de la lectura, mediante la recomendación de libros, tanto por nuestra parte, como por la vuestra|




Índice de Recomendaciones


-Ayyys recomendó: "Los ojos amarillos de los cocodrilos"

-Ayyys recomendó: "Contra el viento del norte"

-Ayyys recomendó: "Cada siete olas"

-Ayyys recomendó: "Coqueteando con el peligro"

-Espe recomendó: Trilogía - "Los juegos del hambre"

-Erin recomendó: "Saga Fallen" (Oscuros)

-Almu recomendó: Serie, "El gremio de los cazadores" "El ángel caído"

Primer vistazo a Amanecer, parte 2

Escaso un mes del lanzamiento de la primera entrega de la cuarta película de esta saga, y mientras que algunas aún no han podido verla , hace unos días, y gracias al libro oficial de la película, sale el primer scan de Kristen como Bella convertida en toda una neófita, convirtiéndose así de las primera imágenes "oficiales" (lo digo entre comillas, porque muchas vimos algunas de las imágenes filtradas de esta parte).



¿Os gusta esta primera impresión de Bella como vampiro? ¿Que, o a quién buscaran esos ojos :p?


Y para completar esta imagen, os dejo otra, en este caso fanmade, de lo que podría ser uno de los póster promocionales...


Como digo, es un fanmade, pero perfectamente podría ser real porque esta ¡genial!, a mi me a encantado... y visto lo visto, me atrevo a decir que podría ser mejor que los originales :p.


*Añadir que ambas imágenes nos las ha enviado una chunga al correo del blog, Globa, de la pagina twilightersparaguay


Editorial - Mensaje para las chungas


Hola chicas,

Hace tiempo que no os vengo a dar la lata con esas chorradillas que se me pasan por la cabeza y me temo que pasará algún tiempo hasta que vuelva a ocurrir. Pero no quiero que esta desaparición quede sin explicación y que os penséis que no me importáis vosotras o vuestra opinión.

Llevo una temporada bastante mala, no es algo reciente, pero sí que es cierto que se me han sumado un par de temas al que ya tenía y mis ánimos no están en sus mejores condiciones. Supongo que habréis notado que las cosas no eran como hace un tiempo, pero estos nuevos baches han provocado que ya no tenga ni ideas, ni ánimos ni ilusión por colgar cosas nuevas.  Así que después de comentarlo con Almu, me voy a tomar una temporada de descanso.

Siento mucho alejarme de este espacio que tanto ha significado para mí, al que he dedicado tantas horas y en el que he recibido tantas cosas (muchas, muchas, muchísimas). Realmente no sé si esto será un hasta pronto o un hasta siempre… pero sea como sea, siempre me quedará el recuerdo de este rincón, el de las chungas.

Un abrazo muy fuerte, 


Ayyys

Chungui acertijo - número 29



Eiiii chicas!


A ver, hoy vengo con un chungui-acertijo para todos los públicos eh! Así que no quiero rajadas! :P

Quiero ver esas chungas valientes dando su opinión! jajajaj  Venga, vamos allá que es sencillito. Le vamos a llamar "Caminante no hay camino, se hace camino al andar" y dice así el chungui-acertijo:


Dos amigos caminan uno al lado delotro mientras mantienen una conversación. Al cabo de una hora, uno ha recorrido cinco kilómetros y el otro seis. ¿Cómo han podido estar hablando entre ellos todo este tiempo si no disponen de teléfonos móviles?



Venga Chungas!  Dadme vuestras ideas! Os espero pronto eh! Un abrazo!


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solución!


Pues si chicas.. habéis acertado de todas todas. Se trata de dos personas en un gimnasio caminando en unas cintas!

Felicidades campeonas! nos vemos!

¿Quieres? - Adelanto capítulo 31

¡Chicas!, como estoy inmersa en la Mie..., dejemoslo en bonitos examenes, no se cuando voy a poder terminar el siguiente capítulo, puede que el jueves, puede que el viernes, puede que ya el fin de... vamos que no lo se, y como no quiero haceros esperar mucho sin nada, os dejo un pequeño adelanto del siguiente capítulo ;). 

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Adelanto - Capítulo 31

....

Ahí estaba la imagen que a partir de hoy formaría parte de mis sueños. El órgano sexual femenino a todo color y extensión, bajo el titulo de… “Tu suelo pélvico y tú”.

Se que es un poco de locos abrumarse por estas cosas, y más cuando eres una tía de veintisiete años, hecha y derecha, con plenas facultades mentales y conocimiento de sobra, de que aquella imagen que mis ojos no podía dejar de mirar, no era más que un reflejo de lo que se escondía entre mis piernas. Pero… verlo tan de cerca, tan nítido, con esos colores… con esas formas dibujadas tan perfectas… ¡Dios mío!, si hasta podía contar todos los músculos y tendones que lo componían…

-¿Nunca os habéis mirado… con un espejo? –pregunto algo pudorosa, la futura culpable de mis desvelos nocturnos.

¿Si nunca nos habíamos mirado?... ¿Con un espejo?... ¿A-A-¡Ahí!?

-¿Tu nombre es? –me pregunto a mi directamente. Y casi casi estaba convencida de que la causa se debía a ser la única que no tenía la mano levantada.

-Be-Bella –tartamudee.

-Bella. ¿Nunca te has… mirado a ti misma? –enrojecí al momento con su pregunta. Esto no estaba pasando-. ¿Y nunca has sentido curiosidad por hacerlo? –inquirió de nuevo, ante mi falta de respuesta.

Todas, incluida ¡MI MADRE!, me miraban como si de un bicho raro fuera, haciendo que la incomodez y la vergüenza aumentaran por minutos. ¿Qué pasa?... ¿es que se había puesto de moda mirarse así misma? ¿Tan raro era no hacerlo?

Pero si creía que aquel sofocón acababa ahí… Bueno;

-Puede que ella no lo haga, ¡pero si tiene a alguien para mirárselo! –bramó Ángela, haciendo que mi cara se tiñera de un rojo furia, aún más intenso que el color del vestido de la recién llegada.

Respira Bella, tu solo concéntrate en respirar.

....

Un poquito más de Amanecer... solo para seguir suspirando

¡¡Chicas!! ¿Como va el martes? Aquí ha sido festivo, pero bueno, algunas no tenemos la suerte de poder disfrutarlo como deberíamos, esperemos que tanto estudiar algún día tenga recompensa :S

Bueno, para dejar un poco de lado la gran polémica que parece haber generado la salida de Robert el sábado... el pobre, que no tiene ya bastante con tener a los paparazzi todo el día encima suyo, si no que además, parece ser que va a necesitar salir con una burbuja a la calle, pero bueno que me voy del tema. 

Domingo fui de nuevo a ver Amanecer, y que queréis que os diga chicas, yo sigo suspirando, ¿que puedo decir? soy una ñoña, porque suspiraba con cada una de las escenas de Edward y Bella juntos, así que... tras un rastreo exhaustivo por la web, os traigo varias imágenes y gifs de algunos de dichos momentos, para no ser yo la única que suspire sola :p.

Falta decir que a estas alturas imagino ya que si no todas, casi todas habréis visto la película, sino pues... no miréis :p

















Al final, la espaldita a terminado por gustarme chicas :p.

Inocencia Corrompida - Capítulo 6

¡¡¡Chicas!!! Ya estamos a viernes, para muchas ya es fin de semana, y para algunas españolas, siempre y cuando tengan puente (o más bien acueducto) en los próximos días festivos, vais a tener muchossss días parar descansar. Las tontas como yo no jeje, ni tengo puente, y para ir en peor, tres exámenes casi casi seguidos, pero bueno, no me enrollo más y os dejo con el siguiente capítulo de esta historia que nos escribe Karla.

El sexto ya, ni ella misma se lo imaginaba, y menos tenernos tan intrigadas ;). Hoy de nuevo con Edward, y… bueno, mejor os dejo que lo leaís.

¡¡¡Buen fin de semana, o acueducto, para todas!!!!


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Capítulo 6

Narrado por Edward


Los traidores siempre terminan así, muertos, era una regla inviolable para los que estaban metidos en esta mierda, una vez dentro no había forma de salir al menos que te quisieras pasar de listo, como el que yacía tirado sin vida en esa oficina.

Me sentía igual, me sentía   como un puto traidor  por haberle dado muerte, pero, ¿que podía haber? ¿Dejar que  lo matara y que su puñetera vida terminara con una muerte rápida y fin del asunto? Definitivamente no, se merecía la cárcel, pudrirse ahí. También dicen que los violadores terminan así, pero  no muertos, sino violados, pagando con la misma moneda y eso era lo que quería para estos hijos de puta. Por esa razón no dude en jalar el gatillo, y por esa misma razón tenía que eliminar cualquier remordimiento, además el cebo ya había sido lanzado, estaba en deuda conmigo y lo tenía que aprovechar muy bien.

Frank y Alex se encargaron de sacar el cuerpo, esperando hasta el oscurecer para no levantar sospechas.

Owen se encargo de  llevar a David a  urgencias diciendo que se había resbalado saliendo de la ducha, algo que pasaba frecuentemente. Por lo tanto yo me fui con el jefe en su camioneta, gesto que no le gusto nada a David, gesto que no paso desapercibido. En menos de veinticuatro horas note que David era algo más que un guardaespaldas, era como si su mundo girara alrededor del puto jefe.

Yo conducía la camioneta, mientras tanto el jefe permanecía en silencio. Pero una llamada a su móvil lo saco de sus pensamientos.

-¡Por poco me mata ese hijo de puta! – Maldecía atreves  de la línea – Tienes que controlar a tu gente Martínez.

-Me importa un carajo que ese imbécil ya no trabajara para ti -decía alzando su tono de voz- Era tu responsabilidad Martínez. Me parece extraño que no lo hubieras matado si dices que te traicionó.

-No me convences -dijo tajantemente- Ahora mismo tenemos que estar unidos, la policía de mierda ha estado bastante cerca, casi pisándonos los talones y si yo caigo, caen todos.

-No te estoy amenazando ¡maldita sea!, pero con lo que acaba de suceder tengo que tener bien cubiertas las espaldas.

-No digas nada, yo hablare con Rivas. Estamos en comunicación -dijo finalizando la conversación.

-¡Latinos de mierda! -gruñía mientras guardaba su móvil– Se sienten los amos del universo. Poco a poco los iras conociendo Masen, son unos traidores de puta, al  menor descuido te dan una apuñalada por la espalda.

-Me estoy dando cuenta, jefe -dije, mientras giraba a la derecha  para quedar frente a la cortina de metal, que inmediatamente fue abierta por Roger.

Al bajarnos de la camioneta, nos dirigimos hacia la oficina, allí parada junto a la puerta se encontraba Rachel con un semblante de preocupación.

-Quita esa cara,  no ha pasado nada –dijo el jefe,  mientras abría la puerta,  sin importarle la preocupación de ésta.

-Pero por poco te matan -replicó Rachel, a la vez que entraba a la oficina conmigo a sus espaldas.

-Pues dale las gracias  a Masen, si no hubiera sido por él, ahorita mismo estaría en el puto infierno –alegó entre risas. Perro de mierda, debía sentirse el ser más afortunado del mundo.

-No se cual es la gracia –reprochó ella.- Si te hubiera pasado algo, todo se hubiera ido a la mierda. Además,  ¿qué haría yo sin ti? –sollozó.

¿Podía tener sentimientos alguien como ella?

-¡Dramas ahora no,  Rachel! –bramó el aludido- Con lo que ha pasado hoy, es suficiente. Ahora sal de aquí, déjame solo con  Masen- ordenó a ésta y  dando un portazo fuerte es como salió de esa oficina.

-Mujeres, mujeres –decía moviendo la cabeza hacia los lados, a la vez que me hacia una señal para que me sentara - Una mujer herida Masen, puede ser mas peligrosa que toda una puta mafia encima.

-Lo imagino -susurre, mientras me sentaba.

-Vas aprender muchas cosas, eres joven, te veo y me recuerdas a cuando yo me inicie –dijo, haciendo que casi me retorciera en el asiento con sus asquerosas comparaciones.

-He llegado al lugar indicado -conteste de forma agradecida.

-Bien –musitó, clavándome su fría mirada- Ahora quiero saber tu opinión de lo sucedido.

-Esta claro, alguien lo esta traicionando -dije con veracidad.- No creo que ese tipo haya actuado solo, además, lo del dinero solo era para justificar su muerte. Lo quieren quitar del medio -él me miraba con atención.

-Pero si lo que dices es cierto, ¿porque mandar a uno solo para hacer el trabajo? –inquirió frunciendo el ceño. Se notaba gran interés con mis palabras.

-Para no levantar sospechas- sentencié-. Si lo hubiera logrado, ellos quedarían limpios. A ellos no les importaba la vida de ese hijo de puta,  ellos mismos lo hubieran matado después de hacer el trabajo, muerto el perro se acabo la rabia –ironicé-. Pero no se salieron con la suya.

El jefe me siguió mirando hasta centrar sus ojos en otro punto muerto de la habitación. Pasaron unos segundos hasta que asimiló lo que había escuchado.

-¡Hijos de su puta madre!- bufó, a la vez que se levantaba de su silla para caminar de un lado hacia otro– Esto no se puede quedar así, ¡maldita sea!, tengo que hablar con Rivas, ese hijo de puta de Martínez me quiere ver la cara de pendejo, pero esto no se va a quedar así -en ese momento se detuvo y me miro- Masen déjame solo, pero te quiero aquí cuando lleguen los otros, y no olvides lo que te dije en el bar.

Con un asentimiento de cabeza salí de esa oficina y me dirigí hacia la habitación que me habían asignado. No quería toparme con nadie, tenía que tener las ideas claras y considerar cual sería el siguiente paso o esperar a como se fueran dando las cosas. Me senté en la cama, dejando el arma en la mesita de al lado.

El jefe confiaba en mí, aquello era un avance que tenia que aprovechar muy bien. Hasta incluso había conseguido sembrar la duda en él. El pez pequeño había hecho que el grande mordiera el anzuelo, ahora estaba cien por cien seguro que lo estaban traicionando.

Sabía que aquella baza me valdría para infundir más en su propia confianza. Los principios y los acuerdos dentro de la puta mafia son sagrados, pero cuando alguien se sentía traicionado no había nada ni nadie que lo pudiera detener. Los enemigos, los traidores, estaban allá fuera.

El día avanzaba cuando recibí un mensaje de Rachel diciendo que me reuniera en el privado que se encontraba arriba del bar. Atravesé ese pasillo donde estaban las chicas. Era tal el silencio que hacia pensar que nadie se encontraba allí dentro. Después de la noche anterior no me imaginaba lo que ellas estaban sintiendo. En ese instante volvieron a mi mente las palabras del agente Miller y de nuevo, el coraje y la frustración que sentí por la mañana en mi apartamento.

Todos estaban reunidos en la oficina del jefe. David se encontraba sentado en el sofá que estaba a un costado del escritorio, era raro no verlo pegado como una puta sanguijuela al jefe pero, dadas las circunstancias era normal, ya que le habían dado  varias puntadas en la cabeza producto del golpe que recibió.

-Ya estamos todos -el jefe fue él que habló dirigiéndose a todos–. Esta mañana he comprendido e investigado  lo que realmente paso –dirigió su mirada hacía mí-. Es evidente que David iba a quedar como testigo, para que mi muerte quedara justificada y que mis aliados no se levantaran en contra de ellos.

-Esos hijos de puta quieren quitarme del medio y tener el control absoluto de la ciudad -continuo diciendo-, pero se han metido con la persona equivocada, no saben que siempre estoy a un paso adelante -estaba seguro que se refería a su informante.

-¿Qué es lo que hay que hacer? –preguntó Frank.

-Todo a su debido tiempo Frank, solo les pido que estén atentos, en su momento lo sabrán. La decisión esta tomada. Nada va a cambiar, todo seguirá como hasta ahora, ya saben lo que tienen que hacer –nos miró con atención a cada uno de nosotros–. Vayan al bar que los clientes no tardan en llegar. David, tu ve a descansar.

El aludido agachó la cabeza y asintió.

-Rachel, trae a la chica irlandesa. La quiero aquí, ahora –ordenó, parecía no cansarse de hacerlo.

La mirada del jefe se centro en la de Rachel. Ésta le soporto la mirada varios segundos hasta que la presión le pudo. Salió de allí acompañada de Roger y Jude.

Mientras tanto, todos los demás nos dirigimos hacia el bar.

La gente poco a poco  iba llegando, la mayoría saludaban a Alex o a Roger o a cualquiera de ellos, era de suponer que  eran clientes frecuentes.

Me encontraba a la entrada del pasillo de los baños, de frente al arco que conducía a esos privados, cuando vi a Rachel conduciendo a la chica Irlandesa. Se mostraba igual que ayer. Su mirada cabizbaja, tratando de esconder el dolor y el sufrimiento por estar metida en esta mierda. Era extraño ver como se mostraba ante esta jodida situación, su control para no estallar como las demás. No entendía como lo hacia, como parecía evadirse tras esa vulnerabilidad que aparentaba.
-Linda chica, ¿verdad poli? –hasta ese momento, no me percate de la presencia del imbécil de Owen.- No hay duda de porque el jefe  la pidió de nuevo.

-¿Por qué lo dices? –inquirí mirándole sobre mi hombro.

-Lo acabo de decir –rió con ganas-. No me digas que eres un maricón y por eso no te das cuenta de lo linda que es.

-Deja tus putas bromas Owen y limítate a contestar.

-Pues eso, el jefe no toma a nadie de planta y esta ya  es la segunda noche.-ahí tenía razón-. ¿Has visto la cara de Rachel? eso ha sido lo mejor.

-No he visto nada -conteste solo para que se callara de una vez.

La noche fue interminable, ver a esos hombres  como desfilaban por ese pasillo, y  ver como salían con la cara hinchada de satisfacción, de haber dado rienda suelta a sus más bajos instintos, simplemente no podía soportarlo, la puta frustración volvía a mí como la noche anterior.

De pronto uno de esos tipos ya pasado de copas,  se levantó de la mesa  queriendo tomar a la fuerza a una de las bailarinas, la cuál empezó a gritar. Las órdenes eran claras, nadie podía lastimar a ninguna de las chicas. Que incongruencia tan estúpida, aunque para ellos no lo fuera. Para ellos, las chicas no eran más que mercancía, una mercancía  muy valiosa.

Sin pensármelo dos veces, tomé aquel tipo por el cuello y lo jale  hasta la salida del bar, Alex se encontraba en la entrada.

-Yo me encargo –le dije a Alex mientras este abría la puerta para salir.

Ya fuera, lo lleve hasta el callejón de al lado. El tipo siguió resistiéndose por lo que impacte mi puño contra uno de sus costados, haciendo que su cuerpo se doblara de dolor mientras jadeaba. En ese momento  aproveché para tomarle la cartera y ver su identificación. El hijo de puta era encargado del departamento de servicio social del gobierno.

-¡Hijo de puta! -gruñí, asestando otro golpe contra su cara, haciendo que cayera contra el pavimento.- ¡Escúchame bien imbécil! –lo levante y lo estampe hacia la pared.- ¡No quiero volver a verte en este bar!  Si te veo hijo de puta, tu puesto en el gobierno se iría a la mierda. Sé a que vienes a este bar, y más te vale no volver ni a este ni a ningún otro, si no quieres que además, tu mujer se entere de la escoria que duerme en su mismo lecho.

Sus ojos se abrieron de par en par al escuchar mis palabras, pero yo ya no podía detenerme. Con una mano lo sostenía, mientras la otra se cerraba en un puño, amenazándole.

-¡¿Entendido hijo de puta?!

-Si, si entendido –balbuceó, al borde de las suplicas.

Otro golpe directo al estómago, le hizo caer de rodillas contra el suelo. Esta vez no lo levante. Lo deje allí como la gran mierda que era.  Me di media vuelta cuando vi a Owen cruzando la calle directo hacia a mi.

-¿Algún problema poli? –preguntó.

-¿Por qué habría de tenerlo? –inquirí duramente.

-No, nada, solo que Alex me envió para…

-Dile a ese hijo de puta que el cliente se fue sano y salvo a su casa.


Los días avanzaban, y las noches eran casi imposibles de soportar, al igual que la frustración por no conseguir nada relevante para la investigación.

Si, el jefe se dirigía hacia mí como a uno más, me tenía confianza, pero no al grado de estar solo sin David, no al que yo necesitaba. Y el muy cochino de éste no se había separado de él más que aquella noche del golpe. Lo sucedido en aquel otro bar lo alertó, al punto de no querer dejar pasar ningún detalle. Solo le faltaba probar la comida del jefe, para averiguar si esta estaba envenenada.

Y todo aquello, junto a la amenaza de sus enemigos, no hacía más que complicar las cosas.

Aquella noche, el bar se encontraba atestado y repleto de humo.

-Ya le dije que no le iba a ser fácil –Owen irrumpió en mis pensamientos-. El puto de David no lo deja ni un minuto a solas, es como si fuera su sombra.
Owen tenía razón y no pude decir nada.

-¿Ya vio poli? -inquirió.

-¿Qué?

-Mire hacia el privado del jefe –dijo, apuntado con su cabeza hacía aquella dirección.

Era la chica Irlandesa. De nuevo estaba frente a la puerta del privado.

-Esto no es normal en el jefe, en menos de una semana es la tercera vez que la manda llamar.

Me quede observando el momento en el que ella entraba, estaba claro que el puto del jefe tenia una preferencia sobre ella.

-Owen, necesito saber el nombre completo de esa chica, tengo entendido que Jude les tomo los datos a todas -no confiaba en él pero, a estas alturas, no podía confiar en nadie mas.

-¿Me esta pidiendo que le pregunte a Jude?

-¿Hablo en otro idioma imbécil? –susurré molesto. Aún no entendía como un tío así aún seguía con vida-. Y cuidado con que se te vaya la puta lengua.

-No es necesario que me amenace, se para quien trabajo.

-Nunca esta de más –sentencie.


Aún no había amanecido, cuando Owen, de camino a por las ganancias de la noche anterior, me hizo saber que había cumplido bien su cometido.

-Isabella O’Conaill –susurro, sin desprender sus manos del volante de la camioneta que conducía-. Ese es el nombre de la chica –añadió.

-Bien –musite sin desprender mis ojos de la carretera.

-¿Puedo saber para que quiere el nombre de esa chica?

-No, no lo puedes saber- conteste en forma tajante.

Aunque siendo sincero, ni yo mismo sabia que haría con aquel nombre.

Durante el trayecto permanecí en silencio, no me apetecía hablar ni entablar conversación con Owen, y mucho menos escuchar idioteces. Al igual que los otros días, un automóvil nos seguía de cerca. Uno diferente al anterior, siempre desviándose cuando estábamos cerca de la puerta de la bodega, puerta que inmediatamente se abría cuando estábamos frente a ella.

Por ello me extrañe cuando aquel día, ésta tardó más tiempo de lo habitual en abrirse. Y lo que encontré una vez se abrió, fue algo que nunca habría querido ver.

El cuerpo inerte de una de las chicas, yacía sin vida sobre el suelo de aquella bodega. Un simple disparo, asestado en el centro de su pecho, había acabado con sus ilusiones, si es que aún podía llegar a tenerlas.

Todos los hombres, incluido el jefe,  rodeaban aquel cuerpo marchito. Todos se miraban entre ellos, seguramente, pensando que harían ahora con aquel estorbo.

No pude evitar que la respiración se me agitara. ¡Por dios! ¡Solo era una niña! Bajo los rastros de aquel maquillaje corrido, y aquellas ropas desgarradas, se encontraba una niña. Dios mío… solo era una niña.

Las ganas por terminar con todo aquello de una vez, volvieron hacer mella en mí. Mis manos ardían, sentía por mis venas correr el impulso de tomar la maldita arma y descargarla contra esos hijos de puta. Y cuando apunto estaba de hacerlo Owen hablo, preguntando que había sucedido.

No se si lo hizo a propósito pero eso hizo que me controlara y pusiera mi atención en Roger, quien por su aspecto, evidenciaba signos de tener la respuesta.

-Yo lo hice -contesto el hijo de puta, orgulloso por lo que había hecho.- La muy perra se quiso pasar de lista y por poco se me escapa -continuo diciendo.

-Ya, ya  Roger –el jefe lo detuvo–, lo hecho, hecho está. Alex, Frank  ya saben lo que tienen que hacer –ordenó, sin inmutarse lo más mínimo-. ¿Recogieron el dinero? -pregunto, centrando su mirada ahora en Owen y en mí.

-Si -respondió Owen. Yo ni quería, ni podía hablar-.  Lo dejamos en la camioneta.

-David recógelo y llévalo a la oficina –solo por el sucio dinero mostró atisbo de emoción.- Tendrán que volver a salir y recoger las ganancias de los otros bares, ya que Frank y Alex van a estar entretenidos.

Asqueado de todo, me di la vuelta rumbo a la camioneta. Necesitaba salir ya de allí.

Todo estaba fuera de control, todo  se me había salido de las manos, definitivamente el plan no  estaba funcionando. ¡Mierda!, el plan se había ido a la mierda. Tenia que hacer algo ya, algo rápido, piensa ¡maldita sea! Piensa, piensa, porque esto no podía seguir así. Mi autocontrol, mi paciencia, mis nervios se estaban agotando y en cualquier momento iba estallar.

Era muy consciente de que ya no aguantaba mucho más.

Exasperado por la situación, intente centrarme en la carretera. Ahí estaba otra vez aquel coche siguiéndonos. Ellos… ellos sabían lo que pasaba y no hacían nada.

-Owen, para el maldito carro, estaciónate allí –le indique. Sabía perfectamente con quien tenía que descargar mi rabia.

-¿Dónde?

-Allí ¡maldita sea! – grite, indicando de nuevo el lugar.

No espere a que Owen se estacionara completamente, salí de la camioneta, avanzando rápidamente hacia donde se encontraba el automóvil que nos venia siguiendo. Antes de que llegara a mi destino el agente Miller salió del auto y camino hacia mi dirección.

Ni siquiera le di tiempo a detenerse. Sin poder controlarlo, mi puño se impacto contra su mejilla.  

-¡¿Qué está haciendo Cullen?! –gritó, doblando su cuerpo por la mitad debido a la fuerza del impacto-. ¡¿Está loco?! –vociferó, meciéndose con fuerza su mejilla lastimada. -¿Quién se ha creído que es? –demandó, incorporándose de nuevo, y alejándose varios pasos de mi posición.

Más le valía no acercarse, aquel golpe no hizo más que desatar mi rabia.

-¡Maldita sea agente! ¡Alguien podría vernos, soy su autoridad!

-Me importa una mierda quien sea usted, y quien pueda vernos –bufe exasperado. La cara de esa pobre niña era en lo único que podía pensar.

-No podemos hablar aquí, suba al maldito carro -ordeno, girándose hacía su automóvil.

De un portazo es como cerré la puerta trasera del mismo.

-¿Pero que carajo le pasa agente? –inquirió una vez dentro.

Los dos estábamos en la parte trasera del automóvil y otro agente que no conocía permaneció en silencio, frente al volante.

-¿Qué que me pasa?  –dije exasperado– El plan se ha ido a la mierda agente, llevo casi una semana ahí dentro y no he podido conseguir la maldita información. ¡Acabo de ver a una de esas chicas muertas! ¡Ellos se la han cargado! –no hubo ninguna impresión en su rostro. No se sorprendió lo más mínimo.  

-Sabía donde se metía, se lo avisemos y usted estuvo de acuerdo en el plan. Ni siquiera dudo en jalar el gatillo matando a ese mafioso.  

-¡Maldita sea! ¿Es lo único  que dirá?

Quería respuestas, quería una puta solución, ya no podía más con mi carga de conciencia.

-Cálmese agente, se lo explicamos y usted lo entendió.  Ahora si no puede con la investigación o si no quiere seguir, deje el caso, no esta obligado a continuar. Pero de una cosa si estamos de acuerdo usted y yo, nosotros  no queremos que esos hijos de puta se salgan  con la suya, ¿verdad?

Al decir eso, me miró con atención. El hijo de puta engreído sabía que estaba atado de pies y manos. Sabía muy bien que no iba a dejar el caso. Ya no dependía de mí, porque sinceramente me importaba una mierda quien se llevara la gloria de todo esto. Era por ellas. El muy cabrón me tenía calado, sabía a la perfección  que yo ya no podía vivir pensando el futuro que les aguardaba a esas pobres chicas.

El cabrón lo sabía, y por ello me tenía en sus manos.

-Necesito saber todo acerca de una de las chicas –susurre algo más calmado.- Ciudad, el nombre de sus padres, a  que se dedicaba antes de llegar a esta mierda. Su nombre es Isabella O´ Conaill. 

También necesito una pequeña cantidad de somnífero, algo que no deje restos en la sangre, y lo necesito en una hora.

-Tiene que informarme para que requiere lo que esta pidiendo.

-No pienso decirle nada –a partir de ahora haría las cosas a mi manera.

-Usted no puede hacer eso –dijo claramente molesto.

-Claro que puedo. Usted acaba de decir que los dos estamos de acuerdo en atrapar a esos hijos de puta, y yo ahora mismo soy la única baza que tienen para conseguirlo –ellos me podrían tener
entre sus manos, pero yo también a ellos-. Va a conseguirme lo que le estoy pidiendo, y lo va a hacer en menos de una hora –replique, sabiendo que no había discusión posible, mientras abría la puerta del auto.

-Por cierto –añadí, ya desde fuera del vehículo-, el europeo, con la ayuda del soplón, están por dar un golpe contra Martínez y Rivas. Añada esto en su informe.

Y sin darle oportunidad a contestar, cerré la puerta sin mirar atrás.


Como había sido pactado, en menos de una hora ya tenía en mi poder la droga y todo un informe de vida sobre Isabella O’Conaill.

Ahora solo quedaba lo más difícil, hablar con el jefe.  

-Necesito hablar con el jefe a solas –David sostenía la puerta del privado del bar con unas de sus manos, imposibilitándome así la entrada.

-El jefe esta haciendo unas llamadas importantes en este momento, así que regresa … –la voz del jefe lo interrumpió.

-Deja pasar a Masen, ya termine con mis llamadas –replicó este desde dentro.

Aquello fue una orden para David, que no tardó un segundo en darme el paso para que pasara.

-Gracias jefe, necesito hablar a solas con usted –pedí, al ver como su guarda espaldas estaba tras de mí.

-David, déjanos  solos –ordenó.

-Si me necesita, estaré allí fuera –dijo, recalcando las últimas palabras.

-Toma asiento Masen –me indicó el jefe con su mano, una vez se hubo cerrado la puerta.- ¿De que quieres hablar? –y cuando iba a hablar, me detuvo.- No me digas, por tu cara se muy bien lo que quieres –parpadeé varias veces, no sabia a lo que se refería.

-¿Lo sabe? -pregunte intrigado.

-Si –dijo levantándose de la silla, dirigiéndose al pequeño bar que se encontraba  a un lado de la sala-, llevo mucho tiempo en este negocio Masen, y tu eres joven con necesidades. Has estado metido aquí una semana, ya se me hacia raro que tardaras tanto. Puedes pedir a una de las chicas –sonrió, mientras abría una botella de whisky para servirlo en dos vasos.  

Tenía que reconocer, que el cabrón era inteligente. Aunque se equivocara con mi tipo de necesidades.

-Toma –me tendió uno de los vasos, mientras se acercaba hasta donde yo estaba sentado, y esperó a que yo bebiese para hacerlo él.

-Quiero a la chica Irlandesa - dije con voz segura y  pausada. Él me miró a través del cristal que yacía sobre sus labios. Su mirada no era de enojo, podría decir que más bien era de sorpresa por mi petición.

-La chica Irlandesa ¿eh? –inquirió burlón, mientras se dirigía otra vez a la barra para servirse otro trago.- No puedo culparte, el que escojas precisamente a ella. Y tampoco puedo negártela, estoy en deuda contigo y prometí que te daría lo que pidieras -decía a la vez que vertía el whisky.- Una noche Masen,  solo una noche – repitió clavando su mirada en mi. Yo permanecí callado– Y no esta de más recordarte las reglas. La tienes que proteger, me entiendes ¿verdad? –alzó sus amplias y pobladas cejas.- Ellas son una mercancía muy valiosa a la cuál,  se le tiene que cuidar.

-Entiendo.

-Bien –suspiró-. Ahora sal de aquí y espera en unos de los privados.

Me levante dejando el vaso sobre el escritorio para dirigirme hacia la puerta, pero antes de salir de allí, me dio una ultima recomendación.

-Masen, soy un hombre de palabra, no lo olvides.

-Lo se –dije en un asentimiento.

Como era de esperar, David se encontraba fuera del privado del jefe, como si se tratara de un soldado. Tuve que contenerme para no borrarle la sonrisa estúpida de su rostro, al decirle que necesitaba uno de los privados.  

Una vez dentro de el, encendí la luz y mis ojos recorrieron la habitación. Desde que estaba metido aquí, no había entrado a uno de ellos.

Sentí una fuerte presión contrayendo mi estómago, solo de imaginarme lo que estas chicas habían  tenido que soportar durante  estos días. Si ya la simple sensación de estar aquí esperando, ponía mi carne de gallina, no podía ni imaginarme que sería para ellas cuando reclamaran su presencia aquí.

No pude dejar de dar vueltas durante los minutos que tardó en llegar. ¿Cómo haría para confesarle todo? Y peor aún, ¿con que cara me miraría cuando le pidiera ayuda? Mis nervios iban en aumento solo de imaginar su reacción, su respuesta ante mi petición.

Pero si de algo estaba seguro, era que aquella chica era la indicada para ello.  

De pronto la puerta se abrió  y sus ojos se posaron en los míos, esos mismos ojos llenos de miedo, al igual que la primera vez. Unos ojos imposibles de olvidar, pues aquella mirada me acompañaría siempre.

Ahí estaba otra vez esa contención, esa fuerza tan desconocida, esa que parecía utilizar para no derrumbarse allí mismo, para no estallar como las demás, para no suplicar que no le hiciera daño. Todo lo contrario, pedía que hiciera con ella lo que quisiera, pero que lo hiciera rápido, mientras sus temblorosas manos intentaban despojarle de sus ropas.

No entendía esa actitud o tal vez si ¿sería que se estaba dando por vencida? ¿Sería que ya no le importaba nada su vida,  ni lo que hicieran con ella?

Frené su intento por desnudarse. Le prometí que no le haría daño e incluso tuve que ordenarle que volviera a cubrir su cuerpo, cuando pareció no creerme. En sus ojos se veía reflejada la duda ante mi confesión. Le dije la verdad, mi verdadera profesión, el porque estaba allí metido, mi frustración por no poder hacer más. Pero ella pareció no creerme. Me amenazó con gritar, y cuando conseguí calmarla de nuevo, me hecho en cara lo sucedido el primer día.

No podía culparla, yo en su lugar, tampoco me habría creído a mi mismo.

Cuando por fin pareció hacerlo, toda aquella fuerza desapareció, y dejando paso a su vulnerabilidad, me suplico que la sacara de allí. Sus sollozos partieron mi pecho en dos. No podía hacerlo. Mi mayor deseo no era otro que acabar con esto de una maldita vez, pero solo podía maldecirme. No podía hacer nada, nada, estaba completamente atado de pies y manos. Yo solo no podía, necesitaba su ayuda.

Tuve que mencionarle a sus padres, recordarle su vida pasada. Hacerle ver que para poder salir de allí como ella me lo había pedido, tenia que encontrar toda la información necesaria para que no tuvieran ninguna opción a escapar de la cárcel. Pero ante mi puto argumento, ella no pudo hacer más que reclamar.

Intenté hacerla entender, intente explicarle de la mejor manera que supe que su testimonió no valía de nada, no cuando tenían comprada a la policía, no cuando las cosas se habían complicado de aquella manera. Sabía que ella estaba asimilando palabra por palabra. Su rostro me lo decía, era como ver después de estar ciego por un tiempo,  la verdad la tenía ante sus ojos. Una verdad que era dura de asimilar, una verdad que ni yo mismo comprendía pero era la puta realidad, realidad que me había llevado a estar parado frente a ella para pedirle su ayuda, necesitaba su ayuda.

-¿De verdad usted cree saber lo que siento?

Aquellas palabras volvieron a partirme en dos el alma. No… para nada sabía lo que sentía, ni siquiera podía llegar a imaginármelo, y escucharlo de sus propios labios, no hizo más que aumentar mi odio hacia aquellos hijos de puta, pero sobre todo hacía mi mismo, por no haber sido capaz de evitarle todo ese sufrimiento, y por saber, que hiciera lo que hiciera, aquella pobre chica jamás olvidaría todo este infierno.

En un intento porque me creyera, o quizás por desahogarme, le confesé como me sentía, las veces que estuve tentado a sacar mi arma y terminar de una buena vez con toda aquella mierda, la impotencia que sentía por saber que de nada valdría aquello. Sabía que no serviría de nada, mis sentimientos en nada podían compararse a los suyos pero… sentí como algo se iba liberando con cada una de mis palabras.

Y fui sincero, muy sincero al prometerle que ella no correría la misma suerte que aquella pobre chica muerta, pues ya no iba a permitir ni una sola muerte más, la sangre de esas chicas no volvería a manchar el suelo que si debían ocupar ellos.

Por la expresión de su rostro, supe que estaba siendo víctima de un debate interno.

-¿Estas dispuesta a ayudarme? -pregunte al fin.

Sin embargo, ella contesto con otra pregunta.

-¿Por qué yo?

Evidentemente, porque sabía que podía confiar en ella. Además estaba aquella predilección que el jefe parecía tener con ella.

Me maldije por dejar que mis pensamientos fluyeran por mi garganta. Ella inmediatamente escondió su mirada. Me sentí el tío más miserable del mundo por mi falta de sensibilidad.

-¿Qué es lo que tengo que hacer? –pregunto tras varios segundos de silencio.

Le di todas las indicaciones y le entregue la tarjeta con todas las claves, esa misma tarjeta que desde el primer día traía conmigo pero que hasta el día de hoy no  pude utilizar. Cuando la pequeña cantidad de droga yació sobre la palma de su mano, aprecie como apuño ésta fuertemente, aferrándose a ella, sabiendo a la perfección, que aquello era nuestra vía de escape de todo esto.

Quise prometerle que la sacaría de allí, quería decirle que todo iba a salir bien, que ella lo podía hacer, pero ni yo mismo sabia si lo íbamos a lograr. Solo era cuestión de esperar, esperar que el jefe de mierda la mandara llamar. Aunque si pude darle mi palabra de que no permitiría que nada le pasase.


Aquella noche, el jefe nos comunicó la decisión de cerrar el bar por unos días. Todo mundo estaba algo nervioso, por un lado el asesinato de la  chica  había hecho que la seguridad fuera más estricta y por el otro lado, el jefe sentía a sus enemigos pisándole los talones.  

El resto de bares permanecieron abiertos y como era costumbre, Owen y yo salíamos muy temprano a recoger sus ganancias. Fue a la salida de uno de ellos, cuando algo llamó mi atención. 
Ahí, colgado sobre uno de los estantes de aquel puesto de periódicos, estaban aquellas palabras en primera plana.


DURO GOLPE AL NARCOTRÁFICO
Seguí leyendo.

AYER POR LA NOCHE, EL DEPARTAMENTO DE POLICIA DE LA CIUDAD DE NUEVA YORK, JUNTO CON EL  FBI Y LA DEA,  LOGRÓ LA CAPTURA DE DOS DE LAS PRINCIPALES CABECILLAS DE UNA  DE LAS REDES NARCOTRAFICANTES MAS   PODEROSA DE LA CIUDAD, JUNTO CON OTRAS VEINTICINCO PERSONAS.

Deje el periódico rápidamente, diciéndole a Owen que se dirigiera rápidamente hacia la bodega. El muy hijo de puta se había librado gracias a la ayuda del soplón.  

-¡Maldita sea Owen! no puedes ir mas rápido –demande exasperado.

-Es lo que puedo avanzar poli, el tráfico no ayuda.

-Pues toma cualquier atajo para llegar lo mas pronto posible.

-¿Cuál es la urgencia por llegar poli?

-El maldito de tu jefe lo logro, el muy hijo de puta, hizo que capturaran a Martínez y a Rivas. Ahora es él quien queda al mando de toda esta puta mafia. Es mas poderoso de lo tu te imaginas.

Owen se quedo en silencio. Hubiera dado lo que fuera por leer sus pensamientos en ese momento. Su jefe podía hacer lo que quisiera, tenía comprado a medio mundo, y si hasta ahora nosotros no habíamos podido detenerlo, ¿quién nos garantizaba que podríamos hacerlo ahora?

Veinte minutos más tarde estábamos dentro de la bodega. Fui directo a la oficina para ver si se encontraba el jefe, pero lo que encontré fue a una Rachel muy pasada de copas. Tenía pinta de no haber dormido en toda la noche.

-Mira a quien tenemos aquí -dijo arrastrando la voz-, al niño de cara bonita.

-Rachel ¿dónde esta el jefe? –pregunte ignorando sus insinuaciones.

-¿El jefe? ¿Te refieres a Marc? –Marc, así que así se llamaba.

-Si,  a él.

-Esta en el privado del bar -dijo levantándose, y caminando hacia mí.

-Tengo que verle -dije a la vez que intentaba salir de la oficina, pero Rachel me detuvo.

-Creo que no será posible, esta con esa, con la chica Irlandesa –habló con asco.-No se que les dio esa perra -dijo mientras pasaba una mano por mi cara- Tengo entendido que tu también la pediste ¿ah?

-Rachel, he dicho que tengo que verlo, es algo importante- dije retirando su mano, y dándome medía vuelta para marcharme.

-¿Qué tiene ella? ¿Por qué la prefieren? –gritaba a lo lejos. Ni siquiera me giré a mirarla

-¿Que es lo que pasa? hasta acá se escuchan los gritos de Rachel -pregunto Owen casi en susurro, después de haber estacionado bien la camioneta.

-Entretenla, no dejes que vaya al privado, es una orden Owen –demandé sin llegar a detenerme, no podía perder ni un solo minuto.

Le había prometido estar alerta, estar al pendiente de ella y sin embargo no lo había cumplido, estaba volviéndole a fallar. Si le pasaba algo yo…

¡Maldita sea! Rápidamente corrí hasta llegar al bar, atravesándolo en apenas unos segundos. Mi pulso se aceleró cuando vi a David llevando su mano hasta el pomo de la puerta.

-David, no puedes entrar –dije, ya casi sin voz.

-¿Y porque no? -pregunto, girándose hasta quedar frente a mí.

-Porque el jefe ha dicho que no le molesten, tú sabes, esta con la chica irlandesa.

-Eso no me lo ha dicho a mí.

-Pero me lo ha dicho a mí- contrarrestare.

-Son las diez de la mañana… Eso no es común en él. Además, hay algo muy importante que tengo que decirle y no contesta su celular, lo cual es aún más extraño.

Pero para cuando intente debatirle ya era tarde, David giro la manivela.

No dude en hacerlo, mientras aquella puerta se abría, mi arma ya estaba empuñando su espalda. Fuera lo que fuera lo que se encontrara tras ella, la sangre de Isabella no sería la que mancharía el suelo.